Una incongruente visita «a la doctora de mi abuela»


 lunes 24 de mayo al mediodía

Tanto el sábado como el domingo durante la tarde fui un rato al parque pero además de que hacía mucho frío y eso fue lo único malo ellos no aparecieron aunque a mí no me importó porque así pude avanzar en la lectura de ‘Los Mares del Miedo’ de Gómez Rufo.

Los mares del Miedo’ es la historia de un hombre que se ve poseído por el ansia de aprender. Clara y él, Don Fernando, crecieron juntos pero sólo ella era una amante desde muy niña y Fernando, aunque la quería de esa manera fríamente sentimental en la que pueden quererte algunos hombres, es desde el comienzo de la historia un ser sediento de saber, y el libro nada menos que comienza con estas sugerentes palabras: » Te parecerá increíble –me dijo– pero al fin he descubierto que la muerte no existe. Puedo probarlo. Sígueme.» Y la sinopsis de la obra dice así:

«Con estas inquietantes palabras comienza la historia de un médico  que, ocultándose al terror impuesto por la inquisición, encuentra la explicación al destino último de todos nosotros. ‘Los mares del miedo es la búsqueda de la Inmortalidad para saldar una deuda de amor; la gran victoria de la sabiduría sobre la muerte. Una apasionante novela que se revela como una de las más sorprendentes de los últimos tiempos. Una anhelado viaje a la serenidad

Y esta fue mi elección cuando el viernes por la mañana me presenté en el Centro de Salud a leer mis buenas páginas; había llegado a ese punto en que necesitaba  como fuera escucharle; el jueves tarde tampoco les había visto y el miércoles me había ido justo en el instante en que me había dado cuenta de que él ya había cambiado de actitud con respecto a mí: ¿qué sería de todo lo que le entregué lo bastante tranquilizador para paliar su miedo?

Y yo que sé el tiempo que me estaría allí de pie en la balaustrada, ¿unos cuarenta y cinco minutos? Es un sitio cómodo porque apoyas el libro y te limitas a relajarte y a ir pasando página, o ese fue el efecto que surtió en mí su voz… No le miré ni una sola vez, me concentré obstinada en la lectura ininterrumpida del libro y luego cuando quedó libre la silla que había detrás de mí y que quedaba justo en la esquina que hay entre los dos pasillos me senté allí pero fue entonces cuando su enfermera comenzó el trasiego de »’si me voy a ir y luego pues mira no»’; porque no hacía más que marcharse cerrando la puerta y volver para abrirla, entrar dentro y de nuevo marcharse taconeando… confieso que Rocío logró ponerme de los nervios y entre unas cosas y otras perdí la concentración y fue así como me di cuenta de que Natalia, la médico de ‘Alma’ (mi abuela) no estaba…

Es uno filósofo guardando silencio

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