El carácter de Miora


CON LITOGRAFÍA DE ESCHER 

agosto 25, 2004

¡Qué desastre!

Que desastre lo que ha sucedido. Son las dos de la madrugada y es ahora cuando arribo a casa proveniente de una tarde, larga no, larguísima y Alma ha estado intentando calmarme hasta hace una media hora, aunque por el medio también nosotras hemos discutido.

‘En las nubes’ llegó a decirme que esta ciudad ya no me aportaba nada, que eso era lo que ocurría, que se me había quedado muy pequeña, como a ella le sucedió hace años con la aldea en la que nació. Y yo me siento orgullosa de mí porque le dije:

– Ni se te ocurra sugerirme que huya. Esta es mi ciudad y no se me ha quedado pequeña, ya era pequeña cuando nací y no volveré a cometer el error de creer que se soluciona algo tratando de escapar de los problemas, porque los problemas como el dolor nos persiguen allá dónde vayamos

El caso es que ya sé que el problema principal soy yo. Pero con ‘en las nubes’ no hubo discusión; al contrario, estuvimos tomando cervezas, como ayer, y cuando nos íbamos de la zona de ambiente se lío la marimorena. Resulta que unos adolescentes (de doce a quince años) le arrojaron ‘algo’ a la teta derecha (voy a decírlo así porque al parecer la intención fue obscena y es que ‘en las nubes’ más que senos tiene co-senos). Y ella por una vez reaccionó y se enfrentó a ellos: ‘¿Quién fue? -les increpó-, que sepáis que a mí no me hace ninguna gracia’. ¡Buah!, y ya me ves a mí, por si no estaba poco caliente después de lo que me había sucedido en el parque, encenderme y hacerle de apoyo ( y antes de ayer por la noche fue un enfrentamiento con un borracho que amenazó a unas señora con estrellarle la botella de cerveza en la cara).

– ¿Qué te ocurre? -le digo yo antes de actuar y sin salir de mi asombro porque era la primera vez que veía a ‘en las nubes’ de esa guisa.

– Que uno de estos graciosos me ha lanzado algo al pecho.

– Venga, a ver si tenéis valor ahora para decir quién fue el listo que lo hizo. -dije yo en plan ‘¿qué, hay huevos?’

Pero ninguno había sido: ‘yo no, a mí no me mires que mira dónde tengo las manos, yo no hice nada que estaba aquí sentado con éste’. Vamos, y un tropel de excusas pormenorizadas que partieron de todas las bocas, menos de la de uno de ellos que salió corriendo calle abajo

– ¡Eh tú, ven aquí!

El de la gorra que casi con toda probabilidad estaría tan fumado como los otros, regresó despacio y se colocó frente a mí, imagino que porque no quería quedar delante de su tribu como un cobarde:

– Fuiste tú el que le arrojaste ‘algo’ a mi amiga.

– Yo sólo tiré esta lata de coca cola.

Y diciendo eso la colocó con una sonrisa estúpida (seguro que si estaba fumado; yo sonreía así cuando lo estaba) encima de una especie de poyo o cañería que había en el medio de la calle, a un palmo de mi mano. Y entonces no lo pude evitar, toda la violencia que había estado mal contenida dentro de mí durante toda la tarde afloró en un segundo y le di un guantazo a la lata que salió disparada por los aires produciendo un estruendo fenomenal al tiempo que le espetaba amenazante: ‘Así que sólo tiraste la lata’. Pero el gesto era una metáfora del tortazo que me estaba apeteciendo darle, que si insistía podía a llevarse; aunque ya estarán tan acostumbrados en casa con sus padres como lo estaba yo.

Entonces ‘en las nubes’ siguió sorprendiéndome:

– ‘Eso, eso y tú ríete que eres el peor de todos, que estás ahí en la terraza riéndote de la inconsciencia de estos pero tú no tienes ningún perdón’

Ahora la estaba emprendiendo con un espectador de la escena de unos dieciocho años que tenía que estar alucinando en colores al encontrarse en la calle con ”dos cuarentonas” (yo tengo 36 y ella cumple hoy 38), con niño pequeño incluido (‘S’ de tres años) en el mismo plan, con el que suele andarse por esos películones que les cuestan una pasta gansa a sus papas cuando les mandan al cine para perderles de vista durante un rato, de por ejemplo Steven Segal. Bueno reconozco que Nora estaba más indignada que otra cosa. Y yo, yo sólo aproveché la coyuntura y si hubiera sido el chaval que se asomó al balcón y coincide que así, como por suerte, me veo eso… pues no quiero pensar lo que me hubiera podido recriminar a mí ‘en las nubes’ y que gracias a ser parte de la facción contra-atacante no oí…

Tal vez mañana cuente mejor lo que me ha sucedido pero el hecho es que he vuelto a ”escupir” a Primo, y tampoco sé si esta vez ha sido con razón…

Y con mi Alma discutí por causa de mi prima. Quiso hablarme otra vez de ella y yo no la dejé. ¿Qué qué me hizo? -me pregunta. Nada, pobre, ¿qué iba a hacerme ella?, absolutamente nada pero tampoco me apetece verla y no tener nada que hablar. Creo que ya es tarde para el cariño, creo que ya era demasiado tarde cuándo la vi por última vez en el año 92

Es uno filósofo guardando silencio

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