Φ o los modelos paradigmáticos del Código [EL CÓDIGO – xvi – (una red de redes)]


 

”Si no tienes imaginación, no se puede imaginar una realidad diferente. La imaginación es el antídoto contra todo tipo de fascismo.”

Yann Martel

Grisens, la ciudadana, lo había conocido en un documental, y él le pareció la viva imagen de la pureza, transparente, inequívoca. Se trataba de un profesor titular de la Complutense, todavía era muy joven; entonces, no había alcanzado su acmé. Su nombre era Manuel Guzmán y a Grisens, la ciudadana, no le resultó nada sencillo entrar en contacto con él pero después de que lo hizo quedo convencida de algo, la belleza y la perfección masculina existían. Esto es importante porque con el paso de los años, puede que producto -no lo niego- de una idea delirante, Grisens, la ciudadana, terminará por darle demasiadas vueltas a ese asunto de las cualidades. Tratando de discernir que le hacía tan diferente del resto de la especie pero sobre todo de Φ-2GW, el otro modelo paradigmático.

Manuel Guzmán ya había sobrepasado los cincuenta, cuando Grisens, la ciudadana, determinó que sólo él podía ser Φ-AM, o lo que es lo mismo, la adenina de la metionina del “código genético”. Yo quiero resumirlo y por eso lo estoy forzando. Además no sé si voy a ser capaz a detallarlo siguiendo su lógica, que más bien podría decirse que era una antilógica. No sucedió nada hasta que, presenciando una vieja conferencia, en el palacio de la Magdalena, en Santander, Manuel Guzmán no presentó a Carlos López-Otín, Φ-2GW en el código, o lo que es lo mismo, la segunda guanina del triptófano. Puede que Grisens, la ciudadana, estuviera ya enamorada de Manuel Guzmán pero lo cierto es que no se había sentido seducida por la disciplina a la que él representaba. Y Φ-2GW literalmente la desbordó. ¿Acaso tenía la biología molecular un lado poético?

Eso cualquiera puede comprobarlo, ya que Carlos López-Otín es autor de algunos libros. En el primero de ellos, ‘La vida en cuatro letras’, transcribe algunos fragmentos de una carta que Francis Crick, el co-descubridor de la estructura molecular de la doble hélice del ADN, dirige a su pequeño hijo Michel en 1953: ”Te puedes imaginar el ADN como una cadena muy larga de piezas planas, las cuales se llaman ‘bases’ […] La cadena, compuesta de azúcar y fósforo, está en la parte externa y las bases están todas en la interna […] Pero lo más interesante es que aunque haya cuatro bases diferentes, sólo podemos emparejarlas de unas maneras determinadas. Las bases tienen nombres. Son adenina, guanina, timina y citosina. Nosotros las vamos a llamar A, G, T y C. Ahora nos encontramos con que los emparejamientos que podemos hacer son sólo A con T y G con C.”

genetic-code

Ya hoy no se sabe por qué motivo alucinatorio Grisens, la ciudadana, concluyó en uno de sus trayectos de regreso a la ciudad origen que A era lo ‘objetual’ y T lo ‘subjetual’, del mismo modo que G era lo ‘objetivante’ y C lo ‘subjetivante’. Pero lo que es seguro es que eso algo tenía que ver con cómo era ella y cómo se consideraba (siempre subjetiva), y con las reacciones que ellos le suscitaban. En esta filosofía suignéneris, todos éramos todo pero más pura o meramente algo. Por ejemplo, Carlos López-Otín, el paradigma de lo objetivante, era muy motivador, inspirador pero no del mismo modo en que Manuel Guzmán lo era. Éste inclinaba al placer y Carlos López-Otín al esfuerzo. Puedo poner otro ejemplo, el de Φ-1GW en el código, en correspondencia con el filósofo francés Michel Onfray, cuando dice: “Tengo que hacer algo y valdrá lo que valga. Pero si cada quien en su rincón hace un poco… Si leemos buenos autores, si buscamos individuos que nos puedan ayudar a dominarnos, a dominar nuestros miedos, nuestros temores, angustias, que nos hacen antisemitas, racistas… Entonces podemos alcanzar una serenidad. No para decir que ser antisemita es repugnante. Sino para decir: si usted es antisemita yo comprendo que lo sea pero está usted equivocado y le voy a decir porqué está equivocado. Y el saber sirve para eso.” Estos, los objetivantes, manifiestan esta vocación. Puede decirse que de ayuda, de orientación en la “buena dirección”. Sin embargo, los objetuales, como Manuel Guzmán, creen que la libertad personal del individuo está por encima de todo, la libertad de cada uno de nosotros. Y yo reconozco que al plantearlo así, tan a las claras, puedo ser subjetual -como Grisens, la ciudadana, Φ-UM en el código- o bien subjetivante, C, porque con esto te puedo estar condicionando, para que tú lo veas de una determinada manera. Habría, sin embargo, otro modo de entenderlo. Eso sí, de un modo más superficial, más tendencioso. Puedo explicarlo ahora. Bastaría con que hubieras visto, o vayas a ver, ‘El dia de la marmota’, que protagonizan Bill Murray (en el personaje de Phil) y Andy McDowell (en el personaje de Rita). Rita no cambia, ella siempre es la misma, es puramente subjetual, como lo era Phil al principio, aunque él ya era muy arrogante antes de quedarse atrapado en el tiempo.

Phil, después de superar la perplejidad y la desesperación inicial, va a lo suyo y se convierte en un tipo meramente objetual, y se dedica meramente a sacar partido de la circunstancia. Algo puede ser puramente algo o puede ser meramente algo. Pero llega un punto en el que conseguir lo que uno quiere, lo meramente material, le produce hastío, aburrimiento. Es ahí donde Phil da el siguiente paso, y se propone conseguir algo más difícil. Yo no digo que ser objetual, de una manera básica, sin ningún refinamiento, sea algo que esté mal moralmente. Digo que, al menos en este ejemplo, no parece ser muy satisfactorio.

Ese algo más difícil que Phil se propone conseguir es a Rita, que como es auténtica, como lo es todo aquello que es puramente algo, siempre se siente estafada en algún punto de la relación que sostiene con este nuevo Phil, que ahora es meramente subjetivante, C. Yo el énfasis -espero que te des cuenta- lo pongo en lo mero y en lo puro. Por lo que sea, creo que porque entra en juego esa complejidad que son los sentimientos, Phil se transforma. Aquí comienza a hacer las cosas que hace porque lo hacen sentir mejor, no porque busque conseguir algo. Se convierte en un ejemplo de solidaridad humana, se siente satisfecho consigo mismo, sabe que cada día que pasa lo está dando todo. Y ese es el Phil al que Rita puede querer, el más querible.

Grisens, la ciudadana, amaba a Φ-AM por ser como era, auténtico, y porque el deseo de él había sido que ella no cambiara, que siempre fuese como era, es decir, auténtica. Pero también quería muchísimo a Φ-2GW por la dedicación que éste le había demostrado, incluso siendo tan subjetual como era. Si adoptamos este lenguaje penetramos en el territorio de lo inasible, de los matices. Y a esto todavía habrá que darle otra vuelta de tuerca. Por ejemplo, preguntándose que pinta una U en todo esto, la de Grisens, la ciudadana, Φ-UM en el código.

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Es uno filósofo guardando silencio

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