La versión íntegra del encuentro de los personajes en el albergue de Saint-Jean-Pied-de-Port


Helga, Nelson, Manoj y yo hemos decidido que aunque sólo somos cuatro, por si acaso, vamos a esperar por el doble de compañeros, por si ellos llegasen por otro medio, más tarde. La idea, si he de ser sincero, surgió de Manoj que debe ser clarividente. Manoj viste una kurta dorada y unos churidars negros pero va descalzo como Mme. Sinanian por la calle y dice que eso tiene una razón, es la forma correcta de absorber la energía telúrica. Nos hemos llegado hasta una tienda y hemos comprado nosotros mismos todo lo necesario y nos hemos dispuesto a cocinarlo, mientras Helga y Nelson se entregan, con sus agudos intelectos, a una partida de ajedrez. Helga se apellida Kähler y es hija de un matemático. Es profesora de historia en Ulm, la ciudad de la catedral más alta del mundo. Nelson, Masekela, profesor de filosofía en un colegio de Johannesburgo, su ciudad natal, la ciudad más poblada de Sudáfrica. Y Manoj Satyarti, sacerdote vaishnava de la orden de Madhwa Charia, su fundador, en la ciudad de Visakhapatnam, en el estado de Andhra Pradesh, que para interrumpir la disputa que se ha generado entre Helga, gran admiradora de Gandhi y Nelson, por la no concesión del premio al que ella considera el hombre perfecto, ha comenzado a hablarnos del templo de Tirupati, sobre la colina de Tirumala, la séptima cumbre que representa las cabezas de Adisesha, y templo el de Sri Venkateswara que se dedica a la devoción a Maha Vishnu, que es el avatar al que los puranas asocian al lugar.

Helga nos estaba explicando que Gandhi había iniciado el camino de la santidad a la edad de 37 años, cuando durante su estancia en Sudáfrica anunció su celibato perpetuo, ya que sólo dominando sus propios deseos podía servir de la mejor manera a la humanidad, que será cuando Nelson la contradiga, y primero le hable de esas cartas que Gandhi le escribe a Hermann Kallenbach, un arquitecto alemán, al que conoció en 1904, y por las que el gobierno indio pagó más de un millon de euros para impedir que salieran a la luz, por mediación de la subasta de Sotheby’s, y donde Gandhi le expresa a Kallenbach que ha tomado posesión de su cuerpo y que eso suponía para él una verdadera esclavitud, o que no podía imaginarse ya la relación entre un hombre y una mujer. Pero la homosexualidad ha sido delito en la India hasta el año 2009. Y Gandhi no sólo experimentó esta atracción por Kallenbach, sino que más adelante hablaría de un matrimonio espiritual que había contraído con Saraladevi Choudhuran, una activista bengalí, con la que pasaba mucho tiempo y que despertaba intensos celos en las otras mujeres del ashram, la comunidad que Gandhi formó y en la que se seguían las reglas que él había impuesto. Pero lo más escandaloso fue descubrir que la historia de Kawabata, la historia que se cuenta en La casa de las bellas durmientes y que protagoniza el viejo Eguchi, no era menos real, y Gandhi compartió la cama con menores de edad desnudas, sus propias sobrinas-nietas, para sentir calor en las noches de invierno y por continuar sus experimentos con la verdad y la brahmacharya, el celibato. Explicando que sus eyaculaciones espontáneas eran la señal del triunfo del espíritu sobre la materia. Helga se había ido quedando muy pálida pero en ningún momento dudó de que Nelson estuviera mintiendo. Y creo que lo que más daño le hizo fueron las dos sentencias que Gandhi pronunció acerca de los negros y que ella no conocía, que los negros sólo están un grado por encima de los animales, y lo siguiente: «Puedo tolerar que los blancos me traten mal pero que me pongan al nivel de los negros me parece intolerable».

Luego, Manoj y yo nos retiramos a la cocina y preparamos masoor dal, una sopa india de lentejas rojas y curry de calabaza, entre cuyos ingredientes se cuenta el coco, para acompañar con arroz basmati y él me estuvo hablando de los Vedas y de sus doctrinas. Y esa hora se constituyó como el primer auténtico bálsamo del Camino en mi corazón. Y justo antes de disponernos a compartir la cena será cuando se presenten los tres españoles, que se habían conocido en la estación de Pamplona, habían tomado el mismo autobús a Roncesvalles y, desde ahí, un taxi hasta S-J-P-P: Susana dulce y del sur, de Sevilla y maestra de Reiki, Iñigo, abierto, de Ciudad Real e informático y Bea de Badajoz, extremeña, muy alegre y psicóloga.

De entre los españoles sólo el informático chapurreaba algo de inglés. Las jóvenes ni una sola palabra que, hoy por hoy, todavía esto es algo bastante común entre los ibéricos, aunque yo actuaba como interprete de unos y otros con gusto, contento de poder ser de alguna utilidad a los demás, en ese aspecto sí, a la hora de las relaciones sociales sí y siempre sin ningún problema. No olvidaba lo sucedido en la anterior cena en S-J-P-P pero en ese momento consideraba, por completo improbable, que lo mismo o parecido pudiera volver a repetirse. Entre los españoles las risas circulaban con libertad pero pasados los primeros minutos de estupor mis amigos de la tarde comprendían que sus risas estaban motivadas porque entre ellos compartían ejemplos de sus conciudadanos que les resultaban hilarantes, como el debate que habían sostenido acerca de si un político de un grupo de los llamados representativos, y paisano del informático, pertenecía o no a la casta de los chatrias o de los vaishias… Todos cenamos con cerveza, incluso Manoj que no cesaba de hablarnos con orgullo de sus tradiciones, aunque en eso tan problemático del sistema de castas él no se manifestaba de acuerdo, y sí crítico como con algunas otras cosas pero, entonces, a la hora del gâteau basque y el brindis con izarra, que es un licor alquímico, seductor, melífero y mentolado, la maestra de Reiki le pidió que, por favor, nos explicara que era la kundalini, los nadis y los chakras, y si era correcto que los occidentales los comparásemos con vórtices, flujos turbulentos en rotación, que podían activarse, desactivarse, abrirse, cerrarse, limpiarse, armonizarse y equilibrarse.. Y lo que Manoj nos dijo fue que no podía separarse la práctica del Kundalini-yoga de estos conceptos pero que no debíamos confundir la forma sutil del ser con lo corporal, que es de lo que trata la tradición, de un cuerpo que como tal no representa sino el desarrollo en el tiempo y en el espacio de algunas posibilidades de esa forma sutil, que es como el embrión, el principio, o el génesis de esa corporalidad. Asi que, qué es Kundalini, es el símbolo de un renacer, de un creciente poder espiritual, en el que el poder adormecido de la Sakti, el principio creativo, despierta produciendo el mismo sonido silbante de una serpiente que fuera azuzada con un palo, una vibración que nos estremecerá, y camino en el que el yogui adquiere diversos siddhis o poderes psíquicos. ¿Y qué son los chakras? Son las estaciones de ese camino, donde se desencadenan, por analogía, diferentes niveles de conciencia espiritual. Y los nadis los canales que parten del kanda, que se halla sobre los órganos genitales, por debajo del ombligo, y que adopta la forma de un huevo de pájaro. Estos nadis son 72.000 pero conocer sólo suelen reconocerse 72, de entre los cuales los principales son diez pero sólo tres los más fundamentales: sushumna, el canal de la evolución, que recorre la médula espinal, ida, la naturaleza tamásica, la corriente nerviosa que situada a la izquierda, si la pensamos como fosa nasal izquierda, es fría como la luna, generadora de la emanación de la compasión y del néctar y pingala, la naturaleza rajásica, solar, caliente, semejante al veneno y racional, enroscándose ida y pingala, los conductores del prana, el aliento vital, como una espiral en torno a sushumna, el fuego, agni, y cuando sushumna opera, porque se ha desarrollado y expandido, el ser muere para el mundo y conoce el samadhi, y por eso se dice que sushumna es el disipador del tiempo.

Todos nos experimentamos como fascinados por el influjo hipnótico en el que nos sumerge la voz y conocimiento de Manoj pero yo creo que especialmente, porque he repetido cada una de sus palabras bajo la fuerza de su mirada pura, como si esas palabras fueran más antiguas para mí que yo mismo. Bea, la psicóloga lo interrumpe, quiere hacer una pregunta, quiere saber si es cierto lo que ella ha escuchado repetir a un psiquiatra, que el primer chakra funciona desastrosamente en la paranoia, el segundo en las situaciones neuróticas o la perversidad sexual y el tercero en las psicopatías… Pero Manoj le responde que los chakras son símbolos, los vehículos que debemos contemplar a través, lo primero, de la palabra que significan, ruedas pero también de lo que estas se acompañan, los carros, el viaje y el transporte, el tránsito, ya que son los vehículos conceptuales a través de los que podemos reconectar con la esencia de nuestro origen inmanifestado y que si lo deseamos… y le damos algunos minutos, él  lo que puede enseñarnos es a visualizarlos en conjunto, como si formaran parte de una estructura distinta de nosotros, como si formaran parte de todos, ya que quien llega al yo más íntimo, en realidad llega a los demás, y quien llega a la verdad y no ha llegado a los otros no ha llegado a ningún sitio.

Manoj regresó envuelto en un dhoti blanco y con su largo y blanco cabello recogido en un rodete alto sobre la cabeza. Traía consigo una alfombra rectangular enrollada bajo su brazo y su bansuri, un instrumento indio de viento con el que se componen e interpretan las ragas de su música clásica. También incienso y múltiples cabos de velas diminutas, que nos repartió a cada uno, seis por cabeza. más una especie de cirio único. En lo de las velas nos teníamos que poner de acuerdo, porque cada uno debía de ver todas las suyas desde donde habría de estar sentado y éstas formaban una hilera de seis puntos más uno y nosotros un semi-círculo. A mí me tocaría el visuddha chakra, que está a la altura de la garganta, y también el mudra varada, el mudra de la misericordia y el perdón, ya que los mudras son gestos sagrados y signos secretos, gestos que producen gozo y signos de eficacia mágica. Y cada uno de nosotros estaría encargado de memorizar un chakra y un mudra por el que interpretaríamos el paso de un chakra a otro, movimiento en el que todos tendríamos que volver a concentrarnos en nuestro cabo de vela, allá donde hubiera sido colocada, en el chakra que simbolizaba.

Muladhara, la raíz base, representante del elemento de la tierra, y localizado entre los genitales y el ano, un loto de cuatro pétalos de color carmesí, porque la imagen no debe dejar de ser la de la belleza, ya que nuestra máxima o aspiración debe ser la de la permanencia en la virtud, y que se relaciona con una conciencia aferrada a una existencia mediocre, sin voluntad, en la que todos los logros son en base a la fuerza, y cuya clave es la supervivencia. El temor de las personas a experimentar y a vivir, la ignorancia espiritual, o el que no nos importe a quien pisamos ni cual es el recurso que se elige para alcanzar un objetivo, guarda relación con una energía restringida a este aspecto raíz.

Swadishthana, a la altura del hueso sacro, al nivel de los genitales, su lugar favorito, la llamada residencia de la Sakti o potencia creativa del Brahma, elemento agua o emocional y relacional, un loto anaranjado de seis pétalos, y el deseo, clave en las relaciones.

Manipura, la autoestima, a la altura del plexo solar, la ciudad de la joya resplandeciente, un loto de diez pétalos del color de las nubes que anuncian la tormenta, el elemento fuego, y para cualquiera cuya serpiente de poder se haya establecido en este plano, el foco que hace que toda materia ingerida se transforme en la alquimia de nuestro cuerpo, el sentido de la existencia se centrará en consumir y en conquistar, porque el yo puedo es su dharma, el centro de gravedad del cuerpo, en el que nos descubrimos encogidos cuando experimentamos que debemos cuidarnos.

Anahata, el aire, a la altura del plexo cardíaco, donde las cosas ya no esconden su verdad, el aire, el silencio del que el Universo es su manifestación, un loto de doce pétalos de color anaranjado carmesí, lo no golpeado, es decir, el sonido que no existe cuando dos objetos son golpeados uno contra el otro, el latir del universo, el aire, y aquí ya no es el amor a los próximos lo que inhalamos y exhalamos, el desamor de decir me duele el alma, o pensar en el susurro del átomo, el amor que fluye y cuya clave es la transformación.

Visuddha, yo hablo, un loto de dieciséis pétalos de un tono púrpura ahumado, mi misión y el tacto es comunicación, desde una mirada franca, una sonrisa, una caricia, vinculado a la generación por la palabra y el verbo, la sede del éter, cuando las disciplinas de este estadio son más las del ermitaño, porque simboliza lo ascético y el yogui es arte, religión y filosofía viviente, e incluso pensamiento, el éter, el espacio, nunca la comunicación del rencor, lo que tocamos o decimos, lo que contractura nuestras cervicales en forma de tensión cuando no somos tocados y atenaza nuestras gargantas, lo que escribo, el AUM.

Ajna, dos pétalos hermosamente blancos, el llamado tercer ojo, cuya clave es la contribución y donde la visión mística interior, la clarividencia se abre por completo, así como el oído místico interior, la clariaudiencia, aquí uno está en el cielo y el alma contempla a su ”objeto” predilecto, su bienamado, que es Dios pero como dijera el maestro Ramakrishna, el maestro de la maestra de mi maestro, en una ocasión, todavía existe un invisible muro de cristal entre el uno y aquel en el que conocerá la eterna extinción, pues el propósito último es el estado absoluto que se alcanza en el instante y momento en que el muro de cristal y el alma y su dios, el ojo interior y su objeto de contemplación, se extinguen ambos por igual. Dormía, dormía y soñaba…. «Discúlpame, Manoj -interviene Nelson, que es a quien le ha sido atribuido la representación de este chakra y el mudra Chin, el del conocimiento… Pero hay un filósofo occidental que se ha dirigido a lo trascendente y, de hecho, ha escrito una obra, que está dividida en dos partes, la Crítica del razón pura, la estética, que es la ciencia de la sensibilidad y una teoría de la percepción, y la lógica, la teoría del pensamiento, y de la que el dictum que se desprende es el siguiente: ‘Cada conocimiento tiene como fuentes la sensibilidad y el entendimiento. Porque la sensibilidad Anahata (y aquí Nelson señaló a Helga porque era ella quien lo representaba) depende del entendimiento Ajna, y el entendimiento Ajna depende de nuestros sentidos… Por lo tanto, este filósofo considera que los pensamientos sin intuiciones son vacíos, y las intuiciones sin conceptos ciegas”. «Cierto, lo has expresado a la perfección pero esa vía de la que tú hablas es el tantra. Y el alma, el atman , la flor del loto de los mil pétalos, dorada o plateada, la dicha, Sahasrara, yo soy, la humildad en la entrega y la capacidad de postrarse ante lo infinito, espiritual, liviano, la forma sutil, el fondo del ser Brahma, la disolución en el mar de la conciencia pura e indiferenciada, lo divino trascendente en su unión con lo divino inmanente, y también del conocedor y del conocimiento. ‘Dormía, dormía y soñaba, que la vida no era más que alegría. Me desperté y vi que la vida no era más que servir. Y el servir era alegría’. Y esa fue la iluminación con la que nos orientaba Rabindranath Tagore.»

Entonces, nos pidió que nos preparásemos para dormir, que nos lavásemos los dientes y dispusiéramos las cosas para regresar a la cama en silencio… evitando molestarnos los unos a los otros…. Todos realizamos el gesto de Namaste, el reconocimiento de lo sagrado del otro, y repasamos nuestros mudras, el Ajali-mudra, el sello o saludo del corazón, el Hakini-mudra, el mudra de la concentración, el Usha mudra, la gran paz, y el Pushpaputa-mudra, que abre los pensamientos hacia la felicidad…. y cuando regresamos Manoj nos esperaba con el Dhyani-mudra, el mudra de la meditación, mientras nos disponíamos en semi-círculo, tras habernos hecho cargo cada uno de encender las velas de nuestro chakra simbólico, a excepción del último, el hacha frente a Manoj.

Sobre las ragas que íbamos a escuchar se nos dijo que en la tradición se cree que los dioses lloran si son torpemente interpretadas en el mundo de los hombres, y que es peligroso hacer sonar una fuera de su hora o de su estación… Porque la raga crea estados de ánimo que tiñen y conmueven el corazón de los seres humanos y los animales, ya que cada sonido está asociado a un sentimiento básico, y estas escalas melódicas que ibamos a escuchar, Manoj las iba a alternar entre la música indostaní, del Norte de la India, y la escuela carnática, a la que él pertenecía… para que pudiéramos distinguir el paso de un chakra a otro a través de estos cambios inapreciables que guiarían al unísono nuestros corazones, las ragas Bhupali, o bhaktis de la devoción, y la raga Keeravami, la número 21 de las 72 ragas de la escuela carnática… Yo estaba pensando en John Cage, el compositor que se había inspirado en esta música hindú improvisada, y en la oriental, para revolucionar conceptualmente la estética musical de su tiempo, recordando que él creía que lo que era el azar era un salto en el que nos ponemos fuera del alcance de nosotros mismos. Un creador que ha sido mal comprendido porque, como explica, dice que el ama el sonido por lo que es y que no pretende que sea nada más, ni psicológico, ni una cosa, ni una persona, y eso decepciona a los otros, porque cuando le escuchan hablar de la música piensan que les está hablando del sonido, ya que consideran el sonido como algo inútil. Pero a eso él dice que hay un filósofo que expresa que hay dos cosas en el mundo que no necesitan significar nada, una es la música y la otra es la risa, que no necesitan significar nada para proporcionarnos un profundo placer. El arte de tener respeto por la diferencia es lo que permite la conciencia y lo que hace vibrar la existencia.

Tal vez no haya leído a Rudyard Kipling pero aquí me habría gustado hacerlo, en ‘The man who would be king’, la obra que con John Huston da comienzo en Lahore, y sobre la que alguien escribió que era el ejercicio de la suspensión absoluta del entendimiento, buscando solamente el abandono, el requisito primordial a la hora del viaje iniciático.

Cuando el ritual dio comienzo, pasados unos minutos de concentración, en el que las llamas crecieron significativamente, aunque más algunas que otras, o yo esa percepción tuve, creí escuchar o tal vez sólo imaginé que escuchaba, el sonido de esa serpiente de energía, que escalofriándome íntegro, ascendió, despertando, hasta la altura de mi garganta. Todo el resto del proceso, mi yo será un yo calmo, un yo seguro de sí, un yo en el abandono. Pero si he de ser sincero, ese estado no se alteró cuando fue la memoria de Nelson en la que descargamos el peso del ritual, igual que en el paso de Helga hasta mí, mi garganta, yo experimenté como era embargada por una intensa emoción. Sin embargo, cuando todos nos lo preguntemos al día siguiente, despejados, de qué truco se habría servido Manoj, para que el hacha se incendiara… ninguno sabremos decir qué cosa pudo haber sucedido, sólo aquello que experimentamos, como se hacía la luz y como la llama creció hasta casi rozar el techo, consiguiendo con ello asustarnos, momento en el que el miedo sustituyó a la confianza e instante preciso en el que se hizo, de nuevo, la oscuridad, y que fue cuando Manoj recitó esa estrofa del Isha-upanishad, lo único que yo ya conocía: «¿Qué pesar o apego / puede haber para un alma realizada / para un hombre de sabiduría / si todos los objetos del mundo, animados e inanimados/ se han convertido en él mismo, si ve la unidad donde quiera que dirija su mirada?» Y «si al oír el nombre de Rama una vez, uno llora y el vello se le eriza, tened por seguro, entonces, que ya no necesitáis celebrar ritos y sólo entonces tendréis derecho a renunciar a los ritos, o mejor dicho, los ritos mismos os abandonarán.»

Poco a poco, este y aquellas se levantaron y nos dejaron, y Nelson le tendió la mano a Helga para ayudarla… esa madrugada ambos se iniciaron en la vía del tantra, la vía que sacraliza los sentidos, y yo descubrí que eso era lo que me había sucedido a mí aquella madrugada con Carmen. A quien recordé porque estaba en lo cierto, al advertirme de que no debía confundir, el intrincado entramado lógico de nuestra naturaleza, y los intríngulis de la tecnología, con la magia; ya que sólo sería lícito hablar de magia cuando de lo que se tratara fuese de la poesía del corazón, instante y momento, en el que al reconocer esta última ya nunca tendería a confundirla con la primera ni con su posibilidad.

Yo también me incorporé y dejé a Manoj cubierto por el silencioso manto de la noche.

Es uno filósofo guardando silencio

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