Conociendo Aragón y el Camino aragonés [EL CÓDIGO – xxiv – (una red de redes)]


 

“Todo deseo tiene siempre un objeto y éste siempre es oscuro. No hay deseos inocentes.”

Luis Buñuel

Teruel

Buñuel nació en Teruel, en Calanda, que no queda muy lejos de Calaceite y Valderrobres, señalados en el mapa, como el barranco de la Hoz, además de Albarracín. La llegada a Teruel será ya en la noche, al hotel que hay en la plaza del Torico (ignoro si hay más de uno). Al día siguiente, muy temprano, la cita será con Borja, con quien Grisens, la ciudadana, habrá quedado para conocer el rojizo Albarracín, ubicado en las colinas, en un meandro del río Guadalaviar. Cerca están los pinares de Rodeno y las cuevas de arte rupestre.

En Albarracín hay que ver la catedral de San Salvador, la calle Azagra, la casa Julianeta pero sobre todo, hay que subir a las murallas y al alcázar. Y disfrutar de sus migas, su caldereta y su gazpacho de pastor. A Teruel ellos no van a regresar muy tarde. Hay que rendir culto a los Amantes en su mausoleo. Y atisbar el arte mudéjar impreso en la arquitectura de la ciudad: la iglesia y torre de San Pedro, la catedral de Santa María, la torre de San Martín. Subirán por la gran Escalinata y bajarán las escaleras de los aljibes medievales. Despidiéndose a los pies del acueducto.

Grisens, la ciudadana, lo mirará todo con más cuidado al amanecer del día siguiente. Su autobús para Calaceite, en la comarca de Matarraña, parte a las nueve y media. En Calaceite destaca la fachada de su iglesia de la Asunción. Pero todo su casco urbano fue declarado conjunto de interés histórico artístico y bien de interés cultural. Cerca se encuentra el despoblado ibérico de San Antonio. Algo interesante en lo que emplear la tarde. Al día siguiente andará hasta Valderrobres. Que es ir de un pueblo del medievo a otro. Pasando por Cretas, para alegrarse de los reencuentros. El puente, la casa consistorial, la iglesia de Santa María la Mayor y el castillo. Merece la pena la caminata. Aquí se cumple el mes que se lleva fuera de casa. Sin contar con los días previos en la comunidad de Madrid.

Zaragoza

A Alcañiz, al día siguiente, se llega temprano. Y a la ciudad de Zaragoza al borde de las doce del mediodía. Zaragoza es el puente de Piedra sobre el Ebro y la plaza del Pilar en la que se sitúa la barroca basílica del Pilar. Zaragoza es esa panorámica desde lo alto de una de sus cuatro torres, y la plaza de España y el tubo, el casco antiguo, y el palacio de la Aljafería, del siglo XI, ejemplo de arquitectura taifa. También la catedral de San Salvador y la Real Maestranza de Caballería.

Al amanecer siguiente, antes quizá de coger el autobús para pasar el día en el Monasterio de Piedra, Zaragoza es ese paseo por el parque Grande José Antonio Labordeta. El autobús hay que cogerlo en la estación de las Delicias, un martes o un jueves o un sábado o un domingo. El Monasterio de Piedra está protegido por una muralla medieval. Hay un parque natural que alberga la llamada cascada de cola de caballo y el lago del espejo. En el monasterio cisterciense se ha habilitado un hotel. El menú del día en el restaurante Piedra Vieja serán unas migas con huevo y uva y una trucha con longaniza de Aragón y arboromía de verduras, más unas natillas monjiles. El regreso a las cinco de la tarde pero se llega a Zaragoza cuando ya han cerrado los museos. Grisens, la ciudadana, tiene previsto ver el museo de Goya y el de Pablo Gargallo, y si le da tiempo, el de Foro Romano, antes de partir hacia Daroca, a la una y media de la tarde del tercer día. A Daroca, cuyo recinto amurallado mide más de cuatro kilómetros, se llega a las tres. Ver hay que ver mucho en Daroca, varias iglesias, casas palaciegas, como la del Diablo y la de los Luna, y palacios. Pero quizá lo más representativo, además del recinto ya citado, sea su puerta Baja y los dos torreones almenados que la escoltan y, también, la fuente de los veinte caños. La torre mudejar de Santo Domingo es la más antigua de Aragón. En Zaragoza, ya de regreso, la cena en la calle María Guerrero, en la taberna mesón Martín: unas cloquetas caseras de boletus y unas chulapas, un torrezno frito pero terminado en el hornillo.

El cuarto día la apuesta más arriesgada, la búsqueda de Belchite Viejo, pueblo que acabó devastado durante la guerra civil y así ha perdurado. Hay un autobús que sale a las seis de la mañana en dirección a Teruel pero, supuestamente, no hay manera de regresar antes de las cinco de la tarde, por lo que es probable que Grisens, la ciudadana, se incline por una vuelta a pie, haciendo dedo.

Un día más y a Tarazona, próxima al Moncayo. Peculiar es su plaza de toros, que ha sido remodelada y cuyo coso taurino albergó una comunidad de vecinos. Tarazona tiene catedral, la de Santa María de la Huerta, una antigua judería y casas colgadas. Y otro día más, éste en el aire, en el que Grisens, la ciudadana, hará por conocer, en persona, a Luis Álvarez Falcón, Φ-3UF22 en el Código. Le gustaría que él la llevase a recorrer el desierto de los Monegros.

Huesca

De Zaragoza a Huesca hay un autobús que parte poco después de las seis y media de la mañana. La llegada es a las ocho. En Huesca hay que visitar la catedral gótica de Santa María, con su retablo Mayor tallado en alabastro. Próximos el palacio Diocesano y el ayuntamiento. Grisens, la ciudadana, cuando traza su ruta está segura de que querrá partir pronto. Aún le sobran algunas horas, las suficientes para andar hasta la plaza de la Universidad y la del Mercado, donde hay un ultramarinos, La Confianza, considerado el más antiguo de España. Y después de nutrirse se acercará al monasterio de San Pedro el Viejo, en el que descansa el panteón de los reyes de Aragón. Su tren a Riglos partirá cerca de las cinco de la tarde. Población al albergue de los mallos, unas formaciones geológicas de hasta trescientos metros de alto. Aunque parecía improbable ir a encontrar alojamiento, en Airbnb se anunciaba una habitación. De Agüero la separan poco más de quince kilómetros. Agüero también tiene sus mallos. Grisens, la ciudadana, en el esquema que se traza, piensa en ir y regresar. Le gustaría conocer el parque nacional de Ordesa y Monte Perdido pero sabe que ese no es el momento. Se sube a un tren en dirección a Jaca, esa una cuenta pendiente con el Camino.

Camino de Aragón

En Jaca espera la catedral de San Pedro, una de las construcciones románicas más antiguas de España, la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, la torre del Reloj y la ciudadela. La noche Grisens, la ciudadana, cuenta pasarla en el refugio de peregrinos. Tomando, al día siguiente, el desvío a San Juan de la Peña. Pasando por Atarés y cerca de ocho kilómetros después por el monasterio nuevo. Poco más allá el Real, que se asienta bajo una gran roca, con su bellísimo claustro, el panteón Real, donde yacen los primeros reyes de Aragón, las iglesias prerrománica y alta, la sala de concilios y la puerta de arco de herradura. Para luego andar, hasta Santa Cruz de la Serós, con su iglesia de Santa María, del siglo XI, donde espera encontrar alojamiento y saborear una lasaña de longaniza, en el Espantabrujas.

Al día siguiente, tras pasar por Binacua, Santa Cilia y Puente la Reina de Jaca, se alcanza Arrés, siendo ésta una etapa corta. Para andar hasta  Ruesta, cerca de treinta kilómetros. En Ruesta, al mes y medio de viaje, Grisens, la ciudadana, dejará el Camino de Santiago para desplazarse hasta Sos del Rey Católico, en la provincia de Zaragoza, a veinticinco kilómetros. Aquí nació Fernando II de Aragón. La oficina de Información y Turismo se encuentra precisamente en el palacio en el que Juana Enríquez lo parió, el palacio Sada. En Sos del Rey Católico, cabe destacar la plaza de la Villa, donde, bajo los arcos, tenía lugar un mercado y todavía puede verse la medida y el lugar que ocupaba la romana. También la lonja, la iglesia de San Esteban, con su pórtico románico, la restaurada torre del homenaje del castillo, la judería y el palacio Español de Niño, con su roca sobresaliente, el mosaico realizado con canto rodado y la antigua cañería de agua que recogía la de la lluvia.

Tras la noche, de regreso al Camino, a Sangüesa, ya en la Comunidad Foral de Navarra, aguarda una joya del románico, la portada de la iglesia de Santa María la Real. Poco después, Grisens, la ciudadana, tomará la desviación a Liedena y Lumbier, tras atravesar el cañón que surca el río Irati. Otra noche más y otra en Monreal, tras Izco, Abínzano y Salinas de Ibargoiti. Transcurriendo en la penúltima jornada por Yárnoz, Ezperun, Guerendiain, Tiebas, Muruarte de Reta, Olcoz, Enérir, la siempre deseada ermita de Santa María de Eunate, antes de alcanzar Obanos, donde Grisens, la ciudadana, espera poder cobijarse, en Casa Raichu, como la última vez. Para coger un autobús temprano a la mañana en Puente la Reina y un ALSA en Logroño, que la regresará a la ciudad de las farolas, a donde irán a recogerla para conducirla hasta la ciudad origen. Más harta de ir de un lugar a otro, imposible.

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Es uno filósofo guardando silencio

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