Primera jornada: RONCESVALLES – ZUBIRI

2009 Julio 15
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by mx7652o

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Desperté muchas veces a lo largo de la noche. Era abrir los ojos nada más y volvía a caer en el sueño pero tal vez por eso no me siento descansada. La sensación de dormir en la litera superior no da como para relajarse. Ahora estoy sentada en la taza del váter, escribiéndote. Y menudo susto que me llevé cuando entro aquí y veo mi neceser sobre el accesorio para el rollo del papel higiénico. Empezamos bien -me digo.Ya me he olvidado el neceser, con casi todo lo que tengo, y el primer día. El neceser, sólo, debe de pesar bastante más de dos kilos. Me pareció muy ligero cuando me lo compré pero no pensé en el cómo sería cuando estuviera repleto. Me gusta porque tiene muchos compartimentos y me pareció muy práctico. Y qué disgusto me iba a llevar si cuando fuera a buscarlo a la mochila no lo encuentro. Pensaría que me lo habían robado y ya ves… Creo que soy una mujer afortunada o un animal de costumbres, porque volví al lugar del delito. Ya sabes que me cuesta ir de cuerpo cuando estoy en lugares extraños. Y ayer no, no pude, y hoy tengo la impresión de que va a ser que tampoco.

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Desperté y al abrir los ojos vi movimiento silencioso de gentes en el barracón. La mayoría de nosotros estaba en sus sacos, la inmensa mayoría aún dormía. Pero algunos ya estaban vestidos y recomponiendo sus mochilas para irse. Eso antes de las cinco de la mañana, fígúrate, noche plena aún. Yo estaba aferrada a mi bolso. En el bolso está la posibilidad de mi camino: mis tarjetas de crédito, mi dinero y una pequeña luz roja que me sirvió para alumbrar el suelo y dejarme caer de la litera sobre mis zapatillas. Te diré que lo del padre de Lily, el disgusto, va pasando… Creo que no quiero saber nada más de él. Te lo contaré…

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7h15min. En Burguete. Hemingway estuvo aquí. Vino aquí para pescar truchas en el río Irati. La carretera que le trajo hasta Burguete era blanca y polvorienta. Primero atravesó una tierra de labranza con colinas rocosas, el viento agitaba el trigo de los cultivos. Luego la carretera se metió por entre las colinas y dejó abajo los ricos campos de cereales, encontró, en su mirada, la aridez de la aspera arcilla calcinada y los surcos hechos por la lluvia. Así lo describe en ‘Fiesta’ (The sun also rises, 1926), su primera novela importante, que narra la experiencia vivida en sus primeros sanfermines.

García Márquez escribe de él en sus notas de prensa, obra periodística, que mientra la noticia conmueve en el Mundo, <<a sus mozos de café, a sus guías de cazadores, a sus chóferes de taxi, a unos cuantos boxeadores venidos a menos… en su pueblo de Ketchum, -el de Hemingway-, Idaho, su muerte ha sido apenas un doloroso incidente local. El cadáver permaneció seis días en cámara ardiente, no para que le rindieran honores militares, sino en espera de alguien que estaba cazando leones en África>>.

Y de repente, en Burguete se me vienen esos leones al pensamiento.

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Libro de peregrinos, escribir en él, un primer mensaje para Lily (la Emperatriz). Vestirse y un poco desconcertada hacer la mochila. Me lío con el saco. Es la segunda vez que lo meto dentro de la funda. Ya se han encendido las luces del albergue, la mayoría de las cabezas están fuera de los suyos. El orden de la mochila es perfecto pero el tiro de las correas no, todavía no. Consigo un café de la máquina. Voy arriba con él. Hay música, cantos gregorianos, también olor a incienso. Alguien ha encendido una barrita, el hospitalero. Salgo al exterior. Enciendo un cigarrillo. Me mojo bajo el orballo. Es leve, no importa. Está oscuro y pienso en ti. Pienso que ya está acabado todo. Algunos se marchan. Descubro que hay un grifo donde puedo llenar la botella de agua, allí mismo. Descubro porque me lo descubren, porque de verdad que me siento perdida no, perdidísima y con todas las dudas del mundo, sabiendo lo que me queda por delante y con la sensación de que todo todo está perdido, insisto. Así es como me siento en aquel instante. Me pongo la capa, necesito un poco de ayuda. No he aprendido a colocarmela aún sobre la mochila. No descubro a nadie que hable español, lo más que distingo es francés, entre las voces.
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Despedida íntima de Roncesvalles. Es como haber estado y no estar. Marcharse sin escudriñar cada uno de sus rincones. Salida detrás de algunos, unos se van y yo detrás de ellos. Pero de las primeras, voy sola. Unos toman la carretera y yo no, tomo el Camino y voy escribiéndote un mensaje de felicidades. Es tu cumpleaños. Antes de las seis y media.
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En la Cruz de los peregrinos tengo la sensación repetida de que el Camino no te permite detenerte. Fue la sensación y es la sensación que hay que evitar para disfrutar del Camino desde el primer momento. Es importante vencerla.
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No llevaba cámara de fotos y la del teléfono me había prometido no utilizarla. Pensé que no, que era una pérdida de tiempo lo de intentar capturar momentos.
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Este crucero se conoce desde el siglo XVII como la Cruz de Roldán, aunque hay autores que lo sitúan en el XIV. Está a la entrada del bosque de Sorginaritzaga, el robledal de las brujas. Para exorcizar al ancestro el lugar se cristianiza y por eso la cruz de piedra blanca, coronada por una cruz bretona, que sirve como orientación al peregrino y para que nadie se olvide de la épica carolingia. Aunque el que ahora podemos ver es uno reconstruido porque los franceses destruyeron el antiguo en el siglo XVIII.
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<<Es un precioso inicio de Camino. La senda va paralela a la carretera, y está sombreada por hileras de píceas. Más adelante vienen hayas y acebos. La coloración de las copas de los árboles es el resultado de unir hojas marrones, verdes y amarillas. El bosque está vestido de otoño. La senda está cubierta de hojas caídas, y los rayos solares se cuelan débilmente entre el espesura del bosque, siendo la senda bastante sombría. Es como caminar por el interior de una cueva, cuyas paredes y techo no son rocas, sino materia viva: árboles y más árboles…

A unos 200 metros del comienzo de la senda, a mano izquierda, veo al otro lado de la carretera la llamada Cruz de los peregrinos, o Cruz vieja. Es un crucero gótico del siglo XIV trasladado  a aquí en 1880. En la base se ha embutido  un capitel renacentista que representa a los reyes navarros, Sancho el Fuerte y Clemencia, su esposa.

Abandono el Camino y cruzo la carretera hasta llegar a la cruz. Bonito lugar para ubicarla, y bonita foto la que tomo de la cruz, con un telón de fondo compuesto de árboles otoñales , y la luz del sol intentando abrirse paso entre las hojas de las copas. Vuelvo al camino, y me dirijo hacia el primer pueblo, Burguete/Auritz , a unos 3km de Roncesvalles. Me doy cuenta de que he perdido la hoja en donde estoy escribiendo el diario de viaje, y comienzo a retroceder. Al comienzo de la senda, me la encuentro, está bañándose en un mar de hojas que cubren la calzada…>>

- Vía: ZODIACO

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Dentro de algunas horas recibirás un regalo mío. Es un bello libro de emblemas con el que di una mañana de noviembre. Fue creado por Michael Maier, un médico alemán y también un alquimista.
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En 1617 se editó ‘Atalanta Fugiens’. Me pareció perfecto para ti porque incluye las partituras de 50 fugas entre sus páginas herméticas. La fuga de Atalanta, la mujer más veloz… Quiere ser un avatar de mi viaje.
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Voy atravesando una zona boscosa. Pero tan pendiente del suelo, del barro del suelo, que no distingo si además de robles veo arces o acebos o hayas. Una pareja me ha dado alcance y me he unido a ellos. Son cuñados. Me cuentan que han estado entrenando mucho. Quince kilómetros todos los días y van como motos. Compruebo que el ritmo que ellos llevan es muy acelerado para mí y que así, de buenas a primeras, no es mi ritmo. No tuve tiempo de entrenar, lo de Alma y el hospital me rompió el calendario deportivo. Sólo que con la sensación de que no me quería quedar sola en ese momento sigo con ellos, y como voy hablando con Miguel e Isabel, no me doy cuenta ni cuando dejamos atrás el arbolado, ni si giramos a la derecha o a la izquierda y ni si había naves o no. Hasta dar de frente con Burguete, que la mala memoria confunde con Viscarret. Y vemos una primera cafetería, que es la más frecuentada, me imagino, porque es la primera, y un peregrino, ya lo descubres, cuando llega a un sitio, donde primero se mete es en lo primero que ve. Donde pueda descansar y satisfacer cualquier necesidad. Están allí las mochilas y pasamos de largo por la calle.

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iGLESIA DE BURGUETE

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Pero yo soy prudente, quiero serlo y ya veo que donde la iglesia… Donde la iglesia, pizarra negra, piedra de sillería, ahí tengo una sensación mágica, un primer contento interior, un comenzar a sentirme en la realidad del viaje. La iglesia de Burguete me parece una belleza. Lamento no poder entrar pero empujo la puerta y entro… Es sólo un minuto. Hay una mujer, es morena, arregla unas flores y me sonríe. También es la primera en desearme ¡Buen Camino! y eso consigue que las buenas vibraciones comiencen a fluir… Salgo al exterior y me detengo otro corto instante ante la portada renancentista de esta ‘San Nicolas de Bari’, que es obra de Juan de Miura, y ellos me esperan. El cielo está oscuro y juntos damos algunos pasos.
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Entonces un bar, nos metemos ellos y yo con la mochila. Isabel me habla de que tengo que colocar las cuerdas mejor y están en la barra tomándose un café, él con magdalenas. Yo disfruto de un estupendo bizcocho de chocolate con nueces mientras escribo estas líneas, sentada en esta mesa. Me gusta estar aquí. La dueña o camarera, que es uruguaya, creo, me pone el libro de peregrinos del bar ‘El Frontón’ en las manos, para que le escriba algo… soy amable con ella y ella es amable conmigo, los baños están fuera. Esta gente se marcha. Yo digo que no, que me voy a quedar otro rato más. No compromisos, no compromisos, es la expresión que el Camino toma en mí. No por compromiso, te lo repito mentalmente. No por compromiso, no me contestes por compromiso…
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Se van ellos y ha entrado Diego, y Diego se quita el sombrero… Cruzo unas palabras con él. Me tomo otro café. Diego, me pregunta que de dónde soy y cómo me llamo. Es positivo, lleva bigote, también barba, es fornido, es agradable. Está sentado en la mesa de en frente.
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Voy al baño, vengo, ya cierro el cuaderno, ya pago tres euros en la barra, ya me pongo la mochila, ya le digo al peregrino, que primero ha viajado en tren desde Granada y luego en autoestop desde Pamplona: <<bueno, nos vemos…>>. Sonrío y salgo, y en seguida, otra vez, el temor a perderme.

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cALLE DE bURGUETE
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El día está oscuro, la calle de Auritz/ Burguete que dejo atrás es fría y húmeda. Hay que caminar muy pegado a ella. Llega una sonrisa, es tuya. Pero me parece tan poca cosa…

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Hemingway regresó muchas otras veces a Burguete. Mi Maestro me contó que cuando viajó a Kenia, en busca de las nieves del Kilimanjaro de Hemingway, durmió, en un lugar rodeado por los masáis, en la misma habitación que se supone que durmió Hemingway. Aquel día también hablamos de la Capadocia y de Simeón el estilita…

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Leí una vez un cuento de Hemingway. En él, una muchacha mira a unas colinas y dice: <<Son preciosas, parecen elefantes blancos>>. Pero Hemingway se pega un tiro con una escopeta.

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Emilia González Sevilla explica que Auritz significa <<lugar dorado>> o <<Balbuceo>>. Las casas son muy lindas, ya tenía ganas de estar aquí. Lugar de paso, desde hace 30.000 años, de tantas gentes… Voy demasiado rápido. Más suavidad.

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Sigo hacia adelante. Otros dos peregrinos. Están al borde la jubilación o la jubilación ya está ahí. Uno me recuerda a Luis, que es psicólogo. Ese, fineza, un espíritu sutil. Es escurridizo, es extraordinariamente inteligente pero un muro, como Luis. Es un muro de cuentos que le han contado y que ya se sabe, y estamos hablando de la espiritualidad, a los dos minutos de encontrarnos. Y ya sostenemos una discrepancia, además la batalla ideológica será dura… pero yo siento que no tengo tiempo para partidas de ajedrez, ni debates, ni dialécticas… Todo eso me dicen sus ojos. Sé que ofrezco un reto constante pero nadie me ofrece un reto constante a mí. No sé si eso es lo que él lee en los míos. Su sagacidad no me asusta. El otro es distinto, hay como más alegría en él, un aire de optimismo vital… También escepticismo, sí, como en Cefe, pero ahora ”contaminado” por no sé qué otra cosa…
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Dejando Burguete

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Nos pasa Diego, ”el granaíno”. Me saluda con mucho agrado. Yo no recuerdo su nombre, me costará… Mis nuevos compañeros lo perciben: <<Acabas de llegar y ya conoces gente…>>.
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Sé que es la manera, viajar sola, la manera de ir encontrándose con muchas personas dispares.
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¿Será así todo el Camino? ¿o hasta dónde? A ellos les llamaré ‘Los Compañeros’. De todas formas sigo conversando porque aún no he perdido el equipaje. Si algo me sobra en esta aventura es la mente. Eso me dice la voz interior. El Ermitaño va conmigo. Pero los hechos coinciden… Cefe es entendido en flora.
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Pruebo las flores de espino blanco. Recorto muérdago. Recuerdo aquella estupidez de ‘El testamento de Noe’. Pero, ¿lo era? ¿era una estupidez? Una fuente. Bebemos. Yo sólo un sorbo, por probar ese agua que él asegura que será buena; porque la fuente es de rodenos y eso garantiza mucha caliza, y dónde hay caliza raro es que haya mal -eso dice.
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La etapa es rompepiernas. Las piernas comienzan a hacérmelo notar. Afortunadamente la memoria no me lo ha recordado. No sé siquiera lo que sé o lo que ignoro. Si me quedo con este hombre -pienso- aprehenderé tantos conocimientos suyos… Pero para eso hacen falta horas y dedicación, y si me apuras hasta soledad. Pasamos por unos puentes preciosos, la obra de la piedra. Nos detenemos a tomar algunas fotografías. Caballos y cencerros. ¡Qué ruido tan celestial! Cefe corta una rama de avellano para hacerse un bordón. El mío lo he dejado olvidado sobre una mesa de mi estudio. Me fijo en el detalle. No es galante, y no corta una para mí. Ni tampoco para su amigo. Él, el amigo, tampoco corta, yo tampoco lo hago. Así no esquilmamos al avellano. Cefe dice que luego la trabajará con su navaja… Subidas y bajadas. Resuello. Comienza el barro pero qué barro… Y qué suspiro se me escapa cuando por debajo de aquellos pinos vislumbro lo claro del bosque en el claro… O como lo expresó Esteban Ierardo: <<El bosque es el templo celta…El claro es una isla en medio del océano de los bosques. Y la isla es una fortaleza donde brilla el Grial, esa copa enigmática que contiene la Luz>>
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Portillo

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Hay que abrir portillos y cerrar portillos detrás de uno, al paso. Conservo la sensación de ese continuo… Son tierras de cabaña caballar. Ahora una mujer, se llama Isabel y es de Madrid. Tiene llagas. Mientras nos detenemos, a recobrar el aire que la última subida nos ha robado, ellos hablan con ella, han compartido la mesa de la cena de ayer, y ella se recompone los pies.
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<<Todavía padezco la enfermedad de las búsquedas>> -dijo alguna vez Renoir. <<No estoy contento y continúo borrando>>.

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Voy medio rota, despidiéndome de ti y eso que la sonrisa que me enviaste parecía un sol pero tan poca cosa y yo no lo veía por ninguna parte, al sol…
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En cuesta arriba o abajo les abandono. Voy más rápido y haciéndome amiga de la mochila que detestaba. Sigo a un grupo y les sobrepaso. Son demasiado jóvenes y entonces yo también lo soy. Voy demasiado rápida. El terreno es de lo más escabroso. En cada paso intento poner todo mi coraje para vencer el miedo. Voy demasiado rápida y patino. El miedo no era miedo. Era prudencia, lo que me pedía prudencia. Patino y me doblo la rodilla al límite. Aquí se ha acabado el Camino, a menos de diez kilómetros de haber comenzado, prescribe el dolor. Siento que lo sé, que lo sabía y cómo lo sabía lo olvido. Me incorporo y como está en caliente aún no experimento molestias y me obligo a caminar. Siento como la rodilla vuelve a su sitio, como si algo se colocara dentro de ella, y aunque resentida puedo andar. El Camino se acaba cuando me eche el Camino. El Camino no se puede acabar por lo que la ilusión del miedo al Camino y sólo eso ha provocado en mí. El accidente soy yo y mis dudas. Eso, la ilusión del miedo, provoca en mí la actitud inconveniente, la que certificará las dudas.
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Agarro un palo cualquiera del suelo. Lo voy buscando. Está lleno de musgo pero me llama y lo agarro, y ya vamos todos llenos de barro hasta las rodillas. Eso es. Necesitar ayuda y obligarse a buscarla, que los sentidos te lleven a ello. Ese palo mismo es el sentido, el palo que moja mi mano y me hace mirarla como si fuera una niña y me preguntase qué me puede suceder ahora… ahora que tengo el basto en la mano…
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As de Bastos Rider-Waite
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Viene Jacks, me dijo que se llamaba así, y me coloca en la mano otro que ha recogido para mí. Le sonrío y suelto el que había recogido yo. Me duele un poco hacerlo pero no quiero resultarle desagradecida. El gesto de Jacks ha sido tan bonito. Me ha ayudado a incorporarme cuando el barro me hace patinar. No me ha insultado por ello. Tengo un recuerdo doloroso.
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Al rato ese no debe gustarle y me lo cambia por otro. Jacks, francés de más de sesenta años: encantador. Muchísima gente lo es aquí. Me uno a Diego, el granadino. Por fin logro dar con una fórmula para asociar su nombre a su cara. Cuando conocemos a otro Diego que ha sido ”emocionalmente importante” en nuestras vidas puede producirse una interferencia. El viejo poseedor del nombre se impone en espíritu y no quiere dejar espacio al que siente que lo usurpa.
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Ya según voy por la carretera con Diego ha aparecido el sol y Diego me va contando… Andamos juntos unos kilómetros. Y lo de Diego son las historias orientales. Es conductor de ambulancias pero medita y sus historias orientales son lindas. Hablan del comienzo del Mundo, mitos de otras culturas. Yo le he hablado de ti. He tenido que hacerlo cuando él me dice que en su tierra le echaron las cartas y le dijeron que conocería a una asturiana… Le digo que hoy es tu cumpleaños y que por eso he comenzado hoy a caminar. Porque me he puesto tus ojos en Finisterre. Hasta que me habla de Zeus y se aleja de dragones y tigres y de la sal del mar. Va a contarme lo que no es otra cosa que el mito de mujeres, hombres y andróginos en ‘El Banquete’ de Platón.

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Hemos dejado atrás el Alto de Espinal, Viscarret, Bizkar en vasco, que significa espalda, con su iglesia parroquial de San Pedro (S.XIII) y Linzoáin. Cuando comienza la subida del Alto de Erro, le pido que siga. Es más rápido que yo y ya deseo soledad. En el último banco de aquella calle disfruto de una pausa, de un reposo. Aprovecho para volver a ajustarme las cuerdas de la mochila. El sol comienza a brillar con fuerza. El ánimo mejora.

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Shirley cuenta que logró dar con las pisadas de Roldán. Yo no lo consigo. He tenido que detenerme varias veces durante la subida. Jacks me ha alcanzado mientras estaba sentada sobre la mochila y ha cruzado unas palabras conmigo en su francés risueño. Eran de aliento. Pasan otros peregrinos, todos muy cordiales. Por un momento estuve a punto de perderme. Un ciclista con su bicicleta a rastras me devolvió a la pista.

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Alto de Erro

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Se me hace muy duro pero arriba del Alto de Erro está Diego, y hay un cambio de actitud conmigo cuando le hablo de la marihuana y del sonido místico dzikr. A pesar de lo que él llegó a contarme acerca de las cartas y de lo que le dijeron… ¡Mira tú! Tengo la sensación de que le asusto, y de pronto desconfía. Se siente inseguro y le ofrezco un Tarot pero con condiciones, una carta. Él dice que si nos volvemos a encontrar. Me parece bien, ahora mejor que no… Un águila no deja de dar vueltas sobre mi cabeza. Las vistas son prodigiosas. Paz, eso es lo que respiro. Ahora que él se ha ido eso queda. El grito del águila sobre mi cabeza.
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Escribe Angelus Silesius, a quién Goethe y Borges admiraban: <<El águila mira sin temor cara al sol y a ti resplandor eterno, si tu corazón es puro>>. En la mántica el águila ocupa un lugar importante. El arte augural interpretaba el vuelo de las águilas para percibir las voluntades divinas. El águila pájaro tutelar. Posada sobre las ramas del árbol cósmico, vela como remedio de todos los males que contienen estas ramas.

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Bajada de barro, infernal. Diego se ha ido. Voy sola y tan al límite de mis fuerzas que voy a irme yo también de mi misma, con la bruma, como bruma.
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Bajando el Alto de Erro

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Pero llegada a Zubiri, ya no puedo más y prefiero el refugio municipal. El otro, el albergue Zaldiko, cuando lo conozco, me da como claustrofobia, a pesar de que todos parecen encantados con él.
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Cuando me quedé sola en el bosque. Todos los kilómetros que caminé la música interior vino y fue maravillosa. Hablo del sonido místico, dzikr. Pasaba, me sentía por completo armonizada con la Naturaleza. El sonido crecía y crecía en intensidad… Siento entonces que es fantástico, que la despedida del padre de Lily (la Emperatriz) fuera como fue; porque si hubiera sido como la tarde del martes… habría tenido la cabeza llena de fantasías, y de lo que se trata es de entrar en realidad. Asumirla. Y eso significa olvidarse de estos últimos años de refugio, incluso de ti. Y hasta que no me libre de mis <<ilusiones>> no encontraré el Camino. Sea a la soledad o sea a la relación.
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Atravesando el Puente de la rabia

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Atraviesas el puente llamado de la rabia. Pero si sigues hacia Larrasoaña, unos seis kilómetros más, no tienes que hacerlo. Yo no podría seguir. De todas formas ese día el albergue de Larrasoaña está siendo fumigado.
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La iglesia de Zubiri

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Doblas al final de esa calle, hacia la derecha, algunas casonas antiguas, la iglesia y ya has dejado el refugio privado atrás, y caminas por lo qué es Zubiri, una calle como aquella, una en la que viví hace casi veinte años pero todavía ésta de Zubiri con mucho menos encanto.
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La calle de Zubiri

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Algunas casas a este lado de la carretera, algunas más al otro. Has andado como unos cien metros y llegas a lo qué es el albergue municipal, que antes de serlo fueron las antiguas escuelas.
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Otros peregrinos te dicen que te quites las botas, que las dejes afuera para no poner el barracón perdido de barro y que te busques una litera dentro. No está el hospitalero. Hay dos barracones. Sólo uno está abierto. Cuando ese se llene se abrirá el otro.
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Interior del albergue de Zubiri

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La fortuna -te lo parece- no puede ser mayor. Una en una esquina y duerme tranquilizadoramente abajo. El compañero de la litera próxima agradable. Estoy aquí intimando -les dice a sus amigos. El intercambio es sencillo pero yo ya sé que no vamos a intimar. Salgo al exterior. A lavar las botas en la fuente. Si tuviera un cepillo -me comenta alguien- podría ir al río, que allí es sencillo…Con las manos, lo hago. La fuente dispara agua y los pantalones arremangados hasta el muslo y hasta el muslo perdidos de barro. Siento ahí, en esa postura forzada, que la rodilla ha sufrido. No es seguro que mañana pueda volver a caminar.
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Coger tus cosas, irte a las duchas, las duchas están fuera, en otra edificación, frente a baños y duchas el tendedero. Olvidar algo, tener que dar dos o tres vueltas. La cabeza que no rige, el cansancio físico que después de todo tiene sus efectos. Ducharme, duchas comunitarias como de colegio. A este lado la de las mujeres, sin cortinas. Una joven francesa a mi izquierda se afeita las piernas. Me admira su maestría. Ella dice que en lugares así hay que aprovechar. Al final se corta y sangra y no deja de sangrar. Deduzco por su comentario que en el futuro cercano podré encontrarme con cualquier cosa.
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Llega Mari Carmen. Es de Zumalacarregui. Es una mujer dicharachera y muy amistosa. Lavamos juntas la ropa y el agua tarda en dejar de ser del color del chocolate. Me cae estupendamente. Me presenta a sus compañeros de viaje. La idea del Camino fue suya pero ellos se le unieron y se fueron entusiasmando todos.
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Le doy un masaje a Txomi en los pies, con viks vaporub, sus ojos mansos y dulces me lo agradecen. Es bonito, hay comunicación de la que espero satisfacerme. Sus compañeros de peregrinación son como ella, encantadores y me uno a ellos para comer. En ese momento me he inclinado por la relación. Estoy acostumbrada a comer sola y suelo disfrutar mucho de ello, pero en ese momento siento que me inclino por la relación.
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Sello de Zubiri
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El hospitalero ha llegado. No parece muy comunicativo, es extranjero. Pago la estancia y él pone el sello en mi credencial. Me informa de que no hay libro de peregrinos. Me extraña. Aunque quisiera no podría escribirle a Lily lo que quiero contarle…
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Mis nuevos amigos si van contándome, por la calle desértica, el incidente de por la mañana. Arantxa pierde sus gafas en Roncesvalles. Hace y deshace la mochila varias veces. Una hora han estado esperando a que ella encuentre sus gafas. Las gafas no aparecen y por eso han salido tarde. Todo son risas y sonrisas entre ellos. Sonrisas y algarabía. Están felices por sentirse unidos en la aventura. Felices como chiquillos. Y tú sabes, de inmediato, que el grupo es tan perfecto, la unión entre ellos, que nada podrá romperla. Lo que dudas de ti en ellos lo sabes. El sol tiene fuerza. Es probable que la ropa tendida y empapada se seque.
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Entramos en el bar que vimos abierto. Bar Bassari (caserío). Menú caro y escaso, se podría decir: once euros. De todas formas, en los tres lugares que se puede comer, la gasolinera, el bar del polideportivo y éste otro, se han puesto de acuerdo en lo del precio. ¡Menuda estación de peregrinos! -piensas y te planteas si no te habrás embarcado en otra cosa que no sea un tour turístico. En Zubiri, capital del valle de Esteribar, esa es la sensación que te acoge.
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Allí un matrimonio que ellos conocieron. Ella infiltrada en rodilla, viaja en autobús. Conversación banal y agradable. Tú pasta, tú pollo, tú macedonia. Ellos menestra, y unos carne o pollo, unos macedonia o yogur. Los Compañeros también están allí: Cefe y su amigo. Se dan cuenta ellos de mí. Se han arreglado y ahora parecen habitantes de ciudad. Llegan otros peregrinos que se sientan al fondo. Intuyo problemas… hay algo en su actitud que yo no traigo. Tomamos el café en el polideportivo municipal. Ahí puedo fumarme un cigarrillo y donde estamos no. Su amabilidad es manifiesta porque hacia allí vamos y ellos no son fumadores.
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Me suelto el cuarzo del cuello. Comienzo a trabajar la zona con la punta y con los dedos. La punta es capaz de alcanzar todas las fibras. Estoy dándome ese masaje por una hora. Siento la rodilla muy mejorada. Hay allí un peregrino integrante de una pareja. Mis amigos me comentan la posibilidad de ayudarlo. Lo de él ha sido en el tobillo. Lo tiene como un bote. Lleva un ordenador portátil. Le veo muy en el mundo del portátil. Yo voy a desconectarme, por completo, de la Red. Estoy de acuerdo en tratar de ayudarle si él me lo pide… Un portátil es demasiado peso para cargar con él en una mochila. Las cosas, como a mí, deben de estar hablándole…
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Ya en el albergue…
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Mi compañera de litera en Roncesvalles, la del sombrero y las hijas, ha llegado. Tiene los pies destrozados. No hay un lugar de las plantas del pie donde no haya una llaga. Dice que al final no utilizaron el transporte de mochilas. En el Camino cualquier aventura imaginaria se rompe tras unos kilómetros, puede hacerlo. Sus pies deciden por ella el abandono en la etapa de mañana.
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Un precioso niño de menos de tres años corre descalzo, vital y feliz, por delante de nosotros. Es el peregrino más joven que he visto. Me pregunto como la madre, casi una niña, alemana, ha podido arrastrar ese carricoche hasta allí, por entre los barros, y qué hay de consciencia y de inconsciencia en todo ello.
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Sentada en un banco, nuevo encuentro con Miguel e Isabel, los cuñados. Nos reconocemos, alegría de verlos. Ellos dicen que lavaban las botas en el río Arga cuando yo alcanzaba Zubiri. Vamos paseando hasta el puente.

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Puente de la Rabia
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Puente de la Rabia, único encanto de Zubiri. Zubiri, pueblo del puente. Dice la leyenda que por estar aquí enterrados, bajo el pilar central, los restos de Santa Quiteria, los aldeanos hacían dar tres vueltas a los animales que contraían la enfermedad y que por esa taumaturgia se curaban. Nosotros estamos sobre el pilar central y la tarde es fría a medias y a medias soleada. Era entonces el siglo XI, allá cuando aquellas gentes comenzaron la construcción del puente. Las dificultades para erigir el pilar central los llevaron a excavar en la roca sobre la que éste tenía que sostenerse y encontraron los restos de una joven perfumada.
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Supuestamente, Quiteria vivió y murió entre los siglos I y II, y portugueses y españoles se disputan la pertinencia de sus restos. En Margeliza, en Toledo, al pie de una montaña hay una fuente, la fuente santa, dónde se invoca a Quiteria contra la rabia. En Portugal reposan a cuatro kilómetros de Coimbra.
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Por lo que se sabe hasta hoy de la rabia… la única superviviente a este virus letal es una joven de nombre Jeanna Giese. Pero rabiosos -me cuentan los cuñados- que arribaron al refugio Zaldiko, los dos peregrinos que llegaron los últimos al Basarri, donde comimos. El incidente quedó registrado en el libro de peregrinos del albergue. Y ellos aseguraban que iban a remover Roma con Santiago a través de Internet para denunciar los hechos. ¿Tú irías a un Camino dispuesto a cabrearte por cualquier cosa? Tomamos un café, aparece la jovial Mari Carmen. Me voy con ellos a comprar la cena. En la tienda media barra de pan, ¡qué remedio!, aunque luego lo agradezco. Tres lonchas de queso y un kiwi.
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Detalle del Puente de la rabia

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Pero Quiteria… ponen sus restos sobre una mula y allí que se los lleva el cortejo a Pamplona. La sorpresa es que en Burlada la mula se detiene y se niega a dar un paso más. Esto se interpreta como que los restos deben reposar en el puente. Y es por eso que la leyenda dice que aquí lo están.
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La mayoría de las referencias históricas a Zubiri aluden a su puente, lo que viene a indicar que la fundación de la población, relativamente tardía (no es mencionada en el Liber peregrinationis), puede estar relacionada con la construcción del gran puente gótico sobre el río Arga. El propio topónimo significa <<pueblo del puente>> en vasco. Un aventurero alemán del s. XV, Arnold von Harff, en la relación de su viaje a Santiago, llama a la población <<Puente del Paraíso>>, no sabemos exactamente por qué. Quizá por la tradición local de hacer pasar a todas las bestias de la comarca por él para librarlas de la hidrofobia. La cristianización adjudica el poder apotropaico del puente a la presencia en él de una reliquia de Santa Quiteria, virgen y mártir gascona, cuyo culto en Zubiri puede proceder también de Tolosa, donde la santa fue especialmente venerada.
- José María Anguita Jaén -
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Hay que marcar una clave, cada peregrino tiene la suya. Estamos frente a la puerta del albergue Zaldiko.
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Isabel me muestra el interior del refugio, dónde duerme, dónde se aseará, dónde el peregrino puede escribir, leer o conectarse a Internet. Para ella el albergue está fenomenal. Y es sólo uno o dos euros más caro que el municipal.

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Vamos juntas a su litera. Ella tiene un dolor en la espalda. Y durante media hora yo me ocupo de ella. Sólo le pido algo que nos sirva de hidrante, para que me resbalen las manos y no hacerle demasiado daño, que se relaje todo lo que pueda y se olvide de mí. Ella sí que es fantástica. Logra lo que le pido. Confía en mí y yo puedo darme. La dejo recostada.

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Hay un hombre. Sus ojos me reciben con agrado. Él ve la luna. A mí me cuesta encontrarla. Hay un alma detrás de esa mirada. Una fina sabiduría, fina como una lluvia fina, fina como una rosa pulverizada, que rezuma intelecto y espíritu. Hablamos. De libros, de Nietzsche y del día en que lloró, de Yalom y de Halady, de una amistad, suya, que se fue formando a través de los encuentros casuales en ferias que eran la causa, de los cuernos y de los filos. Los cuernos de cabra y la afición artesanal y la del coleccionista. Tanta delicadeza. Hay rastros que no son rostros. De pronto me siento encantada. Él a la tarde talló… Su presencia lo llena todo de calidez. Hablamos del granito de esas rocas que están delante de nosotros. De mi cristal. De la credulidad y la incredulidad. Me parece, entonces, un sueño hermoso, estar en Zubiri, en ese asiento de la iglesia, la que fue utilizada como cuartel durante la guerra carlista y resultó destruida en 1836, sentada, cenando pan y queso, fumando moderadamente, conversando. Hay un hombre, eso dicen sus ojos. Pero hay más espíritu en ese hombre que hombre. Siento la necesidad de recurrir al saquito de color sangre. Es el momento. Me lo dice algo del momento. Todas las almas vuelan por entre los corredores de la comprensión. El alma es lo sensible. Hay un hombre que ya no es joven. Siento como una esperanza en esa salvedad de la tarde. Estamos solos. Hay un amigo, otro peregrino pero en ese instante habla por teléfono, contento, se siente contento o quzá un poco nervioso. Uno está esperando al otro para ir a cenar. Son Los Compañeros. Yo he terminado con lo mío. Dos con mochilas que beben vino nos ofrecen un trago. Amable declinación ante el ofrecimiento. No existe ninguna obligación que no sea la que se invente. Sensación de disponer de mi tiempo, del que siempre dispongo pero diferente. Un cuerno de cabra para un mango de navaja. Esa rareza, la del artesano. Los matices se encuentran en su forma de entrecerrar los ojos, va dando luz y zonas en sombra. Dentro de los párpados la noche comienza a pesar. Siento algo parecido a la felicidad. Uno que está satisfecho con sus encuentros consigo mismo. Viene el amigo, se rompe la magia. Nos pronosticamos buenas noches. Yo camino en dirección al descanso. Txomi por la otra acera, levanta la mano, levanta la sonrisa, levanta el ánimo. También va a cenar. La ropa se ha secado. El albergue se cierra a las nueve y media. Esa es la jornada. Me lavo los dientes. Me meto en el saco, escribo en el cuaderno…
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21h. Toda la mañana (o prácticamente) en y toda la tarde (hasta ahora mismo) en relación.
Creo que lo mejor será que mañana me quede en Larrasoaña. No creo que pudiera llegar a Cizur Menor, y dicen que al día siguiente está el Alto del Perdón y que sería conveniente partir de ahí. Sin embargo mis condiciones físicas reales (el estado del soleo y el ligamento de la rodilla) me hacen pensármelo con prudencia. Aquí en Zubiri hay granito. Varias rocas donde la iglesia. ¿Qué prisa tengo? Si lo importante es Desconectarme todo lo posible.
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Estoy dormida antes de que apaguen la luz. Sé una cosa. Esa noche no duermo con miedo. No me sucederá nada. Después de haber pasado tanto. Todos esos extraños, desconocidos, peregrinos, mis nuevos amigos que hay en el barracón, me hacen sentir confiada, más que nunca. Y duermo.
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la Roja

http://amonseuldesir.wordpress.com/
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(2) Etapa segunda: RONCESVALLESLARRASOAÑA (Camino Francés)

- RONCESVALLESPAMPLONA (lamentos de Roldán y tortillas malditas) Mª EMILIA GONZÁLEZ SEVILLA

Roncesvalles (Orreaga) en la vida del peregrino…

- La llegada de Hemigway a Burguete

- Del Camino (un viaje espiritual) – Shirley MacLaine

- Los pasos de Roldán

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15 comentarios dejar un →
  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Esta noche inquieta me hizo despertarme en multitud de ocasiones. El tiempo no pasaba y las horas se hicieron interminables. No creo haber dormido más de dos horas. No debía ser el único intranquilo, pues constantemente se oían ruidos de gente que se removía en las literas. Incluso a las 5 de la mañana se levantaron los catalanes y se ducharon, montando un poco de jaleo. La desconsideración a los demás se empieza a sentir desde el primer día, es una realidad a la que nos tenemos que acoplar..

    A las 7 de la mañana ya nadie aguantó más y se encendieron las luces. Todos nos levantamos a la vez. Yo por el nerviosismo preparé los bártulos rápidamente y fui de los primeros en salir a la calle.

    Estaba amaneciendo cuando a las 8:00 salí hacia el inicio del Camino. Fui acompañado por los catalanes pero enseguida comenzaron su charla y preferí acelerar. La poca luz me hizo que me despistara en una de las señales y me obligó a retroceder. El bosque es espléndido y se recorren con comodidad, son sólo 3 Km. hasta Burguete. Aquí busque un bar abierto y me volví a juntar con los catalanes, desayuné un café con leche y delicioso bocata de jamón.

    A las 9:00 reiniciamos todos juntos la marcha, pero enseguida me aburrí de nuevo del constante hablar y volví a acelerar el paso, hasta que los perdí definitivamente.

    El camino discurre por terrenos ricos en ganadería y en relativamente poco tiempo llegue al alto de Mezquiri. Es apenas un repecho de 200 metros. La bajada es espléndida por un bosque de hayas típico del Pirineo. El tiempo era soleado y el cielo azul claro con alguna nube blanquecina. El aire era limpio tremendamente puro. Era una gozada para un caminante. A esta primera hora no hacia calor.

    Al final de esta bajada conocí a Danny. Es un inglés malabarista que se gana la vida con sus habilidades. No habla nada de español y ni tan siquiera lo intenta. Es un digno representante de un grupo de extranjeros que creen que los demás tenemos la obligación de entenderles sin hacer ni el mínimo esfuerzo por aprender el idioma.

    Al poco rato nos juntamos con un alemán que farfullaba inglés y casi nada de español. Se llamaba Clement. Iba con un gran paraguas de colores y nos comento que había dormido al aire libre disfrutando de una magnífica noche estrellada.

    Subimos los tres a la cima del Alto Erro. Un repecho un poco mayor que el anterior. La subida costo apenas 25 minutos. En el alto decidí abandonar a mis dos acompañantes, estaba un poco harto de hablar en inglés. Acompañado por un chaval de un pueblo cercano y su perro, aceleré el paso en la bajada. Esta si que es fuerte y delicada para los tobillos, sobretodo por la carga que se lleva a la espalda.

    En Zubiri entre a las 13:30 y tomé una coca cola en el primer bar y posteriormente fui al albergue con la intención de conocerlo. Me pareció grande y frío. Son unas antiguas escuelas reconvertidas en albergue. En el parque infantil había una señora que me indicó que pasara, eso hice y aproveche para dejar la mochila, mientras iba a comer. Había decidido continuar a Larrasoaña por la tarde. Pregunte por el restaurante y me indicaron frente a una gasolinera a la salida del pueblo. Recorrí cerca de un kilómetro por carretera hasta que llegue al cruce donde estaba el restaurante.

    En él comí el menú del día que era “paella” (arroz con carne), cordero estofado y cuajada (9 euros). A las 3 reemprendí la marcha después de recoger la mochila.

    En el puente de salida de Zubiri conocí a David, muchacho vasco con el que compartiría momentos agradables. Le comente que dejara la mochila en el albergue y se acercara a comer. Me dio gusto poder hablar en español.

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE MONTSE PEREGRINA CON HIJO PEREGRINO, LITERATURIZADO AL CATALÁN…

    RONCESVALLES-LARRASOAÑA

    Segundo día
    Estamos en Larrasoaña. Llueve desde las 14 h y son las 16,50. Nos hemos mojado como patos. Hemos caminado los 20 km que nos separaban de Zubiri, parando para comer y ver qué tal estaba el refugio. No nos ha gustado (una escuela habilitada). Decidimos continuar hasta Larrasoaña. Por el camino (5 km) la lluvia ha sido nuestra fiel compañera. Botas, pantalones, ropa… hecho unos zorros.
    Hoy he aprendido algo muy importante, ante la cariñosa acogida de Santiago Zubiri (de igual nombre que el pueblo anterior…) al albergue que regenta (además es el alcalde del pueblo):

    “El peregrino no exige: agradece”.
    Los compañeros de fatigas (absolutos desconocidos ayer noche, unas 30 personas, entre los que hay franceses, italianos y mayoría de españoles) comparten las experiencias negativas ( dolor de articulaciones, ampollas en los pies, estragos a causa de la lluvia) y las positivas (ambiente de integración y compañerismo, maravillosos paisajes, ilusión por continuar mañana, pese a las inclemencias del tiempo).
    Sólo dos niños: Gerard y Héctor… los dos tienen la misma edad…

    Mi estado de ánimo empieza a cambiar (después de una buena ducha, conversaciones agradabilísimas con la gente… recuerdos del paisaje…) creo que esto será duro pero fantástico!

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  3. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LAS ANOTACIONES PEREGRINAS DE WILLIAM RAMOS, CON LAS QUE HE DADO HOY…

    Emprendimos nuevamente el camino, hasta adentrarnos al viejo bosque encantado de Navarra, fue una etapa muy fuerte pues seguian las lluvias y los granizos, pero a la ves íbamos viendo mas y mas peregrinos, mientras me daba cuenta que todo era una hermandad, todo el mundo super amable, ayudandose, fue cuando empezamos a hacer nuestras primeras amistades con los primeros peregrinos… Intercambiabamos ideas, nos preguntabamos por que haciamos el camino etc… Muchas respuestas se perdian, algunos simplemente decian que sentian un llamado, otros por espiritualidad, otros por vivir una aventura… Diria que a mi fue algo como un llamado y por algo de espiritualidad, igualmente motivo religioso y por ser un viaje a lo desconocido para encontrarme conmigo mismo, claro que todo vino por mi hermano Alan que fue quien me introdujo… Estuve junto con Miguel los 3 primeros dias, hasta que llegamos a Pamplona, primera ciudad al iniciar el camino… Recuerdo las bellas mujeres y la chocante ideologia de los Vascos… Habian unas manifestaciones de Izquierda, todo el mundo con banderas en protesta contra el gobierno, a la ves recuerdo la ofensa que le hice a una chica que la llame Espanola, pues ella decia que no era Espanola sino Vasca, tremenda cortada de ojos, simplemente le hice un pequeno halago, le dije que estaba sorprendido con lo bella que eran las chicas Espanolas, pero insistio que no era Espanola sino Vasca, entonces es cuando empeze a ver la diferencia y el por que de el terrible odio de los Vascos con los “Espanoles” y tambien el pensamiento de los ETArras ( una locura completa ) pues quieren independizarse aun estando dentro de Espana y conquistar su parte Francesa y cojerse algunos otros pueblos cercanos a ellos y formar una especie de gobierno dicatatorial y poner fronteras… Lo cual encuentro absurda locura, pues con esto de la Union Europea, se supone no hay fronteras, pero ellos insisten y insisten, es la razon de tantos atentados, una pena muy grande las cosas de este mundo… Luego ya de dejar Pamplona atras llega el momento de la despedida con el mitico y es cuando realmente mi viaje toma otro rumbo, pues ya no cuento con ninguna ayuda, ahora estoy solo, en un camino totalmente desconocido, donde cada dia es una aventura mas que no tienes ni idea a donde vas a parar… Es cuando empieza todo, mi despedida que a la ves es una bienvenida a mi proxima evolucion… Hasta pronto mitico, lo veo partir y a la ves siento tristeza y felicidad… Me sentia con vida, con mucha energia, adrenalina, en ese momento decidi abrirme a todo, es cuando empeze a conocer mucha gente realmente y aprender cada dia algo mas…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  4. 2009 Agosto 10
    María Camino Enlace permanente

    DE LA EXPERIENCIA PEREGRINA DE DOS AMIGOS QUE CRUZARON UN OCÉANO PARA SEGUIR LA RUTA MILENARIA…

    Notas de viaje, jueves 27 de julio de 2000.

    Nos levantamos a las 07:30 e hicimos – por primera vez – el calentamiento del dojo (todavía nos dolían los músculos y realmente lo necesitábamos, fue una cosa buena). Desayunamos agua sin gas y 1/2 bocadillo cada uno. Nos vestimos, ordenamos la habitación y dejamos las mochilas sobre la cama, Gibra vendría a buscarlas más tarde.

    Retomamos el camino a las 08:00.
    Cargamos la pequeña mochila de Martín por turnos de 1 hora y llevamos poca agua. La mañana esta fresca, yo llevo calzadas mis sandalias Reef y las botas de trekking con los cordones anudados colgando del cuello esperando a que se sequen. La primer parte del camino es encantadora, un paseo por los más espeso del bosque navarro, pleno de árboles añosos, helechos gigantes, muérdago silvestre y señales indicando cotos de caza público y privados.

    Anduvimos unos doce kilómetros, pasando pequeños y encantadores pueblitos de montaña (Burguete, Espinal, alto de Mezkiritz), hasta llega al Bar de Juan en Bizcarreta, donde nos detuvimos a tomar un jugo de naranja y comer lo que nos quedaba de los bocadillos.

    Descansamos unos 20 minutos y retomamos el camino. Pasamos por Lintzoain para emprender el ascenso al Alto del Erro en medio del maravilloso bosque navarro. El bosque es espeso, con mucha piedra y barro en todos los piques por los que pasábamos. Después de un par de horas y varias casi caídas, el barro se me había trepado casi hasta las rodillas, asi que tuve que gastar parte del agua en lavar mis pies y calzarme las botas de trekking -ya bastante secas por el sol de la mañana-.

    Seguimos por el bosque hasta dar con una portera que indicaba el comienzo de Zubiri (“pueblo del puente” en euskera), eran las 13:00 y parecía faltar bastante poco para llegar a destino. A partir de allí el camino comenzó un pronunciado descenso entre piedras sueltas y farallones labrados en la roca por la erosión. Las pendientes y pedruzcos sueltos, nos obligaban a sostenernos de los bordones para evitar una rodada de varias decenas de metros hasta alguna de las grandes rocas que enmarcaban el sendero. Yo me sentía bastante bien, aunque a Martín comenzó a molestarle la rodilla asi que seguí cargando la mochila el resto del camino. Martín rengueaba un poco detrás mío, y yo cada vez más ansioso saltaba de piedra en piedra inconscientemente. Finalmente en una de mis pruebas de arrojo terminé encima de una filosa saliente de granito con todo el peso de mi humanidad mochila inlcuída sobre mi pie derecho, en el momento apenas sentí un impacto más fuerte de lo habitual y la fuerza del golpe transmitida a través de la gruesa suela de la bota. No le presté mucha atención – y rápido iba a arrepentirme de eso- y seguimos descendiendo con rapidez. No muy lejos ya se divisaba la fábrica de magnesitas que ha hecho prosperar al pueblo, como un gigantesco agujero blanco al borde del bosque, donde pululaban máquinas, hombres y chimeneas de hornos utilizados para secar las piedras arrancadas del suelo. Detrás de la fábrica, a un par de kms. ya se adivinaba el pueblo.

    Finalmente entramos en Zubiri a las 15:30 y nos detuvimos unos 10 minutos a beber agua sobre el legendario puente medieval de La Rabia, un puente de ochocientos años que según la leyenda el girar tres veces alrededor de su pilón central curaba a los animales de la enfermedad, de ahí el nombre tan curioso. En suma era un pequeño y precioso puente de piedra sobre un encantador arroyo de agua clara (el río Arga) a cuyas orillas crecían algunos sauces y arboles más típicos del lugar. Sacamos algunas fotos en compañía de una pequeña lagartija que salió a recibirnos.

    Martín quiere seguir, pero a mí el pie ya me duele bastante así que lo convenzo para caminar hasta la fuente del pueblo y luego a un bar para utilizar los servicios, como le llaman por acá. Para cuando salimos del bar, yo casi ya no podía caminar, y digo casi porque usaba el bordón de muleta. Nos recostamos en la plaza de la fuente y me dormí unos 20 minutos. Cuando desperté (agobiado por la insistencia de las moscas de navarra, estos insectos merecerían todo un capítulo de este diario, son en todo parecidas a las moscas de Montevideo, pero tiene dos diferencias que las vuelven particularmente insoportables; son absolutamente descaradas y directas a la hora de joder a alguien y además insisten tercamente hasta las últimas consecuencias, esto es hasta que les llega el ticket de ida al más allá bajo la forma de un furibundo y rabioso chancletazo), eran las 16:00, el albergue no abría hasta las 20:00 y decidimos buscar un hostal. Finalmente nos decidimos por la Hostería de Zubiri -era el que estaba más cerca- luego de llamar a “Gibra” para que nos alcanzara las mochilas. Yo me quedé en la habitación, ya que definitivamente no puedo siquiera apoyar el pie derecho y Martín salió a esperar las mochilas. Volvió a la habitación a las 17:30, yo dormía, se duchó, me despertó, me duché, nos masajeamos los pies con menta -costumbre peregrina para evitar las ampollas- y salimos a buscar un bar o café para tomar y comer algo -estamos sin almorzar-. Tomamos un par de cafés con masas dulces en una pintoresca panadería del pueblo. Caminamos -es un decir, porque lo que yo hago es dar pequeños saltitos apoyado en el bordón- hasta el refugio y esperamos a la señora que lo atiende para que nos sellara las credenciales y volver al hostal. Martín se compró un par de rodilleras para hacer la etapa de mañana aunque aún no sabemos si podremos hacerla. Está muy desanimado y pesimista -condición no muy extraña en él-, pero después de discutirlo un rato lo convencí de que es posible hacer etapas más cortas, aligerar el peso de las mochilas, etc. Mañana trataremos de llegar a Pamplona, son unos 19 kms.
    Luego de descansar un rato bajamos al restaurante del hostal a cenar. Estuvo muy rico, muy abundante, y bastante caro.

    Volvimos a la habitación, no sin antes conversar un momento con el dueño del hostal que nos explicó el significado del famoso “lauburu” celta vascón. Nos acostamos a descansar, espero que todo salga bien, que mi cuerpo se comporte como de costumbre y tenga una de sus habituales recuperaciones casi milagrosas y sobre todo que Martín se recupere de su rodilla. Me parece, sin embargo, que mañana va a ser un dia jodido...

    http://ultreiafinisterre.blogspot.com/

  5. 2009 Agosto 17
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO DE JUAN MIGUEL GRAU, UN PEREGRINO DE MIAMI…

    Cené con Ib y Knewt en el Polideportivo Municipal de Esteribar, disfrutando de un juego de “handball” entre equipos locales. Pernocté en el Albergue Municipal de Peregrinos de Zubiri, localizado en el colegio público Xavier Zubiri.

    Al final de ésta segunda etapa del Camino, poco a poco me he despojado de equipo y ropa, tratando de aligerar la mochila, para así sufrir menos dolores de espaldas y poder subir las montañas con menos peso. El Camino nos enseña que podemos prescindir de efectos materiales que se convierten en apegos. En el Camino se pierden los nombres y títulos, nos convertimos en simples y humildes peregrinos en un retiro espiritual ambulante, donde se comparten los dolores, las molestías y sacrificios del andar, ofreciendoselo a Dios como penitencia. La convivencia en común en los albergues de peregrinos nos enseña a compartir, escuchar y ayudar al prójimo. Nos recuerda la famosa frase del latín, de los Monasterios Benedictinos, cuando quieren amonestar a sus monjes; “VITA COMMUNIS MAXIMA PAENITENTIA” o en castellano, “vida en común, máxima penitencia”. Lo que nos dice, que el convivir de un grupo grande de personas, en un área reducida, se convierte en una penitencia, pero es así que aprendemos a respetar y tolerar las ideas, creencias o prácticas de los demás aún cuando son diferentes o contrarias a las nuestras. Por el momento me despido y me praparo para otra noche de fuertes ronquidos peregrinos.

    http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago

  6. 2009 Agosto 18
    María Camino Enlace permanente

    PEREGRINANDO CON ZODIACO… EXHAUSTIVO Y PRECISO, NO COMO YO

    De Roncesvalles se parte carretera abajo, es la carretera por la que hemos llegado a Roncesvalles, se llama N-135. A unos 50 metros, se coge una senda a mano derecha, está indicado. Un panel indicativo, nos informa :
    ” Sobre la cordillera pirenaica, a uno y otro lado de Roncesvalles, se encuentra el macizo de Quinto Real, que es el más extenso coto de caza mayor de Navarra, el precioso valle de Aézcoa y el bosque de Irati, la segunda mancha de hayedo más
    extensa de Europa, tras la selva negra alemana. Pero la Ruta Jacobea, en su camino hacia el sur hasta Pamplona, recorre rincones de gran belleza en los pueblos de Auritz/Burguete , Auritzberri/Espinal , Biskarreta/Guerendiain , Erro , Zubiri ,
    Larrasoaña , Iroz , Huarte y Villava.”

    Es un precioso inicio de Camino. La senda va paralela a la carretera, y está sombreada por hileras de píceas. Más adelante vienen hayas y acebos. La coloración de las copas de los árboles es el resultado de unir hojas marrones, verdes y amarillas. El bosque está vestido de otoño. La senda está cubierta de hojas caídas, y los rayos solares se cuelan débilmente entre el espesura del bosque, siendo la senda bastante sombría. Es como caminar por el interior de una cueva, cuyas paredes y techo no son rocas, sino materia viva: árboles y más árboles…

    A unos 200 metros del comienzo de la senda, a mano izquierda, veo al otro lado de la carretera la llamada Cruz de los peregrinos, o Cruz vieja. Es un crucero gótico del siglo XIV trasladado a aquí en 1880. En la base se ha embutido un capitel renacentista que representa a los reyes navarros, Sancho el Fuerte y Clemencia, su esposa.

    Abandono el Camino y cruzo la carretera hasta llegar a la cruz. Bonito lugar para ubicarla, y bonita foto la que tomo de la cruz, con un telón de fondo compuesto de árboles otoñales , y la luz del sol intentando abrirse paso entre las hojas de las copas. Vuelvo al camino, y me dirijo hacia el primer pueblo, Burguete/Auritz , a unos 3km de Roncesvalles. Me doy cuenta de que he perdido la hoja en donde estoy escribiendo el diario de viaje, y comienzo a retroceder. Al comienzo de la senda, me la encuentro, está bañándose en un mar de hojas que cubren la calzada…

    Son las 12 del mediodía, cuando por la senda encuentro un banco de piedra, en plena naturaleza. Me tumbo sobre él , mirando hacia el cielo, aunque básicamente lo que veo son las copas de los árboles, casi no hay cielo visible. Es un bonito lugar para el reposo y la meditación. Más adelante hay un desvío hacia la derecha señalizado con el nombre de” camino canónigos – bidea “, yo debo de continuar recto, en dirección a Burguete…

    Dejan de verse hayas, ahora el bosque está formado por unos árboles altos, parecen pinos, y el suelo ya no está cubierto de hojas. Aparece un edificio, al terminarse el bosque. Giro a la izquierda, y en unos 300m de carretera solitaria aparezco en
    la carretera general, la N-135. En esta zona hay varias naves y el cuartel de la Guardia Civil. Tomo la carretera hacia la derecha, y caminando por ella, entro en Burguete. A mano izquierda, antes de entrar a las primeras casas, hay una zona ajardinada con dos barbacoas y cinco mesas de piedra con dos bancos de piedra cada una, es un merendero o zona de picnic…

    El Camino sigue la carretera, que atraviesa el pueblo. Varios escritos antiguos sitúan en este pueblo la Batalla de Roncesvalles, en la que fallecieron Roldan, Oliveros, y el rey Marsilio, junto a otros cuarenta mil combatientes cristianos y sarracenos. Es un pueblo formado por casas unifamiliares, no hay ni un bloque de pisos. El pueblo tiene hoteles, restaurantes, una farmacia … Las casas son muy bonitas, algunas tienen el tejado muy puntiagudo y colores vistosos , sobre todo en los marcos de las ventanas. Casi todas las casas son de fachada blanca, y tejado rojizo. También están adornadas con flores de colores que viven en macetas. El pueblo tiene forma alargada, va a lo largo de la carretera, de ancho es pequeño. Una valla metálica tiene algunas conchas de metal, es un pueblo del Camino…

    Caminando, llego a la altura de una plaza, en donde están situados el Ayuntamiento, la iglesia, un parque pequeño con césped , un área de picnic , un bar con terraza, y una fuente. ¿ Quién da más ? Una campanada me da la bienvenida. El parque tiene árboles, y bajo su sombra hay situados bancos de madera. El área de picnic está formada por dos mesas de madera con sus correspondientes bancos también de madera, en una de ellas almuerzo un bocadillo. Fotografío el Ayuntamiento, que tiene porche, balcón, y ventanas rojas…

    La fuente es una obra muy sofisticada, nunca he visto una tan ingeniosa. Es una especie de losa vertical, con parte delantera y trasera. Delante, arriba hay un grifo que al abrirlo el agua cae a una pica. El agua de la pica va a parar al otro lado, para luego volver al lado inicial pero en a través de la parte inferior de la losa. Hay otro grifo, situado más abajo, que al abrirlo el agua va a parar a una pica , que mediante una rampa va a parar a una piscinita al otro lado, y de ella por una rampa baja a otra. El que la ha ideado, ha sido muy ingenioso, es una especie de pista de minigolf …

    Tras la exploración de la fuente,ahora le llega el turno a la iglesia. La iglesia se llama Iglesia de San Nicolás de Bari, como la antigua, y de aquella conserva el emplazamiento y la portada barroca. Tiene un reloj que me recuerda a ” Regreso al futuro “. Es bastante grande, y de agujas, las cuales marcan que son más de la una y cuarto. Lo que más me atrae es el reloj. La puerta, que es de madera, está cerrada. Va a ser la tónica a lo largo del camino, todos los pueblos tienen la iglesia cerrada.

    El pueblo está desierto. Solo hay una pareja con un hijo muy pequeño, que se están haciendo una foto, pero claro, en ella sólo aparecen dos de las tres personas. Me ofrezco para hacerles una fotografía , y así aparecer los tres en ella, y tras hacerla me dan las gracias. Se ofrecen para hacerme una a mí, y les digo ” no, gracias”.

    Continúo atravesando el pueblo por la carretera. Llega un momento en que unas flechas amarillas pintadas en el asfalto de la carretera te hacen cruzar al otro lado para abandonar el pueblo por su derecha, pero no las veo. Continúo por la carretera hasta el final del pueblo, viendo una panadería, un supermercado, y una gasolinera. Aquí el pueblo ha acabado, y no veo en la carretera ninguna señal del Camino, eso me hace sospechar, que me he pasado de largo.

    Regreso hacia el pueblo por otra calle, paralela a la carretera, para ver cosas nuevas, y de camino a la plaza , me cruzo con un señor mayor que pasea por las calles del pueblo con dos enormes vacas. Tras haber explorado el pueblo, cojo el Camino, dejando la carretera y yendo hacia la derecha, para salir de Burguete.

    Al abandonar el pueblo, se debe cruzar un río Urrobi a través de un puente de madera peatonal. El puente a un lado tiene barandilla de madera, al otro no. Hace unos diez metros de largo por un metro de ancho, aproximadamente. Me apoyo en la valla y contemplo como pasa el agua, que refleja la luz solar. El sonido es cautivador. Es la hora de comer, de manera que aprovecho el romántico lugar, para hacerlo. Así, me
    siento a comer en el puente, con los pies colgando, en el lado que no tiene barandilla.

    Mientras termino el bocadillo que he comenzado a comer en la plaza de Burguete, observo el agua. La cristalinidad del agua, y la poca profundidad del río, me provocan. Me calzo unas chanclas, me arremango los pantalones, y me dirijo a una orilla del río. El reto, es atravesar el río de orilla a orilla, unos diez metros, sufriendo por la baja temperatura del agua. El meter los pies en las gélidas aguas, es lo peor. Luego, tras dejar de sentirme los pies, comienzo a caminar. Es un reto que me he planteado y que debo superar, aunque cueste cierto sacrificio. Hacia la mitad del río, me empiezan a doler las dos extremidades, la profundidad es de unos treinta centímetros. La otra orilla se va acercando, mientras observo como enturbio el agua con tierra del fondo, con mi caminar. Finalmente llego a la otra orilla del río, superando el desafío…

    Pasada la prueba, ahora pongo a prueba mi nuevo reloj. Se supone que es sumergible, voy a comprobarlo y a la vez saber la temperatura de la gélida agua. Lo dejo en el fondo del río sobre una roca, y me vuelvo al puente a comer con los pies colgando, tras secármelos con la toalla. Al acabar de comer, voy a por el reloj , marca 12,8 grados de temperatura, y continúa funcionando, así que confirmo que es sumergible como era de esperar , a la vez que compruebo que el agua está a una temperatura de 24 grados centígrados más baja que mi cuerpo, de ahí el notarla tan gélida?

    Hasta aquí, todo ha sido disfrute, sin prisas. Pero resulta que son las dos y media de la tarde y llevo 3 km de etapa, me quedan unos 20km aproximadamente. En esta época a las siete ya ha oscurecido. Las cuentas no cuadran, es decir, me va a tocar caminar de noche. Cuanto más corra, durante menos tiempo deberé de caminar a oscuras. Por desgracia, es el momento de dejarse de romanticismos, y ponerse a caminar en serio?

    Reinicio la peregrinación, en soledad, y así hasta llegar a Zubiri. En toda la etapa, no me encuentro con ningún peregrino, ya que al haberme retrasado subiendo hacia Francia, me he quedado el último del día. Parece que hoy este trozo de Camino es todo para mí.

    Emprendo el camino hacia Espinal/Aurizberri, el siguiente pueblo, situado a unos tres o cuatro kilómetros. Camino por una ancha pista, dejando a mano derecha varias naves ganaderas, en el interior de las cuales veo vacas y ovejas. La pista transcurre entre enormes extensiones de pasto para el ganado. Una vaca me hace ” muuuuu ” muy potentemente desde lejos, le contesto con un mugido menos potente, no creo que haya logrado escucharme?

    Entre extensos prados verdes, con telón de fondo formado por árboles y montañas peladas del Pirineo navarro, veo ovejas de patas y cabeza negras, caballos y vacas. Se cruza una valla por un portillo , y entro en un bosquecillo de hayas, con un riachuelo , llamado regata de Oiarzabal. Más allá son prados extensos. Paso el riachuelo por encima de piedras colocadas para ello. Entonces la pista se ha convertido en un sendero. Más tarde vuelvo a pasar el riachuelo, esta vez por una roca de unos dos metros de longitud a modo de sencillo puente de piedra sobre el riachuelo.

    Este tramo, aparte de GR65, es GR11, el sendero de Gran Recorrido que atraviesa todo el Pirineo de punta a punta por la vertiente española. Unas señales lo hacen recordar. El GR11 Y GR65 vienen de Burguete, mientras que para ir a Zubiri se debe seguir el GR65. Me noto una astilla clavada en el pie, me descalzo, la localizo y la retiro con precaución. Retomo el caminar, ahora sin dolor?

    Viene otra roca a modo de puente, y una bifurcación, en la cual debo continuar recto . Camino sobre una pista cubierta por un mar de hojas. Se une una pista por la izquierda, que debe ser la que he dejado antes. La pista va a parar a un cruce , y sigo hacia la derecha , como está indicado. Corono una especie de alto, y al otro lado, abajo se ve el siguiente pueblo, llamado Espinal/Aurizberri, entre prados y bosque.

    Bajando por la pista, entro al pueblo. Hay una fuente construida con piedras que no tiene agua. Una señora mayor sentada en la puerta de su casa y yo nos saludamos. Este pueblo también está formado de casas unifamiliares. Éstas tienen un tejado muy puntiagudo, y se parecen a las de Burguete. La iglesia, de época moderna y dedicada a San Bartolomé, es puntiaguda y extraña. Tiene una torre estrecha y alta con un reloj, coronada por una cruz. Nunca había visto una iglesia tan rara. Me meto en su patio, se ve preciosa. La puerta está cerrada. Hay una fuente de piedra decorativa, no de beber. Ésta sí tiene agua. El patio está porticado y el suelo es de piedras. Hay columnas. A este mágico lugar se acude también dejando el Camino. La pista va a parar a la carretera, que transcurre en perpendicular, y entonces el Camino va a la derecha, pero se ve a la izquierda la iglesia. Tras contemplar el patio y la iglesia, tomo la carretera y me dirijo para abajo, donde sí es el Camino…

    La carretera es la calle principal del pueblo. Paso por la biblioteca/ colegio del pueblo, que es una casa más, de fachada blanca y ventanas, balcón y puerta rojos. El tejado es puntiagudo y desproporcionado, ya que hacia un lado cae al menos el doble de altura que en el otro, llegando casi a tocar el suelo en el lado largo. Más adelante paso junto al Ayuntamiento. Este pueblo también es de forma alargada, va a lo largo de la carretera, y es estrechísimo. Paso por una plaza, donde hay un busto de metal. Está dedicado al rey navarro Teobaldo II, fundador de la localidad, en 1269. Al lado, se encuentra una taberna con terraza en la plaza. Llega un momento en que en la carretera hay flechas amarillas pintadas sobre el asfalto que te hacen cruzar al otro lado e ir hacia la izquierda, donde comienzo a caminar por una carretera poco transitada. Pero antes, he seguido recto ( me he vuelto a pasar el desvío ) y he explorado el pueblo viendo una panadería y una casa rural, para luego volver atrás.

    La carretera va entre prados, que al fondo están limitados por bosque. Me cruzo con una pista, y luego cojo un camino a la derecha . Camino bajo hayas y avellanos, siempre cuesta arriba. También hay zarzas. Finalmente, llego a la loma cimera, cerca de dolmen de Arriurdin, es el Alto de Izosta. En este punto , un mojón indica que Zubiri está a 17km, voy terriblemente mal de tiempo. En esa población está el primer albergue, y son las cuatro de la tarde, faltan tres horas para que comience a oscurecer. Sin lugar a dudas, voy a llegar al albergue de noche, debido a tanta exploración que estoy realizando hoy…

    El sendero va a parar a un cruce con una pista, y tomo hacia la derecha La pista va cuesta abajo a través de unos extensos prados, donde pastan unas vacas, hacia la carretera general. Al estar en alto, tengo buenas vistas hasta el horizonte. Hay prados, montañas, cultivos y un cielo azulado despejado. Me parece incluso ver Roncesvalles a lo lejos, entre bosques. Bajo corriendo por la pista para ganar tiempo, y llego a la carretera general a su paso por el Alto de Mezquiritz. Hay un monumento de piedra, aparece la virgen de Roncesvalles grabada en la roca, y ésta está acompañada por muchos ramos de flores que la gente ha dejado aquí.

    Atravieso la carretera , que en este punto presenta un aparcamiento, y en una bifurcación tomo hacia la izquierda. Una señal dice que hacia la derecha se llega a los Altos de Enebela tras 3,7 km por un sendero local. El sendero por el cual camino, desciende dentro de un denso y bello bosque de hayas, por la falda del monte Errebelu . Es un lugar sombrío y húmedo. Aprovecho la cuesta abajo para ganar tiempo corriendo un trozo, ya que se me va a hacer de noche de camino a Zubiri.

    Al llegar a un cruce con otro sendero, voy hacia la izquierda y aparezco en la carretera general. Sin llegar a pisarla, cojo un sendero a la derecha que se introduce en el bosque. Subo por el sendero, hasta llegar a una bifurcación, en donde tomo hacia la izquierda, comenzando a caminar por un ancho camino pavimentado con losas. Acompañado por el sonido de las campanas de las vacas y por el olor que desprenden las plantas, voy caminando por dicho camino granate, hasta salir a la carretera general, en una zona con un gran cruce.
    En ella, a unos cien metros vuelvo a encontrar la continuación, un camino igualmente pavimentado del mismo color. En la discontinuidad he tenido que atravesar un curso de agua de pocos centímetros de profundidad , por una especie de puente que en realidad son pilares de cemento, No hace falta dar saltos de un pilar a otro, ya que están muy cercanos y se puede atravesar tranquilamente caminando. Me ha provocado la idea de pasar este curso de agua en chanclas, pero no hay tiempo que perder. Transcurre sobre hormigón, no sobre tierra. Es la regata que viene de Sorogain.

    Ahora, en el mojón con el símbolo de la concha pone Zubiri a 11km, he recorrido en los últimos cuarenta minutos, seis kilómetros, según los mojones. Me doy la vuelta, y veo la zona de prado alta, desde la cual se tenían buenas vistas pasado el alto de Izosta. También veo el bosque por el cual he bajado tras cruzar la carretera a su paso pro el Alto de Mezquiriz. Llego a una carretera, voy la tomo hacia la derecha , es de las que son poco utilizadas. Ésta carretera pasa por unas casas del pueblo, llamado Bizcarreta/Gerendiain o Viscarret , cruza la carretera general, y continúa por el pueblo al otro lado de ésta, que es donde está prácticamente todo?

    El Camino no pasa por la iglesia, así que abandono en Camino y camino por las calles del pueblo hasta llegar a ella. Es la Iglesia de San pedro Eliza, románica del siglo XIII-XX según un cartel, es decir, es de un estilo románico de transición del siglo XIII y recientemente modificada. Hay un parque infantil y una fuente junto a ella. Suenan cinco campanadas, ya son las cinco. Un gato es el único habitante del pueblo que veo, está desierto. Un bar tiene en la fachada la altitud ( 781,60m ) , las coordenadas de su posición , y un reloj de solar. Antiguamente, había un hospital de peregrinos en esta localidad, del cual no han quedado restos, y no existiendo aun el hospital de Roncesvalles, este pueblo era la primera y obligatoria parada tras cruzar la frontera con Francia.

    Vuelvo al Camino, y continúo el peregrinaje, hacia Zubiri. En el pueblo, he visto cuatro tractores de juguete, de un tamaño adecuado para que el niño se monte encima y circule, supongo que los padres los compran para motivas a sus hijos y que éstos salgan a los padres y conserven el trabajo rural que llevan a cabo, en vez de abandonar el pueblo e irse a la ciudad en busca de trabajo.

    A la salida del pueblo, y siguiendo una pista igualmente enlosada, llego al cementerio, que está situado en un alto, a unos diez metros a la izquierda del Camino. A él se accede por un pavimento igualmente enlosado. En la puerta, metálica, pone el año de construcción del cementerio, el 1931. Me acerco , y me sorprendo al ver que se puede abrir en lugar de estar cerrada. Entro al cementerio. Consiste en una zona ajardinada de unos diez metros de ancho y veinte de largo, limitada por un muro de cemento, y en éste hay una puerta metálica. Hay unas cuarenta tumbas, que consisten en una cruz o losa de cemento clavada en el suelo, no es de los de construcción vertical en donde se meten los ataúdes en los habitáculos. Me asomo por encima del muro, y tengo una fenomenal vista del pueblo que acabo de abandonar, ya que el cementerio está situado en un alto. El campanario de la iglesia es lo más alto del pueblo, y se asoma sobre los tejados rojos de las casas, que son todas de fachada blanca. Ya no son aquellas casas puntiagudas y de colores vistosos que habían en los dos primeros pueblos de la etapa, ese tipo de casas ya no las voy a ver más?

    De camino al cementerio, un tractor que ha venido de la cercana y paralela carretera, se ha metido en la pista enlosada. ¿Le comprarían al señor un tractor de juguete de pequeño? Creo que en la época en que él era joven, aun no existirían esos juguetes, al menos de tamaño humano, de los pequeñitos de mover con la mano igual sí…

    Del cementerio, bajo por un robledal. Tras cruzar la carretera general, por una ancha pista llego al pueblo llamado Lintzoain, que es el primer pueblo que encuentro apartado de la carretera general. Un gato viene desde una casa a hacerme “miauuu” , mientras atravieso el pueblo. Una casa, que tiene muchas flores rojas y rosas en macetas, está defendida por cuatro gatos que me miran al pasar. Paso junto a una fuente con dos caños y una larga pila donde supongo que beben los animales. En el pueblo está la pequeña iglesia parroquial de San Saturnino, del siglo XIII y estilo románico tardío, la cual no veo. La devoción a este Santo francés, obispo de Tolosa, entró con los peregrinos franceses.

    Pasado el pueblo se sube una gran cuesta cementada, Me doy la vuelta, y desde las alturas veo el pueblo abajo y la pista por la que he entrado a él al otro lado. He pasado el pueblo merendando galletas, quizá el gato que ha venido a verme ha sido por interés galletero?

    En un cruce sigo recto , y en un mojón leo Alto del Erro a 4km , son las seis de la tarde, que mal pinta el asunto, queda una hora para que anochezca. Camino entre robles, pinos silvestres, y un denso bojeral. Veo más ovejas de cabeza y patas negras pastando. En unos 50m dejo la pista y cojo un sendero a la derecha, el mojón de la concha indica que Zubiri está a 7,5km . La mitad va a ser de subida al Alto del Erro, y la otra mitad de bajada, aproximadamente. En el Alto del Erro , hay una losa de piedra de más de dos metros de longitud, que representa la medida del paso del gran héroe francés Roldan, yo no la voy a ver, pese a que en teoría está en la calzada del Camino.

    Camino por un bosque de pinos silvestres, hayas y robles. No es un bosque tan espectacular como el del comienzo de la etapa, estos árboles son de menor altura. Se trata de ir por el bosque siguiendo por donde indican las señales. Me encuentro un mojón de Larrasoaña 12,5km y luego otro de Zubiri 6,5km . Llego a un montoncito de ramas y rocas, con una concha y una placa metálica, en memoria de Shingo Yamashita, peregrino japonés fallecido aquí en agosto de 2002. Paso cerca de tres torres de telecomunicaciones. La subida al Alto del Erro han sido continuas y suaves subidas y bajadas. Una vez en él, he bajado junto a una línea de alta tensión hacia la carretera a su paso por el Alto del Erro, dejándome atrás y sin ver, el famoso paso de Roldán. Veo la puesta de Sol, son las siete de la tarde.

    Al otro lado de la carretera, voy por una pista ancha, la cual se dejo a unos 50m cogiendo a la derecha un sendero, en cuyo cruce pone Zubiri a 4 km. Paso cerca de un corral de vacas en estado ruinoso, es la llamada Venta del Puerto o del Caminante, antes era posada para peregrinos. Enfrente hay toros pastando…

    Continúo con prisa y por bosques de pinos y robles, hacia Zubiri. Hay afloramientos de roca en el Camino que hacen mi caminar complicado, ya que está oscureciendo y hay poca luz. Debería pararme y buscar mi linterna frontal en la mochila, pero no quiero perder tiempo y sólo me apetece llegar cuanto antes al albergue, ya hace doce horas desde que comencé a caminar.
    A las 19:40 , en medio de la noche, llego al Puente de la Rabia, en Zubiri, a través del cual entro al pueblo. Antes de cruzarlo, hay una luz, sale del albergue privado, mientras que yo voy a pernoctar en el municipal. Atravieso el histórico puente, y paso junto a la iglesia del pueblo, llegando a la calle principal del pueblo. Camino bajo la luz de las farolas, sin saber donde puede estar el albergue. No lo encuentro, ni veo a nadie para preguntárselo. Sé que está en la vieja escuela, antes era un colegio.

    Encuentro a un señor, y le pregunto. Resulta que está en esa misma calle principal, que es la carretera general. A las 19:45, llego al albergue municipal. Fuera hay una tienda de campaña montada. Entro al albergue, y pregunto por el hospitalero. Me responden que la hospitalera ya se fue, por lo que cojo la primera cama que veo libre, y dejo la mochila. La hora de sellado y del pago del precio (cinco euros) es a las 19h, luego esa persona se va. Así, hoy dormiré gratis, y me quedaré sin sello en la credencial, que debe ser sellada cada día para demostrar que no se hacen trampas?

    El albergue tiene dos salas iguales, una cerrada por obras y una abierta. Así, la parte funcional es la sala donde estoy, un lavabo que no se utiliza mucho por no estar en muy buen estado, y dos barracones situados en la calle, de los que hay en las obras para guardar material. En uno hay duchas y para lavar, y en el otro lavabos, los dos están nuevos. En la sala, que no es muy grande, hay diez literas ( 20 plazas ), una mesa con dos bancos que se utiliza para comer, internet a un euro, utensilios de cocina ( vasos, platos, cubiertos, cazuelas … ). Fuera hay una mesa de piedra. La máquina de refrescos no funciona. Tiene libros para leer. Además, el albergue era una escuela…

    El número total de plazas es 40, 20 en cada una de las dos habitaciones. Es propiedad del Concejo de Zubiri, quien también lo gestiona. Está abierto todo el año, y se puede salir durante la noche ya que nadie lo cierra. Hay un radiador eléctrico que nos da calor, y un tendedero cercano con ropa secándose. No tiene cocina, y sí microondas. Es familiar, sencillo y acogedor, me gusta ya que es pequeño y humilde. Tiene mantas y almohadas. Al escoger entre pernoctar aquí o en Larrasoaña, algo a tener en cuenta es que Zubiri tiene muchos más servicios que Larrasoaña, incluido centro médico. Además, llegar hasta Larrasoaña supone alargar una etapa dura, y dejar para la siguiente etapa Pamplona a sólo 15 km …

    En el pueblo hay centro médico, supermercado, bar, panadería… un papel dice que los lunes y martes no hay misa ( hoy es martes ), de miércoles a viernes es a las 18h, los sábados a las 19h y los domingos a las 11:30h, en la iglesia parroquial de San Esteban, que es la iglesia del pueblo. Un barracón tiene cinco duchas y cuatro grifos para lavar, el otro cuatro inodoros, mientras que los que nadie utiliza están formados por un inodoro y tres duchas en peor estado. No hay diferenciación por sexo. Tras ducharme, las chanclas mojadas las dejo debajo de la litera pensando que mañana me he de acordar en cogerlas, cosa que no haré, y se quedarán allí junto a la toalla. Por cierto, el agua estaba fresquita.

    Ceno en la mesa, un plato de garbanzos con atún. Aun me quedan tres latas más en la mochila que traigo desde Badalona. En la mesa tengo delante al señor de Castellón, ex telegrafista, que a partir de ahora va a dormir en albergues, como le dije. Dice que no conocía este ambiente. Mañana me lo encontraré de nuevo en Pamplona, y pasado en Puente la Reina, durmiendo en los mismos albergues que yo. También está el chico de Bilbao, que se llama Pedro. Somos diez personas, más dos que duermen fuera en tienda de campaña. Deduzco que la mayoría ha llegado hasta Larrasoaña para dormir, ya que ayer éramos 32 en Roncesvalles, o bien han utilizado algún albergue privado o pensión.

    Según la distribución de las etapas del Camino de Santiago, la primera etapa finaliza en Zubiri o en Larrasoaña ( el siguiente pueblo ). La segunda en Pamplona o Cizur Menor ( el siguiente pueblo pasado Pamplona, a 3 km ). Las siguientes terminan en Puente la Reina, Estella, Los Arcos y Viana o Logroño. Así, de los 32 peregrinos que dormimos ayer en Roncesvalles, una parte estarán en el albergue municipal de Larrasoaña, situado en el interior del Ayuntamiento ( el Concejo ), y los demás me los encontraré ahora en el albergue municipal de Zubiri. En Puente La Reina en teoría deberíamos volvernos a encontrar.El hecho de que los peregrinos sigan normalmente esta distribución de etapas, hace que cada día cuando vas al refugio a cenar y dormir, te suelas encontrar a la misma gente.

    Van dos noches, y en las dos he sido el último peregrino en llegar al albergue, y mañana va a pasar lo mismo, e incluso llegaré más tarde que hoy. El primer día de Camino ha sido intenso, es hora de descansar y recuperar energías, para mañana continuar. A las diez de la noche es la hora de apagar las luces, pero unos minutos antes ya estamos todos acostados. El único que no está acostado, es el de Bilbao, que sigue haciendo cosas con su equipaje. Finalmente apaga las luces, y felices sueños?

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2005-11/2005-11-23-camino-de-santiago-:-dia-2–251005-:-alto-de-ibane/

  7. 2009 Agosto 20
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Roncesvalles/Orreaga – Zubiri

    Día 1
    17 julio
    21,8 km.

    La gente se despierta muy temprano a pesar de que no es un lugar caluroso y que, al contrario, a esas horas hace más bien frío. Nosotros nos ponemos en pie sobre las 8:00. Desayunamos un zumo y frutas que nos dejó mi madre el día anterior. Al fin llega la hora de la verdad y comenzamos a caminar. Nada más salir de Roncesvalles encontramos el primer crucero de la ruta. Aún quedan decenas hasta Santiago, sobre todo en Galicia. Tomamos una senda entre bosques muy espesos y húmedos de hayas, robles, acebos y otros muchas especies representativas de la vegetación atlántica. Al llegar a un cruce nos equivocamos de camino y mal andamos unos cientos de metros en la dirección incorrecta. Enmendado el error llegamos al cruce y allí contemplamos la posibilidad de pillarnos un bordón. No muy convencidos de su utilidad dejamos esa tarea para más tarde. Al poco de disfrutar del paseo entre bosques y de empezar a conocernos Armando y yo, llegamos al primer núcleo urbano. Es un pueblecito muy típico del Pirineo Navarro, con los recios casones de piedra donde pueden vivir varias generaciones familiares. Las ventanas y puertas están adornadas con flores y todo se ve muy limpio. Me sorprende comprobar que incluso en un pueblo tan pequeño la diputación de Navarra ha instalado contenedores para la recogida selectiva de basuras.

    Aprovechamos para almorzar unas galletas y zumo para después continuar nuestra marcha. Saliendo del pueblo cruzamos el primer río. El Camino, que hasta ahora discurría por senda, ahora lo hace por una pista muy ancha y no muy agradable. El bosque desaparece momentáneamente para dar lugar a prados. El paisaje sigue siendo grandioso con las cumbres pirenaicas al fondo y otros bosques por cruzar al frente.

    Pronto nos internamos en una nueva masa boscosa y aprovecho para cagar. Retomamos el camino por senda que se empina fuertemente. Al poco hay una bajada por pista hasta otro pueblico. Sin saber muy bien porqué el ambiente hace olvidar el individualismo y la indiferencia a los demás para convertirse en una necesidad de contacto con otra gente, que nos hace saludar a cuantos nos vamos encontrando.

    Dejando atrás el pueblo, muy similar al anterior, pero con algo menos de encanto, comienza otra leve ascensión que afrontamos sin mayores dificultades. Desde lo alto de la montaña ya se ve Biscarreta, hacia adonde nos dirigimos. La bajada es paralela a la carretera, nunca abandona el bosque. En algunos tramos el camino se hace verdaderamente oscuro porque la luz del sol no puede penetrar la profusa vegetación. A mitad de bajada hacemos un descanso y una revisión de pies. Un parche por aquí, unos polvos por allá y adelante. A partir de esta parada siempre me pondría tres pares de calcetines. Ya llegando a Biscarreta nos sobrevuela un águila y poco después se nos cruza una culebrilla. En Biscarreta no hay nada a parte de un frontón, una fuente y sus deliciosos plátanos conocidos en el mundo entero. Aquí comienza la ascensión al alto de Erro, la más dura de la jornada. Sin embargo se hace muy llevadera por discurrir entre uno de los bosques mejor conservados de todo el Camino. En la cima echamos un vale y pronto comenzamos un largo descenso que nos conducirá hasta Zubiri. Llegando al cruce con la carretera nos contemplamos muy de cerca el vuelo de un alimoche. Más allá del asfalto la senda baja en picado por un terreno de roca viva muy resbaladiza que debe ser muy peligrosa estando mojada. Por primera vez hubiéramos agradecido llevar un palo. Finalmente llegamos al Puente de la Rabia que cruza el río Arga para dar paso a Zubiri.

    Son las 15:30 y ya no encontramos tiendas abiertas ni nada parecido. En el albergue nos acogen en el frontón ( cualquier pueblo navarro, por pequeño que sea, tiene uno) ya que las literas ya están llenas. Nos duchamos, hacemos la colada y compramos algo para comer – merendar. Después de descansar un poco y leer en la guía la etapa siguiente damos una vuelta por el pueblo, sin demasiado interés. En un hostal venden postales y sellos. Cuando estábamos comprando aparece el sevillano flacucho y calvo. La chica le enseña una postal de “Roncesvalles /Orreaga” (Orreaga es el nombre en vasco de Roncesvalles) pero él quiere una de “Roncesvalles /Zubiri”. A la vuelta nos encontramos a mis padres con sus amigos de Pamplona. No será la última vez que les veamos. Cuando vamos a cenar al bar nos encontramos con que las existencias se han terminado, así que compramos víveres en la tienda para hacernos una ensalada. Cenamos en la mesa de piedra junto con un grupo muy cachondo de Palencia y un Navarro que venia de St Jean Pied de Port y al día siguiente llegaría a Puente de la Reina (un fiera). Esa noche dormimos bien. Sobre la 1:00 cayó una buena tormenta con granizo y todo. Menos mal que tendimos la ropa dentro del frontón.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  8. 2009 Agosto 23

    DIARIO DEL GENERAL LEON DEGRELLE


    Zubiri, jueves, 21 de junio de 1951

    Dura jornada la de hoy, pero llevada a buen término, puesto que me encuentro aquí, en una arcaica aldehuela bautizada como Zubiri, a la que precede un vetusto puente de piedra azul completamente cubierto de hiedra, con un estribo enorme sobre el que se arrojan las aguas blanqueantes del río Arga. Antiguamente había aquí una leprosería de la que apenas quedan ruinas; un industrial de la madera “ha quitado los escombros” hace poco; el viejo escudo, que aún se erguía, me ha dicho el hospedero que ha sido llevado no se sabe dónde.
    Albergue, es mucho decir. Es una vieja casa donde me acuesto en la cama vecina a la de un huésped, aserrador en la fábrica de madera próxima. Pero el suelo huele bien y cruje. El techo es bajo. Una viña sube en emparrado hasta la ventana. Así, pues, todo está bien.
    Parto al alba, dado que tengo por delante treinta kilómetros. Debo subir a la cresta de dos picos de cerca de mil metros de altura. Estas ascensiones son interminables, y los precipicios son de tal hondura que no existe la posibilidad de acortar el camino.
    Algunas aldeas son de casonas rechonchas, azuladas y moradas, colores de las grandes rocas cercanas que se cortan como crestas en lo alto de los montes. Pequeñas ventanas, algunos bloques macizos de granito. Todas estas casas tienen aire de fortaleza, vestigio de las contínuas guerras de antaño en el valle. Incluso las iglesias son castillos-fortalezas, a veces colgadas en lo alto de una roca, como la del pueblo de Erro, unidas al lugar por una escalera de caracol. Todas están protegidas por una torre casi tan ancha como alta, con pequeñas ventanas inaccesibles, último reducto del burgo en peligro.
    Muchos de los tejados que cubren las casas son de pizarra, con aleros de madera, que me han hecho recordar los que había visto en Estonia. Generalmente, encima de la enorme puerta romana de piedra, campea un escudo tallado de la misma piedra, o un símbolo religioso rodeado de flores o de animales, con frecuencia jabalíes. En casi todos figura también una fecha:1625, 1779, etc.
    En realidad, casi nada ha cambiado bajo estos amplios cielos grises; el pie de estas montañas están cubiertos de pinos o aclarados de landas; muy alto, se pueden distinguir los centenares de pequeñas bolas rubias que semejan los carneros. Por aquí y por allá, algunos perales alrededor de las casas cuadradas, nunca aislados. Por dos veces, me he arriesgado a ir por caminos transversales, una vez en pleno bosque, donde estuve a punto de perderme¡eran tan hermosos los helechos! Pocos pájaros. Las cascadas de agua abundan. He atravesado, sobre un puente colgante de madera, un río bajo las ramas. Pensaba sin cesar en mi padre, en nuestros paseos de antaño. Finalmente, he llegado a una planicie, desde donde diviso, a lo lejos, el dragón azul de macadán de mi itinerario. Todo el descenso rocoso no era más que un bosque de boj, de bojes enormes, invadido el ambiente por el perfume embriagador que desprendían las dulces flores rosas de millares de gavanzas. Las comí en abundancia. Suculento manjar. ¿Por qué no las ponen de postre? Proporcionarían a todos ideas poéticas. ¿Para qué sirve todo lo demás?
    Cerca del agua, otro perfume, el de la madera de los viejos aserraderos cantadores, hacia los que descienden, entre los barrancos, los largos pinos desnudos que reciben abajo los pacíficos bueyes, con la cabeza uncida por el yugo, tocados con un extraño gorro pastoril adornado a veces con algunos abalorios pardos.
    La tierra es severa. Pocas sonrisas. Por tanto, me detengo en un pequeño albergue, había consumido dos “copitas” y cuando iba a pagar el lugareño exclama:
    - ¡No es nada! ¡Santiago! ¡Santiago!
    Y su mano indicaba lontananzas inaccesibles.
    Camino duro. Mis gruesas tachuelas resbalan sobre el macadán. Debo caminar en la gravilla de los bordes como nuestros bravos pequeños “burros” andaluces. Hacía fresco, un fuerte viento barría el camino. Después amaina. Y comienza la lluvia a caer, tenaz, durante los seis últimos kilómetros.
    Un gran cielo gris plomizo se extiende, esta tarde, sobre los campos y los montes, de un verde sombrío. Se escuchan voces, ruídos de cubos en el río. Dos grandes campanas, gris-verdoso, me miran, como dos ojos garzos, desde la torre del campanario macizo, con bellas aristas de piedra grisácea.

    Mañana partiré temprano, para llegar a Pamplona hacia el mediodía.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  9. 2009 Agosto 25
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE JORGE LUIS…

    El paso por Burguete, Espinal; la amabilidad de una almacenera, y la pregunta que nos atormenta:¿qué pasa con la Argentina?….Ay Patria mia, ay pobre Patria. De allí el Alto de Mezquiritz que nos come las piernas (el Erro). Marchamos entre robles y reflejos umbríos. Bizcarreta, Lintzoain con la belleza de los bosques pirenaicos, robles, abedules, tejos, acebos, pinos, por estos parajes transitó Carlomagno, Roldan , y tantos otros que de un modo u otro nos precedieron, y que me dicen: Ultreia, Suseia, y la fatiga que nos carcome, “re-vacio” mi mochila, y quedan al costado, jabon, taza, papeles varios. El descenso del Alto del Erro, peligrosa; con piedras sueltas y cauces secos. Luego aparece una tapera ruinosa que alojó peregrinos; ¿seguira alojando sus espíritus todavía, y nosotros sin saberlo?, al límite de nuestras fuerzas llegamos a Zubirí (=pueblo del puente) y su “Puente de la rabia” un puente romanico de dos ojos, en el cual los campesinos llevaban a sus animales con la enfermedad citada y daban 3 pasadas al mismo para su curación, y luego el reencuentro con esta -alma gemela- : Ariel, que Dios puso en nuestro Camino, y el destino -Argentina-Francia-. El albergue más que espartano, solo una estufa de utilidad “psicológica” pués no te calentaba ni las manos. Al ser día domingo no habiamos podido adquirir alimentos. Ariel estaba aterida de frio, por lo cual nos vino de parabienes el agua caliente de mi termo, era el edificio de una escuela y esta un aula adaptada como albergue con numerosas camas cuchetas, usamos los aislantes y encima de nuestras bolsas de dormir colocamos numerosas frazadas, durmiendo con nuestra ropa interior termica y los gorros termicos. Previamente fuimos hasta un bar a cinco cuadras donde pedimos un menu economico de sopa de pescado, carne de cerdo y papas fritas, y cuajada de leche de oveja como postre (una exquisitez de la cual nos hicimos adictos en gran parte del Camino).

    Esa noche Luisito me pidió que le cortara el pelo, -como se puede desencadenar un desastre- moraleja lo termine rapando a cero, -”vas a ver al terminar te va a quedar 10 puntos”. Al sacarme las botas me percaté que se me habian formado hematomas subungueales en algunos dedos del pie; la bajada me habia hecho mella!

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/jorge.luis.santodomingo.htm

  10. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    EXPERIENCIA DEL CAMINO: In solis sis tibi turba locis.

    In solis sis tibi turba locis.

    (Tibulo, eleg. 3, 19, 12)

    Eran las 8 de la mañana del 4 de junio de 2005 cuando salimos del albergue de peregrinos de Roncesvalles con nuestra credencial sellada por primera vez. Habíamos llegado allá pocos minutos antes desde San Sebastián, con el objeto de cubrir la etapa del camino de Santiago que transcurre desde aquél lugar hasta Larrasoaña.

    Antes de comenzar tomamos un café en Casa Sabina disfrutando de la amena charla que el dueño del establecimiento mantenía con dos vecinos. Según comentaron, estaban muy preocupados por la falta de agua en la comarca.

    A las 8 y 10 de la mañana iniciamos la marcha en dirección a Burguete, por el camino que llaman “Rosario Bidea”, dicho así seguramente porque en rezar uno de ellos es lo que se tarda en cubrir la distancia entre Roncesvalles y Burguete. El recorrido en sí es llano, bastante umbroso y agradable.

    Pronto avistamos a nuestra izquierda la Cruz de Roldan, erigida en sustitución de otra que fue destruida en el año de 1794 por los ejércitos convencionales franceses, que vengaban así “una injuria antigua hecha a la nación francesa”.

    Y es que nos encontramos en la llanura de Burguete, extendida a lo largo de unos cinco kilómetros al sur de Ibañeta, donde Aymeric Picaud cuenta que tuvo lugar el gran combate en el que perecieron el rey Masilio, Roldan y Oliveros “con otros cuarenta mil”. De ahí que los mismos convencionales que la emprendieron con la Cruz de Roldán, manifestaran a sus superiores de Paris tras ocupar Burguete y su valle que “les manes de nos pères ont été consolées”.

    Puede chocar al peregrino que el camino coincida con la única calle de Burguete, pero ésta tiene su origen en aquél, y todos sus comercios y viviendas se fueron disponiendo en torno al paso de los peregrinos. Es una fórmula que va a ir repitiéndose en muchas localidades a lo largo del camino.

    Tras recorrer con bastante incomodidad un tramo de la calle, se gira a la derecha bajando una pronunciada pero breve cuesta. Esta finaliza justo al pie del primero de los muchos vados que van a cruzarse durante la jornada.

    Sigue una explotación ganadera y después un paisaje alpino de verdes y extensos prados en los que se alimentan y luego descansan con una paz envidiable, varios rebaños de vacas. Llamó la atención de los peregrinos, profanos como son con las cosas de la ganadería, escuchar en medio del silencio el sonido que producía la hierba al ser arrancada por la boca de las vacas; se asemejaba al de las pisadas sobre la nieve dura.

    Nos detuvimos a escucharlo. La mañana era clara y fresca. Al fondo, recortada su silueta en el horizonte, los Pirineos parecían observarnos en silencio.

    El peregrino cruza dos o tres vados más y algún que otro portillo, mientras se va internando poco a poco en un bosque. Entonces se encuentra con una subida que culmina en una amplia explanada donde se acostumbra, por primera vez en esta etapa, a apilar piedras de diferentes tamaños sobre los mojones que bordean el camino. De aquí serán trasladadas de pila a pila por quien pase por ellas hasta que un día lleguen, como otro peregrino más, a Santiago.

    Desde allí se desciende hasta llegar a la entrada de Espinal, donde se encuentra una fuente en la que uno puede refrescarse y reponer fuerzas antes de continuar el largo camino que todavía queda por delante.

    Espinal fue fundada por Teobaldo II a mediados del Siglo XIII, con el objeto de cubrir el gran despoblado que existía entre Burguete y Biscarret. Parece ser que por aquellas épocas, esos eran caminos poco seguros, y en cualquier esquina podía aparecer una gavilla de salteadores que importunara la paz y el buen camino del viajero.

    Como testimonio de la antiguedad del lugar, quedan al pie del cementerio de la localidad una interesante colección de estelas discoidales que, según reza el panel explicativo, datan de los siglos XIII al XVIII.

    Nos cuentan que también existe en sus inmediaciones una de las principales concentraciones megalíticas de la zona y que, a pocos pasos del pueblo, se encuentra el yacimiento romano de Titurissa.

    Mencionar la presencia romana en torno al camino, nos recuerda que este nació siguiendo el trazado de las viejas vías romanas. El tramo que recorríamos hoy, por ejemplo, es parte de la vía 34 del Itinerario Antonino, que desde la Aquitania llega hasta Virovesca donde se une a la procedente de Cesaraugusta, para juntas alcanzar la Gallaecia.

    La 34 era la arteria principal de la submeseta norte, que procedente de Burdigala (Burdeos) entraba en Hispania por Roncesvalles y seguía por Pompaelo (Pamplona), Alba (Alegría), Deóbriga (Puentelarrá), Antecuia (Pancorbo), hasta Virovesca (Briviesca).

    Cuentan los cronistas que esta misma vía es la que emplearon suevos, vándalos y alanos para penetrar en la Península desde las Galias en aquél lejano año de 409. Como ya se sabe, algunos siglos después fue Carlomagno el que la empleo para acudir en ayuda de la taifa zaragozana, sufriendo en ella a su regreso la derrota de Roncesvalles que, cantares de gesta mediante, marcó de manera indeleble la memoria del occidente europeo.

    Tras entrar en Espinal, el peregrino recorre un tramo de la calle principal, luego se desvía a la izquierda, sale del pueblo y al poco comienza el ascenso al alto de Mezkiritz.

    Al llegar, nos encontramos con uno de los paisajes más hermosos de la etapa. Desde esa altura se disfruta de una espectacular panorámica de todo el camino recorrido. Al otro lado se pueden ver también algunos pueblos de los que quedan por delante, el puerto de Erro y los numerosos bosques que adornan laderas, valles y cumbres de las montañas que nos rodean.

    Disfrutábamos del paisaje cuando la silueta de un enorme buitre sobrevolándonos llamó nuestra atención. Seguimos con la mirada su vuelo hasta dar con el punto en el que tomó tierra: a escasos metros de nosotros, en un prado a la derecha del camino. Le vimos unirse a su manada, en la que se contaban unos 14 individuos, que estaban alimentándose de lo que parecían ser los restos de una oveja.

    Intentamos acercarnos a ellos lo más posible para fotografiarlos y observarlos con el catalejo, pero parecieron darse cuenta, lo nuestro no es el sigilo, y se alejaron un tanto del motivo de su festín alineándose en formación de huida o defensa.

    Mientras tanto, y a una distancia menor que la nuestra, un grupo de ovejas continuaba pastando apaciblemente, como ignorando todo lo que estaba ocurriendo junto a ellas. La imagen de la manada de buitres junto al rebaño de ovejas ofrecía un curioso contraste.

    Abandonamos el lugar, y tras un pequeño descenso cruzamos la carretera para encontrarnos el monumento a Nuestra Señora de Roncesvalles, donde se pide al peregrino en euskera, castellano y francés, que rece una salve antes de continuar su camino.

    “Aquí reza una Salve a Ntra. Sra. De Roncesvalles”

    Descendimos por un camino muy agradable, arbolado y umbroso hasta Biscarret. Cuentan que aquí hubo una hospedería de gran importancia durante la Edad Media, cuando esta localidad era el final de la primera etapa del camino en tierras navarras. Esto fue así hasta que en el siglo XIII, la creciente pujanza de Roncesvalles robó a este pueblo su antiguo protagonismo.

    Era de ley pues que en honor a todos aquellos peregrinos prerroncesvállicos, nos detuviéramos un momento en Biscarret. Para ello, nada mejor que un bar que hay en su plaza, el único creo, donde muchos peregrinos descansaban ya, retozando en la terraza o regalándose en su interior con bocadillos de tortilla, jamón o txistorra.

    Como la tentación adopta ante el peregrino muchas formas, y en aquél momento podía hacerlo para nosotros en la de un sabroso bocadillo o una cómoda silla a la sombra de la plaza que adormeciera nuestro paso, decidimos limitarnos a tomar un café y charlar con alguno de los caminantes. La conversación terminó centrándose en los cuadros que adornaban el bar: si uno se acerca descubre que son puzzles, alguno de ellos de gran mérito por la enorme cantidad de piezas y la dificultad que debía suponer completarlo. Paciencia y tenacidad para sortear las dificultades. Una buena lección para el peregrino.

    Salimos en dirección a Lintzoain, no sin antes visitar el cementerio del pueblo, los viajeros se encuentran con el pasado del lugar en estado puro, y habiéndosenos presentado en el camino, no nos resistimos a hacer una visita al lugar.

    En Lintzoain nos entretenemos en curiosear los hermosos escudos heráldicos que adornan las fachadas de las casas, algunas de ellas cuentan incluso con leyendas en las que sus constructores testimonian para la posteridad la fecha y sus nombres. Esta costumbre, como veníamos viendo desde que salimos de Roncesvalles, se repite en todos los pueblos del lugar.

    Contra la pared de una de estas casas, que llama la atención por su gran altura, una niña juega con una raqueta y una pelota de tenis. Distrae su tiempo mientras espera que alguno de los peregrinos que pasamos por ahí compre cualquiera de los bordones o conchas que expone.

    Al salir de Lintzoain comienza la subida, lenta pero continua, al alto de Erro. No es tan duro como lo esperábamos y además ofrece un entorno maravilloso. Tras el primer ascenso se llega a un tramo llano y muy agradable en el que el peregrino siente que deja de caminar para iniciar un delicioso paseo sumergido en la espesura boscosa, olvidado del mundo en el vientre del bosque.

    En una de las vueltas del camino, en un punto donde el otoño parece haberse detenido, el peregrino encuentra, saliendo por entre las hojas caídas, una placa memorial rodeada de ofrendas que han ido dejando muchas de las gentes que por ahí han pasado. La placa dice:

    En memoria de Shingo Yamashita peregrino japones fallecido en agosto de 2002 a los 64 años.

    Convencionales franceses, monarcas medievales, vias romanas, constructores de casas y la memoria de viajeros que llegan de los rincones más alejados del mundo para recorrer un camino como se ha venido haciendo durante muchos siglos… El camino tiene sus propias dimensiones en las que el tiempo y el espacio han de ser considerados de manera diferente.

    Con una goma elástica que teníamos en la mochila y dos palos que cogimos del suelo hicimos una cruz que unimos al resto de ofrendas que allí se habían dejado. Después continuamos nuestro camino.

    Algo más adelante nos encontramos con lo que fue la venta Agorreta, ahora vaquería en estado de semiabandono. Cuesta trabajo no pensar en lo que las cosas cambian con el tiempo, e imaginar el trasiego de viajeros de todo pelaje llegando y partiendo de la venta, las cuadrillas de bandidos, los arrieros, labriegos, etc…

    Resulta difícil abandonar ese estado de recogimiento al que se ha llegado en el alto de Erro. El descenso se hace muy duro e incómodo por entre caminos desdibujados, cauces de río secos y tajos de piedras, mientras poco a poco va acercándose a Zubiri.

    El pueblo del puente, que es lo que significa Zubiri, tiene una curiosa leyenda. Según reza ésta, mientras se construía el puente allá por la Edad Media, encontraron bajo su estribo un cadáver que, si creemos lo que afirmaban los que lo vieron, no era otro que el de Santa Quiteria, santa profiláctica donde las haya, que cura entre otras cosas a los perros de la enfermedad de la rabia.

    De ahí que, aunque pudiera habérsele puesto el nombre de la santa, que es lo que suele proceder en estos casos, los vecinos, el tiempo o la tradición ha dado en ponerle el más prosaico de “Puente de la Rabia”. Desde entonces, las gentes que allá acuden a curar a sus perros de la enfermedad, rodean por tres veces el pilar central del puente, que es donde creen que todavía permanece enterrada la santa.

    Estábamos hablando tranquilamente de estas cosas ante el puente a la entrada al pueblo, cuando se nos acercó un vecino del lugar:

    - Hola buenos días, ¿van a entrar al pueblo?

    - Si, estábamos mirando el puente…, de la rabia lo llaman por Santa Quiteria, ¿no?

    - Si, si…

    - Dicen que la tenían ustedes ahí abajo enterrada… – añadí señalando el estribo del puente-.

    - Si, si… ahí abajo está… Santa Quiteria… ¿van a entrar al pueblo? – estaba claro que el hombre se interesaba más por hablar que por escuchar – allá enfrente tienen un supermercado donde les venden de todo y además les estampan la tarjeta de peregrino.

    Sin darle más importancia, le dijimos que sí con la sana intención de callarlo y no hacerle ningún caso. Cruzamos el puente, y entramos en el pueblo para comprar un botellín de agua y de paso sellar nuestra credencial en el albergue. Este último, llamado Zaldiko, tiene aspecto bastante agradable y se encuentra en la misma calle del puente. La propietaria descansaba a la puerta del mismo y amablemente nos selló las credenciales.

    http://www.exorientelux.org/etapa1.htm

  11. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    In solis sis tibi turba locis
    No sentiros mal. Yo tampoco sabría que quiso decir Tibulo con eso si no fuera por que quien usa la cita, Michel de Montaigne, tubo el detalle de traducirlo.

    Se multitud para ti mismo en lugares solitarios.
    Anoche leía sobre la soledad, y esta mañana, paseando por un bosque donde el silencio era todo el ruido que había, pensaba en voz baja que quería decir Tibulo con eso.

    http://tardesbajoelroble.blogspot.com/2009/06/in-solis-sis-tibi-turba-locis.html

  12. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    ¿Y quién era TIBULO?

    http://es.wikipedia.org/wiki/Tibulo

  13. 2009 Septiembre 6
    La hospitalaria Enlace permanente

    DE LA EXPERIENCIA PEREGRINA DE ZANJAS PROFUNDAS..

    4 de agosto: Roncesvalles – Larrasoaña

    Como ya os dije, la segunda noche, y todas las que siguen, se duerme fenomenal; el cuerpo está cansado y el alma despejada de dudas, culpas y otras preocupaciones. No obstante yo tengo la facultad de, ante los problemas, dormir todavía más… es la estrategia del avestruz: duermo para huir del problema, aunque cuando despierto el problema sigue ahí… bueno, alguna vez me he despertado con la solución; recuerdo una vez que me propusieron, sugirieron, recomendaron o mediobligaron a trabajar de “negro” para un profesor de la facultad: tenía que escribir un par de artículos para una enciclopedia de filosofía que se publicaría en Sudamérica; evidentemente mi nombre no aparecería en ella, sino que se me gratificaría con 30 euros. 30 míseros euros por… ¿una semana de trabajo? ¿más? El profesor en cuestión me propuso una lista de artículos entre los que debería escoger dos; los artículos correspondían a palabras que aparecerían en el diccionario o enciclopedia. Toda una tarde me pasé pensando qué dos dichosas palabras escogería (aquellas sobre las que más supiera, por supuesto); llegó la hora de dormir y me acosté con la tremenda duda. 6 horas más tarde me despertaba con la solución: la primera y única palabra que me vino a la mente fue un gran NO, punto. Llamé al hombre, le dije que no, y ya está. Sin consecuencias.

    Ahora bien, una cosa es dormir a gusto y otra muy distinta es levantarse del mismo modo: 6 de la mañana, tras 8 horas de sueño, porque los albergues cierran a las 22 h., cosa que no he comentado en este blog… O sea que de fiesta poca a lo largo de todo el Camino; la única fiesta es la que te podías permitir desde que terminases de ducharte-lavarlaropa-estirarorelajarte hasta las diez de la noche. 6 de la mañana, repito, casi todo el mundo en danza y las luces apagadas. Si algo he llevado mal a lo largo de este mes, ha sido la preparación de por las mañanas; el ritual se resume muy fácilmente en pocas palabras: recoger las cosas en la mochila y darte vaselina en los pies. Pues para realizar estas dos operaciones yo tardaba… una hora y media. Invariablemente, día tras día, me levantaba, iba al baño (por cierto, y hablando de cirios, como aquí se ha hablado, solo hasta muy entrado en el Camino, hasta después de diez o quince días, uno empieza a levantarse con el cirio, ya que al principio no quedan fuerzas ni para eso), volvía, me sentaba en la cama y estudiaba cómo podría meter las cosas en la mochila de la forma más eficaz y silenciosa posible, porque siempre quedaba alguien durmiendo. Desde pequeñito, cuando estuve haciendo la mili, aprendí a llevar al campo todas las cosas metidas en bolsas de plástico (y estas en la mochila), así si llueve o te caes dentro de un charco no se mojan; evidentemente no hace falta ir al ejército para aprender esto, pero yo lo aprendí allí; creo que es lo único bueno y útil que aprendí. Las bolsas de plástico pueden clasificarse atendiendo a múltiples criterios (tamaños, formas, etc.); yo las clasifico atendiendo al ruido que hacen cuando las arrugas y las vuelves a extender; hay unas que hacen poco ruido (pero hacen, todas lo hacen) y otras que hacen mucho ruido; normalmente se corresponde con el tipo de plástico de que están hechas; las que más ruido hacen suelen ser las que dan en las zapaterías y tiendas de ropa a las niñas que hacen la compra antes de ir a la biblioteca y que, por supuesto, no aguantan un minuto para enseñárselo a la amiguita fuera de la sala de lectura. Yo tenía un par de estas bolsas.

    Así que debía meter mis cosas en las bolsas de plástico haciendo el menor ruido posible… Y hacerlo a oscuras, pues todavía había gente durmiendo; siempre quedaba alguien durmiendo que, en un momento dado, con las luces ya encendidas, se levantaba, recogía en un minuto y se iba, y al final quedaba yo en el albergue, el último, con cara de alelao. Pero todavía estamos a oscuras. Podía coger la linterna, sí… si es que la había dado cuerda la noche anterior (es de dinamo, que ahora se han puesto de moda), porque si no, cargar la dinamo hacía más ruido que todas las bolsas juntas. Pero, claro, con la linterna en una mano sólo queda la otra mano libre, y en la boca no terminaba de caber debido a la palanquita de la dinamo; ¿por qué dejaría en casa mi magnífico frontal? Todo este cúmulo de inconvenientes sumado a mi incapacidad física matutina, que no mental (hoy me he levantado a las 6:30 para escribir esto), hacía un suplicio de todas y cada una de las mañanas jacobeas. Luego me daba la vaselina en los pies, actividad que también lleva lo suyo. Y a veces tenía que realizar algo de lo que hablaré próximamente y que dejará estupefacto a más de uno o una: cambiarme las compresas.

    Salí, entonces, camino de Burguete, el siguiente pueblo, donde podríamos desayunar, ya que en Roncesvalles estaba todo cerrado a aquellas horas; 2 km los separan. Aún recuerdo los graznidos de los cuervos en el oscuro bosque que atravesaba el Camino, paralelo a la carretera, graznidos que volvería a escuchar cada vez que despertara antes que el sol. Recuerdo también, ya caminando por el asfalto, a la entrada de Burguete, las caras de los peregrinos que subían en los taxis dispuestos a empezar ese mismo día: emoción y nerviosismo. Y el único bar abierto del pueblo, abarrotado de gente, gente peregrina, fumando, imposible pedir nada. La buena suerte hizo que pudiera tomarme un café templado, aquel que pidió alguien por error, mientras esperaba mi turno para pedir un bizcocho.

    Siento no recordar prácticamente nada del camino hasta Zubiri, salvo que se trataba de estrechos senderos en los que era difícil apartarte al paso de las bicis. Ya en esta etapa empecé a ver curiosidades de las que me hubiera gustado hacer fotos, como los humildes monumentos levantados en recuerdo de peregrinos fallecidos durante el camino, por lo general personas de avanzada edad y, seguramente, no novatos. El resto del personal, los peregrinos vivos, tenían por costumbre adornar estos y otros muchos tipos de monumentos, cruces e hitos del Camino, con piedras y efectos personales: un calcetín, una cámara de rueda de bici, una fotografía, un papel con un texto escrito que la lluvia y el tiempo habían borrado… Cualquier cosa. Resultaba emotivo. Esta manía, sin embargo, llegaba al grado de vertedero en la Cruz de Hierro, en León, a la entrada del Bierzo. Aunque también he de decir que, gracias a ella, pude agenciarme un gorro cuya visera no me quitara la visión del paisaje, solo los rayos del sol (y es que se me olvidó almidonar las alas del que yo llevaba).

    Por estos senderos debí adelantar a una pareja de simpáticos madrileños, Javier y Sonia, con los que luego viviría muchas y variadas aventuras… Y las que nos quedan, que aquí en Madrid también hay campo. Pero de lo que sí me acuerdo es del encuentro con David, el hermano de Javier, un chaval musculoso, moreno, guapo, simpático y… cocinero. ¡Y sin novia, chicas! El sueño de toda mujer. Me daban ganas de volverme homosexual. Este es David:

    Foto de David

    Chicas, cuidado con la baba, que vais a producir un cortocircuito en el teclado. Con estas características, evidentemente, su estado civil no iba a poder permanecer mucho en esa fase, así que no soñéis porque del Camino salió con novia y antes del verano que viene tendremos boda. Todo lo contrario que yo, bajito, calvo, con gafas, insulso, que solo hago ensaladas y bocatas y que, para colmo durante el Camino me dejé crecer las barbas. David es un buen cocinero de un buen hotel en Madrid, y allá por donde iba, albergue donde paraba, hacía la comida. “¿Quién quiere comer?”, preguntaba, “1, 2, 3… 14; muy bien”. Se iba a las tiendas (e incluso a alguna que otra huerta) y volvía con la compra. Se quitaba la camiseta dejando al aire su pecho musculoso y depilado, sus anchas espaldas, y cocinaba; cocinaba sin que gota de aceite o agua hirviendo rozase su morena piel (intentadlo vosotros y veréis), y después nosotros nos deleitábamos con sus platos: risotos, setas con aquello o con lo otro, pasta al no sé qué, menestras… Todo riquísimo. Precio: 3 euros. Como yo no participaba en la preparación, después me tocaba fregar.

    Fregar los platos es una actividad que de nunca he rechazado, sino todo lo contrario, me gusta. Me gusta dar vueltas y vueltas por las paredes de las sartenes y cacerolas con el estropajo, viendo las evoluciones de las espirales de jabón entretejidas con las de grasa. Me gusta ver saltar la espuma de los vasos (acompañada de ruido ventoso) cuando introduces en ellos ese mismo estropajo. Me gusta el tacto del cristal y la loza cubiertos de jabón y la transición del aclarado, cuando los dedos dejan de escurrirse y producen un suave sonido al vencer la resistencia del rozamiento, “el sonido de lo limpio”. Y me gusta aclarar las cortantes hojas de los cuchillos, el riesgo de deslizar un dedo por cada cara. Lavar los platos no es Arte, pero sí contiene elementos muy estéticos, al menos para mí. Lástima que siempre voy deprisa, acumulando cacharros en la pila, y terminando por meterlos en el lavavajillas, donde la magia se desenvuelve oculta.

    Anduve, pues, un rato hablando con David acerca de las virtudes de la cocina y de la dieta de la sangre, una dieta consistente en no comer determinados alimentos dependiendo de tu grupo sanguíneo, dieta que seguía él, yo bastante tuve con no comer carne (muerta) durante 12 años.

    Un poco más tarde conocí a su hermano Javier y la novia de éste, Sonia; eran una pareja genial que se aficionaron a mis modelos de calzoncillos y solo esperaban el momento de la ducha para verme desfilar entre las literas con paso firme y decidido a pesar de las chanclas amarillas, que escurrían lo suyo tras mojarse. En estas situaciones uno siempre intenta sacar algún provecho, de modo que en varias ocasiones les propuse menasatruases, pero nunca querían: que si a Sonia le duele la cabeza, que si yo (Javier) estoy muy cansao y no se me levanta… Excusas.
    Bien, lo cierto es que no empezaría a conocerles hasta haber llegado a Larrasoaña (el pueblo más castaña). Lo más destacable del camino hasta allí fue el paso por Zubiri; nos detuvimos a refrescarnos los pies en el río y luego a comer un bocadillo. Resultó que estaban en fiestas y a esas horas actuaban los gigantes y cabezudos: cuatro gigantes ataviados con una mezcla de vestido folclórico y vestimenta medieval que bailaban dando vueltas y vueltas, algo digno de ver… Y de oír si no hubiera sido por una de las trompetillas que llevaba la banda, demasiado estridente. Los cabezudos, en cambio, eran un coñazo: se dedicaban a perseguir a los niños del pueblo dándoles con una especie de maza forrada con gomaespuma; cuando los niños se escondían y no podían alcanzarles la emprendían con turistas y peregrinos… Eran aberchales disfrazados.

    Había entrado yo a la tienda de ultramarinos (a saber qué vendían en estas tiendas antiguamente, cuando les pusieron el nombre) con el otro Javier, el fumador, del que tanto tiempo llevo sin hablar, aunque el otro día hablé con él por teléfono (no mucho, porque estaba yo en el curso; así que he de volver a llamarle). Acordamos comprar el pan conjuntamente. Lo cogió él y mientras yo esperaba a que me atendiesen, él fue a buscar tabaco… Y no volvió, como en el chiste. De modo que tras esperar un rato largo, tomando una cerveza eso sí, aunque temeroso del mazazo de algún cabezudo, me compré yo el pan y me hice el bocata, supongo que de queso.

    http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-santiago-vii-4-agosto.html

Referencias & Pingbacks

  1. El Espíritu del Chemin
  2. Segunda jornada: ZUBIRI – TRINIDAD DE ARRE – VILLAVA « El Espíritu del Chemin

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