Las confidencias de la madre de Primo


De la tarde del lunes 24 de mayo

Los problemas con Gonzalo quedaron solventados…

Le expliqué que aquel domingo le envié dos mensajes para que no me esperase (por culpa del desconocimiento del móvil) y también  que no entendía el por qué no los había recibido y tras unos minutos de tensión él regresó a la normalidad y yo también; así que es probable que nuestras diferencias se hayan acabado aquí. Lo que no pienso hacer si sigo trabajando con él es comportarme como una arpía porque tampoco hay necesidad. Si no estoy cómoda me voy y punto pero nada de volverme a estas alturas una bruja porque pienso que sería un severo retroceso. ¿Por qué estoy luchando?, ¿por sanearme? Pues la ley del talión no es el mejor antiséptico, y además ya está… si quería demostrarle que a todos nos gusta que nos presten atención y sean considerados con nosotros

Nota: La mujer del amigo de Alfredo ‘el poeta’ es tonta perdida y por eso sé que me dará problemas.

Pura, la abuela de Serengueti se encuentra sola en un banco. Me acerqué hablar con ella y me estuvo contando muchas cosas de su hermana y de  cómo fue su muerte. Hay un momento hablando de ello en que la embarga la emoción y llora y se ve como las lágrimas discurren por su cara con absoluta serenidad, como aquel día me había sucedido a mí ante su nieta… por eso ahora sé que aunque sé entiendan las lágrimas lo que no podemos comunicar cuando lloramos es el sentimiento ajeno porque la emoción es algo intransferible. Un gesto: ella se las enjuaga con el dorso de la mano pero se le olvida retirar las de la mejilla superior derecha bajo el párpado y yo siguiendo el impulso se las termino de secar con mis dedos. Fue un simple acto de receptividad humana, de empatía, de comprensión ante el dolor… «¡Puedo hacerle una pregunta?» – le dije yo… porque ahora que las dos nos habíamos entreabierto… «Sí» – me contestó ella.

– ¿Sus padres nunca se arrepintieron de haberla obligado a casarse? (dentro de la historia que me había estado contando existían muchos detalles que delataban el mal talante de su marido y la continua comparación con el idílico marido de su hermana en la que Isidro salía  bastante mal parado).

– No sé. Puede que sí pero nunca hablamos de ello. En mi casa se tenía la costumbre de no hablar de aquello que podía hacer daño…

Interesante, muy interesante… claro, el silencio, el perpetuo silencio ante la desagradable realidad, la negación constante de la apabullante y nefanda realidad. Y creo que había encontrado el eje de lo que yo andaba buscando. Pero ¿cuándo y dónde comienzan las maldiciones? Una anécdota: Pura no conserva fotos de su boda. Se las hicieron con aquel precioso vestido de bodas que ella también lució (el vestido con el que su hermana se casó) pero cuando fueron a revelarlas en el pueblo cercano las imágenes habían desaparecido… ¿No es muy curioso? Todo, todo no caminó bien desde un principio y muchísimas cosas más que recuerdo y que podría contar de esa tarde del lunes pero este resumen no es el momento. Otro día con más tiempo por delante.

Entonces Primo se levantó de la mesa de la terraza y caminó hacia nosotras. «Ahí viene su hijo.»  Mi tono tenso la puso en guardia hasta a ella porque de alguna manera su cuerpo también se reaccionó con una ligera revuelta como cuando uno cae en un estado de alerta. Era imposible que ella no hubiera visto mi cara… porque ¡ay! los ojos de él cómo me estaban mirando desde su altura… Lo saludé dudando hasta de si saludarle o no… turbada, completamente turbada y Pura tenía que estar leyendo en mi semblante una y cada una de mis reacciones en cadena. Después de ese instante puede que jamás me lo preguntase porque en su familia existía la costumbre del silencio, ya se sabe, del perpetuo silencio pero mis auténticos sentimientos ya no serían ningún secreto. Después de que él me contestase con las mismas dudas o los mismos pavores asomándose por un quicio de su corazón, yo como un resorte me levanté y tomé mis cosas y me despedí más de  ella que de él y me fui  tranquila caminando con las manos en los bolsillos del pantalón pero no sin antes darle un beso a su nieta que estaba sentada en una mesa con unos desconocidos sosteniendo a aquella pequeña  y gordezuela niña de oscuro cabello ensortijado en sus brazos. Nunca piso esa terraza pero porque él se encuentra  habitualmente en ella y siempre me ha parecido una invasión del terreno de ellos…  y al quedar a mis espaldas los setos centenarios desaparecen y la vida transcurre con normalidad. ¿Por qué digo esto? Es curioso pero es la primera vez que tengo una especie de »visión»… Es como si él fuera la doncella encerrada en la torre del marfil y yo… yo el caballero. Hay algo mítico entre nosotros siempre lo he sabido pero ahora parece estar conjugándose en tiempo presente. Bueno, tampoco quiero profundizar más en esta idea pero no es una divagación, ni ninguna locura mía. Veréis: en nuestras cartas astrales (en la sinastria) hay varios puntos importantes de relación conjunta; uno de ellos ocurre en el signo de Acuario y Acuario es la mayoría de las veces un poco como un aislamiento en una torre de marfil… su Venus (valores y afectividad entre otras muchas cosas más) a unos cinco grados de la entrada del signo se encuentra sobre (o bajo) justamente mi Marte… y esto es lo que creo que he captado esta tarde con toda nitidez… un entramado »histórico» (de historia) y Neptuno (el planeta que tiene que ver con el amor cortés) también anda involucrado en ello… Es algo largo y complejo de explicar pero me alegro de haber tenido esa visión porque me hace comprensibles esas  zonas en penumbra que ya desde los primeros momentos tanto me han atraído hacia él y la buena noticia es que me hablan de un cuento que ya fue escrito y en el que la bruja ha sido derrotada y por eso sé ahora que también para nosotros existe una esperanza. Sólo tengo que recordar que yo no me puedo permitir el lujo de decaer porque la decadencia sólo embellece a las ruinas y en ningún caso al espíritu humano.

Es uno filósofo guardando silencio

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