La relación de sus intelectuales con Irán [EL CÓDIGO – ii – (una red de redes)]


 

República Islámica de Irán

Akbar Ganji lo que propone es el desarme mundial. Grisens, la ciudadana, supo de él a través de Azar Nafisi, la autora de ‘Reading Lolita in Tehran: A Memoir in Books’. Nafisi lo presentaba como un antiguo revolucionario, militante islamista, hoy valeroso disidente, acérrimo defensor de los derechos humanos y la democracia.“Tenemos dos tipos de opresión-dice Ganji. La opresión que es universal: Todos en Irán están sujetos a ella. Pero cada uno tiene también su propia y única manera de experimentar esta opresión.”

Mohsen Makhmalbaf-también en el ojo de Grisens, la ciudadana- en un ataque de fervor fundamentalista, en el Irán prerrevolucionario, apuñaló a un policía y fue encarcelado a la edad de 17 años. En ‘Moment of innocence’ Makhmalbaf va en busca de este policía y los dos deciden hacer una película que recrea el incidente, con el fin de mostrar la importancia de ser tolerantes. Makhmalbaf en algún momento se dio cuenta de que el cine era una herramienta, mejor que la política, para cambiar la sociedad. En Irán incluso su nombre estaba prohibido. Él cuenta que intentaron matarlo en todos los lugares en los que se exilió. Para él, el cine es una especie de actividad espiritual con la que trata de romper los tabús de la sociedad, empujando a la gente a pensar en las diferentes minorías, como la de los baha’i. Un cine, el iraní, que él explica que hunde sus raíces en las historias e imágenes de los poemas.

Forugh Farrojzad, la poeta que fue censurada tras la revolución de los ayatolás, es autora de la que algunos consideran que es la obra más bella del cine iraní, ‘La casa negra’, una historia sobre la vida en una leprosería de Tabriz. Grisens, la ciudadana, comenzó a verla pero no lo soportó. ¿Tendrá ella la piel demasiado fina? Forugh Farrojzad, que dijo de si misma que toda su existencia era como un verso oscuro, murió en un accidente de tráfico, después de que hubieran publicado las listas de sus amantes en los periódicos y se la insultara. ¿Eran esos otros tiempos? La hija de Shahriar Mandanipour, escritor proscrito en Irán, fue arrestada en tres ocasiones por llevar el hijab mal puesto. Mandanipour dice que en su país la gente tiene que esconderse para vivir, porque en las calles hay patrullas que velan por la castidad pública y si ven a una mujer y a un hombre caminando juntos pueden denunciarlos. Las mujeres tienen su sitio en el transporte público y las extranjeras que visitan el país se ven obligadas a cubrirse la cabeza, a llevar manga larga y ropa que oculte sus formas. También está prohibido, por ejemplo, escribir sobre el cuerpo o de bebidas alcohólicas. Según Mandanipour, en los puestos de control de ciudades y pueblos de todo Irán, la policía saca a la gente de sus coches y les huele el aliento para ver si han estado bebiendo. Dice que esto no se hace por preocupación por la salud de la gente, que eso no les importa, que lo hacen para que, si has estado bebiendo, y es la primera vez que te atrapan, recibas ochenta azotes. La segunda vez también pero la tercera te ejecutarán.

Ahmad Shamlú tiene un poema llamado ‘Callejón sin salida’ que comienza así:”Buscan en tu boca por si hubiera dicho: te amo./ Buscan en tu corazón/ es un tiempo extraño, amigo mío./ Al amor/ le dan latigazos/ junto a los postes del camino./ Hay que esconder el amor en el rincón más oculto de la casa […]” Estar enamorado está prohibido en Irán, como lo está beber. Todo el amor debe ser por el líder islámico. Y de las cosas más tristes que recordará Grisens de esos días antes de proyectar su viaje… será Negar, otrora Ali Askari, a la que conoció en ‘Be like others’, un documental realizado por Tanaz Eshaghian.

Eshaghian se introdujo en la clínica del doctor Bahram Mir-Jalali, que es quien dice que opera utilizando los intestinos porque en su opinión los intestinos se asemejan más a una vagina que la piel. Y que ellos y ellas son criaturas poco comunes pero perfectamente naturales. En Irán la homosexualidad es un delito punible con la pena capital, lapidación severa pero la transexualidad tiene las puertas abiertas. El gobierno cambia el género en la partida de nacimiento y sufraga el coste de la mitad de la operación. Una regulación que llevó a cabo Jomeini.

Negar fue repudiada por su familia por someterse a esta operación. Negar dice que cuando sus padres mataron todo el amor que sentían por él, mataron todo el amor que había en ella. Y su vida consiste en acudir a una calle y hacer un ”matrimonio temporal”; es decir, prostituirse. El Islam permite estar con otras mujeres sin quebrantar ninguna ley. El sigheh, es un contrato que hay que cumplir, ya que no es posible divorciarse pero puede oscilar entre una hora y prácticamente el tiempo que sea. Y hoy no lo sé pero, al menos hace algunos años, la violencia en el ámbito familiar no aparecía tipificada como delito en la legislación iraní.

La escritora Fariba Vafi afirma que la identidad de las mujeres ha cambiado mucho en Irán en los últimos años y que eso debe quedar claro para cualquiera que conozca la sociedad iraní, que este cambio ha tenido lugar en muchos niveles diferentes. Y que el mayor cambio es probablemente el aumento de la confianza en las mujeres, que es tangible en todas partes. ¿Y yo la creo? Una mujer difícilmente puede divorciarse sin el consentimiento del marido. Y los maridos pueden impedir que sus mujeres trabajen, salgan del país o realicen estudios superiores. Además es el jefe de familia, quien decide si una mujer puede abrir una cuenta bancaria o heredar. Sin embargo, Tayebeh Siavashi, una de las pocas mujeres que ocupa un escaño en el parlamento de Irán, tiene claro que los cambios sólo pueden venir desde adentro. Y en eso coincide con Marina Nemat, que fue apresada y enviada a la cárcel de Evin cuando era apenas una niña: torturada, violada, obligada a convertirse al Islam y a ”casarse” con uno de sus interrogadores. Marina que no confía en el régimen iraní, el régimen de los ayatolás, porque según ella tiene una larga historia de tiranía, mentiras y engaños. Ella había nacido en el seno de una familia cristiana de clase media y explica que la revolución no sólo no dio las libertades políticas que había prometido sino que restringió las libertades personales. Fue liberada más de dos años después, devastada.

Firoozeh Dumas, que era hija de un ingeniero petrolífero, recuerda un país diferente, un país con todo tipo de personas. Personas que eran devotas religiosas y personas que usaban minifaldas, que no tenían las reglas y las leyes que existen ahora en Irán. Sin embargo, la depresión era un tabú en su cultura.

Kader Abdolah, pseudónimo de Hossein Sadjadi Ghaemmaghami Farahani, confirma que en el Irán del sha tenían una libertad considerable, en tanto que no se manifestaran contra el sha, que la censura en torno a las actividades políticas era feroz pero que no se advertía en la vida cotidiana. Otras voces cuentan una historia diferente. “El sha se abría a Occidente pero su sociedad seguía profundamente ligada a los dictámenes religiosos y morales de una rígida cultura patriarcal.”

Roya Hakakian explica que para ellos la revolución islámica sólo se llamó así después, que en ese momento estaba sucediendo algo que era más grande que ellos mismos, que experimentaban el cenit y el momento más libre de la cultura iraní, que todo el mundo tuvo la sensación de que finalmente podía respirar libremente después de haber sido oprimido por el sha. ”Al principio disfrutábamos llevando el velo. Lo vimos como una especie de nueva tendencia de moda, un atributo que nos convertía en verdaderas mujeres iraníes.”

Ebrahim Golestam habla de una sociedad que se ha desgarrado a si misma. Ganji dice que la Guardia Revolucionaria fue creada para ayudar a defender la revolución pero que pronto se desvió de su camino inicial. Que en cada revolución hay una gran divergencia entre lo que los revolucionarios esperan y lo que la revolución realmente logra. Ganji dice que las revoluciones invariablemente no resuelven la cuestión de la Justicia y, en su lugar, la supresión y la limitación de la libertad reemplazan esa idea.

Shamlú escribe: ”Con todos los vocablos del mundo en nuestra mano/ no dijimos justo aquel que se necesitaba, / y es que una palabra, tan sólo una palabra faltaba: ¡Libertad!/ Nosotros no la dijimos. ¡Dale forma!”

Y otra vez es Mandanipour: ”Cuando vives en Irán todo el tiempo estás pensando en tu libertad. Hay muchas organizaciones que fueron establecidas para monitorear y controlar tu comportamiento humano, e incluso la forma en que piensas. Todas las personas son objeto de represión. Así que la religiosidad fingida actúa como una especie de hijab para muchos de ellos. Todo el mundo en Irán piensa en la libertad, desde que se despierta por la mañana; incluso los fundamentalistas, que están luchando para limitarla.”

 

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Es uno filósofo guardando silencio

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