Cioran


Ayer la iglesia no era pistacho. Pistacho era el color del tractor que decidí no nombrar, y que estaba adosado a ella. Después sumé las horas. De un absoluto de 192, escritas llevo 63 y media y omitidas, por este o el otro motivo, 38. Pero ya sabiendo que no voy a recurrir a fragmentos de poemas para separarlas, he pensado que en cada estación las horas deben titularse: (Una), (Otra), (la siguiente), (la subsiguiente), (la posterior) y (la última). Así que por ejemplo, habiendo desarrollado esa información acerca del tejo, su toxicidad y su remedio, en (Otra del Herbst), sólo me queda la posibilidad de desarrollar lo que todavía haya quedado pendiente de la cannabis, en (Una del Herbst), porque cuando pasas página lo tienes muy cerca y cuando después se hable de ello… sigue estando relativamente reciente. Y lo que me gusta de ello es que en esa hora, de camino a Compostela, es cuando escucho el andante del concierto nº21 de Mozart, y ahí procuraría que encajase también aquella cita tan maravillosamente descriptiva a de Cioran acerca de las músicas de Beethoven y Bach.

Es uno filósofo guardando silencio

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