La idea de un contrapoder: la filosofía de la matriz


manuel metamente

No tengo muchas esperanzas de que me sigáis hasta el final pero me dirijo a vosotros, porque tengo algo que proponeros. Es tan sólo una posibilidad pero creo que es una posibilidad que no ha sido pensada antes. Éramos herederos de un mundo que no elegimos pero, ahora, algunos nos hemos convertido también en seres ”colonizados” por la Big Pharma, el poder dominante. Es lo que le explico al sociólogo Manuel Castells, haciéndome eco de un concepto que no es mío, sino de un filósofo de Benin, Paulin Houndtonji. La Big Pharma controla los sistemas de Salud y Salud Mental de nuestros países. Y después de todo quiénes somos nosotros, ¿un mero porcentaje poblacional de alienados?

Para mí la lucha comenzó en enero de este año, cuando me propuse escribir ‘El Camino del esquizo’, materializando un breve ensayo, en el que me informé de cuál era la situación real del conocimiento acerca de las enfermedades mentales. Principalmente, desde la voz disidente del psiquiatra holandés Jim van Os. Algunos meses después, ya inmersa en mi propia biografía, en busca de los pródromos de mi afección, leí un artículo que me remitía a otra voz crítica, la del psiquiatra Guillermo Rendueles, que afirma: ”Vosotros lo que necesitáis no es un psiquiatra, es un sindicato”. Por eso me dirigí a Unai Sordo, uno de los agentes sociales de este país, para que me ayudase a entender qué pasos había que dar para consolidar uno. De Unai no recibí respuesta y por tanto acepto que ese no sea el camino. Pero de la idea del sindicato me quedo con dos cosas: su etimología y la fuerza. Su etimología remite a la raíz griega hacer justicia. Y la fuerza es lo que me mostró Kean Loach desde la película ‘Pan y rosas’.

De Castells tampoco esperaba respuesta, como me he acostumbrado, como estoica, a no esperarla de nadie. Pero de él fue que aprendí que las redes, y la Big Pharma lo es, sólo se combaten con otras redes, una red de microresistencias, que no esté politizada, que sea un contrapoder. Y esta red no puede ser excluyente y tiene que ser gratuita y universal.

¿Y qué pretenderíamos? Cambiar la ley para que la práctica aberrante de la contención mecánica quedase abolida. En Ticino, desde su gobierno, nos han demostrado que se puede aspirar a ello. Más en concreto la persona del psiquiatra Thomas Emmenegger pero digo el gobierno de Ticino, porque es el que ha puesto los medios económicos necesarios para llevar a cabo el logro. También pretenderíamos que la psicosis se tratara con el mismo enfoque que en Laponia Occidental, a través del establecimiento de su ‘Open Dialogue’: medicación la mínima y sólo durante el tiempo preciso, si la persona la admite. Imitando sus modos de actuación, en los que todo es materia de diálogo, incluso la aceptación o no de la medicación.

Y ahora viene lo más difícil, esta red qué forma tomaría. Bien, yo tuve una idea delirante hace algunos años. Una idea que tenía forma de red. Pessoa dice que si la locura es grande depende de la conciencia lo que uno es. Si no se tiene conciencia de la locura, loco. Si se tiene, genio. También dice que una locura pequeña, puede acarrear en una persona sin conciencia de ella, el ser normal. Yo salvo durante mi brote psicótico siempre he tenido conciencia de mi locura, que llegó a ser grande. Y que es lo que reivindico también. No voy a ser Hölderlin ni Rosseau pero si quisiera intentarlo, ahora, tampoco me dejan serlo.

A mí lo que me inspiró esta red fue entrar en contacto con las cuatro letras de la vida, la información genética, y el código genético, que son dos cosas diferentes. El código genético está formado por 64 codones, como si fuera un tablero de ajedrez o el libro del ‘I King’, para el que Borges escribió un poema: ”No hay cosa/ que no sea una letra silenciosa/ de la eterna escritura indescifrable/ cuyo libro es el tiempo”. Yo cogí esa matriz y empecé a adjudicarle, empezando por mi misma y por mi Amor, una localización. Es decir, él era la (A) de la única metionina (AUG) del código, y yo la (G). Eso tiene un valor ”fenomenológico”, porque durante años traté de darle un sentido, que es lo que hacemos todos los buscadores de sentido, los ”seekers” en inglés. La (A) sólo quiere decir ”objetual” y la (G) objetivante. Hasta ahí, de momento, ¿se sigue? Para mí es muy sencillo explicar estas cuatro letras a través de una famosa película: ‘El día de la marmota’. La puedo ver 50.000 veces pero siempre voy a reírme.

Manuel Rivas yo digo que es una (C), es decir que es ”subjetivante”. Metamente no lo sé, aunque en principio parece una (U) ”subjetual”. Todos somos todas las letras. Pero más puramente unas que otras.

Aquí la única traba es que hay que ver ‘El día de la marmota’ para que yo pueda explicaros esos significantes de alguna manera. Yo siempre la he visto en red. El Phil Connors del principio es un tipo ”subjetual”, que cuando se da cuenta de cuál es su situación se convierte en ”objetual”. Aunque pronto se cansa de serlo. Entonces, se dedica en cuerpo y alma a conquistar a su compañera: hablar intentando convencer de algo es muy ”subjetivante”. Operar, como luego opera, sin esperar sacar ningún ”beneficio” es ”objetivante”. Si no veis esa película, esto que yo os digo por un lado os entra y por otro os sale. No es una panacea pero es un modo de entendernos, ¿de acuerdo? Un modo muy simple. Para que hasta el más simple pueda captarlo. Luego, ya están por encima de ello los niveles intelectuales y sensibles, la ”inteligencia sentiente” y la ética de cada uno.

Entonces, ahora, las cuatro letras de la vida hablan un lenguaje ”fenomenológico”. Ya no son componentes químicos solamente. Y si yo digo que Manuel es una (C) de la matriz del código genético, digo también que es una (C) al principio. Y sólo necesito ”averiguar” de qué codón: un conjunto de tres letras de la vida. No puede ser de ninguna que ya haya sido ocupada, que por el momento no hay ninguna (C) ocupada. Y si pertenece a una matriz no puede pertenecer a ninguna otra. Ni a la que él mismo componga. A ver si corregimos el vicio de poseerlo todo y estar en todas partes, que es lo que les ocurre a los poderosos.

Yo le decía a Manuel Rivas la primera vez que le hablé de ello que para situarlo en la matriz necesitaría conocer sus nueve ”inmortales”. Sí, porque hay tres codones que son los llamados ”Stop”, que es con los que finalizan las proteínas. Eso de lo que nos constituimos, como vida que somos. Pero en realidad no era cierto, ya que puedo suponer por mi misma quiénes serían sus ”inmortales”. Puedo suponer que uno es John Berger y el otro Valle Inclán o quizá Castelao. Creo que tres (C) de cualquier modo y eso sólo lo sitúa en una posición. La (C) primera de la prolina, un aminoácido para el codifican cuatro codones.

CODONES STOP

Esto de los ”inmortales” tiene meollo. Primero nombro a los míos y luego lo ”explico”. Codón ópalo: (U) Rumi, (G) Hans Küng, (A) Lao-Tse. Codón ámbar: (U) Khrisnamurti, (A) Mme. Curie, (G) Sócrates. Codón ocre: (U) Nietzsche, (A) Abraham Lincoln, (A) Hannah Arendt. Son trascendentales porque nosotros, en principio, no luchamos contra nosotros, oponemos en cualquier caso los argumentos de nuestros ”inmortales” a los argumentos de los otros ”inmortales”. No sé si os va a interesar pero hasta aquí llego.

Es uno filósofo guardando silencio

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