El viaje por Ávila [EL CÓDIGO – xxxvii – (una red de redes)]


 

“La vida es una mala noche en una mala posada.”

Teresa de Ávila

3. Avila

De Coca a Arévalo hay veintisiete kilómetros. Grisens, la ciudadana, pasará esa noche en la Posada los Cinco linajes. En la plaza del Arrabal, junto al arco de Alcocer, está la oficina de turismo, donde la informarán de las que son las iglesias más destacadas, la de Santa María, por sus pinturas románicas, y la de San Martín, con sus “torres gemelas”; la nueva y la llamada de los ajedreces. A través del arco de Alcocer se entra en la plaza del Real, donde está el actual consistorio municipal, la iglesia de San Juan, la casa de la cultura y la antigua cárcel, que alberga un museo del cereal y el centro de interpretación de la naturaleza. En la plaza de la Villa, además de las iglesias ya mencionadas, Grisens, la ciudadana, podrá acceder al museo de historia. Y Arévalo también conserva un castillo, que finalizó Fernando el Católico, en el siglo XVI, y que fue restaurado en el siglo XXI. Juan Jesús Villaverde lo ha dotado de unas esculturas hechas, por completo, de materiales reciclados; como, por ejemplo, dientes de excavadora, cigüeñales, amortiguadores, un gavilán, etc. Y aún falta el arco de Medina y la ermita que da cobijo a la Virgen del Camino. En el restaurante Anduriña Grisens, la ciudadana, habrá de probar unas mollejitas de lechal con crema de garbanzo castellano y jamón de bellota. Y una pluma ibérica con mostaza antigua y miel. No dejando lugar para el postre, que bien podría ser un bizcocho borracho con helado de ron y sus pasas.

Supuestamente de Arévalo a Ávila hay un tren antes de las siete y media de la mañana. En Ávila, puesto que ya la recorrió, Grisens, la ciudadana, sólo se detendrá a desayunar. No habrá transporte, así que Grisens, la ciudadana, tendrá que hacer autostop, porque hasta El Tiemblo hay una distancia de cuarenta y cinco kilómetros. Su hotel será el Toros de Guisando pero para ir a ver a los auténticos, Grisens, la ciudadana, tendrá que recorrer algo más de ocho kilómetros. Un monumento vetón de los siglos III o IV antes de Cristo. Lugar histórico en el que Enrique IV reconocía, como heredera, a Isabel de Castilla. Cerca del hotel queda La Bodeguita. Ahí hay que pedir unas patatas revolconas y un chuletón a la piedra.

Grisens, la ciudadana, valoró la posibilidad de desplazarse a Ramacastañas, pedanía de Arenas de San Pedro donde se localiza la cueva del Águila, y hasta Candeleda, próximos a la sierra de Gredos pero lo descartó. Así como Mengamuñoz. Hasta Bonilla de la Sierra, ubicada en el valle del Corneja, desde El Tiemblo, hay cerca de noventa kilómetros. Otro tramo arriesgado y la cama se encuentra en Piedrahíta, a diez kilómetros, el hotel rural Cayetana. Bonilla de la Sierra goza de ser uno de los pueblos más bonitos de España. A mí, por lo que se puede ver, no me pareció gran cosa. A destacar, eso sí, su colegiata gótica con sus pináculos, del siglo XV, el castillo, del siglo XII, y el aljibe. Son pocos los vecinos a los que todos los días visita el panadero.

En Piedrahita está el palacio de los duques de Alba, que fue destruido durante la guerra de la Independencia. Hoy restaurado es un colegio público. Y también sus fiestas goyescas, y su plaza de toros. Donde es posible que Grisens, la ciudadana, acaricie a un caballo. Y  vea volar en parapente.

A veintiún kilómetros de Piedrahíta, bañado por el Tormes, El Barco de Ávila, donde Grisens, la ciudadana, reservará habitación en el hotel Mirador de Gredos. La comida en Casa Lucio, unas croquetas de Morcilla, un chuletón y un trozo de tarta de castañas, si fuera posible. Las judías de El Barco son famosas pero a Grisens, la ciudadana, no iban a seducirla. En El Barco de Ávila hay que ver el puente viejo, la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, en la plaza de las Acacias, el castillo de Valdecorneja y la ermita del Santísimo Cristo del Caño. No sería extraño presenciar alguna jota en sus calles. Y hay que presenciar la noche hacerse iluminada desde la puerta del Ahorcado.

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Es uno filósofo guardando silencio

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