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Desperté muchas veces a lo largo de la noche. Era abrir los ojos nada más y volvía a caer en el sueño pero tal vez por eso no me siento descansada. La sensación de dormir en la litera superior no da como para relajarse. Ahora estoy sentada en la taza del váter, escribiéndote. Y menudo susto que me llevé cuando entro aquí y veo mi neceser sobre el accesorio para el rollo del papel higiénico. Empezamos bien -me digo.Ya me he olvidado el neceser, con casi todo lo que tengo, y el primer día. El neceser, sólo, debe de pesar bastante más de dos kilos. Me pareció muy ligero cuando me lo compré pero no pensé en el cómo sería cuando estuviera repleto. Me gusta porque tiene muchos compartimentos y me pareció muy práctico. Y qué disgusto me iba a llevar si cuando fuera a buscarlo a la mochila no lo encuentro. Pensaría que me lo habían robado y ya ves… Creo que soy una mujer afortunada o un animal de costumbres, porque volví al lugar del delito. Ya sabes que me cuesta ir de cuerpo cuando estoy en lugares extraños. Y ayer no, no pude, y hoy tengo la impresión de que va a ser que tampoco.
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Desperté y al abrir los ojos vi movimiento silencioso de gentes en el barracón. La mayoría de nosotros estaba en sus sacos, la inmensa mayoría aún dormía. Pero algunos ya estaban vestidos y recomponiendo sus mochilas para irse. Eso antes de las cinco de la mañana, fígúrate, noche plena aún. Yo estaba aferrada a mi bolso. En el bolso está la posibilidad de mi camino: mis tarjetas de crédito, mi dinero y una pequeña luz roja que me sirvió para alumbrar el suelo y dejarme caer de la litera sobre mis zapatillas. Te diré que lo del padre de Lily, el disgusto, va pasando… Creo que no quiero saber nada más de él. Te lo contaré…
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7h15min. En Burguete. Hemingway estuvo aquí. Vino aquí para pescar truchas en el río Irati. La carretera que le trajo hasta Burguete era blanca y polvorienta. Primero atravesó una tierra de labranza con colinas rocosas, el viento agitaba el trigo de los cultivos. Luego la carretera se metió por entre las colinas y dejó abajo los ricos campos de cereales, encontró, en su mirada, la aridez de la aspera arcilla calcinada y los surcos hechos por la lluvia. Así lo describe en ‘Fiesta’ (The sun also rises, 1926), su primera novela importante, que narra la experiencia vivida en sus primeros sanfermines.
García Márquez escribe de él en sus notas de prensa, obra periodística, que mientra la noticia conmueve en el Mundo, <<a sus mozos de café, a sus guías de cazadores, a sus chóferes de taxi, a unos cuantos boxeadores venidos a menos… en su pueblo de Ketchum, -el de Hemingway-, Idaho, su muerte ha sido apenas un doloroso incidente local. El cadáver permaneció seis días en cámara ardiente, no para que le rindieran honores militares, sino en espera de alguien que estaba cazando leones en África>>.
Y de repente, en Burguete se me vienen esos leones al pensamiento.
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Libro de peregrinos, escribir en él, un primer mensaje para Lily (
la Emperatriz). Vestirse y un poco desconcertada hacer la mochila. Me lío con el saco. Es la segunda vez que lo meto dentro de la funda. Ya se han encendido las luces del albergue, la mayoría de las cabezas están fuera de los suyos. El orden de la mochila es perfecto pero el tiro de las correas no, todavía no. Consigo un café de la máquina. Voy arriba con él. Hay música, cantos gregorianos, también olor a incienso. Alguien ha encendido una barrita, el hospitalero. Salgo al exterior. Enciendo un cigarrillo. Me mojo bajo el orballo. Es leve, no importa. Está oscuro y pienso en ti. Pienso que ya está acabado todo. Algunos se marchan. Descubro que hay un grifo donde puedo llenar la botella de agua, allí mismo. Descubro porque me lo descubren, porque de verdad que me siento perdida no, perdidísima y con todas las dudas del mundo, sabiendo lo que me queda por delante y con la sensación de que todo todo está perdido, insisto. Así es como me siento en aquel instante. Me pongo la capa, necesito un poco de ayuda. No he aprendido a colocarmela aún sobre la mochila. No descubro a nadie que hable español, lo más que distingo es francés, entre las voces.
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Despedida íntima de Roncesvalles. Es como haber estado y no estar. Marcharse sin escudriñar cada uno de sus rincones. Salida detrás de algunos, unos se van y yo detrás de ellos. Pero de las primeras, voy sola. Unos toman la carretera y yo no, tomo el Camino y voy escribiéndote un mensaje de felicidades. Es tu cumpleaños. Antes de las seis y media.
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En la Cruz de los peregrinos tengo la sensación repetida de que el Camino no te permite detenerte. Fue la sensación y es la sensación que hay que evitar para disfrutar del Camino desde el primer momento. Es importante vencerla.
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No llevaba cámara de fotos y la del teléfono me había prometido no utilizarla. Pensé que no, que era una pérdida de tiempo lo de intentar capturar momentos.
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Este crucero se conoce desde el siglo XVII como la Cruz de Roldán, aunque hay autores que lo sitúan en el XIV. Está a la entrada del bosque de Sorginaritzaga, el robledal de las brujas. Para exorcizar al ancestro el lugar se cristianiza y por eso la cruz de piedra blanca, coronada por una cruz bretona, que sirve como orientación al peregrino y para que nadie se olvide de la épica carolingia. Aunque el que ahora podemos ver es uno reconstruido porque los franceses destruyeron el antiguo en el siglo XVIII.
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<<Es un precioso inicio de Camino. La senda va paralela a la carretera, y está sombreada por hileras de píceas. Más adelante vienen hayas y acebos. La coloración de las copas de los árboles es el resultado de unir hojas marrones, verdes y amarillas. El bosque está vestido de otoño. La senda está cubierta de hojas caídas, y los rayos solares se cuelan débilmente entre el espesura del bosque, siendo la senda bastante sombría. Es como caminar por el interior de una cueva, cuyas paredes y techo no son rocas, sino materia viva: árboles y más árboles…
A unos 200 metros del comienzo de la senda, a mano izquierda, veo al otro lado de la carretera la llamada Cruz de los peregrinos, o Cruz vieja. Es un crucero gótico del siglo XIV trasladado a aquí en 1880. En la base se ha embutido un capitel renacentista que representa a los reyes navarros, Sancho el Fuerte y Clemencia, su esposa.
Abandono el Camino y cruzo la carretera hasta llegar a la cruz. Bonito lugar para ubicarla, y bonita foto la que tomo de la cruz, con un telón de fondo compuesto de árboles otoñales , y la luz del sol intentando abrirse paso entre las hojas de las copas. Vuelvo al camino, y me dirijo hacia el primer pueblo, Burguete/Auritz , a unos 3km de Roncesvalles. Me doy cuenta de que he perdido la hoja en donde estoy escribiendo el diario de viaje, y comienzo a retroceder. Al comienzo de la senda, me la encuentro, está bañándose en un mar de hojas que cubren la calzada…>>
- Vía: ZODIACO
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Dentro de algunas horas recibirás un regalo mío. Es un bello libro de emblemas con el que di una mañana de noviembre. Fue creado por Michael Maier, un médico alemán y también un alquimista.
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En 1617 se editó
‘Atalanta Fugiens’. Me pareció perfecto para ti porque incluye las partituras de 50 fugas entre sus páginas herméticas. La fuga de Atalanta, la mujer más veloz… Quiere ser un avatar de mi viaje.
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Voy atravesando una zona boscosa. Pero tan pendiente del suelo, del barro del suelo, que no distingo si además de robles veo arces o acebos o hayas. Una pareja me ha dado alcance y me he unido a ellos. Son cuñados. Me cuentan que han estado entrenando mucho. Quince kilómetros todos los días y van como motos. Compruebo que el ritmo que ellos llevan es muy acelerado para mí y que así, de buenas a primeras, no es mi ritmo. No tuve tiempo de entrenar, lo de Alma y el hospital me rompió el calendario deportivo. Sólo que con la sensación de que no me quería quedar sola en ese momento sigo con ellos, y como voy hablando con Miguel e Isabel, no me doy cuenta ni cuando dejamos atrás el arbolado, ni si giramos a la derecha o a la izquierda y ni si había naves o no. Hasta dar de frente con Burguete, que la mala memoria confunde con Viscarret. Y vemos una primera cafetería, que es la más frecuentada, me imagino, porque es la primera, y un peregrino, ya lo descubres, cuando llega a un sitio, donde primero se mete es en lo primero que ve. Donde pueda descansar y satisfacer cualquier necesidad. Están allí las mochilas y pasamos de largo por la calle.
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Pero yo soy prudente, quiero serlo y ya veo que donde la iglesia… Donde la iglesia, pizarra negra, piedra de sillería, ahí tengo una sensación mágica, un primer contento interior, un comenzar a sentirme en la realidad del viaje. La iglesia de Burguete me parece una belleza. Lamento no poder entrar pero empujo la puerta y entro… Es sólo un minuto. Hay una mujer, es morena, arregla unas flores y me sonríe. También es la primera en desearme ¡Buen Camino! y eso consigue que las buenas vibraciones comiencen a fluir… Salgo al exterior y me detengo otro corto instante ante la portada renancentista de esta ‘San Nicolas de Bari’, que es obra de Juan de Miura, y ellos me esperan. El cielo está oscuro y juntos damos algunos pasos.
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Entonces un bar, nos metemos ellos y yo con la mochila. Isabel me habla de que tengo que colocar las cuerdas mejor y están en la barra tomándose un café, él con magdalenas. Yo disfruto de un estupendo bizcocho de chocolate con nueces mientras escribo estas líneas, sentada en esta mesa. Me gusta estar aquí. La dueña o camarera, que es uruguaya, creo, me pone el libro de peregrinos del bar ‘El Frontón’ en las manos, para que le escriba algo… soy amable con ella y ella es amable conmigo, los baños están fuera. Esta gente se marcha. Yo digo que no, que me voy a quedar otro rato más. No compromisos, no compromisos, es la expresión que el Camino toma en mí. No por compromiso, te lo repito mentalmente. No por compromiso, no me contestes por compromiso…
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Se van ellos y ha entrado Diego, y Diego se quita el sombrero… Cruzo unas palabras con él. Me tomo otro café. Diego, me pregunta que de dónde soy y cómo me llamo. Es positivo, lleva bigote, también barba, es fornido, es agradable. Está sentado en la mesa de en frente.
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Voy al baño, vengo, ya cierro el cuaderno, ya pago tres euros en la barra, ya me pongo la mochila, ya le digo al peregrino, que primero ha viajado en tren desde Granada y luego en autoestop desde Pamplona: <<bueno, nos vemos…>>. Sonrío y salgo, y en seguida, otra vez, el temor a perderme.
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El día está oscuro, la calle de Auritz/ Burguete que dejo atrás es fría y húmeda. Hay que caminar muy pegado a ella. Llega una sonrisa, es tuya. Pero me parece tan poca cosa…
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Hemingway regresó muchas otras veces a Burguete. Mi Maestro me contó que cuando viajó a Kenia, en busca de las nieves del Kilimanjaro de Hemingway, durmió, en un lugar rodeado por los masáis, en la misma habitación que se supone que durmió Hemingway. Aquel día también hablamos de la Capadocia y de Simeón el estilita…
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Leí una vez un cuento de Hemingway. En él, una muchacha mira a unas colinas y dice: <<Son preciosas, parecen elefantes blancos>>. Pero Hemingway se pega un tiro con una escopeta.
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Emilia González Sevilla explica que Auritz significa <<lugar dorado>> o <<Balbuceo>>. Las casas son muy lindas, ya tenía ganas de estar aquí. Lugar de paso, desde hace 30.000 años, de tantas gentes… Voy demasiado rápido. Más suavidad.
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Sigo hacia adelante. Otros dos peregrinos. Están al borde la jubilación o la jubilación ya está ahí. Uno me recuerda a Luis, que es psicólogo. Ese, fineza, un espíritu sutil. Es escurridizo, es extraordinariamente inteligente pero un muro, como Luis. Es un muro de cuentos que le han contado y que ya se sabe, y estamos hablando de la espiritualidad, a los dos minutos de encontrarnos. Y ya sostenemos una discrepancia, además la batalla ideológica será dura… pero yo siento que no tengo tiempo para partidas de ajedrez, ni debates, ni dialécticas… Todo eso me dicen sus ojos. Sé que ofrezco un reto constante pero nadie me ofrece un reto constante a mí. No sé si eso es lo que él lee en los míos. Su sagacidad no me asusta. El otro es distinto, hay como más alegría en él, un aire de optimismo vital… También escepticismo, sí, como en Cefe, pero ahora ”contaminado” por no sé qué otra cosa…
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Nos pasa Diego, ”el granaíno”. Me saluda con mucho agrado. Yo no recuerdo su nombre, me costará… Mis nuevos compañeros lo perciben: <<Acabas de llegar y ya conoces gente…>>.
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Sé que es la manera, viajar sola, la manera de ir encontrándose con muchas personas dispares.
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¿Será así todo el Camino? ¿o hasta dónde? A ellos les llamaré
‘Los Compañeros’. De todas formas sigo conversando porque aún no he perdido el equipaje. Si algo me sobra en esta aventura es la mente. Eso me dice la voz interior.
El Ermitaño va conmigo. Pero los hechos coinciden… Cefe es entendido en flora.
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Pruebo las flores de espino blanco. Recorto muérdago. Recuerdo aquella estupidez de
‘El testamento de Noe’. Pero, ¿lo era? ¿era una estupidez? Una fuente. Bebemos. Yo sólo un sorbo, por probar ese agua que él asegura que será buena; porque la fuente es de rodenos y eso garantiza mucha caliza, y dónde hay caliza raro es que haya mal -eso dice.
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La etapa es rompepiernas. Las piernas comienzan a hacérmelo notar. Afortunadamente la memoria no me lo ha recordado. No sé siquiera lo que sé o lo que ignoro. Si me quedo con este hombre -pienso-
aprehenderé tantos conocimientos suyos… Pero para eso hacen falta horas y dedicación, y si me apuras hasta soledad. Pasamos por unos puentes preciosos, la obra de la piedra. Nos detenemos a tomar algunas fotografías. Caballos y cencerros. ¡Qué ruido tan celestial! Cefe corta una rama de avellano para hacerse un bordón. El mío lo he dejado olvidado sobre una mesa de mi estudio. Me fijo en el detalle. No es galante, y no corta una para mí. Ni tampoco para su amigo. Él, el amigo, tampoco corta, yo tampoco lo hago. Así no esquilmamos al avellano. Cefe dice que luego la trabajará con su navaja… Subidas y bajadas. Resuello. Comienza el barro pero qué barro… Y qué suspiro se me escapa cuando por debajo de aquellos pinos vislumbro lo claro del bosque en el claro… O como lo expresó
Esteban Ierardo:
<<El bosque es el templo celta…El claro es una isla en medio del océano de los bosques. Y la isla es una fortaleza donde brilla el Grial, esa copa enigmática que contiene la Luz>>
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Hay que abrir portillos y cerrar portillos detrás de uno, al paso. Conservo la sensación de ese continuo… Son tierras de cabaña caballar. Ahora una mujer, se llama Isabel y es de Madrid. Tiene llagas. Mientras nos detenemos, a recobrar el aire que la última subida nos ha robado, ellos hablan con ella, han compartido la mesa de la cena de ayer, y ella se recompone los pies.
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<<Todavía padezco la enfermedad de las búsquedas>> -dijo alguna vez Renoir. <<No estoy contento y continúo borrando>>.
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Voy medio rota, despidiéndome de ti y eso que la sonrisa que me enviaste parecía un sol pero tan poca cosa y yo no lo veía por ninguna parte, al sol…
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En cuesta arriba o abajo les abandono. Voy más rápido y haciéndome amiga de la mochila que detestaba. Sigo a un grupo y les sobrepaso. Son demasiado jóvenes y entonces yo también lo soy. Voy demasiado rápida. El terreno es de lo más escabroso. En cada paso intento poner todo mi coraje para vencer el miedo. Voy demasiado rápida y patino. El miedo no era miedo. Era prudencia, lo que me pedía prudencia. Patino y me doblo la rodilla al límite. Aquí se ha acabado el Camino, a menos de diez kilómetros de haber comenzado, prescribe el dolor. Siento que lo sé, que lo sabía y cómo lo sabía lo olvido. Me incorporo y como está en caliente aún no experimento molestias y me obligo a caminar. Siento como la rodilla vuelve a su sitio, como si algo se colocara dentro de ella, y aunque resentida puedo andar. El Camino se acaba cuando me eche el Camino. El Camino no se puede acabar por lo que la ilusión del miedo al Camino y sólo eso ha provocado en mí. El accidente soy yo y mis dudas. Eso, la ilusión del miedo, provoca en mí la actitud inconveniente, la que certificará las dudas.
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Agarro un palo cualquiera del suelo. Lo voy buscando. Está lleno de musgo pero me llama y lo agarro, y ya vamos todos llenos de barro hasta las rodillas. Eso es. Necesitar ayuda y obligarse a buscarla, que los sentidos te lleven a ello. Ese palo mismo es el sentido, el palo que moja mi mano y me hace mirarla como si fuera una niña y me preguntase qué me puede suceder ahora… ahora que tengo el basto en la mano…
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Viene Jacks, me dijo que se llamaba así, y me coloca en la mano otro que ha recogido para mí. Le sonrío y suelto el que había recogido yo. Me duele un poco hacerlo pero no quiero resultarle desagradecida. El gesto de Jacks ha sido tan bonito. Me ha ayudado a incorporarme cuando el barro me hace patinar. No me ha insultado por ello. Tengo un recuerdo doloroso.
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Al rato ese no debe gustarle y
me lo cambia por otro. Jacks, francés de más de sesenta años: encantador. Muchísima gente lo es aquí. Me uno a Diego, el granadino. Por fin logro dar con una fórmula para asociar su nombre a su cara. Cuando conocemos a otro Diego que ha sido ”emocionalmente importante” en nuestras vidas puede producirse una interferencia. El viejo poseedor del nombre se impone en espíritu y no quiere dejar espacio al que siente que lo usurpa.
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Ya según voy por la carretera con Diego ha aparecido el sol y Diego me va contando… Andamos juntos unos kilómetros. Y lo de Diego son las historias orientales. Es conductor de ambulancias pero medita y sus historias orientales son lindas. Hablan del comienzo del Mundo, mitos de otras culturas. Yo le he hablado de ti. He tenido que hacerlo cuando él me dice que en su tierra le echaron las cartas y le dijeron que conocería a una asturiana… Le digo que hoy es tu cumpleaños y que por eso he comenzado hoy a caminar. Porque me he puesto tus ojos en Finisterre. Hasta que me habla de Zeus y se aleja de dragones y tigres y de la sal del mar. Va a contarme lo que no es otra cosa que el mito de mujeres, hombres y andróginos en ‘El Banquete’ de Platón.
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Hemos dejado atrás el Alto de Espinal, Viscarret, Bizkar en vasco, que significa espalda, con su iglesia parroquial de San Pedro (S.XIII) y Linzoáin. Cuando comienza la subida del Alto de Erro, le pido que siga. Es más rápido que yo y ya deseo soledad. En el último banco de aquella calle disfruto de una pausa, de un reposo. Aprovecho para volver a ajustarme las cuerdas de la mochila. El sol comienza a brillar con fuerza. El ánimo mejora.
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Shirley cuenta que logró dar con las pisadas de Roldán. Yo no lo consigo. He tenido que detenerme varias veces durante la subida. Jacks me ha alcanzado mientras estaba sentada sobre la mochila y ha cruzado unas palabras conmigo en su francés risueño. Eran de aliento. Pasan otros peregrinos, todos muy cordiales. Por un momento estuve a punto de perderme. Un ciclista con su bicicleta a rastras me devolvió a la pista.
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Se me hace muy duro pero arriba del Alto de Erro está Diego, y hay un cambio de actitud conmigo cuando le hablo de la marihuana y del sonido místico dzikr. A pesar de lo que él llegó a contarme acerca de las cartas y de lo que le dijeron… ¡Mira tú! Tengo la sensación de que le asusto, y de pronto desconfía. Se siente inseguro y le ofrezco un Tarot pero con condiciones, una carta. Él dice que si nos volvemos a encontrar. Me parece bien, ahora mejor que no… Un águila no deja de dar vueltas sobre mi cabeza. Las vistas son prodigiosas. Paz, eso es lo que respiro. Ahora que él se ha ido eso queda. El grito del águila sobre mi cabeza.
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Escribe Angelus Silesius, a quién Goethe y Borges admiraban: <<El águila mira sin temor cara al sol y a ti resplandor eterno, si tu corazón es puro>>. En la mántica el águila ocupa un lugar importante. El arte augural interpretaba el vuelo de las águilas para percibir las voluntades divinas. El águila pájaro tutelar. Posada sobre las ramas del árbol cósmico, vela como remedio de todos los males que contienen estas ramas.
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Bajada de barro, infernal. Diego se ha ido. Voy sola y tan al límite de mis fuerzas que voy a irme yo también de mi misma, con la bruma, como bruma.
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Pero llegada a
Zubiri, ya no puedo más y prefiero el
refugio municipal. El otro, el
albergue Zaldiko, cuando lo conozco, me da como claustrofobia, a pesar de que todos parecen encantados con él.
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Cuando me quedé sola en el bosque. Todos los kilómetros que caminé la música interior vino y fue maravillosa. Hablo del sonido místico,
dzikr. Pasaba, me sentía por completo armonizada con la Naturaleza. El sonido crecía y crecía en intensidad… Siento entonces que es fantástico, que la despedida del padre de Lily (
la Emperatriz) fuera como fue; porque si hubiera sido como la tarde del martes… habría tenido la cabeza llena de fantasías, y de lo que se trata es de entrar en realidad. Asumirla. Y eso significa olvidarse de estos últimos años de refugio, incluso de ti. Y hasta que no me libre de mis <<ilusiones>> no encontraré el Camino. Sea a la soledad o sea a la relación.
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Atraviesas el puente llamado de la rabia. Pero si sigues hacia Larrasoaña, unos seis kilómetros más, no tienes que hacerlo. Yo no podría seguir. De todas formas ese día el albergue de Larrasoaña está siendo fumigado.
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Doblas al final de esa calle, hacia la derecha, algunas casonas antiguas, la iglesia y ya has dejado el refugio privado atrás, y caminas por lo qué es Zubiri, una calle como aquella, una en la que viví hace casi veinte años pero todavía ésta de Zubiri con mucho menos encanto.
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Algunas casas a este lado de la carretera, algunas más al otro. Has andado como unos cien metros y llegas a lo qué es el albergue municipal, que antes de serlo fueron las antiguas escuelas.
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Otros peregrinos te dicen que te quites las botas, que las dejes afuera para no poner el barracón perdido de barro y que te busques una litera dentro. No está el hospitalero. Hay dos barracones. Sólo uno está abierto. Cuando ese se llene se abrirá el otro.
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La fortuna -te lo parece- no puede ser mayor. Una en una esquina y duerme tranquilizadoramente abajo. El compañero de la litera próxima agradable. Estoy aquí intimando -les dice a sus amigos. El intercambio es sencillo pero yo ya sé que no vamos a intimar. Salgo al exterior. A lavar las botas en la fuente. Si tuviera un cepillo -me comenta alguien- podría ir al río, que allí es sencillo…Con las manos, lo hago. La fuente dispara agua y los pantalones arremangados hasta el muslo y hasta el muslo perdidos de barro. Siento ahí, en esa postura forzada, que la rodilla ha sufrido. No es seguro que mañana pueda volver a caminar.
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Coger tus cosas, irte a las duchas, las duchas están fuera, en otra edificación, frente a baños y duchas el tendedero. Olvidar algo, tener que dar dos o tres vueltas. La cabeza que no rige, el cansancio físico que después de todo tiene sus efectos. Ducharme, duchas comunitarias como de colegio. A este lado la de las mujeres, sin cortinas. Una joven francesa a mi izquierda se afeita las piernas. Me admira su maestría. Ella dice que en lugares así hay que aprovechar. Al final se corta y sangra y no deja de sangrar. Deduzco por su comentario que en el futuro cercano podré encontrarme con cualquier cosa.
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Llega Mari Carmen. Es de Zumalacarregui. Es una mujer dicharachera y muy amistosa. Lavamos juntas la ropa y el agua tarda en dejar de ser del color del chocolate. Me cae estupendamente. Me presenta a sus compañeros de viaje. La idea del Camino fue suya pero ellos se le unieron y se fueron entusiasmando todos.
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Le doy un masaje a Txomi en los pies, con viks vaporub, sus ojos mansos y dulces me lo agradecen. Es bonito, hay comunicación de la que espero satisfacerme. Sus compañeros de peregrinación son como ella, encantadores y me uno a ellos para comer. En ese momento me he inclinado por la relación. Estoy acostumbrada a comer sola y suelo disfrutar mucho de ello, pero en ese momento siento que me inclino por la relación.
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El hospitalero ha llegado. No parece muy comunicativo, es extranjero. Pago la estancia y él pone el sello en mi credencial. Me informa de que no hay libro de peregrinos. Me extraña. Aunque quisiera no podría escribirle a Lily lo que quiero contarle…
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Mis nuevos amigos si van contándome, por la calle desértica, el incidente de por la mañana. Arantxa pierde sus gafas en Roncesvalles. Hace y deshace la mochila varias veces. Una hora han estado esperando a que ella encuentre sus gafas. Las gafas no aparecen y por eso han salido tarde. Todo son risas y sonrisas entre ellos. Sonrisas y algarabía. Están felices por sentirse unidos en la aventura. Felices como chiquillos. Y tú sabes, de inmediato, que el grupo es tan perfecto, la unión entre ellos, que nada podrá romperla. Lo que dudas de ti en ellos lo sabes. El sol tiene fuerza. Es probable que la ropa tendida y empapada se seque.
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Entramos en el bar que vimos abierto. Bar Bassari (caserío). Menú caro y escaso, se podría decir: once euros. De todas formas, en los tres lugares que se puede comer, la gasolinera, el bar del polideportivo y éste otro, se han puesto de acuerdo en lo del precio. ¡Menuda estación de peregrinos! -piensas y te planteas si no te habrás embarcado en otra cosa que no sea un tour turístico. En Zubiri, capital del valle de Esteribar, esa es la sensación que te acoge.
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Allí un matrimonio que ellos conocieron. Ella infiltrada en rodilla, viaja en autobús. Conversación banal y agradable. Tú pasta, tú pollo, tú macedonia. Ellos menestra, y unos carne o pollo, unos macedonia o yogur. Los Compañeros también están allí: Cefe y su amigo. Se dan cuenta ellos de mí. Se han arreglado y ahora parecen habitantes de ciudad. Llegan otros peregrinos que se sientan al fondo. Intuyo problemas… hay algo en su actitud que yo no traigo. Tomamos el café en el polideportivo municipal. Ahí puedo fumarme un cigarrillo y donde estamos no. Su amabilidad es manifiesta porque hacia allí vamos y ellos no son fumadores.
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Me suelto el cuarzo del cuello. Comienzo a trabajar la zona con la punta y con los dedos. La punta es capaz de alcanzar todas las fibras. Estoy dándome ese masaje por una hora. Siento la rodilla muy mejorada. Hay allí un peregrino integrante de una pareja. Mis amigos me comentan la posibilidad de ayudarlo. Lo de él ha sido en el tobillo. Lo tiene como un bote. Lleva un ordenador portátil. Le veo muy en el mundo del portátil. Yo voy a desconectarme, por completo, de la Red. Estoy de acuerdo en tratar de ayudarle si él me lo pide… Un portátil es demasiado peso para cargar con él en una mochila. Las cosas, como a mí, deben de estar hablándole…
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Ya en el albergue…
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Mi compañera de litera en Roncesvalles, la del sombrero y las hijas, ha llegado. Tiene los pies destrozados. No hay un lugar de las plantas del pie donde no haya una llaga. Dice que al final no utilizaron el transporte de mochilas. En el Camino cualquier aventura imaginaria se rompe tras unos kilómetros, puede hacerlo. Sus pies deciden por ella el abandono en la etapa de mañana.
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Un precioso niño de menos de tres años corre descalzo, vital y feliz, por delante de nosotros. Es el peregrino más joven que he visto. Me pregunto como la madre, casi una niña, alemana, ha podido arrastrar ese carricoche hasta allí, por entre los barros, y qué hay de consciencia y de inconsciencia en todo ello.
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Sentada en un banco, nuevo encuentro con Miguel e Isabel, los cuñados. Nos reconocemos, alegría de verlos. Ellos dicen que lavaban las botas en el río Arga cuando yo alcanzaba Zubiri. Vamos paseando hasta el puente.
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Puente de la Rabia, único encanto de Zubiri. Zubiri, pueblo del puente. Dice la leyenda que por estar aquí enterrados, bajo el pilar central, los restos de Santa Quiteria, los aldeanos hacían dar tres vueltas a los animales que contraían la enfermedad y que por esa taumaturgia se curaban. Nosotros estamos sobre el pilar central y la tarde es fría a medias y a medias soleada. Era entonces el siglo XI, allá cuando aquellas gentes comenzaron la construcción del puente. Las dificultades para erigir el pilar central los llevaron a excavar en la roca sobre la que éste tenía que sostenerse y encontraron los restos de una joven perfumada.
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Supuestamente, Quiteria vivió y murió entre los siglos I y II, y portugueses y españoles se disputan la pertinencia de sus restos. En Margeliza, en Toledo, al pie de una montaña hay una fuente, la fuente santa, dónde se invoca a Quiteria contra la rabia. En Portugal reposan a cuatro kilómetros de Coimbra.
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Por lo que se sabe hasta hoy de la rabia…
la única superviviente a este virus letal es una joven de nombre Jeanna Giese. Pero rabiosos -me cuentan los cuñados- que arribaron al refugio Zaldiko, los dos peregrinos que llegaron los últimos al Basarri, donde comimos. El incidente quedó registrado en el libro de peregrinos del albergue. Y ellos aseguraban que iban a remover Roma con Santiago a través de Internet para denunciar los hechos. ¿Tú irías a un Camino dispuesto a cabrearte por cualquier cosa? Tomamos un café, aparece la jovial Mari Carmen. Me voy con ellos a comprar la cena. En la tienda media barra de pan, ¡qué remedio!, aunque luego lo agradezco. Tres lonchas de queso y un kiwi.
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Pero Quiteria… ponen sus restos sobre una mula y allí que se los lleva el cortejo a Pamplona. La sorpresa es que en Burlada la mula se detiene y se niega a dar un paso más. Esto se interpreta como que los restos deben reposar en el puente. Y es por eso que la leyenda dice que aquí lo están.
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La mayoría de las referencias históricas a Zubiri aluden a su puente, lo que viene a indicar que la fundación de la población, relativamente tardía (no es mencionada en el Liber peregrinationis), puede estar relacionada con la construcción del gran puente gótico sobre el río Arga. El propio topónimo significa <<pueblo del puente>> en vasco. Un aventurero alemán del s. XV, Arnold von Harff, en la relación de su viaje a Santiago, llama a la población <<Puente del Paraíso>>, no sabemos exactamente por qué. Quizá por la tradición local de hacer pasar a todas las bestias de la comarca por él para librarlas de la hidrofobia. La cristianización adjudica el poder apotropaico del puente a la presencia en él de una reliquia de Santa Quiteria, virgen y mártir gascona, cuyo culto en Zubiri puede proceder también de Tolosa, donde la santa fue especialmente venerada.
- José María Anguita Jaén -
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Hay que marcar una clave, cada peregrino tiene la suya. Estamos frente a la puerta del albergue Zaldiko.
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Isabel me muestra el interior del refugio, dónde duerme, dónde se aseará, dónde el peregrino puede escribir, leer o conectarse a Internet. Para ella el albergue está fenomenal. Y es sólo uno o dos euros más caro que el municipal.
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Vamos juntas a su litera. Ella tiene un dolor en la espalda. Y durante media hora yo me ocupo de ella. Sólo le pido algo que nos sirva de hidrante, para que me resbalen las manos y no hacerle demasiado daño, que se relaje todo lo que pueda y se olvide de mí. Ella sí que es fantástica. Logra lo que le pido. Confía en mí y yo puedo darme. La dejo recostada.
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Hay un hombre. Sus ojos me reciben con agrado. Él ve la luna. A mí me cuesta encontrarla. Hay un alma detrás de esa mirada. Una fina sabiduría, fina como una lluvia fina, fina como una rosa pulverizada, que rezuma intelecto y espíritu. Hablamos. De libros, de
Nietzsche y del día en que lloró, de Yalom y de
Halady, de una amistad, suya, que se fue formando a través de los encuentros casuales en ferias que eran la causa, de los cuernos y de los filos. Los cuernos de cabra y la afición artesanal y la del coleccionista. Tanta delicadeza. Hay rastros que no son rostros. De pronto me siento encantada. Él a la tarde talló… Su presencia lo llena todo de calidez. Hablamos del granito de esas rocas que están delante de nosotros. De mi cristal. De la credulidad y la incredulidad. Me parece, entonces, un sueño hermoso, estar en
Zubiri, en ese asiento de la iglesia, la que fue utilizada como cuartel durante la guerra carlista y resultó destruida en 1836, sentada, cenando pan y queso, fumando moderadamente, conversando. Hay un hombre, eso dicen sus ojos. Pero hay más espíritu en ese hombre que hombre. Siento la necesidad de recurrir al saquito de color sangre. Es el momento. Me lo dice algo del momento. Todas las almas vuelan por entre los corredores de la comprensión. El alma es lo sensible. Hay un hombre que ya no es joven. Siento como una esperanza en esa salvedad de la tarde. Estamos solos. Hay un amigo, otro peregrino pero en ese instante habla por teléfono, contento, se siente contento o quzá un poco nervioso. Uno está esperando al otro para ir a cenar. Son Los Compañeros. Yo he terminado con lo mío. Dos con mochilas que beben vino nos ofrecen un trago. Amable declinación ante el ofrecimiento. No existe ninguna obligación que no sea la que se invente. Sensación de disponer de mi tiempo, del que siempre dispongo pero diferente. Un cuerno de cabra para un mango de navaja. Esa rareza, la del artesano. Los matices se encuentran en su forma de entrecerrar los ojos, va dando luz y zonas en sombra. Dentro de los párpados la noche comienza a pesar. Siento algo parecido a la felicidad. Uno que está satisfecho con sus encuentros consigo mismo. Viene el amigo, se rompe la magia. Nos pronosticamos buenas noches. Yo camino en dirección al descanso. Txomi por la otra acera, levanta la mano, levanta la sonrisa, levanta el ánimo. También va a cenar. La ropa se ha secado. El albergue se cierra a las nueve y media. Esa es la jornada. Me lavo los dientes. Me meto en el saco, escribo en el cuaderno…
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21h. Toda la mañana (o prácticamente) en y toda la tarde (hasta ahora mismo) en relación.
Creo que lo mejor será que mañana me quede en Larrasoaña. No creo que pudiera llegar a Cizur Menor, y dicen que al día siguiente está el Alto del Perdón y que sería conveniente partir de ahí. Sin embargo mis condiciones físicas reales (el estado del soleo y el ligamento de la rodilla) me hacen pensármelo con prudencia. Aquí en Zubiri hay granito. Varias rocas donde la iglesia. ¿Qué prisa tengo? Si lo importante es Desconectarme todo lo posible.
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Estoy dormida antes de que apaguen la luz. Sé una cosa. Esa noche no duermo con miedo. No me sucederá nada. Después de haber pasado tanto. Todos esos extraños, desconocidos, peregrinos, mis nuevos amigos que hay en el barracón, me hacen sentir confiada, más que nunca. Y duermo.
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http://amonseuldesir.wordpress.com/
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998 - 1002 - 1005 – 1053 - 1100 - 1107 - 1111 - 1130 - 1136 - 1138 - 1145 – 1151 - 1163 – 1179 – 1196 - 1252 - 1256 - 1237 - 1239 – 1259
- (2) Etapa segunda: RONCESVALLES – LARRASOAÑA (Camino Francés)
- RONCESVALLES – PAMPLONA (lamentos de Roldán y tortillas malditas) Mª EMILIA GONZÁLEZ SEVILLA
- Roncesvalles (Orreaga) en la vida del peregrino…
- La llegada de Hemigway a Burguete
- Del Camino (un viaje espiritual) – Shirley MacLaine
- Los pasos de Roldán
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DEL DIARIO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…
http://aig02.blogia.com/
DIARIO DE MONTSE PEREGRINA CON HIJO PEREGRINO, LITERATURIZADO AL CATALÁN…
http://laltreblogdelarare.blogspot.com/
DE LAS ANOTACIONES PEREGRINAS DE WILLIAM RAMOS, CON LAS QUE HE DADO HOY…
http://porsiempreperegrino.blogspot.com/
http://ultreiafinisterre.blogspot.com/
DEL DIARIO PEREGRINO DE JUAN MIGUEL GRAU, UN PEREGRINO DE MIAMI…
http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago
PEREGRINANDO CON ZODIACO… EXHAUSTIVO Y PRECISO, NO COMO YO
http://zodiaco.madteam.net/relatos/2005-11/2005-11-23-camino-de-santiago-:-dia-2–251005-:-alto-de-ibane/
DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE
http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm
DIARIO DEL GENERAL LEON DEGRELLE
http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm
DIARIO DE JORGE LUIS…
http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/jorge.luis.santodomingo.htm
EXPERIENCIA DEL CAMINO: In solis sis tibi turba locis.
http://www.exorientelux.org/etapa1.htm
In solis sis tibi turba locis
No sentiros mal. Yo tampoco sabría que quiso decir Tibulo con eso si no fuera por que quien usa la cita, Michel de Montaigne, tubo el detalle de traducirlo.
Se multitud para ti mismo en lugares solitarios.
Anoche leía sobre la soledad, y esta mañana, paseando por un bosque donde el silencio era todo el ruido que había, pensaba en voz baja que quería decir Tibulo con eso.
http://tardesbajoelroble.blogspot.com/2009/06/in-solis-sis-tibi-turba-locis.html
¿Y quién era TIBULO?
http://es.wikipedia.org/wiki/Tibulo
DE LA EXPERIENCIA PEREGRINA DE ZANJAS PROFUNDAS..
http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-santiago-vii-4-agosto.html