El viaje por Toledo y Cuenca [EL CÓDIGO – xxvii – (una red de redes)]


 

“La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear.”

Miguel de Cervantes

Toledo

Villarrubia de los Ojos está a casi treinta y cinco kilómetros de Consuegra, en Toledo, con su paisaje de gigantes o blancos molinos de viento y su castillo de la Muela, donde a Grisens, la ciudadana, la espera una cama en El Patio de los Jazmines. Y, en la casa de la Tercia, una bodeguilla en la que antaño estuvieron ubicadas las antiguas termas romanas. Para cenar un pisto y un solomillo de ciervo con una crema de queso manchego. La tarta también de queso pero con azafrán.

De Consuegra en un autobús a Toledo, del que Grisens, la ciudadana, se baja cerca de las ocho y media. No habrá problema con el alojamiento. Sólo tiene que hacerle una llamada a su casera, la dueña de la cueva de la calle Bulas, en la que Grisens, la ciudadana, ya se había alojado en un viaje anterior. Su transporte a Talavera de la Reina es otro autobús del que desciende a las tres menos cuarto de la tarde. La comida son unos sándwiches y una cerveza, que se merienda frente a las murallas y las torres albarranas. La basílica de Nuestra Señora del Prado hay que visitarla para admirar toda su ornamentación cerámica, exterior e interior. Los azulejos, de todos modos, están presentes por toda la ciudad. En la plaza del Pan se sitúa la colegiata de Santa María la Mayor, con su portentoso rosetón. En Talavera hay otras iglesias pero el último autobús parte de Talavera a las ocho y cuarto. Zocodover ya la acogerá muy solitario y de camino a la calle Bulas se detendrá en una terraza a tomarse una infusión o un cóctel si es que el tiempo acompaña.

El amanecer lo contempla desde la azotea de la calle Bulas. Es la primera vez que va a montar en globo. Después visitará el interior de la catedral, que es algo que dejó por hacer. Y también la mezquita del Cristo de la Luz y ‘El entierro del conde Orgaz’, obra del Greco, en la iglesia de Santo Tomé. Y después de comer la sinagoga del Tránsito. Al mediodía habrá guardado en la nevera una botella de un Epílogo blanco, de las bodegas Yuntero de Manzanares, para esperar por el anochecer en el mirador del barranco del Tajo y ver iluminada la ciudad, como la última vez.

De Toledo a Almonacid de Toledo haciendo autostop, si no hubiera otra opción. Y de ahí a Tembleque, donde la espera una cama en el Balcón de la Mancha. La plaza Mayor donde se alberga el mesón La Venta de Tiembles es preciosa. En Tembleque hay también tres molinos y un rico patrimonio histórico, como el barroco civil de la casa de las Torres o la ermita octogonal de la Vera Cruz.

Cuenca

De Tembleque a Belmonte, ya en Cuenca, separan a Grisens, la ciudadana, cerca de un centenar de kilómetros. Pasando por Villacañas, Quintanar de la Orden y Mota del Cuervo. El atractivo de Belmonte es su castillo, ubicado sobre el cerro de San Cristóbal, que ha sido restaurado y transformado en un museo vivo. Su planta es lo más singular, recibe el nombre de atenazada. Se construyó dando forma a un triángulo equilátero. A sus pies se extiende el parque de Trebuchet, un parque histórico de máquinas de asedio. Belmonte, lugar en el que nació Fray Luis de León, cuenta con un importante conjunto monumental. Dormir, Grisens, la ciudadana, dormirá en la casa rural El Sueño de Dulcinea.

En Cuenca hará noche en el hostal La posada de San José, con unas vistas increíbles. Atravesando el puente de San Pablo, se aproximará a esas casas que están en voladizo, las casas colgadas del siglo XIV. La torre Mangana es otro de sus símbolos. Así como los colores de las viviendas del casco antiguo, alzado en un risco entre las hoces del Júcar y el Huécar, que tienen un pasado anclado en los tintes de las lanas. La plaza Mayor, con su arquería, y la catedral de Santa María y San Julián, de estilo gótico, también conceden a Cuenca un embrujo muy propio. Sin olvidar las ruinas del castillo, la muralla y el arco de Bezudo. Para cenar habrá zarajos, a base de intestinos de cordero lechal marinados que se enrollan en un sarmiento, y morteruelo, un guiso de hígado de cerdo, con especias y pan rallado, todo ello bien machacado en un mortero. Además de alajú, un dulce a base de almendras. Y una copita de resolí, un licor típico de la zona.

El día decimoséptimo del viaje, Grisens, la ciudadana, planificó una excursión de ocho horas por el parque natural de la serranía de Cuenca. Habrá llegado a un acuerdo con los organizadores… Esta excursión incluye un recorrido guiado por el nacimiento del río Cuervo, el refugio de fauna de la laguna de Uña y la Ciudad Encantada, un paraje fabuloso rodeado de pinares, en un paisaje kárstico, en el corazón de la serranía. Además de una parada en el Ventano del Diablo y otros miradores. Y una comida en un restaurante típico de Tragacete.

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Es uno filósofo guardando silencio

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