De Kermanshah, por la frontera, hasta Halabja [EL CÓDIGO – viii – (una red de redes)]


Kurdistán

Kawa Nevir, de Iğdır, sintió que tenía que hacer algo histórico por su lengua materna. Nevir no sólo quiere mostrar la literatura kurda al mundo, sino llevar el mundo al kurdo. Así que escribe para los escritores y al traducir a Joyce, Shakespeare, Miller, Melville o Eliot, dice que amplia la sintaxis kurda, que muchas de las estructuras y palabras que utiliza se escriben por primera vez en kurdo y que eso es importante para preservar el idioma. A Nevir lo acoge Ámsterdam, que es una ciudad-refugio, y confiesa que trabajar tan duro por su lengua y su cultura es una venganza. Porque cuando era niño lo golpearon e insultaron en la escuela, los maestros, para que aprendiera el turco. Explica que a veces cuando está cansado piensa en ese trauma y luego vuelve al trabajo. Es él quien me hace reparar en la mujer kurda, la peor pesadilla de los guerreros del Estado Islámico, porque creen que si quien los aniquila es una mujer no irán al paraíso.

A Grisens, la ciudadana, le gustaría que una de esas mujeres de los montes Qandil, las combatientes, se encontrara en el Código; por ejemplo, Pelda, del Partido de las Mujeres Libres. Pero Grisens, la ciudadana, no sabe si Pelda está viva o muerta y esa última condición la excluye. Grisens, la ciudadana, puede que tal vez se precipitase pero hace tiempo que eligió quiénes serían los nueve Inmortales. De cualquier modo Grisens, la ciudadana, estaba segura de que en la matriz de Pelda, uno de esos nueve inmortales sería Sakine Cansiz, co-fundadora del PKK y asesinada de un tiro en la cabeza en París, el 9 de enero del 2013, junto a otras dos activistas kurdas. Cuando se iba a juzgar al sospechoso de este magnicidio, Ömer Güney, murió de forma repentina.

Amez dice que se dice en kurdo que los kurdos mueren por sus promesas pero no las abandonan. Amez es quien conduce a Grisens, la ciudadana, a Palangan, a 110 km de Kermanshah. Palangan es una belleza de pueblo al arrullo de las laderas. Amez no la deja. Grisens, la ciudadana, habrá alquilado una de sus casas, con dos habitaciones, en las que se duerme en el suelo, sobre la alfombra. Al día siguiente parten hacia Mariwan, a 85 km. Por la carretera 46 bordean el lago Zeribar. Aconsejada por el relato de Joan Torres, Grisens se despedirá de Amez un par de kilómetros antes de llegar a la frontera. Será en la aduana iraquí en donde le proporcionarán a Grisens, la ciudadana, un visado gratis y válido para treinta días, que excluye Mosul. Luego andará un kilómetro para coger un taxi compartido hasta Penjwen, donde podría tomar un autobús hasta Sulaymaniyah. Pero Grisens, la ciudadana, tiene otros planes, quiere visitar Halabja, el pueblo del genocidio. Donde Sadam Hussein, a finales de la guerra con Irán, exterminó con gas mostaza, gas sarin, gas tabún y otras sustancias, a más de 5.000 personas, mientras que otras diez mil resultaban heridas. Halabja cuya matanza se convirtió en un símbolo de la unión kurda.

Un comentario Agrega el tuyo

Es uno filósofo guardando silencio

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s