El objeto patafísico


Ya una vez encerrado dentro de uno, al apreciar mis manos, he advertido que mis dedos se encontraban sanos como si nunca hubieran sufrido ningún daño. Así que he abierto con suma delicadeza la bandolera y, al sujetar el objeto contra mí, lo he percibido distinto. Decidido por ello a intentarlo, salmodio y con fe trato de entreabrirlo por tercera vez pero me ha sido imposible; así que me he resignado, y cuando ha comenzado a calentarse sobre mis muslos, sólo he alcanzado a ver cómo se formaban seis líneas quebradas que pronto se comportaron como si fueran gusanos y por lo que me asusté.

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Es uno filósofo guardando silencio

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