El refugio Izandorre y el bosque de Donsimon


Pero no será hasta el poste 17 cuando debamos esperar por lo inesperado, la magia del Camino según la estación, al atravesar el hayedo o robledal del monte Changoa. Porque en mi mente, aunque veo la alfombra de las hojas, no soy a recordar su forma, entre tantas hojas de tantos caminos pisados. Y yo -lo reconozco- suelo hablar desde mis impresiones. Aunque casi siempre sobre la realidad.

Sin experimentar temor a perderse, a no ser que las condiciones de visibilidad sean nulas, se alcanza el refugio Izandorre, entre las balizas 43 y 44, que es el punto de comunicación 112-SOS Navarra. Tras esta estepa en la que no es difícil dar con los restos de las nevadas del invierno aún estando entrada la primavera, y una nueva remontada, se alcanzan los 1430 m del collado Lepoeder, a los 20’5 km. Y, entonces, detenerse a disfrutar de la visión del futuro. Porque desde ahí divisaremos gran parte de la etapa que habremos de recorrer el día de mañana: Burguete, Espinal… e, inmediatamente, hay que tomar una decisión, o por Ibañeta, el acceso que la organización suele recomendar, o por el peligroso descenso del bosque de hayas, que suele estar prohibido y que a mí no me lo pareció tanto… Pero que es de una belleza apabullante y por lo que uno debe acordar qué placer acepta que le prohíban por unas hipotéticas consecuencias. Ahora bien, no es desdeñable la cantidad de peregrinos cuya pérdida, antes de ese punto e incluso en la ruta que deriva en Ibañeta, acaba por tener consecuencias trágicas en esta etapa nunca de transición, por lo que la mejor referencia para orientarse es hacer una búsqueda en Red sobre el citado refugio de Izandorre. Entonces, los que continúan a mano derecha… y los que obviamos las cintas de protección civil y pasamos sobre ellas iniciando un vertiginoso descenso que uno puede prolongar tanto como lo desee, porque no hay ninguna razón para correr y, sin embargo, muchas para no descuidarse. Y sobre lo de vertiginoso… es un decir, porque los habrá incluso más, dependiendo del desvío que se tome. De lo que no se debe tener miedo es de ir a perderse si se siguen escrupulosamente las flechas amarillas y las hay de sobra. Igual que el barro artero.

Este bosque es el bosque de Donsimon. Un tramo de 3’5 km de inolvidable naturaleza pero que te deja a las puertas mismas de Roncesvalles, que si hablásemos en la lengua de los signos… Y, mientras tanto, musgo y líquenes centenarios. Por lo que si no careces de coraje… ésta sería tu opción. Pero como ya sabemos que no es la única, ahora, vamos a descubrir la otra.

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Es uno filósofo guardando silencio

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