El suspiro, la mariposa y el cuervo


Así que temblando como me temblaban las piernas, me pongo en camino siguiendo a los que pasan, saludan y sonríen. Pero en cierto momento, escucho ese suspiro. El suspiro parece proceder del objeto. Y decido esperar a la primera oportunidad que me surja para apartarme del Camino, y en cuanto veo ese pasillo que se abre a mi izquierda lo sigo. Creo llevar una singular mariposa amarilla revoloteando por delante pero cuando experimento el retorcerse de dolor del tobillo me preocupo, más que por su baile, por la conciencia de mi mismo. Así que me doy media vuelta pero tan desconcertado que me siento, porque estoy frente a un dilema de lo que me parecen infinitos pasillos y no sé cuál de ellos tomar, y el suspiro se repite. Pero ahora es un cuervo lo que carraspea y posado sobre una rama tose sobre mí como si tratase de llamar mi atención o -pensándolo bien- como si se preparara para hablar.

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Es uno filósofo guardando silencio

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