⇒ EL OTRO CAMINO A SANTIAGO Y MÁS ALLÁ

INICIO

1. Un diagnóstico irreversible: El especialista que había visitado le diagnosticó que la sustancia negra palidecía irreversiblemente en su interior.

2. El alegre viaje en autobús desde Bayona al pueblecito donse se inicia el Camino Francés, Saint-Jean-Pied-de-Port: donde conoce a Nelson Masekela

3. Los distintos orígenes de los primeros compañeros de Camino: Manoj, el indio, andaba descalzo por la rue de la Citadelle como la hospitalaria Mme. Sinanian.

4. La llegada del grupo de los españoles al albergue: justo antes de disponerse a compartir la cena.

5. El recuerdo de una cena anterior en Saint-Jean-Pied-de-Port: el personaje del peregrino consideraba improbable que lo mismo o parecido pudiera volver a repetirse.

6. La pregunta de la maestra de reiki: después del brindis con izarra.

7. El conocimiento de Manoj sobre el samadhi: cuando el ser muere para el mundo.

8. El influjo hipnótico de las palabras: el peregrino se encontraba embargado por la emoción por haberlas repetido bajo la fuerza de la mirada pura del indio.

”Quien llega al yo más íntimo – como dijo André Malby- en realidad llega a los demás. Y quien llega a la verdad y no ha llegado a los otros, no ha llegado a ningún sitio.”

9. Gestos sagrados y signos secretos: gestos que producen gozo y signos de eficacia mágica.

10. Los preparativos para el ritual en la noche de Saint-Jean-Pied-de-Port: disponiendo las cosas para luego regresar a la cama en silencio, evitando molestarse los unos a los otros.

11. El preludio del bansuri y las ragas: en la tradición se cree que los dioses lloran si son torpemente interpretadas, y que es peligroso hacer sonar una fuera de su estación o su hora.

12. La experiencia peregrina y la estrofa del Isha-Upanishad: la llama se estiró hasta casi rozar el techo asustándolos.

13. Los peregrinos al abandonar Saint-Jean-Pied-de-Port siguen rutas diferentes: sólo él se había preocupado por la ausencia de Manoj y por eso fingió haber olvidado algo en el albergue.

14. Los pasos del peregrino por la ruta del Mariscal Harispe y Napoleón: cuando alcanza Hontto y la granja Ithurburia se le hace incomprensible encontrársela cerrada.

15. El trayecto que el peregrino anda desde el refugio de Orisson hasta la virgen de Biakorri: apartando con sus propios brazos a todas esas ovejas que entorpecían sus pasos.

16. La tribulación que hace presa del peregrino: la niebla había vuelto a escapársele del interior de su mente y con los sentidos no era capaz de percibir nada.

17. El relincho del caballo salvaje: cuando iba sumido en la más leve  y suave de las gracias.

18. La decisión que el peregrino toma a la altura de la cruz Thibault: cuando se echa las manos al cuello con la intención de desprenderse de su propia cruz.

19. El peregrino alcanza la estela del collado Bentartea: e imagina que aquellos escasos vestigios de nieve son, desde la cumbre del Lepoeder, todo el accidente que le depara el resto de la jornada.

20. El recorrido de sus compañeros por Arnéguy, la frontera con España: habiendo tomado el Camino de Mayorga y por asfalto casi hasta el propio Ventas.

21. De Arnéguy a Valcarlos sin estelas pero con historia: cuando los españoles ven a los otros sumidos en el beso de un abrazo que no parece ir a tener fin.

22. En la anunciada travesía del Txangoa la muerte está presente: donde hay una inscripción en recuerdo del peregrino Antonio Jorge Ferreira, que había iniciado su andadura un 13 de enero del 2002, y donde el manto de invisibilidad lo envuelve  con un hálito constrictor.

23. El recuerdo de la caída vertiginosa al pasaje del espanto: desconsolado y aterido como aquí se encuentra.

24. El extraño fenómeno atmosférico que anunciaban las previsiones meteorológicas: Helga a pesar de las molestias en su rodilla es la que más corre.

25. El continuo del asombro y el estruendo que hace temblar a la montaña entera: ”Cuando el alma imagina su impotencia se entristece’‘. Esta tristeza -dice Spinoza- se llama humildad.

26. La tan esperada llegada del peregrino a Roncesvalles: con la sensación de que todo lo que le espera a uno es infinitamente mejor que lo que hasta aquí ha dejado atrás.

27. Una habitación en La Posada de Roncesvalles: donde Helga y Nelson se habían instalado y donde el peregrino decide ducharse.

28. La visita guiada el conjunto artístico de Roncesvalles: el edificio del albergue nuevo pertenece al siglo XVIII, la colegiata fue construida a finales del XII […]

29. A la hora de la misa conventual el ambiente en el refugio Itzandegia: donde un holandés le asignó una cama y una litera.

30. La Misa del Peregrino en Roncesvalles y la Bendición del Peregrino: experiencia sobrecogedora oír los cánticos de los canónigos por entre las arcadas góticas de la morada de Dios en el Pirineo navarro.

31. El encuentro con el gitano al final de la Misa del Peregrino: cuando la desconfianza afloró en los ojos de Susana.

32. El gitano le da al peregrino noticias de Manoj: al que alguien le había contado una misteriosa historia sobre un pájaro.

33. En chili-calli o caló, la lengua de los gitanos en España: el maché y la brinzá, con las bujaris y el manró y el mol al peregrino le saben a gloria.

34. La tentación de los naipes o el diablo de la mala voluntad: ”Tú camino -le dijo el gitano- se va a torcer en León”.

35. El no significado de soñar la pesadilla que sueña: se despertó con un gran sobresalto.

36. El cambio experimentado en el objeto patafísico: las seis líneas quebradas pronto se comportaron como si fueran gusanos y por lo que se asustó.

37. El despertar en el albergue con cantos gregorianos: el holandés le tendió el CD señalándole el ‘Veni creator spiritus’.

38. Con el pensamiento puesto en los españoles: Todavía el amanecer no ha acabado de asomar cuando él lo hace.

39. Dejando Roncesvalles atrás por el robledal de las brujas: Los primeros pasos se dan por el sendero de un bonito bosque.

40. La cruz de Roldán y la cruz de los Peregrinos en la carretera a Burguete: una cruz toscana que tomó la decisión de situar ahí el prior Francisco Polit.

41. Navaja, pan y queso al borde de Burguete: a la altura del nuevo desvío.

42. El encuentro con el arcano sin nombre: una septuagenaria, una dama de porte distinguido está sentada en la mesa de la esquina ajena a ellos.

43. Solange, la septuagenaria, y el personaje del peregrino se presentan: y en seguida han comenzado a hablar de Hemingway.

44. Del Hemingway de Burguete y ‘Fiesta’ al Hemingway de García Márquez: el que había permanecido seis días en una capilla ardiente a la espera de alguien que -según el escritor- estaba cazando leones en África.

45. Colinas como elefantes blancos y el suicidio de Hemingway: el peregrino lamentaba que Hemingway se hubiera sentido tan desesperado como para pegarse un tiro con una escopeta.

46. Noticias de Manoj tras la visita a la iglesia de Burguete: Manoj había sobrepasado a Solange con su bansuri a la tarde, en el robledal de las brujas.

47. El hexagrama que representaba lo receptivo de camino a Espinal: alguien había trazado a carboncillo, sobre la página de un cuaderno en blanco, seis líneas quebradas.

48. La historia del Camino de Santiago y de Espinal: ”Camina lento, no te apresures, que al único lugar a donde tienes que llegar es a ti mismo”.

49. La artesanal fuente de Espinal o Auriz-Berri: la más artesanal de las fuentes de agua fresca que se pueda desear.

50. A las estelas de Espinal son guiados por el partisano albanés: con el que Solange había estado compartiendo la tarde del día anterior.

51. Los útiles del mago y el arcano: las estelas habían sido talladas en piedra arenisca y caliza.

52. El trayecto de Espinal a Biskarreta: Andamos por la N-135, hasta que las flechas en la carretera nos indican que debemos girar a la izquierda, y proseguir por la calle de San Bartolomé.

53. El descanso en Linzoáin y la aporía del alto de Erro: Solange expresaba, arqueando ligeramente su ceja izquierda, que eso no lo comprendía.

54. En el alto de Erro la explicación de él y el comienzo del relato de ella: que había abandonado el cementerio de Montparnasse y andado hasta la estación Central de París.

55. La llegada a Avallon y el equipamiento para el Camino: la empleada fue muy gentil y le recomendó ese modelo de mochila suyo, que ya lleva la concha de Santiago incorporada y unas zapatillas deportivas, más cómodas que las botas, por si las botas le hacían daño.

56. En Vézelay un llanto liberador: el baño de la luz en el interior de la basílica, como una epifanía de la infancia.

57. Los primeros días de camino de Solange por la Vía Lemovicensis: en las puertas de La Maison-Dieu pensó que no podría dar ni un paso más.

58. La francesa atravesó Nannay y Raveau y alcanzó La Charité-sur-Loire: Ahora iba a ser él quien no la comprendiese.

59. El desconcierto de la francesa de camino a La Plauderie: el vagabundo la llamó por su nombre como si la conociera.

60. Las librerías de la ciudad de los tejados azules: donde ella descubre que él es el autor de un libro que lleva por título ‘Le clignotant d’Euler’.

61. Las dos polémicas obras por las que la francesa conocía al escritor Marin Ledun: con L’homme qui a vu l’homme había pasado largas horas de las muchas en vela que había pasado en el hospital.

62. El vértigo que le provoca al peregrino el título de la obra de Marin Ledun: y que la francesa le tiende en ese momento del alto de Erro, cuando su amiga se les une.

63. Lo que lo mareara lo sabemos en una retrospectiva: Esa línea escrita que lee cuando se ha detenido frente al escaparate de la Librairie de La Rue en Pente’.

64. Detenido en el alto de Erro todavía… contempla una ficción: la última de las líneas se había puesto a vibrar como si la uña de un pulgar invisible estuviera produciendo un sonido en la cuerda de una guitarra.

65. Descendiendo el alto de Erro escucha un suspiro que parece proceder del objeto: y en cuanto ve ese pasillo abierto en la fronda se desvía por él.

66. El cuervo francoparlante, el partisano albanés y la llegada a Zubiri: donde la francesa le había reservado una cama.

67. La primera de las confidencias con el Lector: la irrupción de manera intempestiva de mi yo íntimo.

68. La segunda de las confidencias con el Lector: la reflexión a la que me induce el personaje del peregrino. La noción de Heidegger.

69. En Zubiri sentados en un banco de la iglesia nueva de San Esteban: el lugar donde la francesa prosigue con el relato de su camino por la Vía Lemovicensis.

70. El camino de la francesa desde La Charité-sur-Loire hasta Brécy: donde pernoctó en un albergue en el que las tazas eran de porcelana y las cucharillas lucían camafeos.

71. Después de Brécy y el encuentro con los vagabundos hasta Neuvy-Saint-Sépulchre: donde existe otra iglesia objeto de la peregrinación popular.

72. Ir de las reliquias al Das Man y al Dasein del ‘Ser y tiempo’ de Heidegger: conocer parte de su pensamiento sobre la llamada de la conciencia.

73. El propósito de que los personajes encajen su descubrimiento: el ser expuestos a la verdad.

74. La tercera de las confidencias con el Lector: comenzando por la edad a la que conocí el Camino y el Camino me tentó.

75. Una bañera en La Souterraine: en la que la francesa se sumerge escuchando a Bach, la noche antecesora de Pierre de Folle.

76. La cuarta de mis confidencias con el Lector y el comienzo de mi camino: detenida como ellos en Zubiri.

77. El misterioso cuaderno enviado desde una dirección en Compostela ya olvidada: de páginas amarillentas por el paso del tiempo.

78. El papel que iba a jugar el Circo Kaos o partir desde Bayona: los prolegómenos del viaje.

79. En Saint-Jean-Pied-de-Port un refugio en la rue d’Espagne: Le Chemin vers l’Etoile de Eric Viotte.

80. Los caminos de la liberación, el dolor y el personaje: ” […] Dice Feynman, el físico, que ni la naturaleza sabe que camino va a seguir el electrón […]”

81. La noche en Le Chemin vers l’Etoile, el despertar y el andar hasta el refugio de Orisson: cuando no imagino todavía que el Camino va a doler.

82. Aidion, Aion, Chronos y Kairós, el tiempo del Acontecimiento: donde me introduzco como el personaje de la española.

83. La experiencia en Orisson y la emoción de Roncesvalles en el camino del dolor: quizá habría sido distinto sin Anne Mary no hubiese tomado tanto vino y no hubiera invitado a sentarse a nuestra mesa a aquel canadiense.

84. Las tres veces que se abandona Roncesvalles por el robledal de las brujas: sin contar la vez que me desplacé desde el camino del Norte y que fue la vez en que pude encontrar la muerte.

85. El inesperado encuentro en Zubiri.

86. La opípara cena el restaurante del hotel Gau Txori: donde se cita el ‘Toco tu boca’ de Julio Cortázar.

87. En el camino de la liberación, en Burguete, un primer mensaje para Laura: la hija de un hombre que había amado.

88. Burguete y Espinal en el camino del dolor: punto en el que me despisto y no tomo el desvío que había que tomar.

89. Los arcanos del Tarot en el camino de la liberación, la ficción y la realidad en el camino del personaje: donde conoceré a un contrabandista.

90. La tortilla de chistorra y las tortillas malditas: la de chistorra en el bar Valentín, en Zubiri.

91. Ir de Zubiri a Larrasoaña: dejando atrás la fábrica de magnesitas y atravesando por Ilarratz, Santa Lucía y Ezquirotz.

92. El encuentro de la psicóloga en el puente de los Bandidos: donde el personaje se niega a traducir sus palabras reales.

93. Tras Akerreta, en Zuriain, antes de Irotz, el muerto de La Taconera: la historia que le contó a la psicóloga un parroquiano.

94. En Zabaldika, otra vez el cuervo políglota: cuando divisaron la iglesia de San Esteban con su tañido entrañable.

95. La fantasía en la etapa preliminar a emprender el Camino: el temor a no ir a ser lo bastante buena y ser expulsada de él.

96. La conexión de la realidad con las mentiras: el momento en el que me retuerzo la rodilla.

97. Diego, los compañeros en Zubiri y la racionalidad: la explicación al nombre que le doy a este camino.

98. Tras Zabaldika, Arleta, ya cerca de Trinidad de Arre: que es el punto donde ya caminamos todos juntos, con aquellos con los que voy, los que vienen conmigo en espíritu y aquellos que vendrán.

99. De la muerte y de la sensación inenarrable en la calle Nagusia de Villava: la de ser nada y ser nadie, pasos anónimos.

100. La tarde frente al Ultzama, antes de la noche en el albergue de la basílica de Trinidad de Arre: donde conozco a Vincenzo y Alessandro y quiero escribirle un mensaje a Laura en el libro de peregrinos.

101. La salida de Trinidad de Arre, el paso por Villava y Burlada y la llegada a Pamplona: Había acabado desayunando con dos peregrinos que habían dormido en el albergue.

102. El trayecto de los personajes hasta Pamplona, conocimiento, signo y señal: lo que necesita ser interpretado y lo que necesita ser obedecido.

103. El puente de la Magdalena como nuevo punto de partida: a donde debía de regresar en el camino del personaje.

104. El guía indigente, el Gran Hotel La Perla y los sanfermines: que la francesa recordaba haber presenciado abierta su ventana a la calle Estafeta.

105. El menú en el Café Iruña: donde Hemingway citó a la alegría.

106. De las horas imaginarias que el personaje del peregrino pasa en Pamplona: en busca del rabino del que le habló la española.

107. La visita turística de la francesa a la ciudad de Pamplona: en la que prueba el típico dulce llamado el garrotico.

108. El Salto desde el Monumento y las declaraciones del abogado de La Manada: en los que las fiestas de San Fermín aparecen como un referente del desenfreno sexual y etílico.

109. El itinerario por el que el personaje del peregrino deja Pamplona: y en el que se encuentra con los carteles de anuncio del Cirkus Kaos.

110. El encuentro con el personaje del peregrino y la llegada a Cizur Menor: donde no suceden las cosas que sucedieron en mi camino.

111. En El Tremendo y en la encomienda de la Orden de Malta: donde se presentó el marqués de la Real Defensa y yo aproveché para hacer mutis por el foro.

112. El momento en el que conozco a Navarra en el albergue de la Roncal: la tarde se había puesto fea y él escribía en un cuadernillo de pastas negras.

113. El momento en que Navarra me escucha hablar en el cenador del albergue: más adelante, por ello, dirá que cree conocerme de antes, y cree que de una anterior.

114. La noche que se avecina sobre el albergue en Cizur Menor: Antes de acostarme estuve estirando. La cadera me había dolido toda la tarde con un dolor sordo.

115. El despertar en la madrugada y el conocer a Otmar tras los primeros pasos: que estaba en el Camino haciendo caso a su dietista.

116. Tras las ruinas de Guenduláin la manifestación del objeto patafísico: no había ninguna sensación o conciencia oculta de la que el objeto no hubiese tomado nota.

117. La quinta de mis confidencias con el Lector al paso por Zariquiegui: ”[…] era como ese dibujo que alguna vez habrás mirado, el de ese sabio que aparta la piel del mundo y se asoma al universo […]”

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118. El momento en el alto del Perdón en el que conoce a la bióloga molecular: que es portadora del gen FLNC, codificante de una proteína denominada filamina C.

119. Emprendieron juntos el descenso del alto del Perdón alcanzando la virgen de Uterga: después de solazarse con la encantadora visión del valle de Valdizarbe.

120. Las marcas de nacimiento del cantero al paso por Uterga: esto forma parte de un argumento literario que el personaje del peregrino improvisa.

121. El desvío a la mítica ermita de Eunate en el pueblo de Muruzábal: donde la bióloga molecular y el personaje del peregrino se despiden porque no saben si volverán a encontrarse.

122. Santa María de Eunate y la casa de Onat en mi camino: donde Navarra se dirige a mí, el día de la fiesta del pueblo de Adiós.

123. El momento en que el personaje del peregrino conoce a la peregrina canadiense: que andaba la vía tolosana y el Camino de Aragón.

124. Obanos, villa de los Infanzones, su iglesia y su misterio: una representación al estilo de un autosacramental.

125. La tarde en Puente la Reina, el vacío, la energía y el espacio: de lo que discuten la bióloga molecular y la astrofísica.

En Puente la Reina el Cristo de la Oca

126. La salida de Puente la Reina, el encuentro con Navarra, Mañeru y Cirauqui: donde en el camino del dolor hago noche.

127. La madrugada que paso enferma en el baño: y desde donde presencio esa escena apasionada.

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128. Dejar Cirauqui atrás y encontrarse con Lorca y la poesía: la de los poetas que se mencionan al paso por este pueblo, donde yo conoceré al militar.

129. El trayecto desde Lorca hasta Villatuerta y su iglesia de la Asunción: después de haber cruzado el río Iranzu por el puente románico.

130. De Villatuerta al paso por la iglesia del Santo Sepulcro en Estella: una de las mejores portadas góticas de Navarra.

131. Compañeros de Camino en el albergue municipal de Estella: cuando Rafael nos preguntó al extenderle las credenciales.

132. Las primeras confidencias de Navarra en aquella calle de Estella: él me dijo que hasta entonces había tenido una relación.

133. La hora de la comida en Estella y la primera mentira de Navarra: era tarde y nos había costado convencer al dueño del bar para que nos sirviera un menú. La amiga apareció pronto.

133. De la tarde que transcurre en Estella y la Rueda de la Fortuna: que dejo ir con el, antes de conocer a Carmelo, con su temblor esencial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

135. En Estella, Artzai, frente al palacio de los Reyes de Navarra: cuando se encontraban todos en la plaza de San Martín, en la calle de la esquina San Nicolás.

136. La visita guiada a la esotérica iglesia de San Pedro de la Rúa: donde el hombrecillo les desveló el significado del laberinto inscrito en la piedra de la entrada.

137. La visita a las iglesias de San Juan Bautista y San Miguel Arcángel: que se ubica en uno de los nuevos barrios surgidos en Estella como consecuencia de la expansión de la población.

138. Al final de la cena en Estella, el ‘Poder’ de Adrienne Rich: el poema preferido de Francesca.

139. La erótica madrugada en el albergue de Estella: sintiéndome como Sabina la pintora que protagoniza ‘La insoportable levedad del ser’.

140. Los ronquidos, el placer, los reproches y la caída, antes de huir por la calle Rúa: algo que hago ruborizada.

141. La salida de Estella, Ayegui, y la montaña sagrada: el kilómetro cien del Camino desde Roncesvalles y el Montejurra.

142. De Ayegui a Irache, la fuente del vino y el monasterio: donde se brinda por la felicidad.

143. La Ázqueta de Iguzquiza y de Pablito Sanz: a 7 km de Estella.

144. En un banco de Ázqueta, peregrina en reposo: después de haber obviado el desvío por Luquín.

145. El sello, la estela, la vara, el aprendizaje y la calabaza: donde Pablito había decidido dejarme a mi aire, contento con sus alumnas aventajadas, las riojanas.

146. Villamayor de Monjardín en los diferentes caminos y como punto de inflexión: ”Desde este pórtico del momento retorna hacia atrás una larga y eterna calle”.

147. En Los Arcos, el genoma y la red cristalina: la materia de la que estaba hecho el objeto.

148. El Mesón de Gargantúa en Los Arcos y la apacibilidad de sus calles: deseando poder andar así, por un mundo donde todo fuera suave. fácil, dócil, agradable y cordial.

149. El inolvidable toque de tentenublo de Los Arcos: tañendo las campanas, todos aquellos que quisimos tocarlas.

150. La historia de Hubert Reeves, la historia del universo, la historia más bella: ”Somos una asociación de partículas elementales, diez elevado a veintinueve para los iniciados, que tiene la propiedad emergente de ser ‘yo’, nuestro espíritu, la conciencia, la inteligencia.”

151. El convite, el masaje de Navarra en Los Arcos y el despertar en la madrugada: cuando mi disgusto se acentúa.

152. El peso de la mochila o el peso del alma de camino a Sansol: cuando voy planteándome todas esas cuestiones que Sabina se planteaba, a cerca de la luz y la oscuridad, la fuerza y la debilidad.

153. El trayecto desde Sansol a Torres del Río: que es cuando me sobrepasa el militar, al que no volveré a ver hasta la mañana en Santiago.

154. Caminando con la historia del grial y Mirto la medievalista: una criatura cuyos pensamientos intrigaban al personaje del peregrino.

155. En Torres del Río, Brian Weiss y la iglesia del Santo Sepulcro: donde no entré porque la guardiana apagó la luz cuando asomé la cabeza.

156. Hablando de ética antes de la llegada a Viana: donde los personajes, como yo en el camino del dolor, también hacen noche.

157. Sobre el principado de Viana y sobre el oído de Navarra: un oído que, en verdad, no sabe escuchar.

158. El abrazo en las ruinas de San Pedro y la parada en las afueras de Viana: donde encontramos una roca en la que perder dos horas.

159. El arcano de El Mundo, el botijo y la llegada a Logroño: al borde del puente de Piedra él ya reconocía la ciudad y me llevó arrastrando tras de si hasta un hostal.

160. La visita turística de los personajes a la ciudad de Logroño: con Lola, la improvisada guía que pasaría horas recorriendo con ellos la ciudad.

161. De bares y tapas por Logroño, más allá de la mítica calle del Laurel: hasta la calle de San Juan, donde probaron el pintxo de canguro.

162. En la habitación 306 del hostal La Numantina: donde sabría al calzarme de nuevo el alcance de la lesión.

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163. Amanecer en Logroño, amarse y despedirse: momento en el que Navarra me tomó esa fotografía.

164. La búsqueda de un remedio y el mensaje enviado: estuve en el hospital y en el centro de salud, en ese momento pensaba abandonar el Camino.

165. La recepción en el albergue municipal de peregrinos de Logroño: que será cuando conozca a la rumana.

166. El diagnóstico y la compra de nuevo calzado deportivo para el Camino: unos tenis muy flexibles y ventilados de la marca Merrell.

167. Tomada la decisión de seguir caminando: sumerjo mis pies en la fuente y estoy trabajando el talón de Aquiles con un cuarzo que colgaba de mi cuello.

168. Intercambio de palabras entre Logroño y Nájera: el lugar en el que se encuentra Navarra.

169. Deambulando por Logroño, la llamada de Nora y la charla con la rumana: que me habla de su intento de suicidio.

170. La envidia que me despierta ver a otros peregrinos irse y yo tener que quedarme: a causa de la recuperación de mi lesión.

171. Encerrada en el albergue municipal de Logroño: escribo en el moleskine y también en el Libro de Peregrinos, un mensaje para Laura.

172. Isidoro el de Murias, la llamada anónima de la rumana y el perro: uno de juguete con el que me hago para hacérselo llegar a Navarra.

173. El buen consejo que da el hospitalero: se me acerca y me susurra que tenga cuidado con los príncipes y con los lobos.

174. Despertar en la madrugada de Logroño y salir caminando en la noche: sintiéndome armónica y feliz.

175. Perderse a la salida de Logroño y dar con un desalmado: al que no hago caso en lo que me dice.

176. Por el parque de La Grajera y hasta las ruinas de San Juan de Acre: donde tomo la decisión de no seguir andando ese día.

177. En Navarrete, Eric el Belga se va con el arcano de La Fuerza: tras haberme dado un masaje con mi crema hidratante.

178. Soledad, Gérard, el cerro Tedeón y la iglesia de La Asunción: mole imponente en sillería de tres naves.

179. Menstruar en el Camino, en la pésima tarde de Navarrete: en la que conozco a Marco de Alemania.

180. El Dharma del Camino: ves a la gente hasta que dejas de verla y, de repente, ves a alguien que habías dejado de ver hace 500 km.

181. El despertar en Navarrete o hablando de los ronquidos: ¿cuántas veces es necesario que nos disculpemos por ello?

182. De Navarrete a Ventosa: donde volví a encontrar a Marco.

183. Defecar en el camino: dándose cuenta de lo que valen unas sanas cuclillas.

184. La llegada a Nájera con la esperanza de ver a Navarra: mordiendo una rosa blanca entre los dientes.

185. Las hermanas de Nájera y el esquema de los sentimientos: el papel que juegan el miedo a la pérdida y al rechazo.

186. El presentimiento de que algo me esperaba en Nájera: por eso las dejé a ellas a la puerta de Santa María la Real.

187. La chiquillería de Nájera: que interpretó para mí la función que ensayaban para el colegio.

188. La discusión y el anochecer en Nájera: del día que finalizaba con una cordial conversación.

189. Del amanecer de Nájera y la llegada a Azofra: demasiado temprano había conocido a Javier de Pamplona.

190. De Azofra a Cirueña y sin detenerse hasta Santo Domingo de la Calzada: entrando en él por entre charcos de agua, caracoles y almacenes de patatas.

191. El momento en que conozco a Andoni Moreta y a su fiel compañero: que me marca con sus dientes el gemelo de la pierna.

192. La despedida de Javier y la inscripción en La Casa del Santo: donde consigo una litera baja en una esquina.

193. Las lágrimas de Sophia y nuestra amistad: ella me había preguntado si podíamos pasar la tarde juntas.

194. Bajo a fumarme un primer cigarrillo en la calle de Santo Domingo de la Calzada: el peregrino con el perro, el que me había indicado la dirección del albergue, ahora formaba parte integrante de un grupo.

195. Descubriendo en esa plaza quién era Andoni Moreta: no tardó mucho en sentarse a mi lado.

196. El momento en el que conozco al artesano de las cruces de Tau: que me pregunta si lo que tengo en las manos son las cartas del Tarot.

197. De la picaresca en el Camino de Santiago: había sido advertida por Josu de que Andoni trataría de darme pena para arrastrarme hasta un cajero automático.

198. El momento en que conozco el poema de Robert Frost: ”[…] Dos caminos se bifurcan en un bosque y yo,/ yo tomé el menos transitado,/ y eso hizo toda la diferencia […]”

199. El momento en que sale del saco el arcano de El Diablo: a Josu eso no le gustó, porque eran otros los que había escrito en el papel.

200. El reencuentro con las hermanas de Nájera y la insistencia de Josu: que había subido en mi busca, a pesar de haberle dado esquinazo.

201. Del ahorcadito al último cigarrillo y el encontronazo: cuando estaba fumándome el último cigarrillo para recogerme.

202. A la llegada a Grañón Josu me estaba esperando en su puesto: al borde del Camino.

203. De las sensaciones en Grañón y el encuentro con la rumana: cuando iba en busca del albergue San Juan Bautista.

204. La charla en Grañón y el sobre que Josu pone en mi mano: y que me pide que no abra hasta llegar a casa.

205. De camino a Castildelgado cuando experimento la confusión: al dejar atrás Redecilla del Camino.

206. El molesto flujo en los oídos y la llegada a Viloria de Rioja: conociendo el contenido del sobre que me había dado Josu.

207. La despedida de la rumana y la sensación de desrealización: cuando de repente todo se lleno de personajes.

208. De las primeras horas de aplanamiento emocional en Viloria de Rioja: donde volví a ver a Andoni Moreta.

209. El libro de Cristina Cerezales y el pesimismo aplastante: de la profunda devastación del corazón.

210. De las llamadas que hago y recibo en Viloria de Rioja: cuando siento que se rompe algo en ese columpio.

211. El ensimismamiento, la abstracción y posterior compañía: sentada entre el belga y el francés.

212. La hora de la cena en el refugio de Acacio da Paz y Orietta Prendin: donde todos nos presentamos y hablamos de nuestros motivos para estar en el Camino.

213. La mágica madrugada en Viloria de Rioja: saliendo en la noche al polvo del Camino para cantar debajo del manto de las estrellas

214. Del paso por Villamayor del Río y de la llegada a Belorado: después de conocer a Román

215. A la salida de Belorado contando ‘Tuve sol’ de Bajofondo: cuando dejo ir a Davide y a Maru que le sigue.

216. El paso por Villambistia y Tosantos: lugar que por ir concentrada en el teléfono olvido que quería recorrer.

217. La llegada a Espinosa del Camino y el pendulo de cuarzo que le regalo a Andoni: por ser su cumpleaños.

218. ‘La promesa del Camino’, el libro de cuentos de Andoni Moreta: del que estábamos hablando cuando se nos unió Rita.

219. El momento en el que el arcano de El Loco abandona el saco: estoy al borde del ”arrobo”.

220. El momento en que sale del saco el arcano de La Justicia: en la sesión de magia de la noche en Espinosa del Camino.

221. De la pesadilla en la noche y del orto solar en Espinosa del Camino: cuando los alemanes y la brasileña me hacen el vacío.

222. Del bar El Pájaro en Villafranca Montes de Oca a la subida de La Pedraja: donde me extasío con el paisaje.

223. La sonrisa que existió en La Pedraja: y que Patrick más adelante en el Camino echará de menos.

224. La decisión de quedarme en San Juan de Ortega: donde dejo ir a Patrick.

225. El momento en el bar de San Juan de Ortega: donde todos los peregrinos son recibidos de la misma manera.

226. El momento en que Andoni se presenta con Santiago: al que le había venido hablando de mí.

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