Antes de que asomase Jacqueline de Lyon


Y lo que dice es que ese libro quiere regalármelo porque ella ya lo finalizó, y en el Camino hay que desprenderse de todo lo que supone un bagaje innecesario. Y también que -en cuanto lleguemos a Pamplona– va a tratar de ponerse en contacto con Lá où dort le Chat y va a pedirles que le hagan llegar el mío a Logroño, Burgos o León o -me pregunta- ¿es posible leerte traducido al español? Así que me río con esa gracia fingida que me hacen los encuentros matinales con la pérfida de la directora de la escuela y niego con la cabeza y esa suerte que me viene al paso, cuando asoma Jacqueline de Lyon y éstas se vuelcan la una en la otra con entusiasmo, porque se habían perdido de vista ayer que era cuando se habían conocido, mientras me recrimino a mí mismo lo imbécil que soy. Eso sí, cuando Solange -antes de irse con su amiga, porque yo les digo que todavía no me animo- ha recordado que me había prometido algo, rebuscando a tientas en su mochila y para tenderme el título de Ledun, el vértigo que he experimentado ha sido algo extremo. Un vértigo ensordecedor en el que me vi trasladado de inmediato al espejo del espíritu que fue aquella mañana la espera frente a La Rue en Pente, en el 29 de la Rue de la Poissonnerie [18]

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Es uno filósofo guardando silencio

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