De Kharanaq al arif del irfan [EL CÓDIGO – vi – (una red de redes)]


República Islámica de Irán

Kharanaq, en el corazón de Irán, de barro y espectral, no se sabe por qué fue abandonada. Kharanaq se encuentra a unos 80 km de Yazd. Chak Chak, unido a la leyenda de Nikbanou, en Ardakan, a 40 Km de Kharanaq, es un templo de peregrinación de los seguidores de Zoroastro, una cueva en una montaña. Meybod, a 50 km de Yazd es una impresionante fortaleza de adobe, el castillo Narin Chalem.

A Yazd, de gran importancia histórica, la llamada novia de Kavir, el gran desierto salado, una de las ciudades más antiguas del mundo, hay que recorrerla a través de sus sabaats, dejándose ir por las callejuelas del casco antiguo y fijándose en las aldabas, que son diferentes para que al tocarlas se sepa de antemano si es hombre o mujer quien llama a la puerta de la casa. Y no hay que perderse el atardecer en una de sus azoteas, por ejemplo, la de la tetería Art House. Experiencia que siempre se desea repetir. Entre sus torres de viento o badgirs, un sistema de ventilación.

En Yazd, Grisens, la ciudadana, visitará un gimnasio para conocer el tradicional arte marcial iraní, el pahlevani, en el Saheb Azaman Zurkhaneh. También la llama que arde en el templo de Zoroastro, el Ateshkadek, desde hace más de mil quinientos años. Aunque en esa localización sólo lo hace desde 1934. Antes de perderse por su bazar laberíntico, al encuentro con sus caravanserais. Su mezquita del Viernes, Masjed-e Jameh, que exhibe los minaretes más altos de todo Irán. Descartando la cárcel en la que dicen que estuvo prisionero Alejandro Magno. Grisens, la ciudadana, preferirá visitar la Gran Madraza y los jardines de Dolat Abad. No sé si dejando también a un lado la mezquita Amir Chajman y su complejo. En pos de las torres del silencio, situadas sobre dos cerros al sur de la ciudad.

De la sagrada Mashhad, la capital del azafrán, en el noroeste, Grisens, la ciudadana, dista cerca de 1000 km, que se hacen en un vuelo de poco más de una hora. Cerca, a 50 km la aldea de Kang, un conjunto de casitas escalonadas en un ladera, que ella hará por pisar antes de partir.

El Haram-e Razavi es una joya arquitectónica y un complejo. Dentro de su mezquita el mausoleo del Imán Reza, el octavo imán descendiente del linaje de Mahoma. Dicen que la cúpula es de oro macizo. También se puede admirar la cúpula turquesa de la mezquita Azim-e Gozhar. Y encontrar una biblioteca, la universidad de las Ciencias, un comedor para peregrinos, patios y salones para el rezo. El control está en la plaza Razadi. En realidad toda la ciudad de Mashhad está vigilada por cámaras. El acceso para mujeres en la plaza Azadi. Todos los blog que he estado consultando hablan de un fervor religioso que allí te empapa. Y hay quien dice que después de sumergirse en ello, hay un antes y un después. Si no se está demasiado cansado y Grisens, la ciudadana, no lo estará, se puede ir en busca de los mausoleos Nadir Shah Afshar y Gombaz-e Sabz. A mí personalmente me han recomendado salir a cenar por el distrito Shadiz.

El regreso a Teherán son cerca de 900 km, poco más de una hora de viaje. Arisai y Padme estarán esperando a Grisens, la ciudadana. Su visado estará a punto de caducar pero lo más seguro es que decida volar a Tabriz, al noroeste, al norte de la cordillera de Sahand, en las orillas del río Adji Shai, a algo más de 600 km. Tabriz cuenta con el mayor bazar cubierto del mundo, un bazar histórico, creo que patrimonio de la humanidad. Fariba Vafi nació ahí. La mezquita del Viernes es de nueva construcción. La mezquita Azul fue dañada por un terremoto. Hay también los restos de una fortaleza, Arg-e Alisah. De todos modos, lo que más interés uno podría tener en visitar, en esta ciudad alejada de los circuitos turísticos, es la aldea troglodita de Kandovan, a 62 km. “Otra” pequeña Capadocia de las que existen en Irán, en donde tienen una palabra, torof, para nombrar la cortesía extrema a la que muchas veces se ven abocados los iraníes.

Y creo que ha llegado el momento de responder a la pregunta formulada: ¿El destino se huele o se ve? Abdolkarim Shorush, el que dijimos que fue maestro de Φ-1AI2 en el Código, el que llama irfan al misticismo o sufismo, gusta de poner como ejemplo a Rumi, en lo siguiente:“Supongamos que estás cazando un ciervo, un ghazal almizclero. Primero examinas el suelo, ves las huellas de los cascos del ghazal y lo sigues. Más tarde no puedes ver al ghazal pero puedes oler el almizcle, así que estás seguro de que estás cerca del ghazal; incluso si todavía no lo ves. Continuas avanzando y de repente ves al ghazal. Así que tienes tres cosas. Primero tienes las huellas de los cascos, estos son los signos del ghazal que leen los expertos. Sin embargo, una vez que hueles la fragancia te conviertes en algo más que un científico, porque ahora la sientes […] El arif del irfan es alguien que huele la fragancia primero y trata de alcanzar el objeto que está buscando a través de la fragancia.” Un arif-continúa Shoroush- es alguien que sabe como huele Dios. Puede oler la fragancia, el éter de la divinidad.

Si después de lo que he investigado, tuviera que elegir sólo un concepto para definir la esencia del Irán actual no tengo ninguna duda de cuál sería el término: prohibición. Pero yo sólo veo las huellas del ghazal. Sin embargo, Grisens, la ciudadana, lo que olió fue el miedo. Algo que conocía demasiado bien, porque que le era familiar.

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Es uno filósofo guardando silencio

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