Los nueve inmortales definitivos de la matriz [EL CÓDIGO – xxxiv – (una red de redes)]


 

“Es porque soy tan testaruda que todavía insisto en cambiar el mundo.”

Mercedes Sosa

Los inmortales de Grisens

Se dice que rectificar es de sabios. Por fin, Grisens, la ciudadana, se había decantado por los que serían, a partir de aquí, sus nueve inmortales. De los nueve primigenios sólo dos habían soportado el envite de su escrutinio. De este modo, donde antes estaba el loco de Nietzsche, ahora se encontraba Leonardo da Vinci, el espíritu del renacimiento: Φ-U17 en el Código. Amado porque su Gioconda había supuesto la primera epojé, la primera experiencia estética, en la infancia de Grisens. Y donde antes estaba Abraham Lincoln, ahora se encontraba María Callas, la culminación de la voz humana en el bel canto y una mujer bellísima con sus debilidades, Φ-1A17 en el Código. Grisens, la ciudadana, se había emocionado al leer su biografía, como le sucedería con Amelia Earhart. E Hipatia, todo un símbolo, Φ-2A17, había venido a sustituir a Hannah Arendt. No por su espeluznante muerte, ni por su menstruo… sino por su vida: maestra de la antigüedad, filósofa, matemática, astrónoma.

Llegado el punto de Rumi, Grisens, la ciudadana, pensó que en ella no había penetrado tan profundamente como la Rhoda de ‘Las olas’ de Virginia Woolf la penetró. A partir de aquí Φ-U19. Además Virginia Woolf viene a suplir a Nietzsche con su locura. Y el bueno de Hans Küng, al que indudablemente habrá que concederle algún lugar antes de que muera, porque su discurso lo merece, dejó paso al genio de Mozart, Φ-G19 en el Código. Aquí hubo una seria duda entre elegirlo a él o al Beethoven de la Grande Fuga, o al Bach de ese aria de ‘La Pasión según San Mateo’, e incluso a Pergolesi, por su ‘Stabat Mater’. Pero Mozart era indudablemente más dulce. Y Lao-Tse, una figura legendaria, había dejado un hueco para Amelia Earhart, Φ-A19 porque Grisens, la ciudadana, se había sentido fascinada por su audacia.

Jiddu Krishnamurti seguía siendo Φ-U25 y Marie Curie Φ-A25 pero Antonio Gaudí había sustituido a Sócrates y sería Φ-G25 en el Código. Donde antes era evidente que existía una inmensa minoría de mujeres, ahora se hacía patente que éstas dominaban el cuadro. No, en realidad, por una cortesía para con las de su propio sexo, sino porque era lo justo. Grisens, la ciudadana, había optado por conceder más valor a si misma y a sus elecciones emocionales, que a lo que suponía que habrían elegido los demás. Con esto no contentaba a nadie pero tampoco dejaba de contentarlo.

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Es uno filósofo guardando silencio

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