La impotencia


Y aquí sí, fue una tragedia, tal vez la de mis mejores líneas. Lástima que nadie, en realidad, las hubiera recogido. No se puede competir con los clásicos pero tampoco hace falta, ellos nunca lo vivieron en primera persona. Y me oriné, sí, de impotencia. ¿Ibas a volverme loca? ¿Iba quien fuese a volverme loca? Me oriné sobre esta silla y supe porqué los niños lo hacen. Me oriné primero gota a gota, con ese perverso placer o displacer que aprendiera los últimos días pero luego a borbotones, con mis pantalones y mis bragas, hasta quedarme helada. Momento en que te daba ese ”ultimátum” al pie de esa ventana.

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Es uno filósofo guardando silencio

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