Robert Walser y Herman Hesse


Robert me cuenta mientras ambos bebemos y yo como, que en su instituto sólo formaban ceros a la izquierda, y que a los 14 años él paso a trabajar como botones en un banco, mientas que su sueño era convertirse en comediante. Y también que después estudió para mayordomo, labor que desarrolló hasta que le salió esta plaza como bibliotecario, y después la enfermedad. Así que pensándolo bien, eso le convino, desaparecer llamando la atención lo menos posible, porque en su interior moraba una extraña energía que le impulsaba a conocer la vida a fondo, y un deseo indomable de aguijonear a la gente y a las cosas para se le revelaran… Hay quien dijo -dice- que tenía derecho a que el mundo me importase un comino [Herman Hesse] ; y que, entonces, miró por la ventana al horizonte azulado-verdoso, donde a su juicio residía el placer de la existencia. Quiero… debo irme… -pensó. Tengo que proseguir mi viaje… Aquí me voy a morir lo presiento. Tengo que estirar las piernas. Tengo que respirar el aire de los caminos. Y por muy mala que sea la comida prefiero comer en fondas miserables que aquí… Así que se marchó y se marchó dedicando una canción de muchachos al hermoso y cálido mundo. Y porque lo mismo que hay belleza en perder, la hay en olvidar. 

Es uno filósofo guardando silencio

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