La baraja del gitano


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En Roncesvalles se confabulan y agitan las leyendas carolingias y jacobeas. Es el Mundo de la Voluntad y Sácais lo que le dijo a nuestro peregrino es que él era el demonio de la mala voluntad, el tercero de los guardianes del umbral.

Hay quien piensa que a veces empleamos conceptos sin analizar seriamente que hay una historia de los conceptos, una vida de las palabras: como sucede con ese ‘mundo’, el mundo que procede del cofre y que en oradores como Cicerón, desde su sentido más común y popular, adquiere connotaciones de acepción filosófica, como me hace notar Helena: ”universus hic mundus, una civitas communis […] existimanda” (el mundo entero ha de ser considerado una única comunidad de ciudadanos.)

A Sacáis Manoj nunca le había dado nada, aunque tampoco es improbable que hablasen o que Sácais fuera esquizofrénico. Sácais lo único que pretendía era iniciar en Roncesvalles un juego de energías como aquel del que había llegado a saber. Así que le tendió a nuestro peregrino un saquito de esa seda del color del vino en el que el paso de los años dejan huella, y le pidió que introdujera su mano en él.

El peregrino inmediatamente cayó en la cuenta de que aquello con lo que Sácais le tentaba eran unos naipes. Así que la sacó, porque ese tipo de cosas a los católicos suelen despertarles un patente rechazo. Pero Sácais supo convencerle, confesándole cuando ese juego había comenzado a jugarse y porqué razón. No voy a explicarlo yo ahora, porque eso no me corresponde hacerlo a mí en ningún caso pero tampoco estos naipes eran unos naipes cualquiera. [5.1]

Luego, cuando nuestro peregrino ya se vio con el arcano en la mano, se quedó esperando algún tipo de explicación. La predicción para Sacáis resultó meridiana: ”Tu camino -le dijo- como sea se va a torcer en León.” Y la predicción, a nuestro peregrino y aunque nos parezca extraño, le dijo más de lo que a priori podríamos esperar. Tal vez porque exista un motivo del que tampoco hablaré y que, ahora, él esté recordando pero ni a mi entender ni al suyo esa fue, en realidad, la predicción más enigmática sino la que concluía así: ”Los ermitaños son aquellos que interpretan las experiencias visionarias que conducen a los hombres de corazón puro pero nunca aquellos que las contemplan.”  Y eso fue todo lo que sucedió, el peregrino regresó antes de que se cerrara al refugio Itzandegia y a Sacáis nunca más lo volvió a ver.

GUÍA SURREALISTA DEL CAMINO

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Es uno filósofo guardando silencio

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