La vendedora de globos


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Los globos no eran como los que yo inflé en mi ventana, un bajo con rejas, y que el viento hacia enloquecer. Esos globos eran para celebrar el cumpleaños de un enfermo de progeria, que murió semanas después. Los vecinos ya estaban acostumbrados a mis extravagancias y delirios. Y parecía que esa mujer de la plaza, la vendedora de globos, también lo sabía.

Es uno filósofo guardando silencio

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