El Mutus Liber de los Visconti-Sforza. Los Triunfos del Tarot


[5.1] Triunfos es el nombre que, en sus orígenes, reciben los arcanos mayores del Tarot. Alegorías que como en Petrarca, amor, castidad, muerte, fama, tiempo, eternidad, o Giotto di Bondone, estulticia, envidia, ira, desesperación, se dirigen como ideas a nosotros a través de su poética y de sus símbolos. ¿Se entiende, ahora, el porqué del significado del poema de Wang-Bi?

El Tarot no parece haber sido en sus orígenes un instrumento de adivinación, como sucedía, dos siglos más tarde, con las figuras que menciona Cervantes en su Quijote [5.1.1]; sino un entretenimiento de carácter estético, filosófico y moral [5.1.2]. Hay que contemplar, para comprenderlo, a los ‘Iocatori di Tarocchi’ que pertenecen a un fresco mural del Palazzo Borromeo de Milán, y donde aseguran que puede sentirse la impronta de Pisanello.

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iocatori di tarocchi

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Los Borromeo eran ricos comerciantes de la época. Y los Borromeo, y los de su clase, encomendaban a los artistas, cuyo nombre hoy descansa en la fosa de los anónimos, estas prodigiosas representaciones, en las que la inspiración del Giotto de la capilla de los Scrovegni [5.1.3] es innegable. Fosa a la que el nombre de Bonifacio Bembo escapa.

La historia de estas cartas puede conocerla cualquiera que se interese por ella, porque es del dominio público. Por lo que me voy a limitar a sugerir algunas cosas. Por ejemplo, La familia Visconti llegó a poseer -dicen- un número superior a 60 barajas; así que puede que por aquel entonces regalar un Tarot fuese considerado un gesto de buen gusto entre los privilegiados. Pero el fundador de esta casa fue Otton Visconti, que al tomar el control de la ciudad de Milán, lo hace derrotando a sus rivales, Della Torre, Triunfo que, ni como el del Diablo, llegó a encontrarse jamás entre los del mazo Cary-Yale. El mazo más antiguo que se conserva y el que fue creado para conmemorar el enlace de Bianca María Visconti, la antepasada de Luchino Visconti, el director neorrealista, y Francesco Sforza, la pareja que reconoceremos en el moderno arcano de Los enamorados del Tarot de Sacáis.

Ahora bien, qué hay de esos nudos borromeos, de los trajes de los consortes, de los actuales Emperador y Emperatriz. Y por qué terminaron dando lugar a los anillos moleculares de Borromeo, los ejemplos microscópicos del nudo borromeo, que a partir de Lacan sugiere la estructura de lo real, lo imaginario y lo simbólico. Y, posiblemente, en ese orden.

Siglos después, Carl Orff, pedagogo musical y especialista en música antigua, denominará a su trilogía musical ”Trionfi’ pero no adelantemos acontecimientos.

Reino, reinaré, reinaba y ya no tengo reino. Eso se lee en latín en una de las ilustraciones que adornan el códice del ‘Carmina Burana’, un manuscrito que fue hallado en la abadía Benediktbeuern, aunque se piensa que procedente del sur de Baviera y nacido entre los años 1220 y 1250. Recoge unas 300 rimas en latín, aunque no en metro clásico y algunas en un dialecto del alto alemán y, otras, en francés viejo; manuscrito que edita en 1847 Andreas Schmeller, aunque Orff lo descubra en torno a 1934.

‘Trionfi’ comienza con una apertura, también universalmente reconocida: ‘Fortuna Imperatrix Mundi’. Es decir, esta es la diosa a la que los romanos designaban como Vortumna, la que rota o hace girar el año. Y que se representaba como la alegoría de una rueda, aunque también, cuando era benéfica, como una cornucopia, por aquello del cuerno de la abundancia.

A Vortumna, en el panteón, como culto, la introduce Servio Tulio, rey de Roma, en la misma época en que Solón es legislador en Grecia, aunque ni Homero ni Hesiodo la citan, y cuando los poetas la pintan ciega y con alas. Pero con quien -dicen- más relación guarda es con el concepto de Tyché, como abstracción de destino. Vortumna que poseía un oráculo en la Palestrina de Preneste, un roble consagrado y su festival, Fors Fortuna. Lo que nos conduce a otra de las acepciones del Trionfo, que significa marcha triunfal pero también carro o carroza.

Así que la Fortuna y el conocimiento de su naturaleza es una preocupación vigente a lo largo de la Edad Media que, extrañamente, cobra inusitada intensidad entre los cantos goliardos cuando el compositor los interpreta, con su música -dirán que distinta- de rítmica potente. Y estos clérigos y monjes exclaustrados de vida errante y vagabunda, cultos porque tienen formación clásica, comerán y beberán y exaltarán el amor sensual y el goce de los sentidos, con jovial satisfacción por la vida. Los goliardos apelan, a través de la sátira y la ironía, a nuestra conciencia crítica para con el poder de los poderosos y de sus estamentarías.

‘Cantiones profanae cantoribus et choris cantandae comitantibus instrumentis atque imaginibus magicis’ (canciones profanas para cantantes y coros, para ser cantadas y acompañadas de instrumentos e imágenes mágicas), es el subtítulo del ‘Cármina Burana’. Entonces, observa como se conserva y se transmite un culto pagano entre el dominio aplastante de una religión oficial, inocentemente, como un juego.

Carl Orff después de ‘Carmina Burana’ quiso que todo lo anterior que había obrado en su trabajo musical dejara de contar. No existe -supuestamente- en ‘Carmina Burana’ una trama coherente. Orff se limitó a seleccionar 24 poemas del total del códice pero su estructura también es tripartita: ‘Primo vere, In taberna, Cour d’amours’ […]

GUÍA SURREALISTA DEL CAMINO

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Es uno filósofo guardando silencio

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