El diario de una trapecista loca, tras la mariposa en la crisálida


Domingo 09 de mayo del año 2004 a las siete de la tarde en un día lluvioso

Y cómo veis he comenzado otra nueva bitácora. Lo decidí esta mañana cuando finalicé el último párrafo del texto que escribía… había visto ‘licuarse’ frente a mis asombrados ojos a aquella mariposa en su crisálida. La ‘metanoia’ se había producido.

¿Y por qué este nuevo nombre? Pues ahí podéis apreciarlo en ese texto del agosto del año pasado. Aunque no creo que Primo se diera cuenta de ello en el momento en que lo mencioné. Él había dicho: «Carmen debería de haber sido abogada.» Y yo le contesté: «No, que va, lo que yo siempre he querido ser es trapecista.» «¿Trapecista?» – repitió entonces muy sorprendido… «Sí, trapecista» – le aseguré entre risas.  Y es cierto en mi niñez me colgaba de las barras superiores de las canastas de baloncesto del colegio y hacía unas cosas tan increíbles sobre ellas que aún hoy se me ponen los pelos de punta cuando me acuerdo de aquello: volteretas y saltos que desafiaban todas las leyes de la gravedad y la cordura. Para romperme la cabeza, o por lo menos haberme partido un brazo una pierna en alguna ocasión pero en ninguna  de las caídas sufridas me ocurrió nada grave. No tenía conciencia alguna del riesgo… y si la tenía no parecía importarme demasiado. Explicado esto, creo que voy a retomar el curso de los acontecimientos donde lo dejé. ¿De acuerdo?

Es uno filósofo guardando silencio

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