DIARIO DE UNA ALOPECIA – 4-


Hoy la pérdida de cabello, con la llegada del otoño, ha sido dramática, máxima. Máxima porque muchos eran cabellos en estado de crecimiento. Quiero que no me importe pero no lo consigo. Es kafkiano, lo sé, fotografiarlo pero lo hago para recordar como era el sufrimiento, qué forma tenía, cuando ya no tenga por qué llorar. O llore por algo. Además, aunque no va a hacer falta, porque para esas fechas es posible que no tenga nada de cabello, quiero mostrárselo a la psiquiatra, que piensa -me temo- que es parte del cuadro prodrómico de mi enfermedad mental. Esa para la que no tengo diagnóstico pero que me obliga a medicarme. Por su temor, más que por la realidad. El temor a que, de nuevo, sufra un brote psicótico. Con ese temor me amordaza. Un temor que es sistémico.

Es uno filósofo guardando silencio

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