De Qom a Yazd [EL CÓDIGO – v – (una red de redes)]


República Islámica de Irán

Ya a la luz del día, Grisens, la ciudadana, y sus amigos, tras dar un paseo por el bazar cubierto, penetrarán en el interior del mausoleo. Visitando también, en la misma plaza, la madraza de Feiziyeh, en la que cursan sus estudios de teología los talabeh, y la mezquita del imán Hassan-al-Askari. En Qom existen más de ochenta mezquitas y, en apariencia, bastantes sayyed, reconocibles por su turbante negro como los descendientes del profeta. Pero será en la mezquita de Jamkaran, a 6 km de Qom en dirección al este, en la que exista un pozo de los deseos en el que Grisens, la ciudadana, concentrará su disperso pensamiento. Moviéndose, entonces, en dirección a Kashan, de la que los separan 112 km. Punto en el que los caminos de Arisai y Padme se separarán por un tiempo del de Grisens. Y aunque en Irán, en público, no son recomendables las efusiones de cariño ese abrazo que se darán los tres lo dice todo. La idea era llegar a Kashan al atardecer, para subir a la azotea de los antiguos baños públicos, los baños del sultán Amir Amad. Cuando Jomeini instaló la ley islámica en 1979 los hamman se fueron transformando en teterías, restaurantes o museos.

A Kashan, la antigua Kashan, una de las ciudades más viejas del mundo, hay que callejearla. Ese mismo anochecer, Grisens, la ciudadana, será presentada a Mohammad Tajaeian, al que llaman padre del couchsurfing en Irán. Aunque ese no será su contacto en esa ciudad-oasis de la ruta de la seda, sino una prima de Arisai y Padme, Ayesha. Y con Ayesha, Grisens, la ciudadana, pasará la siguiente mañana visitando las casas tradicionales: la de Khan-e Borou Jerdi, la de Tabatabei, un fabricante de alfombras, y la de Abbasian, que se había dedicado al comercio de los tintes y acogía en su morada, si es cierto lo que nos han contado, a unas cuarenta mujeres. Y la mezquita Agha Bozorg, que es madraza al mismo tiempo.

A la tarde, en compañía de un primo de Ayesha, se desplazarán ambas hasta el pueblo de rojizas casas de Abyaneh, a unos 60 km. Pueblo en la ladera del monte y en el que sus habitantes se atavían con sus vestimentas tradicionales. Al regreso, pisando la plaza de Kamal-al-Molk, se dejarán discurrir por el bazar, visitando las mezquitas de Sultani y Mir Emad. Y, también, el caravanserai de Khan Amin al-Dowleh Timche. Siendo necesario un día más para dedicárselo al jardín Bag-e-Fin, a la mezquita de Mohamed Helal, en Aran Va Bigdol, a la subterránea, de ruinas laberínticas, Nushabad y a su castillo. Para ir en busca, después, del mausoleo de Ebrahim y del zigurat del yacimiento Tappeh Sialk. Sin olvidar las dunas del desierto Marranjab y el lago Namak, donde esperarán el crepúsculo. Demasiadas cosas que se quiere que sucedan en un solo día. Así que tal vez haya que elegir.

De Isfahán, situada en el valle del río Zayandeh Rud, separan a Grisens, la ciudadana, 270 km. Va a subirse en un autobús e imagino que en un taxi para llegar hasta la plaza Naghs-e Jakan, la más grande de Irán, en la que se encuentra la puerta Qasarieh, la mezquita del Shah o mezquita del Imán, en la que se escucha la llamada del almuhecín y el eco, el Gran Bazar o bazar Bozorg, la mezquita Sheik Lotfollah y el palacio Ali Qapu, de cinco plantas.

Al día siguiente, visitará el barrio armenio de Jolfa y la catedral armenia de Vank, tras cruzar el puente Khaju, de veinticuatro arcos, que une la zona histórica persa con el barrio armenio. También visitará la madraza Chaharbagh y el mausoleo Monar Jonban, que se construyó para albergar la tumba del sufí Amu Abdollah Soqla. Y cuyos minaretes son característicos por sus estructuras de madera, y su verdadero atractivo. La gente se congrega ahí para contemplar cómo cuando el hombre hace oscilar uno de los minaretes el otro se ve sacudido. Esta oscilación acoplada, de los minaretes temblorosos, también puede observarse en Imanshahr, en la misma provincia. Y, después, la mezquita Jamez o mezquita del Viernes, dividida en cuatro iwan, y el palacio Chechel Sotún o palacio de las cuarenta columnas. Llamado así porque al reflejarse en su largo estanque el número de columnas se multiplica. Y que está decorado con grandes pinturas históricas. Y si fuera posible, a las afueras de Isfahán, el templo del fuego o la montaña Atashgah. Para esperar el anochecer en el puente Si-o-she, de treinta y tres arcos. Puede que disfrutando de un gaz, un turrón persa de pistachos.

De Isfahán a Shiraz, al pie de los montes Zagros, Grisens, la ciudadana, cogerá un autobús VIP, por cuyo billete habrá regateado sin convicción, para cubrir esos 500 km de distancia, siempre en dirección al sur. Shiraz dicen que es la ciudad de la poesía, el vino y las luciérnagas. En el bazar Vakil la visita obligada es a la mezquita Vakil y a los baños Vakil. Y a primera hora de la mañana a la mezquita rosa o mezquita Nasir-ol-Molk, con su sala de invierno, por el espectáculo de la luz. Ese será un día muy ajetreado, si se quiere conocer también el palacio Naranjestan-e Qavam y su jardín, en el que predominan los naranjos, el mausoleo Sha-e Cherag, cuya puerta besan los peregrinos, la madraza Klan, el castillo Arg-e Karim Khan, que posee un hamman, el mausoleo Ali-ibn Hamzeh, conocido como la casa verde, mejor al atardecer, y la tumba y el jardín del poeta Hafez. Dejando para el día posterior la visita a Persépolis, Pasagarda y Naqsh-e Rostam. Y disfrutando de esa noche en el parque de atracciones de Shiraz.

Persépolis, capital del imperio persa durante la época aqueménida, se encuentra al noroeste, a 60 km de Shiraz. Alejandro Magno la cercó y ordenó quemar su palacio. Los relieves en el salón del trono muestran a jinetes, fenicios, etíopes y el oro de la India. Naqsh-e Rostam, a unos 12 km de Persépolis, es una necrópolis, en la que los relieves están tallados en el acantilado. Y Pasagarda, a 138 km de Shiraz, fue la capital de Ciro el Grande, y donde se encuentra su tumba.

Hasta la isla de Qeshm, en el Golfo Pérsico, restan unos 600 kilómetros, una hora y media de vuelo. Grisens, la ciudadana, pretende visitar la zona de los manglares, que dicen que se llena de aves en primavera. Y, al día siguiente, el valle de las Estrellas, el cañón Chahkooh y la cueva Namakdan, la cueva de sal más larga del mundo. Haciendo noche en Shib Deraz, por lo de las tortugas, que es posible que Grisens, la ciudadana, vea salir del agua para poner sus huevos en la arena, si realiza este viaje entre abril y julio. Yo ahí voy siguiendo la estela de Joan Torres, que explica que es un mundo diferente al resto de Irán. Poblado por musulmanes suníes, que hablan un dialecto de la lengua árabe. Y cuyas mujeres visten usando abayas de colores y unas peculiares máscaras, llamadas boregheh.

Grisens, la ciudadana, cogerá un ferry hasta Bandar Abbás a primera hora. Y ahí contratará un coche con conductor, que se detendrá sólo al llegar a Bam, a quinientos kilómetros. Los conductores en Irán están muy locos, o eso dicen todos aquellos que lo han vivenciado. Bam, la ciudadela más grande del mundo, fue casi destruida por completo durante el terremoto del 2003. La idea sería detenerse también en Rayen, para contemplar su fortaleza, y en Mahan, por su jardín persa, el jardín Bagh-e Shazdeh, y el mausoleo Shah Nematollah Vali, antes de llegar a Kermán, que está a 200 km de Bam. Es posible que Grisens, la ciudadana, se haya arrepentido de dejar atrás la posibilidad de visitar la isla de Ormuz, que será como una de esas espinas que obligan a regresar a los lugares, para poder sacártela de adentro. Pero también cabe la posibilidad de que una vez allí los planes se desenvuelvan por si mismos y acabe conociéndola.

En Kermán, Grisens, la ciudadana, se preguntará si tiene sentido visitar la aldea de Meymand. Una de esas aldeas trogloditas de cuevas excavadas en la roca, habitada desde hace muchos miles de años. Lo habría tenido en el caso de realizar el viaje a Kermán desde Shiraz. Pero ya en Kermán, demasiado cansada, sólo obedecerá al sueño. Kermán es la ciudad natal de Qasem Soleimani, que era considerado el segundo hombre más poderoso de Irán, después del líder supremo, Ali Jamenei. En su entierro, en Kermán, hubo una estampida y murieron más de 50 personas. A mí lo que me llama la atención es que los EEUU puedan matar con esa impunidad. De momento no tengo respuestas, por supuesto, pero ardo-como decía Artaud- en preguntas. Prosigamos…

El bazar en Kermán, Bazar-e Sartori, de más de un kilómetro y construido en la época safávida, se encuentra entre las plazas Tohid y Shohada. Junto a esa plaza también nos saluda la mezquita del Viernes, Majed-e Jame, que no tiene minaretes pero tiene un reloj. No lo dije antes pero en Irán sus jueves y sus viernes son como nuestros sábados y domingos. En los bazares, esos días, podemos encontrar, en nuestro paseo, sus dátiles, que son dulces a los que nos convidan para conmemorar a sus muertos.

Grisens, la ciudadana, se internará por el bazar Vakil, al atardecer, para tomarse un té de cardomomo, en el reconvertido en tetería hamam-e Vakil Chay Khaneh. Visitando también las caravanserais. Y, después, los baños, el Hamam-e Ganj Ali Khan. Y esa plaza con su torre del viento. Lo que es seguro, porque eso hay que contratarlo con el tiempo suficiente, es que a la tarde del día siguiente se subirá a un 4×4, dispuesta a pasar la noche en el desierto de los Kaluts. Ella no sabe a qué hora abandonan Kerman en realidad, ni si antes se detendrán a comer en el pueblo de Shafiabad. Pero Grisens, la ciudadana, imagina que será una noche mágica, de las que aún le quedan por vivir en la ruta de la seda. Y también es seguro que, al día siguiente, su posada será el caravanserai circular Zein-o-Din, a 57 km de Yazd. Aunque antes de pisar Yazd, Grisens, la ciudadana, procurará visitar sus alrededores: Kharanaq, Chak Chak y Meybod. Descartando, muy posiblemente, a Abarkuh, donde se halla dicen que uno de los árboles más antiguos del mundo, un ciprés que tiene 4000 años.

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Es uno filósofo guardando silencio

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