Hadaly


Al final me convencí, ibas a ser tú e ibas a entrar en la habitación en cualquier instante tras diez años sin vernos y yo no debía hacer nada equivocado que lo estropease. Esa también fue una gran actuación, cómo preparé mi mente para amarte y que ningún pensamiento que pudieras leer en mí pudiera dañarte. ¡Hadaly! ¡Hadaly! Esa era la sorpresa, querías que me comportase como Halady. Y puede que fuera ahí cuando comenzase a darme cuenta de cómo mi inconsciente me había jugado una mala pasada. Porque no tardé mucho en orinarme en el colchón. Orinarme como acto de rebeldía. Y lo hice dos veces pero una vez actuado… ya no había marcha atrás.

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Es uno filósofo guardando silencio

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