Descubriendo lo que me sucedía en el parque


Esta noche he tenido mucha suerte y me ha tocado en gracia la varita mágica de un hada (parece ironía pero no lo es)

Le digo: Me desnudo y yo tengo una forma de ser muy compleja… para empezar no soy cristalina. Debe ser una suerte ser sencilla pero yo desde que era niña era retorcida.

Y ella me dice: Eso no es algo que se pueda elegir.

Así que me digo: ¡Vaya, una chica lista! A ver qué me dice ahora: «Tengo problemas y no es por mi complejidad. Es por la simpleza de algunas gentes y no es algo despectivo. He dado con una manzana podrida.»

Y lo entiende. Y me pregunta lo que cae de cajón: «¿No puedes quitarla del cesto? (yo siempre tan radical)» -añade entre paréntesis.

– Claro, sí -le contesto. Eso es lo primero que traté de hacer pero hoy he tenido un lío bastante gordo en el parque y la cosa promete. La niña en cuestión se fue a casa a por su padre.

Pero el hada, como esas hadas que se nota que están acostumbradas a tomar apuntes en las clases para hadas y no como las otras que se dedican a pasar de todo, me detiene y me pregunta: «¡Alto, alto, alto! ¿Pero qué es lo que le sucede a esa niña contigo?»

– ¿Puedo contártelo? – y es ahí dónde no me puedo creer mi suerte. Un hada que además de ser hada escucha…

– Claro -respuesta tajante, aunque a lo mejor era claro porque en su boca no se entendería lo de oscuro.

– Pues me serías de gran ayuda porque no sé por dónde empezar. Nunca me he enfrentado a algo así. Lucía llegó a mi vida hace menos de un mes. Antes no la conocía.

Pero el hada interrumpe lo que yo había previsto que fuera a ser un monólogo interminable: «Lucía es la niña de 10 años, ¿no?»

– NO -diablos no, pienso para mí. La que tiene 10 años es Laura -digo. Y Laura es maravillosa.

– De acuerdo.

– Espera que te la muestro.

He confiado en ella y … ahi están Laura y Sara.

– ¿ Y Lucía que edad tiene?

– Puedes destruirlas, por favor… cuando las mires…

No lo he interrogado pero ella creo ha comprendido mi ansiedad y ha procurado tranquilizarme.

– No me gusta que ellas anden por ahí -le explico aunque sé que no hace falta que se lo diga y de verdad me ofrece confianza. No sé… es extraño pero a veces con algunas personas te ocurre y esas suelen ser las que van quedándose en tu vida como un decorado virtual de paisajes humanos al que recurrir; aunque ella tiene, como para casi todo, una explicación eminentemente más práctica.

– Las hadas somos así…

– Es verdad. ¡Qué tonta!… Pues verás, yo me sentía como un hada últimamente, como un hada madrina.

– ¿La delgada quién es?

– Es Laura, »mi niña». Llevo un año tratando a diario con ella -continúo.

– Se parece a ti.

– ¿En qué? -le digo extrañada aunque yo siempre he pensado que por dentro somos igualitas. No tiene nada conmigo

– Sí, físicamente. ya, ya lo sé. Se parece, no sé, un aire en la mirada, algo así…

Bueno, Laura y yo si que hemos comentado eso… lo de que como las dos queremos mucho a alguien pues nos brillan los ojos de la misma manera. «Mírame, mírame los ojos» -me dice ella. «¿Estoy enamorada?» Creo que sí, le contesto yo. «¿Y entonces por qué él no viene?» -me pregunta… y yo no tengo respuestas. ¿Qué podría decirle si lo ignoro?

– ¿Y la otra niña?

– Es Sara. Llegó a mi vida hace un par de meses pero también es muy buena niña. Laura no es buena. Laura es como yo.

– jajaj

– ¿Ha sido una carcajada eso?

– vale vale…

No se oyen más. Eso ha sido cosa de brujas.

– Quiero decir -me corrijo- que me gustaría que algún día eligiera el bien… pero puede ser perversa.

– Malísimas las dos…No vamos ahora a definir qué es malo y bueno… o sea, una niña con una mala infancia… Pero te entendí…

– No, no… al contrario. Sus padres quieren lo mejor para Laura. Estoy segura de que se esfuerzan mucho por ella pero … tengo la sensación de que Laura es capaz de captar desde muy niña la mar de fondo y me da la sensación de que los dos creen que ella está más en la inopia de lo que está.

– ¿Por qué los padres siempre piensan así?

– Pero yo nunca había tratado con alguien tan inteligente -no me detengo a pensar que lo que el hada me pregunta es por algo menos personal… tiene inteligencia emocional para captarlo todo. Porque ella ante ellos se muestra como la típica niña, muy caprichosa, muy tonta. Saben que es despierta pero no se imaginan cuánto. A mí a veces me asustan sus percepciones

– A veces es mejor así de todos modos…

– Bueno, ella sobrevivirá a todo y no será de esas personas que de todo hacen un problema. Es muy fuerte. No me preocupa.

¿Se me nota que la admiro.

– ¿Pero quién es lucía, entonces?

– Tiene doce años. Es mayor que ellas y hoy conocí a su padre. Es hija de la incultura, de los golpes, del alcohol. Bueno, esto es un poco prematuro para saberlo pero el tío olía a vino que apestaba y eran las ocho de la tarde.

– ¿Y qué pasa, que Lucía se pelea con ellas?

– No, Lucía llegó envidiando a Laura, insultándola por detrás. Lo hizo un par de veces delante de mí. Yo no le dije nada, de que no tenía que hacerlo pero si le dije que Laura era mi mejor amiga. Eso sirvió.

– Pero, ¿cuál es el GRAN problema?

– El gran problema es que llevo una semana con disgustos, por causa de esta niña. Es delirante y no sé cómo pararlo. Le va con cuentos a todo el mundo. No es nada agradable tener una trifulca con un borracho, en un parque. Le dijo que yo la había echado del parque.

– Son cosas de niños… Quiero decir, que si el padre entra en la edad mental de los niños allá él, pero tú eres adulta.

– ¿Te ha sucedido?

– No, pero a otra hada amiga mía, sí. Tiene 3 hijos y Yara, la mayor que tiene 12 años no veas… No sé como no han mandado a la cárcel todavía a mi amiga.

– Pero ella es madre…

Quería decir que cuando tienes hijos sabes de qué pie cojean y aprendes a ser madre a la vez que ellos son niños. Y eso prepara, aunque se sea hada.

– jajaj. Así que bueno, ella opta por poner en su sitio al adulto de turno, en casos extremos. Si no, pues son cosas de niños y punto, que lo arreglen los niños. Porque quiere que sus hijos se sepan defender de mayores.

– Ya pero es que esto no son cosas de niños. Son cosas ya de adultos.

– Pero a ver, ¿qué es de adulto, que una niña de 12 le diga algo al padre y entonces el padre la crea y salga a pelear a la calle?

– Estamos hablando de cómo está montado el mundo… A mí no me gusta el estado actual. Y trato de enseñarles como lo veo yo. Me esfuerzo mucho todos los días. Es una lucha muy pequeña. No le puede interesar a nadie.

– Pero angustiándote no ayudas nada, cielo -dice el hada en plan maternalista y entonces a mí se me ocurre pensar en su antigüedad. ¿Las hadas son milenarias? ¿Nacieron con el mundo o antes que él?

– Ellos son cuatro gatos y yo otra más – y estas son las cuentas que me salen, y es que una, al final, no lo puede evitar y siempre anda más que pensando en los otros, en si misma… qué raro, ¿no?

– Eso lo primero (si me pongo muy plasta me dices…)

¿Plasta? Nada de plasta. Es encantadora y yo me debería de dar con un canto en los dientes de suerte que he tenido por haber dado con ella esta noche… aunque sigo enfadada, mucho y comienzo a intuir que ni siquiera es del todo con Lucía.

– No estoy angustiada… pero tengo que escribirlo para desmenuzarlo. No he sido capaz todavía.

– Lo primero respirar, ante todo. Te oigo desde aquí con el pecho encogido.

– No, no. Si el tío se acobardó. Yo tenía un niño en los brazos de cuatro meses. Debe ser la primera vez que cojo uno pero me cogió justo en ese momento. Y si no lo llego a tener pues igual me lo cargo. Es muy probable que le asustara mi envergadura pero eso no solventa el que su hija está podrida y anda sembrando cizaña. Vamos a salir todos perdiendo. Es una putada. Es una mierda

Y entonces es cuando va y dice el hada: «Sigue siendo una niña, una niña insoportable, pero una niña. ¿Cuando Lucía está en el parque va sola o algún adulto está con ella?

– Va sola pero yo le he pedido que no se acerque nunca más a mí y se lo he repetido hoy a su padre.

– ¿Alguna de las personas mayores que van tiene predilección por ella?

– Hay una mujer que me detesta y por ella comenzó la historia. Probablemente los niños no hubieran estallado si un adulto no les utiliza.

– Que triste, la cobardía de los adultos escondiéndose con niños.

– Claro, ahí está el problema. El GRAN problema como decías tú. Eso es lo que me hierve la sangre

– ¿Como se llama la mujer esa?

– Como yo.

– ¿Y que envidia de ti?

– Todo, me temo.

– ¿Que las niñas te quieren?

– Por ejemplo pero yo creo que no me envidia a mí solo sino que es una persona que envidia. Es distinto.

– Ya ya, tuve a una así sentada a mi lado en el curso avanzado para hadas. Ya, te entiendo.

– Es una mala persona.

– Bueno, de todos modos, yo rompo una lanza por Lucía, e independientemente de su presente, le doy el beneficio de la duda de que hará con su futuro. La adulta ya es otro tema.

– No, por Lucía no rompas lanzas… Eso es lo más duro.

– Seguro que antes de que esa mujer la utilizara hacía mucho que nadie le prestaba la más mínima atención.

– Rómpelas por cualquier otro niño. Verás: hay excepciones buenas, ¿no?; positivas, ¿verdad?, mejores que peores.

Supongo que al huerto que quería llevarme al hada, con rodeo o sin él, era al de la falta de fe.

– Bueno, es que yo creo en el poder de la transformación y entraríamos en un tema que parezco una testigo de Jehová… No quiero espantarte.

¿Pero cómo habría de espantarme yo si ya sé que es un hada y, entonces, qué tipo de distintas afirmaciones habría que esperarse de un hada? Pues claro que sí, el poder de la transformación, hecho irrefutable que a mí se me estaba olvidando de un tiempo a esta parte.

– Ya, pero tiene que haber algo dentro de tí – ya empezamos con el ‘efecto Lemprier’…

– Somos materia prima. Todos. Es que está en todos; Dios también está en Lucía.

– Vale, sí.

– Es mi creencia, mi credo…no es algo lógico, es algo que siento en mi corazón.

Pero se parece sospechosamente a lo que me decía Matilde, la anciana de raza gitana que se sentó conmigo en el banco…

– Si sé lo que quieres decir pero …

– Y como tiene 12 años, tiene tiempo todavía -insiste el hada recordándome lo evidente.

– Bueno, voy a escucharte…

El hada, que se llamaba Primavera como una vez me contó una niña llamada Aida. dice: – Total, que esa mjer la toma contigo. Mira el patio y para joderte..

– No, por favor… – pero no sé bien que he querido decir yo con ese «no, por favor». ¿Qué pasa que ahora me voy a volver también falsa? Si ella sólo había comenzado a decirme lo que yo llevo días pensando.

– Porque solo verte la pone mala – continua Primavera. Te hablaré de Lucía. Es una hija no deseada. Engendrada quizás después de un cabreo o una borrachera. Pero le pusieron Lucía, por alguna abuela, quizás. Lucía sólo quiere amor pero no lo encuentra por ninguna parte. Entonces busca caricias negativas, porque sin caricias no sabemos vivir. Y si no sabemos conseguir positivas pues negativas. Alguien le hace caso, le dice, tú sí que sabes, tú no eres como ellas…etc etc. Y lucía se agarra a su «amiga». Todavía no ha aprendido la lección. La gente te utiliza. Quizás hasta te parezcas a su madre, que también le dio de lado y que se irrita sólo con verla. Todo pasará… Y si le dices a Lucía ven conmigo, no pasa nada, o la dejas que juegue con ustedes etc…probablemente seguirá su camino, no lo sé… Y tal vez, sólo tal vez…

– Yo no puedo querer a Lucía (la interrumpo)

– No te he dicho que la quieras. Si solo estuviéramos rodeados de gente que queremos…¿cómo estaría el mundo?

– Ya pero me sugieres que falsifique la aceptación y estamos hablando de alguien que no finge sus sentimientos.

– Joer tía, es que Lucía, solo por ser humana, tiene todo el derecho de la aceptación de los demás.

– Una cosa es: tú tienes tu lugar en el mundo… y otra que las dos nos sentemos en el mismo lugar. En mis rodillas te puedes sentar si mi corazón te acepta.

– Pues ahí está la cuestión de tu enseñanza a las otras niñas. ¿nos vamos del parque? ¿Nos quedamos y luchamos?

– No puedes forzar a tu corazón a soportar.. No, a ese precio.

(Pero yo ya me voy dando cuenta de cual es el problema real y es más mío que de Lucía, por supuesto).

– ¿Buscamos la negociación?

– Si hiciera eso, que lo he pensado la semana pasada, estaría manipulando a una niña en mi propio beneficio. Ya sé que puedo hacer que Lucía se engañe y se sienta especial. Y ya sé que puedo utilizarla para hacerle daño a esa otra mujer pero yo no voy a hacerlo. Tengo mi ética y lo he pensado mucho.

– ¡Que no joer!.. A ver, digo opciones.Primera: nos quedamos en el parque. Segunda: nos vamos.

– Yo me voy a quedar en el parque con Lucía o sin ella.

– A ver, ¿la primera o la segunda?

– Es un parque.

– Vale, la primera.

– Lo único que ha pasado es que Lucía tiene montada una guerra entre ellas…

– ¿Negociamos?

– No, no hay nada que negociar.

(Desde luego soy testaruda como yo sola)

– ¿Rompemos relaciones?

– No es eso lo que yo le quiero enseñar a un niño. Quiero enseñarles a que no se critiquen, a que no se burlen de otros por ser gordo o flaco, a que no se odien, a que se digan las cosas a la cara, a que no anden con cuentos, a que procuren luchar contra sus emociones negativas, a aceptar que las sienten, y a vivir queriéndose a pesar de ello pero si yo no cumplo conmigo todos esos requisitos, y pago el precio, no sé que valor moral puede tener lo que yo les diga.

(Y ahora ya sé que no es que sea testaruda, es mucho más grave, es que soy necia)

– Por eso te preguntaba por la acción. No las palabras. Si la acción es no nos movemos pero que no se me acerque pues es lo que hay y lo que enseñas.

– La acción es no te acerques a mí si no sabes ser persona. Prefiero estar sola pero no voy a cambiar las caricias positivas que busco por caricias negativas. Yo ya viví eso.

– Ok, pues entonces es una buena enseñanza, a lo malo dices no.

– Claro, es lo que les dije a todas aquella tarde.

Y resulta que la magia y el golpe de varita ha funcionado y después de más preguntas pertinentes Primavera me ha demostrado lo que soy: un ser intransigente que se enfada con una niña que sólo tiene la culpa de encontrarse muy sola en el medio de una vida en la que probablemente a todos nos estorba y nadie la quiere, y que no se enfrenta con quién debe, con la hijadep… de turno que lleva buscándome las cosquillas hace ya un año y que es la única que se lo merece. Y luego digo que mi frase favorita es esa de Aristoteles. ¿La conoces? Y me engaño y creo que la tengo presente .

«Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.»

«A ver…»- me situó el hada: «Si tú fueras esa niña de 12 años, ¿qué necesitarías?». Y yo lo que me he puesto es hecha unos zorros… y se me ha notado de manera inequívoca que ya pisábamos un terreno resbaladizo y doloroso. Y era verdad, ya lo declaré al principio, Lucía no es menos retorcida de lo que yo lo era a su edad, ni menos lianta, ni menos rebelde, ni menos caudilla, sólo que a lo mejor yo si tuve la enorme suerte de ser querida por alquien, como la ha tenido Laura, lo mismo; y de Lucía yo no sé nada, ni siquiera lo bastante para opinar y encima me pongo a colgarle carteles como lo hicieron propios y extraños conmigo, a calumniarla y a pintarle el futuro de oscuro. Y sí, resulta que Lucía tenía mucho que ver con una sombra, la mía y yo tengo corazón depende de para qué, y está visto que para lo que no me interesa soy gélida y digo yo que con esas, como no cambie, me tendrá que ir de puta pena en la vida.

PS: Espero que el que publique esta conversación no enfade a esta persona. Y muchísimas gracias por hacerme recapacitar y, de paso, haberle hecho de hada madrina postiza a una niña huérfana de hadas. Seguro que ella rescataría a Lucía, aunque pensándolo bien, es jodido eso de que quién tenga que echarte un cable esté a más de mil (lo que proceda aquí) de distancia de ti y te conozca casi por casualidad y sólo de oídas. Yo por mi parte, la imprimo tal que así y voy a procurar leérsela a Lucía. A veces tengo la sensación de que los seres humanos, hagamos lo que hagamos, somos un poco marionetas en manos del destino.

01/09/2004. tema: … de Amor y de Sombras…. #

Hay 6 comentario/s de este artículo.

hermes:
Me alegra que hayas encontrado a un «hada» que te escuche y te aconseje sobre tus «L» eso vale mucho, aunque al final sea uno mismo el que toma desiciones. Una guía para encauzar tus instintos es siempre bueno. Saludos.
01/09/2004 14:15:48

Anita:
Y fíjate q yo leo esto y adivino q la q le puede echar el cable (aunque sea mentalmente) está muy muy cerca. ;)
Ah!Y lo de te tiene q ir de p.p. ni de coña…q soy medio bruji y a la buena gente la huelo a la distancia!!!
besotes bella
p.d.interesante charla, las hadas estamos en todos partes por lo q veo!!!jejeje
01/09/2004 15:54:43 email: hadalibreyfeliz (arroba) yahoo.es

Manuel:
Marionetas en manos del destino,el bueno del cuento,me ha tocado en gracia la varita mágica de un hada.
¡Caramba mujer, que regresamos a la infancia!
01/09/2004 20:13:52

Marta:
Que bonito cambio de diseño, se te lee a las mil maravillas ahora.
Tocada por la varita de un hada, de lo mejor que puede ocurrir, no?

Besos
01/09/2004 20:54:10

Quiara:
Que cambio,me gusta!!!
Podria venir le hada a visitarme a mi tb???

besitos linda:***
01/09/2004 20:59:27

sabbat:
Entonces lo dejo así muchacas :)

Gracias

Y Quiara… seguro que ella te escucha y te te encantará.

Besos a todos.
01/09/2004 21:08:26

Es uno filósofo guardando silencio

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