Tras la muerte de Qasem Soleimani [EL CÓDIGO – i – (una red de redes)]


Es un hecho que las películas sin historias no son muy populares entre el público. Sin embargo, una historia también necesita huecos, espacios en blanco como los de un crucigrama; vacíos que están ahí para que el público los rellene. O, como un detective en un thriller, para que los descubra. Creo en un tipo de cine que ofrece grandes posibilidades y tiempo a su público. Un cine a medio crear, un cine inacabado que consiga completarse gracias al espíritu creativo de los espectadores, como ocurre en cientos de películas. Le pertenece a los espectadores y corresponde a su propio mundo.”

Abbas Kiarostami

República Islámica de Irán

En Irán existe la costumbre de mantener entre los dientes un terrón de azúcar para endulzar el té antes de llevarse la taza a los labios. Grisens, la ciudadana, con el sabor del té aún en el paladar, estaba a tan sólo tres intelectuales de cruzar la frontera de Iraq con Irán, en palabras de Elliott Clarke todo escritor lo es, cuando un trending topic reclamó su inmediata atención. El general Qasem Soleimani, que comandaba la Fuerza Quds, una fuerza de élite iraní considerada por los EEUU un grupo terrorista, había sido asesinado por uno de los drones del ejercito del odioso Trump. Grisens, la ciudadana, no pudo evitar ver en ello una señal del destino. Y en ese mismo instante decidió cambiar su rutina de trabajo, deteniéndose sobre la flor y nata del pensamiento persa. Pocos días después ya se encontraba organizando su viaje a Irán. Llamado, en realidad, y eso lo dice casi todo, República Islámica de Irán.

El ulema Mohammad Jatamí asegura que después del advenimiento del Islam, los iraníes lo abrazaron ardientemente. Irán es una teocracia. Y también asegura que la mezcla de talentos iraníes y las sublimes enseñanzas islámicas fue un milagro. Eso sin pretender negar la participación de otras naciones en la formación de la civilización islámica. Jatamí, en esa misma entrevista, expresa que la guerra de la revolución fue una guerra de palabras y no de armas. No creo que se refiera sólo a la conocida como ”década de Fayr”, los diez días que transcurren desde el 1 de febrero, día en el que Jomeini regresa a Teherán desde París y la revolución alcanza su clímax, al día 11 de febrero de 1979, que es el día en que la revolución triunfa y es derrocado el shah Reza Pahleví. Según Jatamí el pueblo había sido humillado de la peor de las formas, cuando el shah se vio obligado a ratificar su capitulación haciendo que los asesores estadounidenses fueran inmunes. Además explica que la imagen del Islam que se ha presentado al mundo ha sido errónea, que ha habido un intento, por parte de ciertos círculos, de presentar al Islam como el nuevo enemigo, después del colapso del comunismo. Cuando el Islam que ellos conocen y practican, el que funda su revolución, dice que reconoce el derecho de todos los seres humanos a determinar su propio destino. Pero el destino, ¿se huele o se ve? No es absurdo hacerse esta pregunta, si se ha leído una explicación que da Abdolkarim Sorush, el maestro de Akbar Ganji, conocido también como Φ-1AI2 en el Código.

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Es uno filósofo guardando silencio

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