La sustancia negra


Llevaba dos días encerrado en mi habitación de un hotel en la Rue des Pirénées, cuando decidí acudir al servicio de urgencias del hospital Tenon, en la Rue de la Chine. Pero, antes de alcanzarlo, alguien tuvo que ayudarme a tomar asiento en la terraza del bistro Chantefable, porque un nuevo vértigo me dominó.

Estuve de suerte. Al lado tenía su consulta uno de los mejores neurólogos de París, que será quien me diga que con ilusión la sustancia negra mejora. Esa zona pigmentada del tronco encefálico que palidece irreversiblemente en mi interior.

¿Qué años tiene y a qué se dedica usted? ¿Y por qué no?-pensé. Ahí me pareció lo más justo volver a mentir. Después que lo remediaría luego pero luego, ya en Biarritz y a donde regresé, volver a mentir me divirtió y la enfermedad, o si se quiere la curación, también guarda relación con eso, con una necesidad de recuperar el estímulo del placer. Buscar un nuevo comienzo y no cansarse jamás de repetir la misma clave: A pesar de todo, tengo derecho a ser feliz.

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Es uno filósofo guardando silencio

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