Hablando de Hemingway


La mujer extiende la mano del guante con un gesto elegante y me ofrece que la acompañe. Luego se lo ha quitado y me la ha dado, una mano gélida que, sin embargo, ha tomado la mía con calor y, en seguida, después de presentarnos, hemos comenzado a hablar de Hemingway. [8]

Hemingway -dice- regresó muchas otras veces a Burguete y me habla de Kenia. Me cuenta que cuando viajó a Kenia en busca de las nieves del Kilimanjaro durmió en la misma habitación en la que supuestamente había dormido Hemingway, en un lugar rodeado por los masáis. Y yo le digo que en una ocasión leí un cuento de Hemigway. Un cuento en el que una muchacha mira a unas colinas y le parecen tan preciosas como elefantes blancos. Lamentando que Hemingway haya llegado a sentirse tan desesperado, como para pegarse un tiro con una escopeta.

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Es uno filósofo guardando silencio

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