El partisano albanés


Y sucede una cosa curiosa. Una vez superado el invernadero de la calle Iturrizahar, nos encontramos con el partisano albanés con el que ayer Solange había estado compartiendo la tarde, un ser indescriptible que -en su endiablado dialecto- nos revela iba en su busca, porque había descubierto un lugar en Espinal que sospechaba que Solange querría conocer. Así que cuando, por la calle principal, veo que Nelson y Helga se alejan prefiero no llamar su atención, porque intuyo que el albanés conoce a Solange mejor que yo y sé, porque con Solange no puede ser de otro modo, que vamos a ir tras él hasta donde quiera llevarnos. Así que, en vez de seguir el Camino, nos movemos en dirección al albergue, en el sentido contrario, pasamos por delante de la cabina telefónica y la iglesia abuhardillada con sus ventanas replicantes, su pórtico y su torre del reloj, y continuamos por la N-135, en dirección al cementerio, que es el punto -según me explica Solange, que es quien ahora traduce- en el que se encuentran esas estelas. [12]

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Es uno filósofo guardando silencio

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