La salida de Saint-Jean-Pied-de-Port


Desayunamos de forma considerable y al dejar atrás la Puerta de España, a la altura de la desviación a Lasse y Arnéguy, le digo al grupo que he olvidado algo en el albergue porque no soy capaz de apartar a Manoj de mi pensamiento. Así que quedamos en vernos en la zona fronteriza de Dantxarinea que era donde teníamos previsto aprovisionarnos pero al instante: ”Y si no allí en Roncesvalles, que nunca se sabe a quién se puede ir a conocer aquí en cuestión de algunos metros, ya sabéis.” Y todos se ríen con ganas menos Susana que -sin entender porqué- hasta parece que se queda un poco triste. Ellos se encaminan hacia Valcarlos/Luzaide e Ibañeta. [1]

Y yo, en lugar de dar ni un sólo paso atrás, echo a andar carretera arriba pareciéndome incluso algo surrealista lo de ese trastorno anunciado del tiempo porque, a estas tempranas horas, el día no puede prometérselas más felices.

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Es uno filósofo guardando silencio

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