Lo que desataron en mí los versos de Eugenio Montejo en la película 21 Gramos


Lo que estoy conociendo acerca de las obras y personalidades de Borges y Macedonio Fernández me está influyendo. Así que ayer decidí cuestionarme los versos de Eugenio Montejo que había elegido para iniciar Cahier Âme. Y para ello se me ocurrió volver a visualizar la película de 21 gramos, que recordaba haber visto hace una década. Y retornar a escucharlos decir, donde los conocí por primera vez. Eugenio Montejo, escritor venezolano que nos confesará que Chávez violaba todas las normas y empezando por el significado de las palabras, contó hace unos años que un día recibió una carta en la que alguien le comunicaba que iba a utilizar algunos de sus versos en una película. Pero que él a eso, entonces, no le concedió ni la más mínima importancia. Hasta que meses después su nombre había alcanzado la popularidad y lo conocíamos muchos de nosotros, a raíz de la actuación de Sean Penn y Naomi Watts, en la historia que había escrito esa persona. Guillermo Arriaga, que explica que en todo lo que él escribe se plantea siempre una cuestión moral. Moral en el sentido de que las acciones tienen consecuencias. Y en casi todo lo que él escribe se trata de cómo los muertos influyen sobre los vivos. Pero para este guionista tanto la literatura como la caza son los últimos ritos. Así que estoy viendo como Benicio del Toro entra y sale de la cárcel y cómo su conciencia lo atormenta a causa del accidente en el que mueren las hijas de ella y el marido, que será el donante del corazón de él. Un profesor de matemáticas, que trata de que sus alumnos comprendan el valor del número que se oculta detrás de todo. Y es cuando lo repite: «La tierra giró para acercarnos./ Giró sobre sí misma y en nosotros./ Hasta juntarnos, por fin, en este sueño.» Y yo me digo: «No, es imposible. Mi novela ya no puede comenzar así porque eso ya no tiene ningún sentido.» Y aquí deberíamos plantearnos abrir otro de esos paréntesis imaginarios para que pueda concretarte por qué. Lo primero porque era el regreso a la escuela y me afectó. Y sentí que me habría gustado que esa experiencia no formara parte de mi haber. Y lo segundo porque la historia era la de una tragedia y no había nada de romántico en ella. Todo era sórdido y, por tanto, no conducía a ninguna parte. Y yo por un lado me dije: «Tienes que ser capaz de encontrar un verso que al abrir la novela, por esa página, le explique al lector el final de la historia. Aunque en ese momento él no lo sepa.» Y pensé: «Vas a tener que inventártelo, al estilo de Borges, que cita a quien no existe cuando a él le conviene.» Pero eso no fue así, a pesar de que parecía una tarea imposible para una tarde.

[Prosigue]

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Carmen Adso dice:

    Recibí este comentario a este texto, en otro lado, de Rui Portugal Ribeiro:
    “It is what you read when you don’t have to that determines what you will be when you can’t help it.”
    – Oscar Wilde

    «Lo que lees cuando no tienes que hacerlo es lo que determina lo que serás cuando no puedas evitarlo».

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Es uno filósofo guardando silencio

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