Arnéguy, Ondarrolle y Valcarlos


Pero en Arnéguy (km 9) a éstos nadie les pide el carnet. Y lo primero que hacen es detenerse en esa terraza al lado del río, y después dejar el cementerio atrás, por el Camino Bachoa, y más delante reírse pero reírse con placer, bienintencionadamente, porque desde ahí gozan del privilegio de ver a los otros sumidos en el beso de un abrazo que no parece que vaya a acabarse nunca. Y en nada en Ondarrolle (km 11), un barrio de Francia pero aquí el peligro -alguno dijo- es que haya hielo o nieve en esta tremenda bajada hasta el río. Porque Valcarlos está justo en frente pero, por eso mismo, allá arriba.

Y lo que no hay aquí es ninguna estela como esa oscura que en Bentartea nos habla de Jerome y los diez o cien o mil pasos, y del aroma de Jeanne prendido de la brisa del sur, una sirvienta de Isabel de Valois enferma aquel día antes de ser desposada por -como dice Platón en ‘El Político’ de Azcárate- una persona real, ni del viejo centurión que recuerda a la íbera y a Cantabria. Cerca del barranco donde Carrier hace la mueca antes de perder la mitad de su antebrazo o al Gafeki o Martel [….] o Zahar, que medita con el orto por horizonte, donde son su vida y su muerte, esperando que se consuman en la pira los restos de su padre. No, aquí las cosas son diferentes. Aquí el que lo cuenta es Valentín Lorenzo hablando puede que de este regato aunque en una carta manuscrita a sus familiares en 1977, cuando él y su compañero, José Marinero, iban a entregarse en la primavera de 1938:  ”[…] Excuso el decirle la alegría que tuvimos […]” Después de muchos días sin comer y bebiendo, tan sólo días de sed después, agua de los charcos que ya encontraban más que rotos. Cuando unos muchachos de 14 y 16 años les despedían con pañuelos, tranquilos al verles de este lado porque habían llegado a la orilla republicana. Y noticia que apareció en el diario Sud-Ouest a principios de junio de 1938. Ésta que era la senda que existía entre Ondarrolla y Saint-Michel, la misma senda por la que transcurrían los pastores de Esterenzubi para llegar a Valcarlos a aprovisionarse, y la misma senda que se vieron obligados a utilizar los judíos para fugarse del odio que la ideología nazi desató en el corazón del pueblo germano e invadió a gran parte de Europa.

Así que ahora hacia arriba. Pero, qué viene después. Y, en principio, lo que viene es un quién: Juan Antonio Sánchez, un historiador de la zona que en su segundo libro afirma que, para los vecinos de este municipio, el trazado del Camino es muy polémico, puesto que piensan que los franceses se lo quieren usurpar por motivos económicos, ya que la calzada romana -él defiende- siempre ha pasado por ahí.

Luizade, no sé si quiere decir ”camino largo”, como asegura Juantxo Irisarri, o aire angosto o viento de angosturas que veo por aquí entre mis apuntes. En romance el valle de Carlos que es un lugar muy acogedor, incluso para pasar la noche. Aunque Helga y Nelson ni siquiera se lo plantean. Ahora van por detrás de los españoles pero saben que tienen todo el día por delante y nada les preocupa.

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Es uno filósofo guardando silencio

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