La nueva actitud que planteaba Primo


miércoles 19 de mayo del 2004  y aproximadamente a la una y cuarto de la madrugada

Ayer por la tarde descubrí una pequeña tienda de ropa que me encantó gracias a que en el escaparate vi un chubasquero de oferta y entré a comprármelo. En la lista de cosas necesarias para el viaje del ‘camino de Santiago’ se encontraba esa prenda con la que yo no contaba en mi vestuario. Hasta minutos antes de salir a la calle le había estado organizando un poco a mi abuela todo lo que escribí en ‘privado’ desde el 16 de marzo hasta estas fechas para que lo lea antes de que pierda actualidad (es decir sin encuadernar) y me oriente ella acerca de lo que podría estar sintiendo él. A mi abuela le encantó el nombre que le di en la época de Namibia y por eso pienso que seguiré llamándola por él, Alma.

Cuando llegué al parque serían las siete y justo en ese momento el banco bajo el roble quedó libre. Abrí Pedro Páramo y no busqué a Laura ni con la mirada. Pura ocupaba una mesa de la terraza. ¡Qué raro – pensé- que se encontrara allí sola! Pero sorpresa una Laura contentísima llegó corriendo y como si estuviera encantada de verme me dijo: «No había visto que estabas aquí.» Le encantó mi camiseta  nueva, negra, con un cuello de collar fucsia. También la quería para ella… ¿Mi impresión de ayer había sido una falsa alarma? Pura se nos unió pero parecía mostrar cierta inquietud. Yo le llevaba unos informes provisionales que había impreso en el grupo venus pero los más completos, le expliqué, tardaría una semana en tenerlos. Me preguntó si veía algo en su carta y le dije que sí, que había dos configuraciones problemáticas y un tránsito conflictivo en ciernes, el de Neptuno en aspecto de cuadratura a la venus natal… «Son los valores los que resultarán afectados, la afectividad, de uno o de los suyos… historias poco claras, engaños o desilusiones, sacrificios, confusión…» Y ella asentía porque puede que le estuviera hablando de lo que simbolizo yo para ella en su vida. ¿Acaso tendría que sentirme culpable por tener sentimientos?, ¿por haberme enamorado de su hijo? Él había ido a comprarle unos playeros a Laura; ese era el motivo por el que no le veía por allí.  Y Pura se quejó de su espalda: «¿Cómo es que te sentaste a la sombra? Yo no  la soporto. Tengo que irme en busca del sol.» Y en parte sentí alivio cuando se fue y nos dejó a mí y a Laura (¡pobre mujer!, entre su nuera y yo la hemos colocado en una situación muy incómoda).

Primo no tardó mucho rato en ascender por el camino central. Laura me había pedido que la avisara cuando lo viera llegar pero esperé a observar, ella misma, la reacción que tenía… (¡Vaya!, me he puesto empírica. Ahora cuando me pongo a la defensiva me pongo empírica)… pasaron los minutos y no se había fijado que él ya estaba allí, a la vera de su abuela, muy serio primero y luego de espaldas a nosotras; así que es fácil que todas las veces que ella no me haya visto a mí, aunque ocupase el mismo lugar de todos los días, no me haya visto porque su atención estaba dispersa o centrada en otras cosas. ¿Pero, y su reacción del sábado? «Laura, tu padre ha llegado.» Ella se levantó y corrió hacia él con la misma confianza de siempre. Aunque esta noche he soñado una cosa curiosa. Yo le preguntaba a ella el motivo por el que no le contaba a él todas esas cosas que me contaba a mí y la animaba a que lo hiciera de la misma manera en la que lo hacía conmigo. Y ella (durante mi sueño) negaba  tal vez temerosa o ‘empírica’ con la cabeza y decía: «Sí se lo cuento luego no dejará de mirarme, con esa mirada, fijamente, durante la cena.» La mirada de Primo. Es cierto, parece que te está taladrando el alma y que no queda brizna o mala hierba en ese campo que él no sea capaz de ver… Será una obsesión mía porque mis sueños me pertenecen y su hija nunca me ha expresado algo así.

No le había comprado los playeros porque no había visto unos bonitos… y nosotras seguimos a lo nuestro aunque de vez en cuando ella se levantase para ir a pedirle pipas. O sea, seguimos practicando la prueba de lectura. ¿Cuántas palabras somos capaces de leer en un minuto? Fracaso estrepitoso. Laura no roza las ciento treinta ni de lejos y se empeñó en practicar con una mezcla entre las que figuraban en la portada del ejemplar de Pedro Páramo y las que yo había escrito y que aparecían bajo una fotografía mía tomada con webcam:

¿Sabes como sufren las almas?…

Sufren sin límites, lo mismo que aman y ¿sabes por qué llegué a quererte con el alma? Porque me hacías sentir especial… tan hermosa, y tan humana,  tan inmensa y tan diminuta, tan eterna y tan infinita, como exigua y minúscula etc… que a veces quería morirme en ti.

Bueno, el fragmento no es exacto pero es de ese estilo (ahora no lo tengo delante para trascribirlo) y ella lo leía una y otra vez mientras repetíamos la prueba así que es probable que haya memorizado gran parte de él y me preguntó si eso se lo había escrito a ella:

– No, es muy antiguo, del año 97 o 98… Tú casi ni habías nacido y además esas son palabras de amor… no se le pueden más que escribir a un hombre.

– Así que se las escribiste a ese que te gusta… ¡umm! No me acuerdo como se llama… sí, sí, a Guernica.

Y yo sólo le sonreí mientras Primo, aunque yo no lo mirase, se mostraba enfadado y evitaba dirigir su atención sobre nosotras… o más bien sobre mí, que a veces lo observaba por el rabillo del ojo como en un desliz y procurando que él no se diera cuenta pero por eso a veces  encontré su vista concentrada en nuestra dirección. Claro, allí estaba su hija ocupada en mis palabras… No le quedaba otro remedio  pero ¿sabéis? me parece muy bien su actitud porque si el conocimiento de la verdad (de mi parte de verdad) le hace replantearse el cómo se ha conducido durante estos meses y decide que no quiere seguir jugando con fuego… eso que habremos ganado porque lo menos de esta forma nadie se entretendrá jugando con mi corazón.

Post Criptum: Estoy encantada porque creo que acabo de encontrar quien se va a encargar de encuadernar mis bitácoras. Una mujer en Pola de Siero  que tiene el taller en su casa. La dirección es Alcade Parrondo número veintisiete… Me puse en contacto con ella a través del taller de encuadernación Carmen que aparece en la guía con el número 985 20 76 78.

Es uno filósofo guardando silencio

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