La tormenta


Y lo siguiente es lo que escucho, el éclat, un estruendo que hace temblar a la montaña entera. Y un pedrisco que me golpea los dedos hasta sentirlos sangrar y eso fue todo. Luego, casi me encontraba sepulto por la tierra pero ni mojado siquiera. El barro seguía en mis botas y un poco más arriba pero mi sombrero había quedado resguardado debajo de mí. Había algún lugar en el que todavía la tierra humeaba pero la lápida estaba intacta y yo también, porque los dedos, aunque muy magullados, podía moverlos. Y mi reloj volvía a funcionar. Eran tan solo las tres menos cuarto de la tarde, a pesar de la sensación de eternidad. Pero lo que más me desconcertó fue lo increíble que me sentía, con una energía vital como nunca recuerdo haber tenido, una energía que voy a calificar de abrumadora.

[SEGUIR LEYENDO]

Anuncios

Es uno filósofo guardando silencio

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s