El itinerario por Iraq [EL CÓDIGO – xii – (una red de redes)]


irak

Grisens, la ciudadana, llega en ese vuelo a Basora, a orillas del río Shatt al-Arab, la que en su día fue conocida como la Venecia de Oriente Medio. Sus canales bordeaban las elegantes casas, shenashils, del siglo XIX; canales que hoy están repletos de ratas y despojos. El puerto de Al Maqal está situado en las cercanías del Golfo Pérsico. Algunos quieren creer que es el puerto del que parte Simbad el Marino en ‘Las Mil y una noches’. Grisens, la ciudadana, sabe que a setenta y cinco kilómetros se sitúa Al Qurnah, en la confluencia del Tigris y el Eufrates. Pero el árbol, que era un ziziphus jujuba, el que dijeron que era el árbol bíblico o coránico del conocimiento del bien y del mal, está muerto. Grisens, la ciudadana, preferirá desplazarse a Al-Chibayish, la ciudad que habitan los árabes de los pantanos, de la tribu Beni Isad. Para admirarse de sus mudhif. Unas construcciones hechas sobre todo de cañas.

En Nasiriya ni siquiera se detiene, va en busca de la sumeria Ur (cerca del zigurat hay una base aérea, por lo que es posible que necesite un permiso especial). En las proximidades también se encuentra la que dicen que fue la casa del patriarca Abraham. Y la noche la pasará en Samawah, en un habitáculo del barrio judío, Agd al Yahood, gracias al couchsurfing.

Nayad es la siguiente parada. Después de La Meca y Medina aquí se erige el tercer lugar más sagrado para los chiíes, el mausoleo de Ali ibn Abi Talib, el primer imán. Siete mil setecientas setenta y siete tejas de oro puro conforman la cúpula de su mezquita y cuarenta mil los minaretes. Antes del régimen de Saddam Hussein los estudiantes viajaban a Nayab para realizar estudios islámicos. Muy cerca el valle de la paz, Wadi-us-Salaam, el cementerio más antiguo y más grande del mundo, más de cinco millones de tumbas. Hay una creencia chií que dice que las almas de todos los fieles pervivirán aquí, sin importar donde hayan sido enterrados sus cuerpos.

A tan sólo ocho kilómetros de Nayaf se encuentra Kufa, donde fue asesinado Ali ibn Abi Talib y que declinó con la construcción de Nayaf. La Gran Mezquita de Kufa es una de las más antiguas de Iraq. Kufa también es la cuna de la escritura cúfica, una caligrafía árabe de carácter ornamental.

A unos treinta y dos kilómetros de Nayaf, a la sombra de las palmeras datileras y atravesada por el Eufrates, a Grisens, la ciudadana, la espera Al Kifl. Lugar de reposo de Dhul Kifl, un profeta mencionado dos veces en el Corán. Luego un desvío de camino a Hilla, para conocer unas ruinas, las del zigurat de Borsippa, la que fue una prominente ciudad mesopotámica. Antes de proseguir al sitio arqueológico de Babilonia, muy cerca del palacio de verano de Saddam Hussein. Y, por fin, Kerbala, en la que los peregrinos chiíes conmemoran el arbain o el día cuarenta del martirio del tercer imán, el segundo nieto del profeta Muhammad, Husayn ibn Ali, que yace bajo la cúpula dorada de su santuario.

A cincuenta kilómetros el palacio de Ujaidir. Antes de hacer una primera noche en Bagdad, dicen que una de las ciudades más peligrosas del mundo. En Bagdad se alberga una macabra obra, un corán de seiscientas cinco páginas escrito con los veintisiete litros de sangre que una enfermera extrajo de Saddam Hussein, a finales de los noventa. Grisens, la ciudadana, ignora donde se guarda pero sabe que en una cripta que custodian tres guardianes, cada uno una llave, porque su exhibición ha sido prohibida desde el año 2003. El calígrafo fue Abbas Joody Shakir al-Baghdadi. Y acerca de ello Saddam dijo:“Mi vida ha estado llena de peligros donde debería haber perdido mucha sangre pero como perdí muy poca le pedí a alguien escribir las palabras de Dios con mi sangre, en agradecimiento.” En Bagdad, en el Museo Nacional, Grisens, la ciudadana, tiene pendiente una cita con una misteriosa batería de cerca de dos mil años de antigüedad o lo que parece una primitiva pila. Antes o después visitará la plaza Firdos, donde se ubicaba la estatua de Saddam Hussein, y las manos de la victoria, las espadas de Qādisiyya, que se construyeron para conmemorar el triunfo en la contienda con Irán. También el monumento Al-Shaheed, de Ismail Fatah al Turk, una gigantesca cúpula turquesa disecciona en dos mitades y entre las que arde una llama con vocación de eterna. El palacio Al-Faw o palacio de Agua, en la conocida como Zona Internacional, a cinco kilómetros de la Zona Verde. Un lago artificial lo rodea. La Zona Verde es una zona fortificada. Allí esperan a Grisens, la ciudadana, varios ministerios, las embajadas occidentales y el Palacio Republicano. En el zoco el caravanserai Murjan. La plaza y el santuario Al-Kadhimiya, en la que reposan los restos del los imanes séptimo y noveno. La mezquita Umm al-Qura, el lugar de culto de los sunitas. Y la mezquita de Umm al-Ma’arik, diseñada con minaretes en forma de misiles Scud. Luego, ya más tranquilamente, habrá que visitar el mercado de las aves, o mercado Ghazil, al día siguiente. Y en la calle Al-Mutanabbi, el mercado de los libros, el corazón y el alma de la alfabetización y de la comunidad intelectual. Haciendo una parada en el mítico café Shabandar. No será impropio que ahí se hable de Al-Ramli y de las fosas comunes en los jardines del dictador. Éste asegura que los jóvenes, que son mayoría, buscan una versión sobre el mundo y su papel existencial para entenderlo y lo hallan en las novelas. Para nosotros -según Eduardo Mendoza- es diferente:”En España, concretamente en la Transición, los ojos y los oídos de la gente están puestos en el periodista […] Y a partir de entonces va a ser el director de orquesta. Intervendrán otras esferas, la economía, pero el que va a dirigir lo que la gente va a pensar, y va a ver, y va a oír, es el periodista. Ese tiempo está marcado por el periodista, como antes había estado marcado por el predicador, por el poeta, por el novelista, por el autor teatral…”

A ciento veinte cinco kilómetros de Bagdad está Samarra, donde existe una gran mezquita abasí del siglo XI, dañada por la guerra moderna. Es muy posible que Grisens, la ciudadana, eluda aventurarse en esa dirección. Pero Samarra parece ser el punto en el que los musulmanes esperan que se manifieste el mahdi, el duodécimo imán, que para los chiíes lleva oculto desde el siglo IX. Todos los pueblos del Libro, cristianos, judíos y musulmanes, parecen estar esperando por alguien. Grisens, la ciudadana, durante muchos años también lo hizo. Pero ella pensaba en alguien terrenal y ya no lo espera.

No podemos irnos de Iraq desconociendo como es hoy su Gobierno. No es bicéfalo, como ocurre en Irán con los ayatolás y el parlamento, sino tricéfalo: un presidente kurdo, un primer ministro chiíta y el presidente del parlamento sunita. Yo no lo entiendo. Pero quiero dar fe de dos testimonios más. El primero el de Salaz Niazi, que vivió en el exilio -como comparó- como un lirio acuático, flotando, sin raíces fuertes y firmes pero lleno de flores. Trabajando en la traducción al árabe del ‘Ulises’, porque decidió embarcarse en algo verdaderamente difícil para olvidarse de la guerra y la matanza. El otro es Inaam Kachachi que se expresa así:”Sólo las naciones que se aferran a la vida pueden construir civilizaciones.” Y que dice que el país que sus hijos han visto ardiendo y sangrando diariamente, en la televisión, en los últimos años, nunca ha sido una tierra de bombardeos y asesinatos, sino un país antiguo y generoso en el que era agradable vivir.

Un comentario Agrega el tuyo

Es uno filósofo guardando silencio

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s