La cena en el albergue de Saint-Jean-Pied-de-Port y la partida


Le había hecho esa pregunta y al hacérsela yo mismo me había dejado sorprendido. Pero Carmen negó que ni ella ni Slimobich fueran antisemitas. Y lo que dijo fue que en el humor y en la risa con lo que nos encontramos es con que el punto de vista intelectual ha vencido a la desgracia y nos libera de la angustia. Pero, aún así, eso no explicaba porqué razón ella elegía contar sólo chistes de judíos, y su concluyente respuesta me pareció, entonces, tan inverosímil… Así que dime -le digo a continuación-, ¿cuál era esa mala noticia que decías que tenías que darme? Sólo que lo que Carmen iba a decirme no guardaba relación -como bien sabía yo- con el imposible hallazgo de mi teléfono; sino con dos frailes de una orden mendicante italiana, los Servitas de María, que venían andando desde Bolonia, con severas dolencias en sendas rodillas. Y motivo ese por el que Carmen había aceptado cederles nuestras literas inferiores, pasando nosotros a ocupar las de arriba, algo que a mí -y como le confié- me tenía bastante preocupado, porque me produce una cierta dosis de ansiedad la posibilidad de hacerme daño al caer al suelo. Debido eso a la rotura de un brazo durante un campamento infantil de verano. Pero tampoco el asunto de las literas era lo único que Carmen tenía que decirme. Los dos frailes se habían ofrecido voluntarios para prepararnos la cena, y sabiendo ella el mucho interés que había demostrado tener yo en cocinar esa noche…. para todos… lo que me proponía era que nos diésemos prisa en regresar al albergue de la rue Espagne, porque Carmen veía difícil que los frailes me fueran a echar a mí en falta para algo. Y eso hicimos, abandonar la Ciudadela por la Puerta de Santiago, descender veloces por la rue de la Citadelle, cruzar la Nive y asomarme yo a la cocina, justo en el momento en que ellos comenzaban con los preparativos del postre, una receta inspirada en Pellegrino Artusi, con higos estofados, leche, chocolate negro, azúcar, cardomomo y yemas de huevo. Carmen había desaparecido y reconozco que fue sólo eso lo que evitó que volviera a insistir en que nos acompañara, porque no podía creer que a ella, verdaderamente, le disgustara la idea de encontrarse entre la gente.

Viotte tampoco estaba. Pero en su lugar estaba un hospitalero, como en el Camino los llaman. Éste un belga, me pareció por el acento. Y a la mesa nos sentamos los frailes de hábito negro, que andaban recuperándose de las misiones… tres monjas budistas de la comuna de Plum Village, un centro zen especializado en <<mindfulness>>, que tiene a Thich Nhat Hanh por líder espiritual, dos que eran vietnamitas y no decían ni una sola palabra, y la francesa… También una policía montada del Canadá, y después Fu y Sin Wai y Hing Chung y Xin y Dong y Leung y Chan y Wang y Liu y Xu, que chapurreaba algo de inglés, todos miembros de un BTT de no recuerdo qué provincia del gigante asiático pero que vestían un maillot rojo, y con el mismo número de estrellas que las de la bandera de la República Popular China. Sin olvidarnos de Pepa, de Huesca y de Luis, un vasco de Bilbao, que confesaba haber empezado a tomar vinos, allá por el mediodía, después de que el tren nos había desalojado a todos en el andén de la Gare, y como un escuadrón de mitos comunes, esas avecillas paseriformes de cola larga, nos habíamos puesto en marcha, en busca de cama.

A la mesa nos sentamos todos como buenamente podemos. Pero a la sopa de los frailes tanto Luis como los ciclistas, a excepción de Fu y Sin Wai, empiezan por hacerle ascos. Pepa muy resuelta, lo que sucede -dice- es que eso lo soluciona ella en un plis con unos Sopinstant, de los que Luis se ha embuchado él solo, como poco, cuatro; y porque asegura que a él los champis, y más si son con un poco de tintorro, ”le ponen la hostia!!!” Y dicho con ese mismo énfasis. Pero ya lo que nadie se esperaba es que la policía montada del Canadá fuera activista de ACF, una organización internacional que lucha contra el hambre. Y nos ha obligado, a la monja francesa y a mí, a hacerle de traductores, porque Pepa se ha inspirado, y reconoce que ella al Camino ha venido a eso, a abrazar el mundo espiritual y a encontrar una causa justa a la que entregarse y por la que luchar. Luis ahí me ha pegado un codazo. Pero un codazo que es que he visto las estrellas. Y al segundo se me arrima y me dice, que la causa más justa en que podría Pepa invertir sus fuerzas es en chupársela a él, que reconoce que ya hace una década que no se le empina. Así de soez y sin cortarse, que yo me temo que hasta me he sonrojado. Y, entonces, me he acordado de Carmen, y sé que ahí fue cuando comencé a pensar: a esa mujer lo que le sucede es que es vidente. Y esto ella lo sabía…

Mil millones en el mundo que sufren desnutrición y hambre crónica, cuando el Planeta cuenta con recursos de sobra para alimentarnos a todos. ¿Mecanismos de beneficencia? ¿Hambre oculta? La realidad es que sólo las hambrunas llegan hasta nosotros pero las hambrunas son un episodio muy concreto y muchos, muchos los millones de personas en el mundo, que sufren el hambre oculta. Y los ciclistas, a falta de cuchara que llevarse a la boca, han empezado a seguirle el ritmo a Luis a la hora de llevarse el vaso a los labios que eso, yo antes, no lo había visto, beber vino como si fueran litros de agua, que es casi todo lo que hace el belga, no dejar de acarrear jarras… Y para cuando llegamos a los años 2010-11, que es cuando el índice del precio del cereal -y a pesar de las medidas tomadas por la FAO- se dispara, todos hemos acabado con la sopa, que a mí me pareció que estaba buenísima, y ahí mismo me voy a poner a apuntarla… antes de que pasemos a servir el segundo plato. Y eso le parezca a la montada como le parezca. Que una sopa tan rica como ésta no tiene desperdicio, y eso ni aunque a los frailes se les ocurriera ponerle merdeux de vache. Y de segundo: huevos rotos como patatas y jamón en aceite de oliva de la marca El Crucifijo. Que nadie puede imaginarse lo que es un equipo de ciclistas famélicos, con poco más que pan que llevarse a la boca, y a falta del arroz de costumbre. Porque no habrá un chino -dice Luis- que no eche a faltar eso. Él, que me escupe que ha caminado todos los caminos del mundo, y que nunca ha visto un jodido amarillo no prepararse esa porquería de arroz blanco hasta para el desayuno, que si fuera con calamares en su tinta -reconoce que él lo entendería. Pero así, a veces ni con sal y ni con azúcar, ni ketchup… pues no.

Yo, si no fuera educado, pienso que me habría apetecido subir escaleras arriba y agarrar a Carmen por los pelos y arrastrarla hasta aquí. Pero tal vez eso fue lo que más me sorprendió de todo, que esa imaginación irracional se materializara en mi mente. Y ya, a partir de ahí, fue cuando comencé a preocuparme por mi salud mental. Porque sucumbía a pensamientos y sentimientos denigrantes, denigrantes y desconcertantes, desconcertantes e incluso aberrantes. La subida del precio del pan, la tragedia, la preocupación de la nación europea, ¿la amenaza yihadista? El precio del petroleo, el impacto fortísimo del hambre en todo el mundo, la dependencia energética de la agricultura, del precio del petróleo, como en los años 70, cuando Tricky Dick tomó por todos la decisión más nefasta de nuestras vidas… los pesticidas y los fertilizantes, ¿Monsanto? ¿Puedo decir aquí Monsanto? La comida que viaja como nunca imaginamos. Un producto lácteo que se ha creado en Alemania puede llegar a viajar hasta 5000 km y cuando tú vives a menos de diez de un producto que es no una sino hasta diez veces mejor. Con vacas que respiran lo mismo que tú y un sistema inmune que lucha contra lo que también luchas tú… y desde las economías más sostenibles, sin la sonrisa depredadora del… ¡Ah no! Comunismo no. Yo eso me niego a decirlo, señora montada. Los frailes nos miran a todos un poco… ¿tal vez extáticos? Mientras los ciclistas, OICHIHUANGO esto y venga OICHIHUANGO lo otro… y todo es OICHIHUANGO y OCHIFUUCHACHAFU. No, los frailes nos miran a todos con eso que debe ser la beatitud pero no nos hablan, ahora, de los kilómetros que llega a recorrer una mujer en África, y de las horas que pasa al día andando, para transportar esos necesarios litros de agua sobre su cabeza. Y lo que he de reconocer es que cuando les escuchaba en la cocina… creo que estaba empezando a entrever la tragedia. Porque con ellos era distinto, eran seres humanos que transmitían una profunda experiencia religiosa. Y cuando la señora montada no, porque la señora montada lo que busca es un protagonismo heroico que en su vida real no tiene.

Algún ciclista tampoco ha probado lo que tiene delante del plato, debería darle vergüenza, no comer cuando se puede y la gente se muere por no tener que comer. Pero ya algún compañero, que le hace menos ascos al mundo, se aventura a preguntarle si esa comida es que no tiene dueño… El otro sigue bebiendo y sonriendo como beben y sonríen los poetas chinos que aman la sombra, la luna Y el vino… con una de esas sonrisas estúpidas que prometen ser indelebles. Porque al final, ¿qué es lo que nos interesa en la sociedad occidental? ¿no ir a morirnos de cáncer? ¿ni a los 70, ni a los 80, ni a los 150? Pepa y la señora montada me han pedido que las ayude a intercambiarse sus direcciones email. Luis, ahí, ha tratado de darme otro codazo pero a ese he podido adelantarme y el de Bilbao se ha ido al suelo. A Wang le ha dado por reírse a carcajadas, y ha terminado por vomitar todo el vino que había bebido sobre la mesa, que menos mal que había sido de los que no había probado bocado, y que estaba en el otro extremo. El codo es cierto que a Luis un poco le sangra pero en lo que ha resultado peor parado ha sido con lo de sus gafas, que se le han roto. Luego Xu, que también chapurreaba algo de español, y porque se reconoce como gran admirador de Bertín Osborne, cuando todo esto del hambre terminaba de traducírselo a los del equipo, también ha comenzado a troncharse de Luis, y entre carcajada que va y carcajada que viene, ha señalado a Luis con el dedo y ha dicho en un perfecto francés <<Il est dans le choux.>> Que, entonces, Luis lo que le contesta es: <<A ver, payaso de los cojones: ¿pudiendo darnos de hostias para que vamos a discutir?>> Que eso jamás lo habría sospechado de mí pero, ahí, le he agarrado del hombro como si yo también fuera vasco, y le he dicho al oído: <<Estoy seguro de que si no le pegas, hoy Pepa te la va a mamar.>>Y el postre de chocolate, cardomomo e higos, nadie se imagina -en palabras de Luis – lo cojonudo que estaba. Pero no por ello la canadiense iba a detenerse y será, entonces, cuando más se ensañe con los especuladores, que según ella son los que no producen nada, los que sólo buscan el beneficio y promueven la volatilidad de los precios. Y al final, por la epifanía que se operó en Pepa, lo que a nadie debería de extrañarle es que el maltrato sea lo que es… que te empeñes en tener todos los boletos de lo que se rifa. Porque ya antes de irse a la cama, Pepa y ese salvaje del vasco como si fueran pareja de hecho, mientras el belga y yo… recogemos todo. Pero, ¿y Carmen? Subo arriba y lo compruebo. Los hermanos duermen y ella, como olvidada de todo, lo hace sobre uno de ellos…

Abajo hay un ordenador y se me ocurre, precisamente ahí, realizar esa búsqueda, la de esa referencia por la que le preguntamos al llegar a Viotte. Y la búsqueda da su fruto, sólo que su imagen, la de la autora, no se corresponde con su nombre. Y ahí, lástima, Viotte se ha presentado y me ha preguntado qué tal ha sido la cena… Así que apenas he tenido tiempo de comenzar a leer esa historia en Red… Pero a Viotte lo que le digo es que nada puede haber resultado más perfecto… Y, entonces, nos hemos puesto a hablar del Camino, y él me ha mostrado su credencial, para ir señalándome algunos lugares, y ya cuando me ha visto bostezar se ha disculpado conmigo por entretenerme, y ha esperado al pie de las escaleras a que yo desapareciera antes de apagar las luces.

Tras auparme hasta la litera y trascurridos apenas dos minutos, Luis -es posible que por efecto de los copiosos litros de vino- comenzó a roncar a pierna suelta pero con un ronquido, de tal naturaleza, que habría que ser un dios impasible para ignorar ese bramido digno del toro de Poseidón. Aquello era insoportable, y parecía recorrer y chocarse con todos los rincones del desvencijado caserón de Viotte. Y estos ronquidos guturales, poco a poco, fueron despertando la simpatía de los estertores de las camas vecinas, y Carmen no tardó en responder también a ellos. Así que esto era la tan aplaudida vida en comunidad. Pero por sentirme, yo, tan ocioso y no contar con recurso alguno para matar ese tiempo de tormento… se me ocurrió moverla ligeramente a ella, sucediendo a continuación yo no sé bien qué; porque ella magia, a eso, cree que no debemos llamarlo… Pero cuando ella abrió los ojos, y comenzamos a acariciarnos, primero las mejillas y los brazos y sólo para terminar estrechándonos… yo habría dicho que aquel calor lo era y creo que cualquiera, que lo hubiera experimentado, también lo habría dicho… Después todo se ha complicado algo más, porque era evidente que ambos nos experimentábamos muy excitados pero el momento, de darle curso a un ardor como ese, con los frailes debajo nuestro y las monjas, siempre tan silenciosas y risueñas, tan cerca, no era. Y lo que ignoro es como ella se las ingenió, para que después de algunas horas y de haberlas pasado inflamado… se me cerraran los ojos. Aunque abrir creo que los abrí casi de inmediato, para descubrir, entonces, que Carmen ya había volado. Salté apurado de la litera, y corrí escaleras abajo. La encontré preparándose para irse y con un perro a su lado. El perro parece ser que pasa la noche en ese sillón, y por eso en el albergue puede entrar cualquiera. Porque, a pesar de que sus puertas siempre permanecen abiertas de par en par, a tenor de esa madrugada….nadie se encarga de importunarnos. Y ahora, ella no deja de ser amable conmigo pero tampoco se muestra ya tan cálida como se había venido mostrando cuando me tenía entre sus brazos…

Algo antes de las 6h. ese infinito pasillo de la rue d’Espagne en Le Chemin vers l’etoile, se ilumina a nuestro paso y van transitando ante nosotros los hitos de este Camino que, ahí, algún pintor desconocido ha trazado: la torre de la puerta de Notre-Dame, la iglesia gótica al pie de la Nive, la iglesia de Santiago y la de los pares, al pie de las montañas en Roncesvalles; y a tres jornadas la templaria Santa María de Eunate, a pocos kilómetros del puente medieval de Gares y, luego, Logroño, con el apóstol ecuestre, el guerrero matamoros frente a la amenaza musulmana, y las gallinas blancas de crestas rojas de la Calzada; y un paisaje como de amapolas y álamos sin gota de sombra, tras sobrepasar Burgos en la línea, yendo al encuentro con Hornillos y con Hontanas, antes de la Frómista del Canal de Castilla y del San Martín más elegante. Y, después, cigüeñas sobre Sahagún y, después, León y la Catedral. León que significó tantas cosas pero ya después de León… y aunque ella lo alumbre… no logro ver nada. Que, entonces, no lo supe pero eso era un giro del destino, el giro hacia la ciudad origen.

La calle en ascenso desde que damos nuestros primeros pasos. No le pregunto si hacemos lo correcto al alejarnos con esa oscuridad, porque creo conocer la respuesta que ella habría de darme. Ni siquiera, al volver la vista atrás, Saint-Jean-Pied-de-Port arroja, prácticamente, alguna luz sobre sí; sólo la de sus farolas, porque nadie en el pueblecito parece, ni tan siquiera, haberse despertado aún. Y como me siento es muy emocionado, al ver ese indicador de etapa que su frontal ilumina porque, por vez primera, me experimento insuflado de un espíritu que no parece ser el mío, y que es el espíritu del que toma posesión todo caminante y todo peregrino… el espíritu indómito del Camino. Y que relegado gorjeo, el que anida ahora desde la lejana desmemoria de la adolescencia, estas tripas que me alborozan. Casi sin poder creer lo que vivo, con esa sensación, al pie de la ruta tomada por las tropas invasoras del mariscal Harispe y Napoleón.

Pero lo asombroso de la noche es que uno no percibe la pendiente de la misma atravesada manera, y la noche caminada con los bastones de los ojos es más leve…

A las 6h30min. habremos alcanzado el caserío de Iruleya. Pero sólo será al borde de las siete, cuando los conos que perciben la montaña como si revelara la presencia de Dios, comiencen a recibir la estimulación fotónica necesaria. De Orisson son 5 km, desde aquí, los que nos separan. La carretera es estrecha pero todavía el asfalto nos parecerá muy dulce. Va a ser un día cerrado en lluvias, lo más seguro. Ella recurre a una capa que en minutos chorrea, agua y sudor, y su giba resoplando delante mío me hace sonreír felizmente. Lo reconozco, no sé porqué antes no he andado pero éste es todo un dichoso descubrimiento. Y el verde de este entorno vibrante comienza a alojarse en mi alma, como antes sólo recuerdo que lo hicieran el azote del viento y los oleajes marinos de las corrientes océanas.

Luego, comenzamos a concurrir con todos esos hermosos ejemplares de oveja latxa, con sus beiges mantos largos y sus cabezas y patas oscuras, con cuernos como de constelación. Todas enfrascadas en la hierba. Y ni una sola pendiente de nosotros, que ya es curioso, que ellas sientas que aquí importan tanto, y que no te plantees que tú para ellas quizá ni existas. Y vamos viendo como hemos venido izándonos, como por una sierpe de asfalto, donde se comprende que las nubes, incluso desde su insignificancia, pueden llegar a resultarnos lo más amenazante. Pero estamos cerca de Hunto, donde también se ofrecen camas, y donde Carmen propone que nos detengamos a desayunar algo. Noticia que a mí me parece estupenda porque sin pensarlo, siquiera, le he cedido el control de mi vida. Y ella, sin quererlo siquiera, ha pasado a ser para mí tan importante como antes lo había sido Albany, y como antes de Albany lo había sido mi propia madre. Es una vergüenza, lo reconozco. Pero porque lo sea… no deja de ser mi verdad. Ya que es como si desde siempre -y de esto es de lo que me hago consciente ahora- hubiera estado esperando que alguien tomase por mí todas las decisiones; y un poco me duele pensar, después de todo, que esto sólo lo hice porque me aterra tener que asumir la responsabilidad de aceptar mis errores y mis equivocaciones, mis fracasos. Pero algo que también evita que pueda sentirme orgulloso de mis aciertos, de mis intuiciones y de mis éxitos personales. Así que, a poco más de tres kilómetros de marcha, ya he comenzado a entrever qué clase de verdad me ofrece el Camino… y cuando estoy mordiendo el croissant, lo que descubro es que aquello que me impedía verme como era, y que se parecía a esta niebla que nos rodea, ahora ya no se se encuentra dentro de mí mente, y eso puedo observarlo con una lucidez casi diáfana. Pero es que estamos hablando de un crecimiento inédito, que no se había producido en mí desde… no sé pero no sería exagerado decir que, tal vez incluso, desde la adolescencia. Y que no seré yo la primera persona que esto tenga que confesarlo. Porque nuestros logros crecen, es evidente que crecen, logros intelectuales y logros materiales pero quizá nuestro ser infantil no. Y yo vulnerado no creo haber sido pero… <<¿Vamos?>> -me pregunta, ella, ahora… Si es que mientras reponíamos energías ni hemos hablado. Ella me dirá que ese es su sueño… ser capaz de caminar con alguien así. Cada uno en su mundo. Y sin llegar a ocupar el del otro. Sólo entendiéndolo. Entendiéndolo y aceptándolo. Sin sentirse obligado a tener que dar algunas excusas, todas insufribles, y a pocas explicaciones… qué fresco eso, porque reconozco que lo parece, fresco o inédito pero también hay que descubrirse viviéndolo, para reconocer que siempre podría, e incluso debería… ser así, como el <<Ser>> es. Y cálida no, lo real pero más cordial difícilmente.

Nos desvía el Camino aquí, campo a través. Y esa mole que veníamos mirando es lo que habrá que no sortear y ascender. Y esta parte es la única parte que quita el resuello pero eso lo puedo jurar. Sólo que de los dos yo no sería ahora el más débil, y tengo la oportunidad de encajar su respiración dificultosa como un auténtico caballero. Siendo paciente. Lo que siento que, tal vez, me granjea sus más sinceras simpatías. Y para cuando retomamos el contacto con la carretera, y alcanzamos la mesa de orientación… sé que, por fin, había logrado transmitirle a ella que éramos algo más que un hombre y una mujer, o dos compañeros sexuales cualquiera. Quería que ella confiara en mí y algo en su actitud última, algo que -aunque pueda resultar extraño me trascendía- eso, me decía que ya lo había conseguido… llámese devoción o piénsese lo que se debe, que cuando el discípulo está preparado… el maestro se ofrece. Y los dos saben esto: que siempre alguien tiene que enseñarte algo, y que el otro no siendo tú es igual que tú y está en las mismas que tú. Algunos con mucho talento para eso… otros con mucho talento para lo contrario, o viceversa. Pero es raro que en algo tú no puedas ayudar al <<Otro>>; e, igualmente, el <<Otro>> u otro a ti… En fin, que yo comprendía intuitivamente, o desde el fondo de mí que, esa gratitud por ser el <<Otro>> y sólo ese, yo la había conquistado. Y todos los sinónimos concebidos son feos en este punto. Porque no habremos inventado para ese entonces, el <<Significante>> que eso inefable no lo hacía palidecer… Pero creo que, de algún modo, ambos sabíamos que si no nosotros… otros lo lograrían antes o después. Y eso nos hacía avanzar como avanzábamos, henchidos y hasta que yo me espeluzné.

– ¿Qué te sucede? -me preguntó ella cuando me vio sobrecogerme de esa forma.

– Si te lo digo -le dije- creo que no me vas a creer.

– Estoy segura de que sí -me expresó finalmente ella.

– Pues me ha parecido vernos -le digo- pero más que eso. He sentido como nos atravesábamos. En realidad no a ti, los dos que descendíamos, nosotros mismos que nos hemos girado imprevistamente, a un paso por delante, atravesándome al hacerlo los dos a mí.

– ¡Ah! Sólo era eso. ¡Qué susto me has dado! Creí que a tu corazón le sucedía algo espantoso y que ibas a morirte aquí. Ha debido de ser un <<Déjà existé.>>

¿Déjà existé como un <<Déjà vu>>?

– Sí pero un caso particular. Ven, sigamos, tiempo tendrás de entenderlo. Ahora sólo confía en mí, por favor.

Andábamos por encima de las nubes, aunque todavía lejos de tocar el cielo con nuestras manos, como les sucede a los peregrinos al atravesar le port Cize, en palabras de Aymeric Picaud. Y aún así, a pesar de la llovizna y de mis existenciales tribulaciones… por entre el eco de los minifundios y lo ondulado de estos promontorios pirenaicos, a mí me parecía ir a poder hacerlo en algún momento del articulado devenir, y que es lo que demuestra hasta que punto seré incapaz de adelantarme a ningún hecho. Lo que no deja de ser bastante alentador en depende qué condición, porque si el filósofo de <<lo que dura>> estuviera en lo cierto… Pero un ¡GORA EUSKAL HERRIA! inmediatamente me regresa a la realidad. Y desde ahí, desde ese depósito circular de agua donde lo han pintado, todavía no nos lo imaginamos pero el refugio de Orisson está, como quien dice, a un tiro de piedra. Y seré yo, quien le preguntará a monsieur Etchandy por esa referencia en francés… y, aquí, lo que existirá será un sobre, ciertamente. Un sobre del que él me hace entrega. Carmen nos ha buscado un sitio al fondo, a pesar de que aquí, ahora, sólo estamos Etchandy y nosotros. Pero pronto voy a descubrir porqué el más discreto… En la única mesa redonda, a la altura del ventanal por el que se observa como la gente venida desde Hunto, ni siquiera se detiene aquí y prosigue su ascenso… y bajo el extintor.

– Toma -le digo-. Esto que me han dado debe ser por lo que estás esperando. Ella lo abre y lo que me muestra es tan solo un fotografía de un cementerio en París.

– ¿Lo reconoces? -me dice.

Le digo que sí, claro. Porque qué francés puede no reconocer una vista aérea de Montparnasse. Y a continuación, pues -continúa- vamos a poner las cartas sobre la mesa. Levanta el lateral de la bandolera y lo que pone sobre la mesa es ¿una losa de mármol? A mí eso me escalofrió, claro. Pero también -advierto- que no sé porqué razón.

– ¿Tú qué crees que es esto? -me pregunta.

Y yo digo: <<No sé. Parece algo très ancien>>

– ¿Antiguo? -comprende ella.

Pero, entonces, lo que saca de su mochila es un cuadernillo cualquiera. Y escribe algo que por dos o tres veces tiene que detenerse a pensar. Luego ese escrito me lo tiende y me dice: <<Esto no debes olvidarte de conservarlo contigo; pero ahora léelo en voz alta, por favor.>>



<<OM
Purnamadah purnamidam
Purnad purnamudacyate
Purnasya Purnamadaya
Purnamevavasisyate>>

Leo despacio y nada sucede, como era de esperar. Pero luego ella me insiste, y lo que me especifica es que si voy a repetirlo… lo que debo es salmodiarlo -que eso lo habré de entender- pero al unísono de ella. Porque <<Om>> como me explica es el sonido primordial, el rumor de la vibración primordial… y lo que sea que vaya a suceder… si deseo detenerlo en algún momento es ahora o nunca. Y que eso es lo que debo entender, y lo que debo valorar. Si quiero detenerlo, cuando aún es posible hacerlo, porque en términos de lo real, la simultaneidad relativa es probable que no exista. Pero nada va a detenernos:

<<OM
Eso es perfecto y esto es perfecto.
Y cuando lo perfecto se toma de lo perfecto…
sólo lo perfecto permanece.
OM. Paz, paz, paz>>

Y yo salmodio, y ella salmodia. Y, entonces, lo que sucede es a mi entender nada, o en mi percepción nada. Sin embargo, cuando ella empuja esa piedra hacia mí, y dice lee lo que quieras por donde debas… yo, a priori, no doy crédito pero cuando las manos se ponen sobre ello, mis manos saben desde antes que es un libro; y, lo que es mejor, saben comportarse con ello como si lo fuera, aunque yo eso todavía no lo sepa. Pero ¿y lo que mi sentido de la vista reconoce qué es? En principio el texto, porque todo es texto, afortunadamente. Pero más allá del texto… ¿la historia, si se puede describir así? Porque esto no es la imagen que concebimos a través de las pantallas… porque es como lo que sucede en nuestros sueños y, tal vez, en nuestros delirios alucinatorios, porque yo eso no lo puedo saber… No como un refugiarnos en una fantasía o alguna ensoñación… que proceden del abstracto goce… Aunque lo que comparte con el cine o la televisión es lo que tienen de inofensivo, así que presiento que no va a causarme ningún daño físico…

– ¿Qué demonios es esto? -le pregunto. ¿Puedes explicármelo, por favor?

Pero ella dice que sólo puede decirme lo mismo que dijo Mallarmé, que <<Nombrar un objeto es suprimir tres cuartas partes del goce de un poema, que está hecho de adivinar poco a poco: sugerirlo, aquí está el sueño. Es el uso perfecto de este misterio, lo que instituye el símbolo: evocar poco a poco un objeto para mostrar un estado de ánimo o a la inversa. Escoger un objeto y liberar un estado de ánimo a través de una serie de desciframientos.>>

[CACGUACCAUGCU]

https://elespiritudelchemin.wordpress.com/solucionario-de-cahier-ame/

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  1. ”El conocerse es en el Espíritu la existencia”

    H. W. F. Hegel

    Para quien conoce y recorre este camino… resultará relativamente sencillo situarse pero aún así va a chocarse con algunas extrañezas. Y en la segunda lectura, como es lógico, uno querría recorrer la acción de un modo lineal, consecutivo, aunque así se pierda el orden de la casualidad. Ésta que continúa es esa segunda lectura:

    El aliento de Natashia / La salida del albergue de Peñaseíta / El mágico bosque en el ascenso al Puerto de El Palo / Signos en devenir / En el Alto de El Palo la aparición de un viajero / De paso por Montefurado y de camino a Lago / Las confesiones de Robert Walser / Tras la comida, el viajero y el peregrino, se ponen en marcha / La llegada a Berducedo / La peregrina eslovaca / La estrategia del tejo / La llegada al albergue de La Mesa / El trágico accidente / Julien Green / El corazón de Dios / Creer y sentir / Las compañeras de camino / El congreso del Finnegans Wake / El discurso del placer / La pureza de la espiritualidad / El acelerador de personas / La llegada a Grandas de Salime / Los fundamentalismos cristianos / El albergue en Grandas de Salime / ¿Un milagro? / De Malévich y Baumgarten / La caja metafísica / La ayuda necesaria / Del complejo boceto / El beso de Natashia / El asesinato de la peregrina Denise Thiem / La salida de Grandas de Salime / El encuentro con C. S. Lewis, como Clive / Conociendo el amor / La fuerza del eros / La felicidad de la philia / La construcción de la amistad / El conocimiento intelectual de la caridad / La conversión de C. S. Lewis al cristianismo / El sentido del sufrimiento / La comida en A Fonsagrada / De la experiencia en la caja metafísica / Las explicaciones de Ne-Je / La molécula de la fe / El discurso del psicoanálisis según Alfredo Eidelsztein / El discurso del saber según Arturo Frydman / Los destinos celulares y el lenguaje del inconsciente /

    .

    / Atrévete a saber de la excelencia moral / El tacto infinito / Caminando con Diotima de Mantinea / La amistad para Aristóteles y Epicuro / La amistad para Cicerón y Séneca / La Durée de Bergson / Caminando con Guillermo Páramo Rocha / En el nombre de los matemáticos / El caparazón de Reichenbach / La llegada a O Cádavo / Con Alessia de Liubliana / Sin noticias de ellas / El método de C. G. Jung / La alucinación / Caminando con Adrienne von Speyr / De la aporía del instante / Hablando del odio y de Dios / El lenguaje de la palabra pura / La noche del amor perfecto / La despedida de Adrienne / Mauriac, el analista de conciencias / La llegada a Lugo / De la ciudad origen y el experimento colectivo / Los billetes de autobús / Los elohim y la oración incesante / El terremoto de Lisboa y la catedral de Lugo / Los principios del protestantismo / La verdad de Parménides / El despertar con Peter Grimmig / Sensaciones extrañas / La muchacha que andaba descalza / Las aves y las sibilas / El abandono / Los augures de Plinio / Los misterios de Santa Eulalia de Bóveda / Los galiambos de Catulo y el culto de Atis y Cibeles / La llegada a San Román de la Retorta / El homenaje de Luz Pozo Garza / La acogida de los peregrinos / La identidad de Euler / La suspensión de la credulidad / La llegada de la doctora Osip / De las virtudes del cannabidiol / Los factores anti-tumorales de los cannabinoides / Los sueños que se repiten / La inédita creación del espíritu / El método de María Zambrano / La poesía de Arseni y Andrei Tarkovski / La vida en los límites / El perro hospitalero / El destino de Robert H. Blyth / El homo viator de Gabriel Marcel / Caminando con la historia de Martín Barriuso / La justicia de Manuela Carmena / La hora de la política / Un recorrido por la historia / Caminando con Michel Onfray / La llegada a Melide / El papel de la filosofía en el mito / Las ideas revolucionarias de Manuel Castells / Comunidad, inmunidad, religión y umma / El problema del Islam / El Pulitzer de Kevin Carter / El papel del artista y la creatividad / La paz de Sájarov y el mal de Küng / El secreto de Oppenheimer / El Camino de Andoni Moreta / El lugar del psicótico / Los casos de Issei Sagawa y Altusser / Los postulados filosóficos / Lugares comunes / El Reino de Jesús / Fideísmo, deísmo, teísmo y panteísmo / El conocimiento de los cannabinoides de Manuel Guzmán Pastor / Caminando con August Strindberg / La psicosis de Swedenborg / Pasando miedo / El monumento del Monte del Gozo / La llegada a Santiago de Compostela / El comienzo del Camino / La cena en el albergue de Saint-Jean-Pied-de-Port y la partida / El viaje con la española / El final del sueño / Aparentemente sin conexión / La fisiología del sueño / La sonrisa del profeta Daniel [o parámbulo]

    Créditos de este ensayo dramatizado, Libro Tercero [o Primero] de CAHIER ÂME. Todos los que se aportan a través de estos comentarios.

    Manuel Guzmán Pastor / Clemente de Alejandría / Tomás de Aquino / Aristófanes / Aristóteles / Manuel Asensi / Marco Aurelio / Gaston Bachelard / Alain Badiou / Baudelaire / Samuel Beckett / Henri Bergson / Leon Bloy / Bollnow / Borchardt / Jorge Luis Borges / Joë Bousquet / André Bretón / Luis Buñuel / Agustín García Calvo / Giorgio Candoni / Catulo / Julio César / Cicerón / Pablo Coelho / Pablo de la Cruz / San Juan de la Cruz / Eduardo Chillida / Jacques Derrida / Emily Dickinson / John Donne / Meister Eckhart / Alfredo Eidelsztein / Paul Éluard / Epícteto / Epicuro / Esquilo / Filostrato / Otto Fisher / Quinto Horacio Flaco / Michel Foucault / Arturo Frydman / Robert Frost / Ana Goutman / Julien Green / Guardia Pons / Romano Guardini / Heidegger / Helena / Agustín de Hipona / Friedrich Hölderlin / Michel Houellebecq / Janni / Jenofonte / James Joyce / Juliano / Paul Klee / John Lennon / Levin / Henri de Lubac / Gregorio Luri / Martin Luther King / Peter Kingsley / Milan Kundera / Jacques Lacan / Laplace / Leibniz / C. S. Lewis / Locke / Ignacio de Loyola / Maurice Maeterlinck / André Malraux / Gabriel Marcel / François Mauriac / Dmitri Mendeléiev / Xurde Morán / Jean-Luc Nancy / Marie Nöel / Novalis / Teresa Oñate y Zubia / Rudolf Otto/ Guillermo Páramo Rocha / Parménides / César Pavese / Platón / Luis Pimentel / Alejandra Pizarnik / Plinio / Luz Pozo Garza / Giovanni Quessep / Ratzinger / Reichenbach / Renaud / Paul Ricoeur / Silvio Rodriguez / Enrique Rojas / Jean Jacques Rousseau / Carl Sagan / Guillemo de Saint-Thierry / Ada Salas / Singul / Salinger / Séneca / Edmund Spenser / Baruch Spinoza / Suter / Rabindranath Tagore / Tarrida del Mármol / Igor Teréntiev / Thibon / Ricardo Urueta / Vicent van Gogh / Craig Venter / Vico / Robert Walser / Simone Weil / María Zambrano / Andrei Tarkovski / Arseni Tarkovski / William James / Robert H. Blyth / Pável Florenskij / Martín Barriuso / Manuela Carmena / Jean-Jacques Rousseau / Condorcet / Michel Onfray / Antonio Piñero / Manuel Castells / Giorgio Agamben / Roberto Esposito / Vrúbel / Baars / Block / Calmet / Proudhon / Noam Chomsky / Andrej Sájarov / Hans Küng / Daniel Andréiev / La Biblia / La Bhagavad-gītā / Roosevelt / Blanchot / Althusser / Lao Tzu / Buber / Tim Robbins / Aristarain / Loisy / Erasmo / Montaigne / Ana del Valle / Cioran / W. B. Yeats / August Strindberg / Octavio Paz / Dylan Thomas / Lord Byron / René Char / Renard / Schopenhauer / Quenau / Sarraute / Ortega y Gasset / Fidel Fita / Aureliano Fernández Guerra / Bertrand Belin / José Slimobich / Mario Vargas Llosa / Mallarmé / Wittgenstein / / Carlos Paola / Silvia R. Pontevedra / Pablo García Baena / Emilio Olcina / Luis Vivanco / Abdennur Prado / José Lezama Lima / Francisco Pérez Abellán / Torcuarto Fernández Miranda / Romano Van Der Dussen / Proudhon / Gregorio Morán / Reinaldo Teixidor / Michel Onfray / Joan Garcés / Manuela Carmena / Cristina Sánchez / Guillermo Velasco / Francisco J. González Ponce / Aires Augusto Nascimento / Ricardo Alcocer Urueta / José Luis del Barco / Axel Cherniavsky / Feliciano Blázquez Carmona / Teresa Oñate y Zubia / Alister McGrath / Raúl González Salinero / Juan Pablo Martínez / Rolando Picos Bovio / Joaquín Beltrán Serra / Emilio Lledó / Antonio Malo Pé / M. Arnold / M. Nussbaum / Ángel J. Cappelletti / José María Zamora Calvo / Carlos Pereda / Thomas Robinson / Víctor Palacios Cruz / Carolina Pérez / José Manuel Cuesta Abad / Roni Akiki / Ángel Sánchez / Koldo Landaluze / Ángel M. Lorenz Rodríguez / Iván García Sala / Deborah García Bello / Juan Ramón Carbo García / Antonio Bentue / Anne Baring / Jules Cashford / Luz Pozo Garza / M. Albero / Jorge Montenegro Rúa / Emilio Aliaga Girbes / Maurice Blanchot / Gustave Thibon / Marcelo Augusto Pérez / Jacob Böhme / Victoria Cirlot / Cristóforo Gutierrez / René Uribe Ferrer / Carlos Alberto Carbajal Correa / Manuel Mandianos / Ana Goutman / Allan Hobson /

Es uno filósofo guardando silencio

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