El trayecto a Saint-Jean-Pied-de-Port


El hotel el mismo pero el conductor del taxi, en 13 Rue du Port Vieux, uno cualquiera. Le pedí que me llevara, eso sí, hasta la misma Gare en Bayonne. Un nuevo comienzo pero no el mismo. Y tanto así que ese día, a Saint-Jean-Pied-de-Port, todos los que llegamos lo hicimos en esos microbus.

Fue idiota por mi parte, ahora lo reconozco, presentarme como escritor. Pero cuando le estaba dando la mano a Nelson ya era tarde. Acaso mentir o no mentir ¿siempre es una elección? El conductor se pasó todo el trayecto intentando hacerse el gracioso para subir puntos con la rubia del uniforme. La rubia tenía que bajarse en cada estación de tren y dejar subir a los viajeros que iban al mercado. Pero à mi-chemin la rubia marcó el número de su novio y le dio unas sonoras calabazas al reírse del conductor en euskera-batúa. Nosotros lo supimos porque las mujeres que iban sentadas detrás nuestro, las que no dejaron de hablarlo, eso, sin embargo, lo comentaron en español y yo a Nelson, cuando me preguntó, en inglés, lengua que debía de hablar el conductor porque todos vimos y oímos como se ponía muy rojo. Las carcajadas de las mujeres que iban detrás nuestro eran tan contagiosas que Nelson y yo al unísono con ellas ya habíamos sellado, entre nosotros, una entrañable amistad.

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Es uno filósofo guardando silencio

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