El viaje por tierras sorianas [EL CÓDIGO – xxxv – (una red de redes)]


 

“Ahora, el silencio debería de estar prohibido.”

Silvano Andrés de la Morena

1. Soria

El domingo dieciséis de agosto, Grisens, la ciudadana, se subirá abordo de un ALSA, en la ciudad de las farolas, antes del mediodía, llegando a Soria a las ocho y media de la tarde. Grisens, la ciudadana, habrá elegido un apartamento para ella sola, en airbnb, por cuatro noches. Habrá conocido a Aleida a través de la aplicación de couchsurfing pero Aleida vivía con sus padres y la única hospitalidad que ofrecía era la de dar a conocer la provincia de Soria. Aleida llevaba dos años en el paro pero tenía coche. Grisens, la ciudadana, y Aleida quedarán esa misma noche para ir a cenar. La elección de Grisens, la ciudadana, fue el restaurante Baluarte, que cuenta con una estrella Michelín, y el menú de la trufa. Grisens, la ciudadana, estaba segura de que Aleida y ella congeniarían. Nunca se equivocaba con esas cosas.

A primera hora de la mañana, Grisens, la ciudadana, encaminará sus pasos hacia la ermita de San Saturio, enclavada en un roquedal con el Duero a sus pies. Reunida ahí con Aleida se acercarán juntas, luego, a visitar el monasterio de San Juan de Duero, del que Grisens, la ciudadana, recordaba haber oído hablar a un experto en esoterismo. Y al yacimiento arqueológico de Numancia, próximo a la cercana población de Garray, donde van a comer, un menú del mercado, en el restaurante Trashumante. Y esa tarde la pasarán descubriendo en un paseo la ciudad de Soria. Comenzando por la iglesia románica de San Juan de Rabanera, su portada dedicada a San Nicolás y el doble vano del ábside. Admirando los palacios renacentistas de la calle Aduana Vieja y el instituto Antonio Machado, de camino a la iglesia de Santo Domingo. Luego, por no sé qué calles, Grisens, la ciudadana, y Aleida llegarán al Círculo de la Amistad Numancia, donde en su tercera planta se puede visitar la Casa de los Poetas. Tras eso el palacio renacentista de los condes de Gomara. En la plaza Mayor encontrarán la casa del Común, la casa Consistorial de los doce linajes, el palacio de la Audiencia, la fuente de los Leones, la torre de Doña Urraca y el templo románico de Nuestra Señora la Mayor, donde Machado se casó con Leonor Izquierdo un treinta de julio de 1909, cuando ella apenas era un niña. E iglesia en la que se ofició su funeral al morir Leonor, de tuberculosis, un uno de agosto de 1912.

Compartiéndole Aleida a Grisens, la ciudadana, muchas cosas de Machado se la llevó a conocer la alameda de Cervantes o la Dehesa. Deteniéndose al alcanzar el árbol de la Música, donde también aguarda la ermita de la Soledad. Vendrá, a continuación, la iglesia de Nuestra Señora del Espino, por cuyos símbolos reconoceremos el paso del Camino de Santiago. Y el viejo olmo del poema ‘A un olmo seco’ y los restos de Leonor. Pensaban en cenar algo ligero y en retirarse pronto. Puesto que al día siguiente las esperará un día de aventura.

A la Laguna Negra, una laguna de origen glaciar situada en la sierra de los Picos de Urbión, la separan de la ciudad de Soria poco más de cincuenta kilómetros. Pero los últimos dos kilómetros se hacen andando. Y comportan seiscientos metros de desnivel. A poco más de sesenta kilómetros se sitúa el parque natural del Cañón del Río Lobos, en el que también se localiza la ermita templaria de San Bartolomé. Desplazándose tras ello hasta Calatañazor, con sus casas castellanas de entramado de madera de sabinas. Villa alzada en la cima de una roca. Desde los restos de su castillo se puede contemplar una extensa llanura, llamada el valle de la Sangre. Temprano todavía regresarán a Soria, para proseguir con su paseo después de cenar en El Ventorro, alcachofas con foie, creps de amanita cesárea y patata trufada con crujiente de torrezno. La ruta nocturna que realizarán comenzaba por ver iluminarse la ermita de San Saturio y proseguía por el puente de Hierro, el de Piedra, la concatedral de San Pedro, Nuestra Señora la Mayor, Nuestra Señora del Espino, San Juan de Rabanera, el palacio de los Ríos y Salcedo, Santo Domingo, la ermita del Mirón, el rincón de Bécquer y el árbol de la Música.

Grisens, la ciudadana, amanecerá, de todos modos, en el mirador de los Cuatro Vientos. Con tiempo de sobra para subirse a un ALSA en dirección a Medinaceli, otra urbe en lo alto de un cerro. La llegada será cerca de las diez y media. En Medinaceli habrá que ver el arco romano, único en la península, y la plaza Mayor, en la que se encuentra el palacio de los Duques, hoy sede de la Fundación de Arte Contemporáneo, la Alhóndiga y el aula de Arqueología. En Medinaceli también hay una puerta árabe y un castillo. El regreso a la ciudad de Soria no se hará esperar. Le quedará recorrer, ahí, el parque del Castillo, esperando por el anochecer.

A El Burgo de Osma, a sesenta kilómetros, Grisens, la ciudadana, llega a las tres y cuarto. Su lugar de acogida será El Balcón de la Catedral. En la plaza de la Catedral se levanta Santa María de la Asunción. Por la calle Mayor se llega a la parte civil de la población. Podremos ver la placa en la casa en la que nació Zorrilla. Y desembocaremos en la plaza Mayor, con su casa consistorial y hospital de San Agustín. También hay que acercarse al edificio de la universidad de Santa Catalina y a su claustro, hoy transformado en un hotel.

Doce kilómetros separan El Burgo de Osma de San Esteban de Gormaz, distancia ideal para recorrerla antes del amanecer. Habrá que cruzar el punte medieval sobre el Duero e izarse hasta el altozano en la que está enclavada la iglesia románica de Nuestra Señora del Rivero. Y también admirar la iglesia de San Miguel, la iglesia más antigua que se conserva del románico soriano, con claras influencias musulmanas. El cubo de la puerta de San Gregorio y el torreón situado en la calle Posadillas. Y si hay tiempo, detenerse también a visitar las bodegas, si no nos complica en exceso el día. Grisens, la ciudadana, en cualquier caso, preferirá contemplar el parque temático del románico, en el Molino de los Ojos. Porque San Esteban de Gormaz es para Grisens, la ciudadana, parada pero no fonda.

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Es uno filósofo guardando silencio

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