La opinión que Primo tenía de mí


Miércoles 26 de mayo a las dos de la madrugada

 

Continúo a marchas forzadas en lo de registrar con algún orden o método los acontecimientos que suceden en mi ¿escasa? vida. Hoy Primo le dijo a Laura: «Carmen es una gran pantalla trás la que no hay nada.» Y confieso que estuve a punto de sufrir otro de mis explosivos secuestros emocionales (a los que parece que sigo afiliada cuando se trata de él) pero me contuve para no irme y quedarme quieta en el banco al lado de ellos. Esos eran los riesgos, ¿no? La verdad puede ser dolorosa pero si es la verdad y viene de labios de quien la conoce hay que aceptarla, aunque, eso sí, yo no pensase hacerlo de boca de nadie que no fuera él. ¿O tal vez lo que dijo fue «Carmen tiene una gran pantalla detrás de la que no hay nada»? Eso admitiría varias interpretaciones y no constituiría con certeza una condena o un juicio de valor pero en aquel momento he de reconocer que con controlar el dolor que me produjo el golpe, el desprecio o la burla, lo que pretendiera ser y no salir corriendo como siempre, que era lo único que me pedía el cuerpo, ya tenía bastante.

Bueno, lo dejo por hoy que no quiero forzarme y que esto se convierta en algo así como una obligación y lo que me apetece más que nada es irme a la cama y descansar aunque sé que no dormiré y que le daré mil vueltas a él en el pensamiento y a nuestras pequeñas conversaciones ( que para mí he de decir que son grandes, que conste; porque aunque no las transcriba ahora las voy, con absorbente avaricia, asimilando) pero antes le dije a Alma lo que sigue: «Debe ser terrible para él haber comprendido que no tengo intención alguna de dejar de albergar intenciones…» Y las dos nos reímos y luego ella me contó una anécdota de la que se recordó y que supuestamente viene al caso: Un día Lola Flores, que era una mujer muy devota, en un programa de la televisión le dijo a alguien, un personaje: «Tratándose de usted le perdono que no crea en Dios.» A lo cual el interfecto muy serio le contestó: «Y por tratarse de usted Doña Lola de España yo hasta le perdono que me perdone.» Y mi abuela encantada con la escena que parecía estarse hasta viendo  añadió: y la cara de la pobre Lola era un poema porque a las claras se traslucía no era capaz de comprender nada.

Ya… cosas de mi abuela. Buenas noches (con sonrisa incluida)

Es uno filósofo guardando silencio

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