Los agotes de Larrasoaña


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La tortilla maldita es una tortilla de patatas pero cuajada con manteca, a diferencia de la española que se fríe con aceite, y a la que se le añade una seta menuda que es escasa y de sabor suave. Esto puede leerse en el libro sobre el Camino de Santiago que escribió María Emilia González Sevilla. Y aunque resulte extraño, porque las zonas donde se reconocen asentamientos agotes son principalmente el valle del Roncal, situado en la merindad de Sangüesa, y el del Baztán, ese que Dolores Medio acertó a poner en boca de tantos con su trilogía, en Larrasoaña los documentos confirman la existencia de una casa de agotes situada a tres tiros de ballesta del casco urbano, junto a una regata.

Agote que es sinónimo de ser tratado como un apestado y cuyo origen no puede ser más incierto aunque varias sean las hipótesis que se barajan. El primero el de la cruzada albigense que se reconoce en la carta que se hace llegar a León X en 1517, y como protesta por a la discriminación que sufren en las iglesias.

Los agotes son los que han sido obligados a coserse un trapo rojo en forma de pie de gato (o, como les gusta reseñar a otros por su vinculación iniciática, una pata de oca). Pero ni esa bula que el Papa Médici-Orsini firma ni leyes muy posteriores, como la del 27 de octubre de 1817, que es la de la prohibición de las Cortes Navarras, logran acabar con el desprecio que expresan por los foráneos las gentes de estos pueblos autóctonos, como son los navarros y los del Pirineo aragonés, donde también se asentaron.

A mí, en lo particular, la hipótesis que más me convence es la que desarrolla Alizia Stürze que defiende que los motivos de la exclusión fueron mayoritariamente económicos. Esta tierra no era rica y no se podía permitir que los venidos de fuera adquirieran derechos sobre ella. Y de ahí que los intereses económicos propiciaran las supersticiones.

Sin embargo, a Xabier Santxotena, el artista que da vida a las esculturas de la Casa-Museo Gorrienea en Bozate y descendiente de agotes, parece que a pesar del siglo de la mudanza, el XIII, le gusta pensar que sus genes son o godos o vikingos porque Bayona no anda lejos y, sobre todo, el agote es un artesano de la madera. Hábiles en la pesca, atrapaban las truchas del río con las manos. Seres humanos que no podían tener tierras cultivo ni extraer la madera de los bosques comunales, o beber en las fuentes de los pueblos y que para los otros valían menos que un perro. A los que quemaban los pies con un hierro candente si sorprendían andando descalzos porque así lo contemplaba la ley y porque se creía que por donde pisaban no volvía a crecer la hierba, que cualquier cosa que tocaran la contaminaban. Quiero decir, conocí a una niña a la que sus padres le dijeron que no podía tocar bajo ningún concepto una pelota que antes hubiera tocado un gitano porque era letal y ya estábamos en el siglo XXI. Entonces, nada que sea tan extraño, es una forma social de pensar, un <<sensus communis>>, un consenso.

GUÍA SURREALISTA DEL CAMINO

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Es uno filósofo guardando silencio

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