EL VIAJE A IRÁN


MAPO DE IRÁN

[En preparación] 

Salir de la ciudad origen hacia la ciudad de Falbalá en autobús. Tomar un tren a Barcelona, hasta la estación de Sants. Coger el metro hasta el aeropuerto del Prat y un vuelo a Teherán, que está en el Norte de Irán. Ahí me irá a recoger mi anfitrión.

Nos adentraremos en el Gran BazarDespués visitaremos el Palacio de Golestán. Y el Mausoleo del Imán Khomeini. Veré las torres Azadi y Milad. A la mañana del día siguiente los palacios del Sha, en Niavarán y Sadabad. Y comeremos en Darband donde pasaremos la tarde. Finalizando la noche en el Puente Tab’iat. Un nuevo día amanecerá y conoceré el antiguo distrito de Oudlajan y el Barrio Armenio, donde me internaré en la capilla de la Santa Cruz. Partimos esa misma tarde, en coche, hacia Qom, a 150 Km. Donde veo iluminado el mausoleo Hazrat-e Ma’sumeh. Y a la mañana siguiente penetro en él. Visitando también la madraza de Feiziyeh y la mezquita del imán Hassan-al-Askari. A 6 km se encuentra la mezquita Jamkaran. Nos internamos, luego, por el antiguo bazar cubierto y poco después nos moveremos en dirección a Kashan de la que nos separan 112 km. La idea era llegar al atardecer para subir a la azotea de los antiguos baños públicos, los baños del Sultán Amir Ahmad. Pasaremos la siguiente mañana visitando las casas tradicionales, Khan-e Borou Jerdi, Tabatabei y Abbasian. A la tarde nos desplazaremos hasta el pueblo de Abyaneh. Y al regreso, pisando la plaza de Kamal-al-Molk, nos dejaremos discurrir por el bazar, visitando las mezquitas de Sultani y Mir Emad y también el caravanserai de Khan Amin al-Dowleh Timche. Otro día se lo dedicaremos al jardín Bag-e-Fin, a la subterránea ciudad de Nushabad y a su castillo. Y en Aran Va Bigdol veremos la mezquita de Mohammed Helal Shrine. Yendo en busca después del mausoleo de Ebrahim y el zigurat del yacimiento Tappeh Sialk. Sin olvidar las dunas del desierto Marranjab y el lago Namak, donde esperamos el crepúsculo. Demasiadas cosas, queremos que sucedan, en un solo día, así que tal vez haya que elegir.

De Isfahán nos separan 270 km. Voy a coger un autobús e imagino que un taxi para llegar hasta la plaza Naghs-e Jakan, en la que se encuentra la puerta Qasahieh, la mezquita del Sha o mezquita del Imán, el Gran Bazar o bazar Bozorg, la mezquita Sheik Lotfollah y el palacio Ali Qapu. Al día siguiente visitaré el barrio armenio de Jolfa y la catedral armenia de Vank, tras cruzar el puente Khaju, que une la zona histórica persa con el barrio armenio. También quiero visitar la madraza Chaharbagh, el mausoleo Monar Jonban, la mezquita Jamez o mezquita del Viernes y el palacio de las 40 columnas o palacio de Chechel Sotún. Y si fuera posible, a las afueras de Isfahán, el templo del fuego o la montaña Atashgah. Para esperar al anochecer en el puente Si-o-she.

De Isfahán a Shiraz, un autobús VIP para cubrir esos 500 km de distancia. Camino por el bazar Vakil y visito la mazquita Vakil y los baños Vakil. A primera hora de la mañana del segundo día acudo a la mezquita Rosa o mezquita Nasir-ol-Molk. Será un día muy ajetreado. Quiero conocer también, el palacio y el jardín Naranjestan-e Qavam, el mausoleo Sha-e Cherag, la madraza Klan, el castillo Arg-e Karim Khan, el mausoleo Ali-ibn Hamzeh y la tumba y el jardín del poeta Hafez. Dejando para el día posterior la visita a Persépolis, Pasagarda y Naqsh-e Rostam. Ese atardecer lo finalizo en el parque de atracciones de Shiraz.

Hasta la isla de Qeshm, en el Golfo Pérsico, restan unos seiscientos kilómetros, una hora y media de vuelo. Pretendo visitar la zona de los manglares. Y al día siguiente el Valle de las Estrellas, el cañón Chahkooh y la cueva Namakdan. Haciendo noche en Shib Deraz, por lo de las tortugas, que es posible que vea salir del agua para poner sus huevos en la arena si realizo este viaje entre abril y julio. A la mañana siguiente cojo un ferry para Bandar Abbás. Y ahí contrato un coche con conductor. Nos detenemos en Bam, a quinientos kilómetros pero salimos muy temprano. La idea sería detenernos también en Rayen para contemplar su fortaleza y en Mahán, por su jardín persa, el jardín Bagh-e Shazdeh y el mausoleo Shah Nematollah Vali, antes de llegar a Kermán, que está a doscientos kilómetros de Bam. Es posible que me haya arrepentido de dejar atrás la posibilidad de visitar la isla de Ormuz, que será como una de esas espinas que obligan a regresar para poder sacártela de dentro. Pero también es posible que una vez allí, los planes se desenvuelvan por si mismos y acabe conociéndola.

En Kermán me pregunto si tiene sentido visitar la aldea de Meymand. Lo habría tenido en caso de realizar el viaje a Kermán desde Shiraz. Y en Kermán, demasiado cansada, me obligo a dormir.

El bazar se encuentra entre las plazas Tohid y Shohada. Junto a esta plaza también nos saluda la mezquita del Viernes, Majed-e Jame. En el bazar, al que regresaré al atardecer, a tomarme un té de cardomomo en el reconvertido en tetería Hamam-e Vakil Chay Khaneh. Visitando también las caravanserais. Y, después, los baños el Hamam-e Ganj Ali Khan y esa plaza con su torre del viento. Lo que es seguro, porque eso hay que contratarlo con el bastante tiempo, es que a la tarde del día siguiente me subo a un 4×4 dispuesta a pasar la noche en el desierto de los Kaluts. No sé a qué hora salimos en realidad y no sé si antes nos detendremos a comer en el pueblo de Shafiabad. Yo imagino que será una noche mágica, de las que aún me quedan por vivir en la ruta de la seda. Y también es seguro que al día siguiente hago noche en el caravanserai circular de Zein-o-Din, a 57 kilómetros de Yazd. Aunque antes de pisar Yazd voy a visitar sus alrededores, Kharanaq, Chak Chak y Meybod. Descartando, muy posiblemente, a Abarkuh, donde se halla dicen que uno de los árboles más antiguos del mundo, un ciprés que tiene 4.000 años.

Yazd dicen que es sobre todo para callejearla por sus sabaats, los de la ciudad antigua. Y que no hay que perderse el atardecer en una de sus azoteas, por ejemplo la de la tetería Art House, que siempre se quiere repetir, entre sus torres de viento o badgirs. En Yazd visitaré un gimnasio para conocer el arte marcial iraní tradicional, el Pahlevani, en el Saheb Azaman Zurkhaneh. Y me fijaré en las aldabas de las puertas… También la llama que arde en el templo de Zoroastro, el Ateshkajek, desde hace más de 1500 años… Antes de perderme por su bazar laberíntico, al encuentro con sus caravanserais. Su mezquita del Viernes, Masjed-e Jameh exhibe los minaretes más altos de todo Irán, así como su pórtico. Descarto conocer la prisión en la que dicen que estuvo Alejandro Magno. Prefiero la Gran Madraza y los jardines de Dolat Abad. No sé si dejando a un lado la mezquita de Amir Chajman y su complejo. Elijo conocer las torres del silencio, situadas sobre 2 cerros al sur de la ciudad.

De la sagrada Mashhad, en el noreste, nos separan cerca de 1000 km, que se hacen en un vuelo de poco más de una hora. Cerca, a 50 km la aldea de Kang, que haré por visitar antes de partir.

El Haram-e Razavi es una joya arquitectónica y un complejo. Dentro de su mezquita, el mausoleo del Imán Reza, el octavo imán descendiente de Mahoma de la rama chií. Dicen que la cúpula es de oro macizo. También podemos admirar la cúpula turquesa de la mezquita Azim-e Gozhar. Y encontrar una biblioteca, la universidad de las Ciencias, un comedor para peregrinos, patios, salones para el rezo. El control está en la plaza Razadi. Y el acceso para mujeres en la plaza Azadi. Todos los blog que he estado consultando hablan del fervor religioso que allí te sumerge y te empapa. Y, si no estamos aún cansados, podríamos ir en busca de los mausoleos Nadir Shah Afshar y Gombad-e-Sabz.

El regreso a Teherán son cerca de 900 km, poco más de una hora de viaje. Quizá sea una locura pero lo más posible es que si puedo coja un vuelo a Tabriz, al noroeste, a algo más de 600 km. Y no muy lejos de la frontera con Irak, que es el siguiente país que, si es posible, voy a visitar. Eso todavía no lo sé pero al menos virtualmente sí.

Tabriz cuenta con el mayor bazar cubierto del mundo, un bazar histórico, creo que patrimonio de la humanidad. Fariba Vafi nació aquí. Una escritora que asegura que las cosas en Irán están cambiando para las mujeres. La mezquita del Viernes es de nueva construcción. Los viernes ahí son como los domingos aquí. La mezquita Azul fue dañada por un terremoto. Hay también los restos de una fortaleza, Arg-e Alisah. De todos modos, lo que más interés tengo en visitar es la aldea troglodita de Kandovan, a 62 km, otra pequeña “Capadocia” de las que existen en Irán. Serían dos días que sumados a los anteriores espero que cubra mi visado, que es por un mes. Si no existiera esa necesidad de hacer noche en el interior del desierto de los Kaluts, ni siquiera me molestaría en planificar nada. Iría a la aventura. Además este itinerario sólo lo estoy cubriendo, porque me es necesario para el libro en el que he empezado a trabajar hace días. Pero Irán me resulta un destino muy querible. Un país del que todos aquellos que lo visitan dicen que se distingue por su hospitalidad. De hecho tienen una palabra para la cortesía extrema a la que muchas veces los iraníes se ven abocados, Torof.

En Irán, si se es mujer, es necesario llevar la cabeza cubierta por un velo. Y usualmente, en las mezquitas, un chador, que suelen prestarte.

 

 

 

Es uno filósofo guardando silencio

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