Las palmeras salvajes de Faulkner


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Solange ama a Faulkner y la historia que más ama de la obra Nobel de Faulkner es la de ‘Les palmiers sauvages’.

Faulkner escribía para que las aflicciones del ser humano, los problemas del espíritu, el problema del conflicto del corazón humano, su dolor, se doliera en huesos universales y dejara cicatrices. Y eso es lo que trata de hacer al imaginar al personaje de Charlotte Rittenmeyer, el de la adultera. Una mujer que lo ”sacrifica” todo por un ideal de amor: <<Escucha, esto tiene que ser una luna de miel, siempre. Siempre y para siempre, hasta que uno de los dos muera. No puede ser otra cosa.>> Charlotte, una mujer salvaje, sexualmente agresiva, potente, que toma la iniciativa, que juega el papel del macho, un temperamento artístico. Y Harry Wilbourne, un estudiante de medicina, un temperamento intelectual, que a sus 27 años no conocía el amor físico y que terminará por practicarle un aborto, el aborto en el que Charlotte, desangrada, pierde la vida. Pero cuando Faulkner estaba escribiendo esta historia, experimentó lo que en el contrapunto musical se conoce como el reposo. Digamos que la música tiene dos dimensiones, ascendente y descendente, que es el espacio, y la temporal, porque la música se mueve y reposa. Y en esos puntos de reposo es donde se permite que otra voz realice un movimiento, y que es donde Faulkner hace interveir a <<Old Man>>, el viejo Mississippi, cuando sufre un desbordamiento en el año 1927. Porque en el contrapunto, un compositor puede buscar dos cosas, la <<contra>> de la línea, porque la melodía es como hay que entenderla, y la <<contra>> del ritmo, de los valores rítmicos, que es la que produce el contrapeso: <<Podía oír el chocar de las palmeras invisibles, el salvaje ruido seco que hacían.>> El corredor oscuro, el viento. El susurro del viento negro que llenaba el cuarto pero no venía de ninguna parte. En palabras de Borges, su traductor al español. El viento, el mar, la arena negra. Todo contrapunto, <<punctus contra punctum>>, afectará al cromatismo de la tonalidad o del lenguaje.

Piglia dice que ésta de Faulkner era una novela de segunda línea en su producción pero que a través del estupendo trabajo de Borges, se convierte en central, llegando a influenciar a autores como García Márquez o Cabrera Infante, porque las traducciones tienen la capacidad de romper con las tradiciones literarias. Eso quiere decir que si a Borges, que no sólo era un señor muy malicioso, le molestaba transcribir <<fucking women>>, podía poner, tan tranquilamente, sólo un <<mujeres>> en la boca del convicto. Y tal vez por eso Piglia dice que no la traduce, que la versiona y que Faulkner se nutre de Borges. Pero las intrusiones con esta obra, creación del genio de la estructura, no han sido sólo obra del mágico y magistral Borges. Y desde 1946 se ha insistido en separar las tramas. Porque como explica Mercedes Robles, desde Loyola, en su ensayo ‘La presencia de Wild Palms de William Faulkner en Punta de Rieles, de Manuel Rojas’, hasta hace poco la estructura y su significado constituyeron un motivo de polémica que sin embargo, la intencionalidad de Faulkner, sólo por si misma, explica. Ya que de lo que Faulkner hablaba en las entrevistas que concedía, era del proceso interno que experimentaba como autor, de ese momento de reposo en el que como creador, la historia, la trama principal decrecía en la intensidad buscada, necesitaba que surgiera otra voz interna, que en su agonía, atravesada por el sudor, elevara su espíritu de creación.

Faulkner quería inspirar en nosotros, los escritores del futuro, que sólo las viejas verdades y realidades del corazón, las viejas verdades universales, sin las cuales la historia es efímera y está condenada a morir, el amor, el honor, la caridad, el orgullo, la compasión y el sacrificio, nos salvan de caer en el olvido, primeramente de nosotros mismos. No escribir -como dice- como asistiendo al fin del hombre y como si uno lo contemplara. Escribir sin miedo, escribir desde el corazón, no desde las glándulas. Porque ese es el deber de todo escritor y poeta. Enseñarse a si mismo que tener miedo es lo más bajo que hay. Y al enseñarse eso olvidar el miedo para siempre.

Pero el contrapunto: <<Cuando sale de la ambulancia puede oír las palmeras susurrando y silbando, como si estuviera tañéndolas un soplador de arena.>> El viejo que era la antítesis de esta huida por amor, plantea todo lo contrario, la huida del amor. Y el convicto que es enviado al rescate de la mujer que dará a luz, lo único que pide es que le encierren en la cárcel.

GUÍA SURREALISTA DEL CAMINO

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Es uno filósofo guardando silencio

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