El inicio del viaje a Irán [EL CÓDIGO – iv – (una red de redes)]


República Islámica de Irán

Y fue esa misma madrugada, la tercera vez que se adentraba en el chat de anfitriones, cuando estableció contacto con Arisai, que navegaba sirviéndose de una VPN para burlar la censura de su país. Arisai, a Grisens, la ciudadana, le pareció perfecto porque vivía con su hermana Padme, una estudiante muy vinculada al departamento de español de la universidad islámica de Azad. Con ellos y a través del skype fue donde aprendió sus primeras palabras en farsi: ”kheily mamun”.

Grisens, la ciudadana, saldría de la ciudad origen hacia la ciudad de Falbalá en un autobús. Luego tomaría un tren a Barcelona, hasta la estación de Sants. Allí cogería el metro hasta el aeropuerto del Prat y un vuelo de la compañía Mahan Air a Teherán, que está al norte de Irán. Hay un vuelo directo dos veces por semana. Tras cinco horas y media de viaje llegaría al Tehran Iman Khomeini Airport, donde Padme y Arisai la estarían esperando. El chador, preciso para visitar muchos lugares en Irán, iba a ser, después de todo, un regalo de Padme pero aún así se adentrarían en el Gran Bazar, un bazar tradicional con ciento cincuenta años de historia, deteniéndose en las tiendas de artesanía, las llamadas sanaye dasti, y en una tienda de alfombras persas hechas a mano, de seda y lana. Ahí le explicarán, es muy posible, que cada alfombra, según su color y diseño, tiene un nombre propio. Y que una alfombra contiene millones de nudos repletos de energía, que es la que transmite el tejedor con sus respiraciones. Probablemente Grisens, la ciudadana, seducida por las palabras del vendedor y por la belleza de la alfombra, adquiera una de esas alfombras kolash, que están confeccionadas con diferentes alfombras de diferentes parte de Irán, y que son muy antiguas, casi un siglo. El precio de la alfombra se acordará en tomanes y no en riales, hay que tener mucho cuidado con eso en Irán. Y la pagará Arisai con su tarjeta de débito. Dicen que Irán es un país muy seguro, que nadie te roba, que hasta el teléfono móvil puedes dejar cargando en el vestíbulo de un hotel mientras te olvidas de él pero Grisens, la ciudadana, se sentirá muy insegura durante todo el itinerario, porque ella es como ese personaje de Virginia Woolf, la de ‘The Waves’, Rhoda, la que cuando se trata de números se pierde y se cae por el agujero del tiempo.

Los rostros de los mártires están por todas partes. Estos frente a los que se detienen son los de la Sagrada Defensa, que es el nombre que recibe en Irán la guerra con Irak. Yo todavía no sabía nada de esa guerra cuando a través de Sebastián Salgado visito el museo de la Revolución Islámica, en la antigua embajada de EEUU. Un torturado por la SAVAC explica dramáticamente como le pusieron un casco que golpeaban y del que ni siquiera sus gritos salían y su respiración con trabajo.

La visita quizá obligada es, el cansancio será mucho, al palacio de Golestán o palacio del jardín de las flores. Construido por la dinastía Qajar: el salón de los espejos, el trono de mármol y el pasillo de cristal. También al mausoleo del imán Jomeini. Pero la única imagen que retendrá de ese día en Teherán, Grisens, la ciudadana, serán las torres Azadi y Milad.

A la mañana del día siguiente la esperan los palacios del sha en Niavarán, ese ala que se convirtió en una galería de arte privada conocida como la ventana al mundo, y Sabadad, situado al comienzo de una ruta de senderismo al monte Tochal. Un complejo del que el palacio principal es el palacio Mellat. Comerán en Darband, entre cascadas y ríos, donde pasarán la tarde. Finalizando la noche en el puente Ta’biat, el puente de la naturaleza, un ejemplo de la nueva arquitectura de Teherán, diseñado por una mujer talentosa, Leila Aragian.

Un nuevo día amanecerá y Grisens, la ciudadana, será conducida al antiguo distrito de Oudlajan y al barrio armenio. Partirán esa misma tarde en coche hacia Qom, ciudad santa del Islam chiíta, a 150 km. Donde admirará, iluminado, el mausoleo Hazrat-e Ma’sumeh, que es donde se ubica el sepulcro de Fátima, la hermana del imán Reza.

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Es uno filósofo guardando silencio

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