Anahata


Anahata, el aire, a la altura del plexo cardíaco, donde las cosas ya no esconden su verdad, el aire, el silencio del que el Universo es su manifestación, un loto de doce pétalos de color anaranjado carmesí, lo no golpeado, es decir, el sonido que no existe cuando dos objetos son golpeados uno contra el otro, el latir del universo, el aire, y aquí ya no es el amor a los próximos lo que inhalamos y exhalamos, el desamor de decir me duele el alma, o pensar en el susurro del átomo, el amor que fluye y cuya clave es la transformación.

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Es uno filósofo guardando silencio

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