Una primera incógnita


Pero el hálito que me envuelve es constrictor y su abrazo, cuando quiero darme cuenta, me ha dejado sin respiración. Me quito angustiado como puedo la mochila y me dejo caer con mi cara apoyada sobre la losa, entre las raíces de esos árboles y al borde de esas flores, por evitar poner la cabeza sobre la tierra, ya que no sé esta vez cuánto el episodio va a durar.

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Es uno filósofo guardando silencio

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